miércoles, 1 de abril de 2009






La sexualidad en Merleau-Ponty.
Por: David De los Reyes.

Max Sauco
Merleau-Ponty ha escrito en su texto Fenomenología de la percepción (1975), ciertas reflexiones de nuestro interés en torno al cuerpo y la sexualidad. Nuestro cuerpo nos coloca frente al mundo, es una afirmación. Desde el mismo instante en que vivo en el mundo, sea porque me entrego a mi que hacer, a mis recuerdos, a mis amigos y hasta cuando cierro mis ojos y me introduzco en mi interioridad y escucho el fluido de mi cuerpo y el palpitar de mi corazón y el zumbido de mis oídos, sentir placer o dolor, y me encierro en una vida personal e individual, cerrando mi cuerpo al mundo, no puedo dejar de experimentar que mi cuerpo es apertura al mundo y me coloco en situación ante él. Me posee un devenir al situarme frente al mundo y frente al otro (distinto de mí, sea persona o cosa). La sexualidad tiene esta misma condición porque todo cuerpo la posee y es poseído por ella gracias a la situación que desarrolla ante el mundo en tanto experiencia del cuerpo sexual sobre el mundo. Igual que toda palabra expresa a un pensamiento, se deduce que, todo cuerpo expresa cada momento de nuestra existencia. Veamos.
El mundo externo, objetivo reduce más y más las posibilidades de las gamas de estados afectivos elementales, pero permanece la posibilidad de valorar sus efectos y como posibilidad permanente del cuerpo en experimentar placer y dolor. De ambos efectos señala que poco hay que decir pero en cambio advierte que el sujeto se define por su poder de representación, pero la afectividad no la toma como un modo original de conciencia. Es como llega a la conclusión que toda deficiencia sexual no puede reducirse, o bien a la pérdida de representaciones, o bien al debilitamiento del placer. Un enfermo no busca por sí mismo el acto sexual. Sea estimulado con imágenes obscenas, conversaciones sobre temas sexuales, la percepción de un cuerpo no lo lleva a emerger deseo alguno. M-P. afirma que para el enfermo el abrazo y el beso para él no tiene el valor de estímulo sexual. Son reacciones locales.
Respecto al acto sexual describe que la intromissio (penetración) nunca se da de manera espontánea. Si el orgasmo se llega a dar primero en la dama y esta se retira, el deseo del hombre se desvanece. Se encuentra en una situación que a cada momento sucedido no sabe qué debe hacer. La actividad intensificada sólo resultó en unos momentos antes del orgasmo. Este ejemplo lo da para explicar esa inercia sexual descrita, preguntándose si se debe a una desaparición de las representaciones visuales en el sujeto, a su retiro.
Considera que la sexualidad no puede comprenderse y vivirse en el hombre como un aparato de reflejo autónomo.
Se tiene la necesitad que, inmanente a la vida sexual, se de una función que asegure su despliegue y que la extensión normal de la sexualidad se apoye en las potencias internas del sujeto orgánico. Por ello solicita la presencia de un Eros o una Libido que anime al mundo animal, dándole valor y significancia sexuales a los estímulos exteriores, designando así a cada sujeto el uso que hará de su cuerpo objetivo. En esta reflexión fenomenológica de la sexualidad encontramos que un sujeto normal el cuerpo no se percibe como sujeto cualquiera, en esa percepción hay algo más profundo o aparentemente invisible, y ello es la percepción del cuerpo visible subtendido por un esquema sexual, estrictamente individual, que lleva a acentuar las zonas erógenas, dibujando una fisonomía sexual, reclamando los gestos propios de su condición sexual e integrándolo a una postura afectiva (de placer o dolor, o molestia, o sufrimiento).
En el ejemplo que nos da de una persona perturbada mentalmente nos habla que al mirar este hombre el cuerpo femenino carece de esencia particular: es por su carácter que viene a ser atractivo ese cuerpo, es lo que viene a distinguirlo de los otros cuerpos femeninos, pues los cuerpos son todos semejantes. En personas perturbadas de este modo el contacto corporal sólo produce un sentimiento vago, un algo indeterminado que nunca se llega a alcanzar una conducta sexual idónea para llegar a una resolución sexual. En ella la percepción ha perdido su estructura erótica, tanto según el espacio como en el tiempo. El enfermo sin apetito sexual vendrá a desaparecer en él ese poder de proyectarse delante de sí un mundo sexual, de colocarse en situación erótica o, una vez iniciada, de consumarla, perseguirla hasta su satisfacción.
