martes, 1 de septiembre de 2020

   

Hannah, la del Monte de los Empalados


David De los Reyes




 

1¿Te gustan los perros? Para mí siempre han sido mis amigos y compañeros de vida. Te cuento algo de mi perra.

Ella es Hannah, nuestra pointer inglesa. Lleva conmigo viviendo casi 11 años. A Hannah le gusta salir temprano a caminar en la mañana. Es una exploradora nata. Su instinto atávico de cazadora no la deja ni cuando duerme. Salir juntos es el mejor regalo del día para ambos.

 




2.- Hannah la tenemos desde los dos meses de edad. La fuimos a buscar a una ciudad que se llama Cagua, en el distrito Sucre del Estado Aragua, en Venezuela. Es de un lugar que nombran el "Monte de los Empalados"...ustedes podrán imaginarse el origen del nombre, pero los amigos que me la ofrecieron viven allí y hasta los momentos nunca vieron un “empalado” cerca en la zona...pero de noche dicen que se escucha el llanto de sus espíritus a lo lejos mezclados con la fresca brisa nocturna de los meses de diciembre.

 





3.- Hannah creció junto a un gran Jardín, allí se ejercitaba todos los días, los niños la querían mucho y nosotros no menos. Salir a jugar con mis hijos era ver cómo tres animalitos, unos con dos pies y la otra con cuatro patas, se hermanaban para realizar sus búsquedas misteriosas en cualquier lugar a donde se movieran.

 




4.- Hannah, cuando no estaba brincando o cazando moscas por la casa, lo que más le gustaba era que le dejaran dormir tranquila. La llamé así, Hannah, por mi admiración a la conocida filósofa alemana-judía, Hannah Arendt, quien me ha inspirado por su compromiso por la libertad y la condición humana. Siempre me recuerda a ella, y la pensadora, muchas veces, me recuerda a Hannah mi perra.

 




5.- Hannah aprendió a subir y bajar las escaleras de la casa desde muy pequeña. Eran unos escalones de madera aéreos. Un día tuvo un accidente. Calló del segundo piso al primer piso. Se deslizó por el hueco que separa entre escalones. Desde ese día le tomó algo de miedo el subir y bajar. Pero al cabo de un tiempo volvió a tener la seguridad de antes. Los perros vuelven aprender fácilmente cuando adquieren otra vez la confianza del lugar que habitan y conocen.

 


6.- En la casa se distraía con cualquier cosa. Los juguetes que más le gustaban para morder eran las botellas plásticas. Al menos les daba un buen uso. Ella se distraía, afilaba los dientes, aprendía a centrar la mordida y se quedaba por un tiempo concentrada, encantada del ruido que emanaba del “perol” de plástico a medida que lo iba destruyendo con sus caninos. Los juguetes industriales para perro con forma de hueso o cualquier otro le hacían poca gracia; como compañera de un músico, mi persona, ella también quería hacer música con la percusión de sus dientes sobre el plástico que iba corrugando hasta dejarlo sin forma, convirtiéndolo en una masa de plástico transparente que abandonaba por ahí, a la espera de conseguir otro nuevo que sonora como a ella le gustaba.



 


7.- La mirada de Hannah siempre ha sido muy especial. Los Pointers, acordemos que es una raza perdiguera o cazadora, y tienen la cualidad de saber dirigir la mirada al objetivo a cazar, apuntando con el hocico hacia la presa a capturar. Pointer, en inglés quiere decir eso, apuntar de forma fija. Pero también no menos ha mostrado una mirada algo lánguida, dócil y complaciente con nosotros, casi humana, pues con ella expresa cómo se siente, si quiere salir o le pasa algo. Sus ojos tienen su propio lenguaje que debimos aprender.

 




8.- Una de sus salidas favoritas es ir al monte a pasear. En el trópico esto es bastante normal, cuando se vive alejado de la ciudad. Y nosotros así estábamos, alejados de la urbe. De tanto en tanto me la llevaba con los muchachos a uno de los parques nacionales que quedan en lo que se llama Los Altos Mirandinos, donde se encuentra el Embalse Macarao, que surte de agua a buena parte de la zona central de la capital de Venezuela. Allí Hannah era totalmente feliz, se adelantaba a nuestro paso, se regresaba a ver por dónde veníamos, nos acompañaba, nos lamía la mano para que le diéramos agua, y era una cachorra en plena libertad e instinto animal. Hacía el oficio por el que genéticamente estaba determinada, que era buscar presa, perseguirla y señalarla. Nosotros nunca hemos sido cazadores de animales. Sólo he “cazado” con la lente de mi cámara a todos aquellos que nos hemos encontrado en nuestro paso por parajes a monte traviesa. Y Hannah ha ayudado a ello.




 

9.- La condición natural de un pointer es estar en constante movimiento; son la intranquilidad en vida. No se recomienda esta raza para las personas que quieren un perro faldero, de estar por la casa, de montarse sobre el regazo de sus amos y ladre de histerismo perruno a aquellos que no conoce. Los pointers son insistentemente inquietos pero a la vez bastante silenciosos. El nervio del movimiento pareciera que nunca descansara.  Hay que tener resistencia con ellos, pues continuamente te exigen salir a correr, a seguir una senda, a buscar lo que no se le ha perdido...pues nunca dejaría de hacerlo hasta encontrarlo por fin...Hannah es una excelente corredora y casi incansable. Ha trazado sus huellas sobre la tierra con la rapidez del rayo.

