jueves, 1 de enero de 2026

   

En torno a Lo pequeño es hermoso de E.F. Schumacher:

ecología, sustentabilidad y economía budista.

David De los Reyes




En su obra Lo pequeño es hermoso, E.F. Schumacher presenta una crítica profunda al enfoque económico contemporáneo, que considera excesivamente centrado en el gigantismo y la producción masiva. A medida que el mundo enfrenta crisis ambientales y sociales sin precedentes, las ideas de Schumacher resuenan con una claridad inquietante. Su afirmación de que “existe una filosofía generalizada de entre más grande mejor” nos invita a cuestionar la lógica detrás de un sistema que prioriza la expansión y el crecimiento a expensas de la sostenibilidad y el bienestar humano.

Schumacher argumenta que la concepción del progreso occidental ha estado marcada por una adoración al gigantismo, lo que ha llevado a una desconexión con la naturaleza. La creencia de que el problema de la producción está resuelto es un “error funesto” que ignora la realidad de que el capital proporcionado por la naturaleza es esencial y está siendo consumido a un ritmo alarmante. En este sentido, la economía extractivista actual, que se basa en la explotación intensiva de recursos naturales, ejemplifica esta desconexión y el desprecio por los límites del capital natural.

La crítica de Schumacher se centra en la necesidad de desarrollar un sistema económico que coloque a la “gente” en primer lugar y la provisión de “mercancías” en segundo. Esta visión contrasta fuertemente con la realidad actual, donde el crecimiento económico se mide a menudo por el aumento en la producción y el consumo, sin considerar el costo ambiental o social. La economía extractivista, que busca maximizar la extracción de recursos sin tener en cuenta su sostenibilidad, es un claro reflejo de este enfoque. La explotación de minerales, petróleo y otros recursos naturales no solo despoja a las comunidades de sus medios de vida, sino que también contribuye a la degradación ambiental y al cambio climático.

Uno de los aspectos más interesantes de la obra de Schumacher es su referencia a la economía budista, que ofrece un modelo alternativo al materialismo moderno. Desde esta perspectiva, el trabajo tiene un significado más profundo que simplemente la producción de bienes; se considera una forma de desarrollo personal y comunitario. Schumacher señala que el trabajo debe ser una actividad que permita a las personas utilizar y desarrollar sus facultades, al mismo tiempo que las une en una tarea común. Esta visión contrasta con la organización del trabajo en muchas sociedades modernas, donde el empleo se convierte en una actividad alienante y deshumanizante.

La economía budista enfatiza la importancia de la dignidad y la libertad en el trabajo, sugiriendo que un enfoque que prioriza las mercancías sobre las personas es, en última instancia, perjudicial. Schumacher menciona que “sería poco menos que criminal organizar el trabajo de tal manera que llegue a ser algo sin sentido, aburrido, que idiotice y enerve al trabajador”. Este enfoque humanista resuena con la necesidad de crear entornos laborales que fomenten la creatividad y el bienestar, en lugar de simplemente maximizar la producción.

Además, la economía budista aboga por la simplicidad y la no violencia. La idea de que el bienestar humano puede lograrse con un consumo mínimo es un principio fundamental. Schumacher argumenta que un economista budista se centraría en maximizar las satisfacciones humanas a través de un consumo eficiente, en lugar de promover el consumo desenfrenado que caracteriza a la economía moderna. Este enfoque puede ser crucial en un mundo donde los recursos son limitados y la sostenibilidad es una preocupación creciente.

La sabiduría budista también se manifiesta en la relación con la naturaleza. Schumacher sostiene que el economista budista tiene una actitud reverente hacia el entorno natural, considerando que “una población que basa su vida económica en los combustibles no renovables está viviendo parasitariamente”. Este reconocimiento de la interdependencia entre los seres humanos y el medio ambiente es esencial para abordar los desafíos ecológicos actuales. La economía budista promueve la producción basada en fuentes locales y sostenibles, lo que no solo reduce la huella ecológica, sino que también fortalece las comunidades locales.

A medida que el mundo enfrenta crisis ambientales y sociales, las enseñanzas de la economía budista ofrecen un camino hacia un futuro más sostenible. La transición hacia un modelo económico que valore la simplicidad, la sostenibilidad y el bienestar humano es más urgente que nunca. La economía extractivista, que ha dominado el discurso económico durante décadas, debe ser reemplazada por enfoques que promuevan la equidad y el respeto por la naturaleza.

La economía budista también desafía la noción de que el crecimiento económico es el único indicador de progreso. En lugar de medir el avance a través del aumento del consumo, este enfoque sugiere que debemos evaluar nuestro bienestar a través de la salud de nuestros ecosistemas y la calidad de vida de nuestras comunidades. Este cambio de paradigma es esencial para construir un futuro en el que la economía y el medio ambiente coexistan en armonía.







La propuesta de Schumacher de un nuevo estilo de vida, con métodos de producción y pautas de consumo orientadas hacia la permanencia, se alinea con los principios de la economía budista. La idea de que “debemos entender el problema en su totalidad y comenzar por ver la forma en que se puede desarrollar un nuevo estilo de vida” es un llamado a la acción que resuena en el contexto actual. La búsqueda de un equilibrio entre nuestras necesidades humanas y la salud del planeta es un desafío monumental, pero también una oportunidad para redefinir nuestra relación con la naturaleza y con nosotros mismos.

En conclusión, las ideas de Schumacher sobre la economía budista son más relevantes que nunca en el contexto actual. Su llamado a construir un sistema económico que priorice a las personas y el planeta nos desafía a repensar nuestras prioridades y a buscar alternativas más sostenibles. La viabilidad de un pensamiento económico ambiental y sustentable no solo es una cuestión de necesidad, sino también de responsabilidad. ¿Estamos listos para aceptar este desafío y trabajar hacia un futuro donde la economía y el medio ambiente coexistan en armonía?

Bibliografía

Schumacher, E.F. Lo pequeño es hermoso. Traducción de José Luis López Muñoz. Madrid: Editorial Trotta, 2011.

 Schumacher, E.F. Esto es lo que creo y otros ensayos. Madrid: Editorial Traficantes de Sueños, 2013.


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