La percepción erótica no la coloca al nivel de una cogitatio que apunte a un cogitatum. Por medio de un cuerpo se apunta a otro cuerpo pero ello dentro de un mundo no dentro de la conciencia, según este autor. De esta manera un espectáculo sólo tiene significación sexual para alguien no cuando me represento, ni confusamente, su relación posible con los órganos sexuales o con los estados del placer, sino sólo cuando existe para mi cuerpo, en tanto potencia pronta a alterarse por estímulos dados en una situación erótica, ajustando una conducta sexual a la misma. Esa comprensión erótica se da más allá del orden del entendimiento (M-Ponty, 1975:173).
La vida sexual tiene, por lo dicho, una necesidad de vivirse en tanto intencionalidad original y se presenta en las raíces vitales de la percepción, de la motricidad y de la representación en la medida que estos apoyan el proceso en una elipsis intencional que está determinada en función de mi respuesta en tanto sujeto afectado o normal gracias a la experiencia sentida por su vitalidad y fecundidad. La sexualidad no es un ciclo autónomo, es la conclusión a todo esto. Ella se encuentra vinculada a todo ser cognoscente y agente. La sexualidad más que explicarse por sus estructuras internas corporales se busca encontrar la sexualidad en las relaciones y actitudes que antes pasaban por actitudes de conciencia. Las funciones sexuales no son unilateral y puramente corpóreas sino que implican un movimiento dialéctico de los cuerpos con la realidad en que se integra la sexualidad de todo ser humano.
Se parte de la postura freudiana la cual observa que lo sexual no es lo genital, y quizá esto proyecte todas las aceptaciones y legitimidades de las posiciones y posturas en torno a una sexualidad liberada de la genitalidad como tal. Está más allá de ser vinculada con unas condiciones mecánicas orgánicas. Lo sexual no es un simple efecto de los procesos, en que los genitales son la sede de ellos, la libido no es un instinto: una actividad orientada a unos fines predeterminados.
La sexualidad es la capacidad que tiene el individuo físico-psíquico de adherirse a unos medios contextuales diferentes, de fijarse mediante experiencias diferentes, de asumir diferentes estructuras de conductas (idem:175). Esto es lo otorga que el hombre posea una historia sexual. Dicha historia es para M-P. la clave de su vida, pues gracias a la sexualidad proyectamos una manera de ser en el mundo, respecto a su época y las relaciones con los demás hombres. Es por lo que advierte que en toda neurosis está implicada a ciertos síntomas sexuales y tales síntomas se leen al simbolizar las actitudes, sean estas de dominio o de fuga. La historia sexual entendida como una elaboración de una forma general de vida, da pie para introducir todo tipo de motivos psicológicos ya que la vida genital sólo tiene significancia al estar acoplada a la vida total del sujeto. Es por lo que M-P. advierte que: la cuestión no estriba tanto en saber si la vida humana se apoya o no en la sexualidad como en saber qué es lo que por sexualidad se entiende (idem). Esto puede deformar a la misma sexualidad pues es la tendencia del psicoanálisis que representa la sexualidad por medio de un doble movimiento ya que insiste en una infraestructura sexual de la vida; y por otro, amplia la noción de sexualidad hasta el punto de integrarla a toda la existencia. Ello convierte a la sexualidad, como lo es hoy, en algo ambiguo. Pues pareciera ser que al generalizar el concepto de sexualidad, haciendo de ella una manera de ser-en-el-mundo físico e interhumano se lleva a reducir a la existencia sólo en tanto significación sexual o bien que todo fenómeno sexual tiene una significación existencial. En tanto ser-en-el-mundo la existencia se convierte en una abstracción, un nombre más para designar la vida sexual, pero al comprender que la vida sexual no puede circunscribirse como una función autónoma de la causalidad propia del aparato orgánico, no tiene mucha relevancia decir que la existencia se comprende por la vida sexual. La pregunta que formula M-P. es: ¿habrá que decir, inversamente, que el fenómeno sexual no es más que una expresión de nuestra manera general de proyectar nuestro medio ambiente? Sabe que la vida sexual no es un mero reflejo de la existencia: y afirma que una vida eficaz en el orden de lo político y cultural puede ir acompañada, como muchas veces lo es, de una sexualidad deteriorada, e incluso beneficiarse en esos campos gracias a ese deterioro.