 




 10.- Hannah ha tenido que viajar. Me trasladé a la ciudad de Guayaquil hace unos años por razones de trabajo. Pasó tres años separada de mí, aunque viviendo con mi hijo Eloy en Carrizal, los Altos Mirandinos. Pero la separación le afectó. Estaba triste y algo desorientada en el transcurrir de los días. Esperamos a que consiguiera un espacio en donde ella pudiera sentirse cómoda y no acorralada entre cuatro paredes. Ese lugar lo hallamos al cabo de un tiempo y ya nos habíamos planteado que sería bueno trasladarla a Ecuador. El momento llegó. Una amiga veterinaria de mi hijo viajaba hacia acá con otro perro. Y no tenía inconveniente de hacer el viaje con Hannah para reencontrarse conmigo. Preparamos sus papeles para la salida del país; se les pusieron las vacunas reglamentadas para los viajes y se le hicieron los chequeos médicos oportunos. De eso ya hace casi dos años que está por estos lares de la latitud 0° del Ecuador. La felicidad de volver a vernos fue mutua. Y la tristeza se le disipó por completo.




 

11.- Uno de los lugares que más le agrada a Hannah caminar es por el Malecón de El Salado, cerca de nuestra casa, en la urbanización Urdesa de Guayaquil. Es un lugar de canales que van a desembocar en el gran río Guayas, que atraviesan esta parte de la ciudad. El motivo de la alegría que despierta verla salir hacia allá es porque va a encontrarse con las garzas, esas aves de plumas blancas, rosadas o grises o patos de color marrón, además de toda una bandada de distintas especies que viven también aquí y que pernoctan entre los manglares sobre la orilla del canal. Hannah le encanta correr tras ellas. Las persigue, les ladra, ellas salen de su densa tranquilidad y emprenden su grácil vuelo.  Hannah se queda mirándolas, como diciéndoles, "¡ya verán, un día las alcanzo!"




 

12.- También están sus caminatas entre los grandes árboles de la zona. Aquí se encuentran sorprendentes e insólitos monumentos vegetales centenarios. Cujíes, Almendrones, Cauchos gigantes, Apamates, Guayacanes, y el infaltable árbol Manglar, de enorme altura, en las orillas del canal. Hannah se mete por donde no la llaman, pero sin dejar de estar atenta del lugar donde me encuentro en mi caminar. Siempre me busca con su mirada. Caminar entre tal esplendidez arbórea es prácticamente uno de los pequeños placeres de este lugar.




 

13.- Con la peste china roja o Convid19 todo cambio y nos encontramos que en los primeros días de la pandemia no podíamos salir de casa a realizar nuestro rezo andante ante el despuntar del día. Debido a la alta expansión del virus se debieron tomar medidas extremas, pero necesarias. Debíamos estar a resguardo de forma estricta para cuaqluier forma de contagio. Con el pasar de las semanas se permitió a las personas que teníamos perros salir con ellos un rato  con las previsiones del caso. Las calles estaban desoladas, prácticamente no había ningún transeúnte, menos autos o cualquier vehículo de motor. Sólo escuchábamos el sonar de las sirenas de las ambulancias pasar en muchos momentos del día, tanto en la vigilia como en la noche. Hannah no dejó de reclamar salir a su paseo, y por mi parte lo celebraba. Era un momento de alivio al insólito pero necesario encierro para ambos; por ello no me costaba sacarla para nada a caminar entre el paisaje algo inhumano y desolador en que se había convertido la silenciosa e inmóvil ciudad.






 

14.- Hannah ha encontrado en Guayaquil un lugar que la ha acogido desde que piso su suelo. Los vecinos la aman y todo el mundo tiene que ver con ella. Trato de siempre tenerla a mi lado, para no asustar a quienes pasan cerca nuestro caminando, pero las personas se acercan a preguntar. Una de las cosas que siempre me dicen es que si ella es una perra dálmata. Es una constante. Aquí no es costumbre ver este tipo de raza. He visto a ejemplares caninos Braco y Weimeraner, que son también perros de caza, pero Pointer Ingles aun no. Y siempre explico la diferencia entre ambas razas, que se nota, sobre todo, por la forma del hocico. El Dálmata es más fino, termina en punta, el del pointer es cuadrado, tiene una mordida más abierta para la carga y búsqueda de la presa y traerla entre sus fauces. Además de las manchas en la piel, que son distintas en su moteado y diseño natural.

 




15.- Aunque Hannah nació en una zona de calor, en los valles de Aragua, cerca de la ciudad de Cagua, como ya hemos dicho, el calor no lo soporta. Y Guayaquil tiene un clima particular, caluroso y húmedo por el río que la atraviesa.  Esto hace que ella no pierda el momento para colocarse frente al ventilador y esperar que la brisa generada por el movimiento de las aspas le refresque y le permita descansar en las largas tardes, casi asfixiantes y calurosas de esta ciudad. Por ello, el verla acostada frente al aparato, no es nada de extrañar, forma parte de sus costumbres y de su habitar junto a nosotros en esta ciudad.