Lo contrario a ello sería la vida del tipo de Casanova, quien es una especie de perfección técnica que no responde a ningún vigor particular del ser-en-el-mundo. Así el aparato sexual esté atravesado por la corriente general de la vida…así lo confisque para beneficio personal su satisfacción.
En el fondo, el planteamiento de M-P. se reduce a que la existencia biológica (genital y sexual), está acoplada a la existencia humana y jamás indiferente del ritmo en que esta se mueve. Pero sin obviar que todo pudor, deseo, amor en general tiene una significación metafísica (idem:183), es decir, está más allá de lo físico y terminan siendo incomprensibles cada una de estas afecciones si se toma al hombre sólo como un haz de instintos, en vez de tomarlo como una conciencia y una libertad en el mundo. Es por lo que en todo acto sexual de posesión de otro cuerpo, lo que se desea, no es poseer sólo un cuerpo sino un cuerpo animado por una conciencia, y como dice Alain, uno no ama a una loca más que en cuanto la amó antes de su locura (idem:184). Y esto nos entrega a comprobar que en torno a la sexualidad surge a la par una estructura metafísica de mi cuerpo simultáneamente objeto para otro y sujeto para mí (idem).
Es por lo que no se puede tomar el placer sexual para explicar que ocupa ella dentro de la vida humana. Nos habla que el fenómeno del erotismo, si no fuera una vivencia subjetiva, posible a todos y a todos accesible, esta presente en tanto condición humana en sus momentos más generales y de mayor dependencia. La sexualidad se vuelve ambigua si sólo se reduce al cuerpo. Sólo cuando el cuerpo, en tanto objeto, se vincula al pensamiento deja su ambigüedad. Pero la sexualidad no puede tampoco ser reducida a un proceso de conocimiento ni a la historia del hombre en tanto conciencia. Es una tensión de la existencia hacia otra existencia que la niega y, sin embargo, no tiene realidad sin ella. Esa metafísica de la sexualidad, del deseo, del cuerpo, que va más allá de toda naturaleza, no se localiza en el conocimiento sino en nuestra apertura a otro, que está en cualquier parte y que nos lleva a un desarrollo de la sexualidad.
¿Se puede hablar de un desarrollo propio de la sexualidad? Al intuir y comprender que ni se puede trascender la sexualidad de nuestras vidas ni presentarse en nuestro centro a través de unas representaciones inconscientes. La sexualidad está constantemente presente en ella como una atmósfera (idem:185). Es por lo que la sexualidad, en tanto atmósfera ambigua, es co-extensiva con la vida. En un estilo de vida –retirada, de fuga y soledad-, es una expresión generalizada de cierto estado y experiencia de nuestra relación con la sexualidad personal. Ella nos da una significación, siendo para el sujeto ocasión para una observación y examen propio, sin que ello nos lleve a explicarnos definitivamente la sexualidad como forma de existencia. Pero no por ello la existencia deja de ser la prosecución y la explicitación de una situación sexual, en la que siempre tiene un sentido doble. Sexualidad y existencia fundan una osmosis: la existencia difunde la sexualidad y viceversa, la sexualidad a la existencia.
Al final la significación de la sexualidad inseparable de la existencia funda nuestra manera de llegar a obtener, en tanto examen humano, una idea histórica de su ser-en-el-mundo, lo cual lo hace particular y distinto a toda otra especie natural. Todo es necesidad en el hombre pues todo lo que somos lo somos por nuestra situación que hacemos nuestra, transformándonos en tanto especie cambiante por su condición de animal no terminado o fijado (Nietzsche). La sexualidad es nuestro drama pues empeñamos en ella, afirma M-P., toda nuestra vida personal. Y esto lo aceptamos ya que nuestro cuerpo es espejo de nuestro ser en tanto un yo natural pero sumergido en la corriente de la existencia dada, sin tener certeza, y en cambio sí mucha ambigüedad, al no saber de forma fija si las fuerzas del mundo que nos llevan son suyas o nuestras, o comprender que ni del todo son fuerzas del mundo, ni del todo fuerzas personales. Es por lo que no hay un desplazamiento o superación de la sexualidad como tampoco una sexualidad cerrada y centrada en la corporalidad de uno mismo. El cuerpo, como dijimos al principio, nos coloca frente al mundo dándonos la apertura a una sexualidad librada y labrada en la conjunción de los extremos que hacen que nuestra vida posea una historia sexual particular: es una intencionalidad y un poder de significación y satisfacción, una metafísica de los afectos y rechazos, de los placeres y de los sufrimientos. La sexualidad nos reconcilia con el mundo y el mundo es significado a través de nuestros trazos de una sexualidad consumada y siempre por consumar.



Bibliografía:Merleau-Ponty, M.: 1975: Fenomenología de la Percepción. Ed. Península. Barcelona.





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La sexualidad en LipoveskyPor: David De Los Reyes


Max Sauco
I
Sexualidad y Sociedad Postmoralista
Vivimos, como bien ha dicho este autor, en una sociedad postmoralista, caracterizada por un caos organizador, cimentada sobre una cultura individualista. En una sociedad que repudia la retórica del deber, de la austeridad integral, del maniqueísmo y, paralelamente, subraya y aprueba los derechos individuales a la autonomía, al deseo y a la felicidad.
Nos provee de normas indoloras para la vida ética, del esfuerzo mínimo, del compromiso Light. No ordena ningún sacrificio mayor, ningún arrancarse de sí mismo. No se aspira a la recomposición del deber heroico. Es un permanente reconciliar el corazón con la fiesta, la virtud con el interés personal, el imperativo del futuro con la calidad de vida en el presente.
Si bien asistimos a un eclipse del deber no quiere decir que asistamos a la decadencia generalizada de las virtudes sino a la yuxtaposición de un proceso desorganizador y de un proceso de reorganización ética que se establece a partir de normas en sí mismas individualistas y subjetivas. La era del post deber significa la victoria progresiva del derecho a disponer uno mismo sobre los deberes incondicionales, del psicologismo sobre el moralismo, del sexo psicológico sobre el sexo monológico (Lipovesky, 2000: 95).
Esto nos lleva al punto del interés nuestro, el cual es mostrar la opción de un nuevo mundo amoroso ya en franco desarrollo y que coincide con el caos organizador de los afectos, de los contactos entre los cuerpos deseantes, del erotismo prolongado pero en presente. Un mundo amoroso surgido de la larga promoción desde décadas pasadas de los valores hedonistas encontrados a todo nivel y reforzados por las propuestas de liberación sexual, situaciones y valores que nos proveen de una nueva mirada y actitud sobre la moral sexual tradicional.

II
¿Nuevo Mundo Amoroso?
Este nuevo estadio de lo sexual nos conduce a aceptar al sexo fuera del margen del pecado y del mal, alejándonos de la cultura represiva de los sentidos al dejar de tener crédito en el horizonte de las correspondencias del placer y de los cuerpos.
En este mundo del post-deber, Eros se convierte en una de las expresiones más significativas, haciendo estallar los principios rigoristas de la moralidad sexual, reemplazando al sexo pecado por el sexo placer. Se han dejado las obligaciones sexuales a mantener y cuidar, la castidad y la virginidad no son bien vistas, al igual la sexualidad libre de las mujeres y los jóvenes, y ¿quién se atrevería afirmar hoy que la masturbación es una enfermedad? Sólo en círculos tradicionalistas y desplazados, conservadores y religiosos extremos, de los saberes comprobados se atreverían a fijar una posición única al respecto. Lo sexual se ha vuelto autónomo de la moral. Eros no encuentra su legitimidad en el respecto a reglas ideales, afectivas o convencionales, si no en el espacio reducido del sí mismo personal en tanto instrumento y práctica de la felicidad y del equilibrio individual. El sexo post-moralista no reprime-vigila-sublima. Sus alcances están por expresarse más allá de las limitaciones y de los tabúes con la única condición de no llegar a perjudicar al otro. Este Eros disociado de la moral, corta los lazos que lo unían con el vicio o lo patológico. Y adquiere un valor intrínsecamente moral al cumplir con un papel de equilibrio y del desarrollo íntimo de cada uno de nosotros. Es por lo que la relación del placer sexual está acorde con la dinámica de los tiempos de igualdad democrática, al ser aislado de la noción de pecado (desde la Ilustración). Igualmente se ha perdido en nuestra era post-moral la jerarquía emergente en el siglo XVIII en relación a placeres espirituales y placeres del corazón, considerados los más nobles, cambiados hoy por los placeres del goce, en donde los placeres sexuales tienen igual valor frente aquellos otros.