 

16.- Hannah es una perra muy querida y ella es una perra que también quiere mucho. No acostumbra a lamernos como hacen otros perros, pero si a buscarnos para que la acariciemos y ella pegarse cerca para sentir que estamos juntos, que no está sola y que mientras viva será nuestra compañía, despertando ese instinto atávico que tenemos todos los hombres en nuestro inconsciente de ser cazadores-recolectores. Y junto a esto, no menos importante es la compañía de los canes, que fueron el primer animal que el hombre domesticó para su trasegar y sus quehaceres cotidianos. Aunque hoy está totalmente transformado ese estilo de vida, no deja de ser menos imperante para algunos de nosotros tener cerca a ese vivas compañero silencioso, y que siempre con la mirada nos invita a ¡vamos, salgamos a ver al mundo! Y Hannah lo reafirma a cada instante, como perra pointer inglesa que es.







domingo, 2 de agosto de 2020

Mi encuentro con Friedrich 
en Sils-María

David De los Reyes





Estando de viaje y de paso por el cantón suizo Grisones, me encontré cenando en el acogedor restaurante Alpenrose, en la vía de Marías 133, ubicado en la alpina localidad de Sils-María. En un determinado momento se abrió la puerta de la calle, dejando entrar el frío exterior y a un hombre no muy alto, vestido de negro con grandes bigotes y lentes de metal. Sus pasos lentos se dirigieron al comedor. Era un personaje particular y solitario y por su aspecto parecía un enterrador de hombres, pero luego más tarde, al escuchar atentamente su conversación no podía ser menos que un obstinado predicador. En el local estábamos sólo nosotros, afuera había una borrasca de nieve casi paralizante y ante eso se pasa mejor el tiempo de espera al lado del calor de una estufa que intentando atravesar la pared de frío y viento que te congelan hasta los mocos de la nariz. Al terminar de cenar, ambos nos dirigimos al salón de té, donde comenzamos a hablar del temporal, pasando luego a los temas reiterativos de la vida de hoy y del encerramiento de la gente en muchos países. No quedaba otra que acompañar la conversa pidiendo dos tasas de una infusión particular con hierbas del lugar y una copa del fuerte alcohol de kirsch de cerezas salvajes Ethel.

Este acompañante del momento se presentó como Friedrich, y discutimos sobre variados temas. Era vehemente y enfático cuando se hablaba del “perro de fuego”, que era como llamaba al pueblo, como también al tratar sobre el cristianismo, al cual le endilgaba todos los males del mundo occidental. Era, sin embargo, un defensor de la vida trágica y elogiaba al dios griego Dioniso. Su rostro dejaba ver un impulso vital con el que teñía cada palabra que pronunciaba.

En un momento de la conversación se dirigió, como es habitual hoy en cualquier parte, a comentar lo que ocurría con esta pandemia global que había arrastrado el virus chino rojo y sus consabidas y absurdas muertes y contagios. En ese momento propuso que se debía escribir una parábola para la condición de la humanidad por la situación que atravesaba.

Sus palabras me sonaron en ese entonces algo escandalosas, como las de un exaltado párroco agnóstico, si es que ese personaje y profesión existiese. Friedrich, mirando al vacío, dirigiendo su mirada a través de la amplia ventana que tenía del lado izquierdo a su sofá, que resollaba al chocar el viento y la nieve contra ella, dijo así más o menos:



-Alguien podía inventar hoy una fábula para ilustrar cuán detestable y sombrío es el estadio por el que pasa eso que llaman humanidad, en su lamentable, arbitrario y estéril aspecto que tienen todas estas habladurías mediáticas que presentan las autoridades políticas, médicas, intelectuales, filosóficas y un largo etc., ante eso que han llamado COVID19. Esta fábula pudiera comenzar así:

“En algún apartado rincón del universo, desperdigado de innumerables y centelleantes sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales astutos inventaron el conocer y manipular genéticamente los virus y bacterias. Fue el minuto más soberbio y más falaz de la Historia Universal, pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras un par de respiraciones de la naturaleza, el astro se entumeció y los animales astutos tuvieron que perecer”.

Le pregunté a dónde quería llegar con esa fábula tan trágica e irremediable para ese animal astuto, pero nihilista a la vez. Friedrich en ese momento se levantó para marcharse, pero no antes de decirme que en el próximo retorno nuestro al pueblo de Sils-María, en algún momento de nuestras futuras venidas, estaría dispuesto a contarlo...







Foto: Sils-María, Suiza, por 1890

sábado, 1 de agosto de 2020


De estética en tiempos de Covid19

David De Los Reyes



Danza de la muerte. Grabado medieval. Itervenciónn DDLR2020



Propuestas estéticas para los tiempos del rojo confinamiento viral chinesco, donde no se buscan "verdades", sino aptitudes, estados sociales de ánimo y miradas temporales :

En el arte, con todo este radical cambio de nuestras relaciones con las personas y el mundo que nos rodea o nos entra por la pantalla plana, el presente demanda expresar y explorar. Aprehender las transformaciones que se están operando ahora mismo, tanto en el campo social como en y dentro de nosotros mismos, captar aquello que ya ha cambiado y nos ha cambiado, y aquello que continua transformándose y transformándonos. Como son, a nivel externo y político, los casos siguientes: el populismo psicopolítico se fortalece y surgen formas más coercitivas gracias a la separación de los cuerpos, el contagio incierto, que junto a los requerimientos con la comunidad comienza a exigir mucho más a sus ciudadanos, y así las golpeadas libertades individuales se debilitan gracias a la paradoja de la interconexión digital global, que nos ahoga de protocolos y falsas informaciones, rodeándolos de un halo luminoso de insospechado contagio viral mediático en nuestras vidas.