Se ha abandonado de los placeres el tema de los superiores o de los inferiores, o de superioridad o de inferioridad. Esto conduce a una liberación del rigorismo de las normas puritanas y se ha dejado de entender por vida virtuosa aquella que estaba sometida a una vida austera y disciplinada en los sentidos. Pero ello no quiere decir que hayamos perdido las normas ante Eros y estemos en el limbo más allá del bien y del mal. Sigue siendo condenable en nuestra realidad cotidiana y por las conciencia ciudadanas el rechazo al incesto, la perversión de menores, la prostitución, los actos de zoofilia, el sadomasoquismo, que si bien conviven entre todos nosotros siempre son proclives a obtener juicios hostiles y de rechazo. Como notamos, siguen habiendo tabúes sexuales que no han sido erradicados por el individualismo hedonista y la revolución sexual de los ’60 y ’70. Por lo que podemos aceptar la afirmación de Lipovesky: no hay una moral sexual homogénea (p.61). No hay un pleno estado de permisibilidad, aunque se acepte de manera más favorable la presencia de los grupos minoritarios sexuales. Lo que ha provocado el individualismo es que se ha enfrentado al consenso social sobre lo digno e indigno, lo normal y lo patológico. No hay últimos deberes a seguir, en la sociedad post-moralista la prédica se ha quedado muda. Liberados de las antiguas obligaciones autoritarias quedamos listos para que se instauren nuevas normas menos drásticas, evitando de esta manera que la sociedad entre en el caos de las pasiones licenciosas: no hay un estado orgiástico de individualismo desaforado. La idea de gozad sin travas propio de un ciclo individualista subversivo esta cerrado. Fue un momento intermedio que se dio entre el tránsito del moralismo al post-moralismo del deber y de la búsqueda de la tranquilidad. Por aquí se yergue el nuevo mundo amoroso. El registro sexy se encuentra en la moda y en la publicidad, entre las estrellas mediáticas de la pantalla pero no afecta, lejos se encuentra una propuesta de provocación a la tranquilidad del post-deber.

III
Entre el rigor del deber y las delicias eróticas cotidianas.Esta mirada que nos plantea este autor en relación a la cultura de masas presenta que el erotismo se generaliza (y banaliza, pudiéramos agregar), y todas opciones amorosas son legítimas sin ser estas posiciones realmente arriesgadas, sólo diversificadas: amor entre varios, el intercambio de parejas, la sodomía, la homosexualidad, las relaciones amorosas inmediatas o en la que apenas se han conocido los participantes siguen siendo experiencias minoritarias.
Que haya desaparecido en parte el rigorismo del deber no es motivo para que esto conduzca a una deriva orgiástica, el erotismo sigue estando dentro de los límites estrictos, donde la exhibición está más presente que practicada, consumimos erotismos virtuales: símbolos, moda, objetos de diferentes significaciones eróticas pero practicamos menos erotismo en el contacto carnal. Igualmente se sigue siendo más estable que nómada, equilibrado que dionisíaco. Es una experiencia que se asienta en torno y en el exterior del individuo que en la vida interna de su libido personal.
En torno a esto ha surgido toda una tendencia característica de las democracias postmoralistas que establece la demanda social de derecho para resolver todos los conflictos de índole sexual. El acoso sexual vendrá a ser la predilecta en este cerco del erotismo cotidiano. La guerra de los sexos, en relación a la victoria del derecho de los nuevos derechos de las mujeres, viene a tener una dinámica que perfila a las relaciones entre los sexos de manera cada vez menos regidas por la tradición o la fuerza, siendo su contrapartida la lógica expansiva de los derechos individuales a la autonomía, al desarrollo personal y a la dignidad. Es así como el acaso sexual no representa sólo la ignominia del chantaje de la pérdida del empleo sino el entorno hostil creado por agresiones verbales, las propuestas obscenas de los varones. Llevando a una fragilidad más del orden psicológica que moral. Ello lleva la exigencia al respeto de las mujeres en el entorno laboral, a no ser agredidas, violentadas por el género masculino, así sea sólo por el pétalo de la palabra. Tal acción es una demanda postmoralista al respeto de los derechos subjetivos.