Danza Macabra, anónimo. IntervenciónDDLR2020
Sobre el habitar en la filosofía

David De  Los Reyes



Danza Macabra - Intervención DDLR2020



Fuerbach, filósofo alemán del siglo XIX, planteó que la filosofía tenía como condición interpretar el mundo. A ello Marx le sobrepuso sus Tesis, la N° XI para ser más precisos, donde, de forma enfática y teologal, impuso que la filosofía no debía interpretar el mundo sino transformarlo, y ya sabemos en que cayo dicha trasformación: en unos cuántos millones de inocentes (o no) muertos en los campos de exterminio del totalitarismo soviético o del nacionalismo alemán u oriental (China y Corea del Sur siguen siendo buenos y eficientes modelos de ello). Hoy, viendo lo que se ha convertido todo este emplaste rojo viral chino (material genético empaquetado dentro de una cubierta proto-órganica, lista para anclarse en las células del cuerpo y colonizarlo - ¿habrá que hablar de decolonización viral?), a nivel global, la filosofía puede dar otra mirada al asunto. Dentro de sus propuestas anticlásicas modernas o postmodernas y de búsqueda de un cuerpo epistémico de categorias para estructurar una Verdad (universal o global), tiene sus linderos en un pensamiento más urgente y menos seguro, como es la de aprender a habitar mejor el mundo, junto al confinamiento que se ha construido gracias a las expandidas y aéreas estructuras virales casi invisibles, con sus efectos disciplinarios colectivos y patológicos mortales o transitorios. La filosofía, entonces, más que interpretar o transformar, se plantea como aprendizaje y exploración de un saber estar en el mundo confinado que nos rodea, donde las libertades se han borrado y agrupado hacia un instinto individual (a veces colectivo), de sobre vivencia inmediata. Una filosofía que se reafirma sobre lo contingente del día, distante del juego del lenguaje de las esencialidades abstractas de la modernidad con sus utopias, distopías, trascendencias religiosas y disrupciones paralelas, adheridas a un pensamiento crítico acéfalo de cuerpo vivencial. Ante un mundo cerrado, extender la filosofía como habitáculo reflexivo vital, emocional e intelectual para seguir proponiendo espacios y temporalidades abiertos a la experiencia humana en tanto aptitudes cónsonas en pos de saber medio pisar el suelo movedizo cultural de la incertidumbre e inmersos en el delirio consensual mediático del corral global minado de ignorancia, populismo, cietificismo, cabalismo profético, autoritarismo, totalitarismo digital y otras hierbas afines...

miércoles, 1 de julio de 2020


De pandemias y otros asuntos 
en tiempos de confinamiento

David De los Reyes



DE LA DURACIÓN DE LAS PANDEMIAS


i
El tema del coronavirus da qué pensar. Hay que estar consciente de su posible duración y complejidad. Puede que no se contenga por una cuarentema global como la que estamos viviendo. Quince, cuarenta (cuarentena...), sesenta días ayudan a tener un observatorio global de la infección y hasta cierto control de propagación. ¿Erradicación? Algo más incierto. Los anales de la historia médica sobre la peste nos hablan de otros tiempos y duraciones respecto del contagio mortal. Una pandemia de este tipo pudiera prolongarse no por semanas o meses, sino por años y décadas. Y apoyamos las previsiones clínico-sanitarias impuestas temporalmente mientras no se tenga un antídoto seguro y comprobado. Esto lo decimos por el caso que ya se conoce de la misma China. Sabido que esta nación tiene un historial largo de haber sufrido otras pandemias en diversos períodos. En el siglo pasado, para ser más exacto, a partir de 1855, la peste se originó en la provincia de Yunnan, manteniéndose latente por varias décadas. Afectó gravemente a Hong Kong en 1894 y se extendió a otros países cercanos que en un principio, provocó numerosos casos en la India. Se calcula que causó alrededor de 10 millones de fallecimientos entre 1898 y 1918. Alcanzó a lugares tan lejanos como Cuba y Puerto Rico donde se produjeron casos en 1914 (para ciertos especialistas se prolongo hasta 1957). Esto nos dice que, si bien hoy los recursos científicos y técnicos son, en principio, más efectivos y manejables que en el siglo pasado hay que tomar otros factores en cuenta. Su velocidad de expansión. La aceleración y rapidez de las comunicaciones de mercancías y hombres hacen la situación sea en el presente más dramática. La pandemia referida del siglo XIX, como se puede observar, duró propagándose por todo el orbe alrededor por más de sesenta años. Toda una situación que da para reflexionar. Así que consolémonos nuestro espíritu individual colectivo u global que las normativas profilácticas tomadas por muchos de los gobierno del mundo sean realmente pertinentes y que no se extrapole la existencia del virus más allá... por ejemplo, del 2020.

ii
En los años ochenta del siglo pasado, Ronald Reagan y la Margaret Thatcher lanzaron su lema neoliberal: "No existe la sociedad". Efectivamente, ha dejado de existir, por si no se han dado cuenta. Lo que existe en esta etapa del bote de basura del capitalismo mundial (comenzando por China y terminando en países como la capitalista Cuba o Venezuela), lo que existe es el confinamiento global de los individuos. La precariedad como un modelo intensificado y ampliado de rogar a los poderes establecidos para llegar a un magro sobrevivir. Si, realmente la sociedad no existe, todo el mundo en sus casas confinados. Lo que existe hoy, gracias al desarrollo científico para la mortalidad en masa global, (léase guerra bacteriológica tanto viral como "informática"), es la cuarentena exigida por aquellos que la han provocado. Y su mejor símbolo contra la libertad de expresión está en la exigencia de la máscara tapa bocas...todo un motivo para la ya instalada inexistente sociedad SIN expresión.
Quédate en tu casa y cierra la puerta con doble tranca...guardadito estás más sanito....


iii

Propuestas estéticas para los tiempos del rojo confinamiento viral chinesco, 
donde no se buscan "verdades", sino aptitudes, estados sociales de ánimo y miradas temporales


En el arte, con todo este radical cambio de nuestras relaciones con las personas y el mundo que nos rodea o nos entra por la pantalla plana, el presente demanda expresar y explorar. Aprehender las transformaciones que se están operando ahora mismo, tanto en el campo social como en y dentro de nosotros mismos, captar aquello que ya ha cambiado y nos ha cambiado, y aquello que continua transformándose y transformándonos. Como son, a nivel externo y político, los casos siguientes: el populismo psicopolítico se fortalece y surgen formas más coercitivas gracias a la separación de los cuerpos, el contagio incierto, que junto a los requerimientos con la comunidad comienza a exigir mucho más a sus ciudadanos, y así las golpeadas libertades individuales se debilitan gracias a la paradoja de la interconexión digital global, que nos ahoga de protocolos y falsas informaciones, rodeándolos de un halo luminoso de insospechado contagio viral mediático en nuestras vidas.



iv

Sobre el habitar en la filosofía


Ludwig Fuerbach, filósofo alemán del siglo XIX, planteó que la filosofía tenía como condición interpretar el mundo. A ello Marx le sobrepuso sus Tesis, la N° XI para ser más precisos, donde, de forma enfática y teologal, impuso que la filosofía no debía interpretar el mundo sino transformarlo, y ya sabemos en que cayo dicha trasformación: en unos cuántos millones de inocentes (o no) muertos en los campos de exterminio del totalitarismo soviético o del nacionalismo alemán u oriental (China y Corea del Sur siguen siendo buenos y eficientes modelos de ello). Hoy, viendo lo que se ha convertido todo este emplaste rojo viral chino (material genético empaquetado dentro de una cubierta proto-órganica, lista para anclarse en las células del cuerpo y colonizarlo - ¿habrá que hablar de decolonización viral?), a nivel global, la filosofía puede dar otra mirada al asunto. Dentro de sus propuestas anticlásicas modernas o postmodernas y de búsqueda de un cuerpo epistémico de categorias para estructurar una Verdad (universal o global), tiene sus linderos en un pensamiento más urgente y menos seguro, como es la de aprender a habitar mejor el mundo, junto al confinamiento que se ha construido gracias a las expandidas y aéreas estructuras virales casi invisibles, con sus efectos disciplinarios colectivos y patológicos mortales o transitorios. La filosofía, entonces, más que interpretar o transformar, se plantea como aprendizaje y exploración de un saber estar en el mundo confinado que nos rodea, donde las libertades se han borrado y agrupado hacia un instinto individual (a veces colectivo), de sobre vivencia inmediata. Una filosofía que se reafirma sobre lo contingente del día, distante del juego del lenguaje de las esencialidades abstractas de la modernidad con sus utopías, distopías, trascendencias religiosas y disrupciones paralelas, adheridas a un pensamiento crítico acéfalo de cuerpo vivencial. Ante un mundo cerrado, extender la filosofía como habitáculo reflexivo vital, emocional e intelectual para seguir proponiendo espacios y temporalidades abiertos a la experiencia humana en tanto aptitudes cónsonas, en pos de saber medio pisar el suelo movedizo cultural de la incertidumbre e inmersos en el delirio consensual mediático del corral global minado de ignorancia, populismo, cietificismo, cabalismo profético, autoritarismo, totalitarismo digital y otras hierbas afines...


v
¡Bienvenidos al reino de la democracia viral!
¿Dónde está la democracia hoy? Pues nada más y nada menos que en el coronavirus o "peste roja". Nos iguala a todos con los mismos derechos y deberes. Empezando por lo rápido que se expande y se contagia. Y por que a todos nos lleva a confinarnos en casa ¿Cómo lo hace que sea tan democrático? No discrimina a nadie. Irrumpe por encima de las fronteras, de los colores de la piel y tampoco te salva tu condición social (ricos, pobres, machistas, feministas, católicos, judíos, musulmanes y toda la caterva de las especies del reino animal humano).

P.D.: Por lo que parece ser según los estudiosos, aún quedan unos cuantos virus por descubrir, como unos....300mil que andan sueltos por ahí...toda una diversión para los virólogos, biólogos, médicos e interesados en el tema. Además de los actos de habla que generan...

vi

Carta de Gea al planeta

Queridos ciudadanos del planeta:
Gracias a la cuarentena global, gracias al coronavirus, yo, Gea, les recuerda que al menos he dejado de recibir 200000 botellas de PLÁSTICO por MINUTO de Coca-Cola al día (es decir 288 millones de potingues plásticos por día) ....imaginen ahora cuantas más pueden dejar de aparecer sobre la faz de la superficie de mi cuerpo en la biósfera de las otras marcas de refrescos contaminantes, por sólo decir uno de los productos más populares y contaminantes del ambiente...la sumatoria total la haré al terminar estos días que he tenido de tranquilidad de la acción humana que no se cansa de contaminarme en vez de pensar lo que me maltrata. Estamos contra la tesis 11 sobre Fuerbach de Marx cuyo enunciado es: "Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo". Estoy con los filósofos conservadores de mi existencia para las generaciones futuras, no con los explotadores de los recursos (transformación...) sin límites ni consciencia de contaminación ambiental.

Att.,
GEA...

lunes, 1 de junio de 2020

Donde se cuenta cómo el ciempiés 

se detiene

ante la encrucijada del camino

David De los Reyes






Nuestra civilización global se ha comportado, a veces más a veces menos, como un ciempiés. El ciempiés, como dice su nombre tiene  100 pies, valga la perogrullada. Usado como imagen nos proporciona una interesante analogía.  Su cuerpo es la civilización común y cada pie puede ser visto como un territorio, una región, ¿un país? distinto pero similar en su proceder y acción. Los ciempiés tienen una sólo ida, se acompasan a un mismo ritmo, a una misma velocidad, todos van a una misma dirección, a un mismo fin, a una idéntica voluntad de poder nihilista. El ritmo y la velocidad que le imprimió al ciempiés civilizatorio industrial las comunicaciones mercantiles, junto a la sorprendente y acelerada galaxia digital en expansión, ha sido inusual para los tiempos humanos y los ciclos naturales reales; la vida convertida en un eterno correr casi sin descanso y sin respiro. Esta constelación de los medios y sus modos nos ha llevado a emprender una carrera que parecía, por un momento, no tener freno alguno, no tener tampoco aire que inhalar: una total asfixia consumista biológica/cultural, como tampoco distanciarse de sus hábitos comunes, para retirarse del frenético impulso de la producción masiva continua y sin un fin real sustentable. Solo reiteraba la ciega voluntad de una ganancia abstracta y ambiciosa; acumulando por doquier más desechos e infección. Sin embargo, apareció un comodín guasón, lanzado por la propia industria científica de laboratorio, ese aéreo convid-19, o virus chino rojo, como lo llamo personalmente; pandemia que termina la vida reduciendo la capacidad de respirar...la asfixia es el límite de todo organismo vivo, pero ahora viralmente convocada. Y es lo que ha puesto al ciempiés capitalista (con todos los hermanastros socialistas farsantes de estos tiempos) y su población, en una encrucijada universal. Tanto la realidad macro de Gea, como nuestras micro vidas sensibles se han visto alteradas: por un lado, surgen fenómenos naturales insospechados de recuperación vital en distintos espacios del planeta; por otro, nos ha vuelto, por el posible contagio permanente, como corderos encerrados en su redil o en su cueva, ¡parecido al sueño religioso cristiano-comunista: buenos corderos de dios o del partido! Pueda, como dicen unos, darles más poder a los nuevos (pero viejos y decadentes en idiosincrasia…) dioses: al sistema político existente, o al gobierno de las élites estériles y sus implacables cancerberos burócratas, reduciendo la acostumbrada movilidad de amasado consumista sin límite del hombre moderno. Pero ante todo esto, también podemos pararnos frente un horizonte distinto. Y lo que sí veo claro en estos tiempos de incertidumbre, son las palabras del cubano obseso y obeso de poesía, las del habanero José Lezama Lima, cuando en una frase portentosa nos dijo todo el devenir de sus prodigiosos enunciados de las eras imaginarias: El gozo del ciempiés es la encrucijada. ¿Qué nos revela el poeta? Nos pide que ante el obstáculo temporal asumamos esta encrucijada como una sorprendente oportunidad de creatividad e invención colectiva e individual, a pesar de que cada pie de los cien del ciempiés civilizatorio no sepa muy bien por donde transitar a momentos. Que separándonos de las permanentes quejas y desconciertos que encontramos en todas las pantallas abiertas a nuestros ojos junto a los protocolos decretados de confinamiento, hallar la actitud por el gozo creativo y desviarse del pulso fatal para salir de ese camino inercial que parecía trazado trágicamente sobre la misma y dura piedra del devenir irremediable. A todas estas, sigo interrogándome, pensando la ambigüedad de los tiempos, diciéndome si no es que lo trazado por el aparente destino, la tragedia común universal, su obstinada autodestrucción, se encuentra inscrita a lo interno del ciempiés de la humanidad, en sus genes en tanto especie, ¿y no tiene ya el impulso para sortear la encrucijada?


Vida retirada
(Retired Life)

David Sparrow





Ilustración anónima. Intervención DDLR2020



Del marino y filósofo inglés del siglo XVIII, David Sparrow, amigo del empirista pensador David Hume, su leyenda refiere que fue a veces pirata en los entornos de la caribeña isla Martinica, pero sobre todo intrépido capitán de los turbulentos mares, transcribo esta balada de difícil traducción al castellano:



¡Qué descansada vida
la del que huye al mundanal virus
y sigue a escondidas
en la senda por donde han ido
los poquísimos sabios que el banal
mundo mercantil ha permitido

Que le es indiferente el pecho
de los soberbios grandes de estado,
igual de los veloces corceles,
se admira, amaestrado
por el diestro moro,  con látigo aferrado

Toda fama desdeña, aunque
cante con voz su nombre pregonera,
no acepta si se presenta
la lengua envidiosa y lisonjera,
que condena la verdad sincera.

¿Que  presta a mi contento
si soy por el insidioso dedo señalado,
si en busca de este libre viento
ando desalentado
con ansias vivas y moral cuidado?

¡Oh mar, oh viento, oh océano contaminado!
¡Oh secreto seguro arruinado!
Roto todo navío
en vuestro tronco quemado reposo
huyendo de esta peste tempestuosa

Un quebrado sueño,
que un día no fue puro, ni alegre y ni libre quiero;
no quiero ver el ceño
criminalmente severo
de quien se ensalza con la sangre de otros
y en el pillaje del dinero.

Despiértenme las aves
con su fino cantar sin apremio,
alejándome de cuidados graves
del que siempre es seguido
quien al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que he trabajado
a solas, sin testigo,
pleno de amor, sin celo,
sin odio, ni esperanzas, ni recelos.
En la quilla de mi intrépido navío
por mi mano trazada tengo las gastadas rutas de mi sustento,
que al llegar la primavera
de sosegadas olas es cubierta,
calmando la espera por el fruto cierto.

Y como seductora
para ver y aumentar su hermosura,
desde el palo mayor baja airosa
una las velas de blanco puras
hasta llegar corriendo se apresuran

Y luego descansadas,
su paso entre los vientos va jalando,
las redes de pasada
que agua salada va cubriendo
junto a peces diversos reteniendo.

El aire a la nave rodea
ofreciendo olores marinos al sentido,
las velas se tensan
con su libre y manso ruido,
que del oro y del cetro deja al olvido.

Téngase su tesoro
los que de un trozo de leño confían:
no es mío ver al lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.

La enhiesta madera
cruje, y en ciega noche  deja
a los que habitan así sus días;
por el cielo sus invisibles huellas
esparce confusa vocería.

Y mientras miserablemente
están muchos agonizando
en asfixia agotadora,
alejado de todo mando,
tendido yo a la sombra sigo cantando.

En mi camarote recostado
y con mi laúd en manos,
sobre  usadas sábanas soy coronado,
puesto al oído atento
al son dulce, toco con ritmo consumado
taño las cuerdas sabiamente acompasado …
En: David Sparrow: Theatrum Caribeum, t. 2, London, 1757, p.231s
Trad. David De los Reyes, Guayaquil mayo 2020


En: David Sparrow: Theatrum Caribeum, t. 2, London, 1757, p.231s
Trad. David De los Reyes, Guayaquil mayo 2020



viernes, 1 de mayo de 2020


Los encierros líquidos y creativos de
Ludwig van Beethoven (1770-1827)
David De los Reyes
(Filósofo, Universidad de las Artes, Guayaquil - UCV)



Dibujo de Shutterstock - Intervenida DDLR2020, mayo 

La celebración de los doscientos cincuenta años del nacimiento del gran Ludwig va Beethoven se ha visto reducida o, en el mayor de los casos, clausurada. Ante lo sucedido en estas últimas semanas por la pandemia a nivel global, sabemos que toda concentración pública está prohibida por el temor de contagio humano. Una realidad que no depara ni el encuentro ni la festividad, por los momentos, para este genio de la música. Sin embargo, nos queda celebrarlo y recordarlo escuchando o estudiando su música en los reducidos espacios de nuestra cotidianidad confinada. Bien porque interpretemos y leamos sus obras, gracias a nuestras habilidades musicales, o de escucharlas por las grabaciones en la reproducción electrónica-digital.
Las condiciones limitadas que nos conduce el repetitivo lema quédate-en-casa, causado por el contagioso y criminal virus chino rojo COVID19, ha cerrado toda posibilidad de cualquier invitación para acudir a teatros y espacios públicos. Y entre ellos no menos están los conciertos de música de cualquier tipo. Quedando reducida completamente nuestra movilidad citadina a cualquier cita artístico-cultural, sin aún saber todas las consecuencias reales para el contacto vivo del arte musical -o cualquier otro-, en este obligado y conflictivo retraimiento pandémico espiritual universal. Mientras, solo se nos permite salir para obtener los insumos requeridos para seguir viviendo retirados en la individualidad inerte y en la aparente tranquilidad de casa.

Pero no dudo que se harán grabaciones este año de su obra y, de alguna forma celebrar, desde la distancia física y a la vez la cercanía virtual, a Beethoven. Al menos quedan portales en internet que incluyen música de excelentes grabaciones históricas o interpretaciones novedosas actuales de esta portentosa creación musical del romanticismo. Así es, en una primera instancia, respecto a sus obras orquestales, sus sinfonías, sus conciertos y sus oberturas, entre otras. Podemos escuchar interpretaciones de directores de culto como el legendario Wilhelm Furtwängler, casi de principios del siglo XX, pasando por las no menos reconocidas de Bruno Walter, sin dejar las de Herbert von Karajan y Leonard Bernstein, hasta llegar en el siglo XXI con las de Nicolas Harnoncourt o Daniel Barenboim por solo decir dos directores de los tantos excelentes que hay hoy. No menos pasa lo mismo con su música de cámara, sonatas y pequeñas obras.

Pero ya que estamos en cuarentena decretada tanto para los músicos como para los melómanos, no quisiera pasar la ocasión de presentar algunos rasgos de su vida cotidiana en relación con su proceso creador. No precisamente para imitarlo sino comprender mejor la dimensión de su condición humana. El quehacer de su día a día trasmitido por su discípulo y secretario, como también su primer biógrafo, Antón Schindler. Una estampa particular y vivenciada del intempestivo compositor que encontramos en su cuestionado libro titulado El Beethoven que yo conocí.
Schindler nos describe en su texto un día común del compositor. ¿Qué hacía al levantarse? ¿Cómo se preparaba para componer? ¿Cuáles eran sus hábitos cotidianos? ¿Cómo organizaba su día? ¿Qué lo inspiraba del entorno? ¿Cuáles eran las ocupaciones para llenar las horas del día posteriores a su trabajo como músico? En principio, nos podemos imaginar, por lo simple y limitada, una vida muy distinta a cualquier músico o compositor actual. Sus recursos y dispositivos eran otros, completamente artesanales, muy diferentes a cualquier músico profesional de hoy rodeado de todo un arsenal tecnológico estándar de dispositivos musicales.
Beethoven comenzaba el día temprano, al amanecer, y emprendía, sin apenas perder tiempo, su trabajo musical hasta bien pasado el mediodía. Convencido de que no sólo se requiere genio y talento para hacer música, sino también de una constante disciplina del hacer que da cuerpo al oficio. Concretando la obra fijándola y perfeccionándola en el papel.
Al levantarse comenzaba con su inamovible y exigente aromático y exótico ritual pagano. Desayunaba un café que era preparado por él mismo con una precisa y matemática obsesión neurótica. Tenía su propio récipe para el amargo, caliente y negro brebaje. Su habitual café mañanero estaba compuesto, ni más ni menos, por sesenta granos tostados de semilla arábiga por taza. Tanto era su empeño que, además de haberlo molido al momento, contaba los granos para lograr su dosis exacta. Hecho esto y con el cuenco de café en mano, pasaba a su desordenado escritorio cerca del piano y trabajaba toda la mañana hasta las dos o las tres de la tarde.  Llegado ese momento tomaba un descanso para salir a caminar, paseo que favorecía a su imaginación creadora. Tal hecho ha sido confirmado por meticulosas investigaciones al reconocer que su mayor productividad musical la hizo durante los meses cálidos. Época del año que podía salir a esparcir, sin mayores inconvenientes, su espíritu, dando un pie por los campos aledaños a su ciudad. Posteriormente tomaba su almuerzo. Seguidamente emprendía otro rato de vigorosa caminata, ocupando así lo que quedaba de luz en el día.  En ese intervalo de tiempo al exterior no es que dejase de pensar en su creación. Como aficionado peripatético moderno de la creación musical, siempre iba apertrechado de un lápiz y de papel pautado en sus bolsillos. En ellos registraba las ideas que surgían al pairo en su andar. Al final del día se dirigía a una taberna a leer los periódicos que le trasmitían los sucesos del presente. En la noche recibía visitas o iba al teatro. ¿La cena? Espartana. Un cuenco de sopa y alguna sobra del almuerzo.  No negaba el gusto de comer con una buena copa de vino. Pero también prodigaba la costumbre muy alemana de beber una jarra de cerveza y fumar su pipa después de cenar. Pocas veces se le escucho trabajar en las noches. Sólo en los momentos de impostergables compromisos editoriales o conciertos; tomaba ese tiempo nocturno para la conclusión de urgentes obras aún sin terminar. Se iba a dormir a horas tempranas. Alrededor de las diez de la noche era un buen momento para acostarse a descansar. La estación anual del invierno era un tiempo de recogimiento. Salía lo necesario y estaba cerca del calor de la estufa de su aposento y se quedaba, por lo general, leyendo.
También vale la pena mencionar lo referente a otro aspecto curioso que nos transcribe su discípulo de los inusuales hábitos de aseo y baño de Beethoven. Lavarse y bañarse estaban entre las necesidades más imperiosas de Beethoven. Si en el día no tenía que salir de casa por algún asunto particular, no tenía que vestirse formalmente. Se quedaba en paños menores. Y emprendía su matutina toilette ante su jofaina donde vertía portentosas jarras de agua sobre sus manos. Esta situación le proporcionaba una particular y pequeña felicidad que acompañaba cantando escalas a pleno pulmón o tarareando con voz escandalosa alguna melodía que le rondara en ese instante por su mente. Seguidamente bailaba taconeando el suelo de madera a lo largo de su habitación. Muchas veces regresaba a su estudio a trascribir en su cuaderno de apuntes la idea musical en ciernes. Luego volvía a verter agua encima de su cuerpo deleitándose con su canto efusivo. Eran los momentos de una exaltada y feliz meditación creadora en movimiento, que nadie se atrevía perturbar. Los sirvientes que ayudaban en las labores de casa se destornillaban de risa ante él, cosa que le molestaba y les increpaba su malestar mostrándolo aún más ridículo.
Tales hábitos líquidos de aseo creativo musical fueron constantes. También fueron causa de permanentes situaciones conflictivas con su casero. Sus baños matutinos los hacía a un lado de su dormitorio, pues no había en ese entonces un cuarto específico de baño. Así que, cuando emprendía su refrescamiento, derramaba agua a borbotones. Agua que se filtraba entre los intersticios del piso de tablones de madera, hacia los pisos inferiores. Motivo que le valió tener una impopularidad como inquilino incontrolable de la tranquila ciudad de Bonn o de Viena. Agua, taconeos, cantos exultantes, excitación dionisiaca y espontaneidad musical formaron parte de su entorno mañanero. Ante tanta capacidad expansiva creadora, y sin poder vivir el compositor alejado del vecindario y en casa propia, los inquilinos estaban en un permanente pleito, reclamando por su particular, incivilizado y excéntrico comportamiento. Eran exaltados momentos de inspiración húmeda beethoveniana, en que su soberbio genio incontenible conjugaba su fogosa manía de juntar limpieza corporal con inspiración musical. Nada humano le fue ajeno.

Bibliografía mínima
Schindler, Anton 1996: Beethoven as I Knew Him (1860), Donald W. MacArdle (ed.), Constance S. Jolly (trad.). Mineola, Nueva York. 
Solomon, M. 1998: Beethoven, 2.ª ed. rev., Nueva York, Schirmer Books.