Esta nueva moral sexual, como vemos, no es una permisividad desaforada, no es un desenfreno de los sentidos, ni un sexo salvaje entregado a relaciones de fuerza. Es más una restructuración civilizada del Eros que decanta en un intensivo control de las conductas y lenguaje masculino en el ambiente. Se lleva a tomar por violación no al ámbito de la pareja sino a las bromas subidas de tono, las conversaciones escabrosas. La familiaridad con las mujeres deben desaparecer dentro del ambiente de trabajo. La mujer debe ser vista con otro hombre más. Estas reivindicaciones feministas lleva a renunciar a todo un bloque de actitudes masculinas tradicionales, llevando a mostrar más pruebas de respetuoso autocontrol. En determinadas empresas están prohibidas imágenes u objetos incitantes, o conversaciones que vayan hacia temas sexuales, los ataques indirectos de conquista sexual, etc.; todo ello es ahora susceptible de sanciones disciplinarias y de persecución judicial.
Esto lleva a eliminar toda acción ambigua, formas de ligereza, de ligue, de transgresión entre los sexos. Esta postmoralidad de los afectos psicológicos más que de los códigos es un intento de higienizar tanto los espacios como las relaciones entre los sexos, de expulsar formas de molestia ambiental y de erotismo inapropiado para la labor; atenuar desenfrenos a cambio de un arco dinámico de derechos individuales que a la par llevan a vacilar más y más la relación hombre/mujer (idem:66). El nuevo control individual exige un repliegue estratégico sobre sí mismo, una indiferencia individualista a cambio de la prosperidad y el éxito laboral, perpetrando una hostilidad ante los intentos afectivos, eróticos, lúdicos, transgresores, flirteantes de los individuos en posición. En fin, toda molestia sentida por alguien puede ser ahora calificada de acoso sexual. Esto, en sociedades desarrolladas, tiene como cauce una sola dirección: la autoabsorción narcisista, arrastrando una ampliación de incapacidad de los hombres en el trato con las mujeres, el acercamiento romántico, la gestualidad del ligue, los bromas eróticas y en doble sentido, conversaciones que sean equívocas. Como bien anuncia Lipovetsky: Oh, hermosos días: La moral sexual es libre, ha perdido su severidad anterior, pero el universo social en gestación no por eso se anuncia con una luz lúdica y eufórica (idem:67)

IV
Fidelidad mientras hay corazón
Es la propuesta de la nueva pareja postmoralista. Es un elemento más del proceso autorganizador individualista. Siempre fue identificado como una técnica del micropoder del mundo burgués y alienación de la existencia. Hoy toma otro cariz.
De la utopía de la vida comunitaria y del goce ente intercambio de parejas, pareciera que llegaría una moda de la autonomía sexual, de los goces sexuales plurales y variados. Época que ha terminado. Pues la mayoría apuesta que la infidelidad no es aceptable y que la fidelidad es esencial para la vida de pareja, así sea sin contrato matrimonial. No hay culto a la pareja libre. Formas tradicionales se vuelven a imponer: en la noche se vuelve a casa, se lleva alianza y la constancia del amor es el termómetro para vigilar la intensidad del compromiso amoroso a dos. Hemos pasado del individualismo sexual permisivo a uno correcto. La restructuración del nuevo mundo amoroso, por un tiempo enamorado de la libertad individualista se reestructura bajo el signo de la constancia amorosa y el rechazo a las transgresiones extra-pareja, al zapping libidinal. En ello se perfila el nuevo orden sexual, hay un rechazo a las pulsiones nómadas sexuales y sus encuentros furtivos. La nueva autonomía significa no perder el horizonte y adentrarse en el cinismo y desvalorización, significa rectitud en los comportamientos amorosos: se impone un amplio ejercicio de honestidad sexual en tanto virtud cardinal.
Esta fidelidad en tanto valor no es absoluta. Sólo se le exige durante el tiempo que dure la relación amorosa. Al disiparse la atracción de los implicados la fidelidad deja de cumplirse y se eclipsa su valor. No se trata de una exigencia rigorista virtuosa, de la fidelidad para toda la vida. Se dice sí a la fidelidad en tanto correlato natural del amor. Esto hace que la persona no sea un juguete, ni manipulada por el otro. Se pide como un índice que garantiza la participación y la búsqueda intensiva de los afectos, alejada de la ritualización solemne de los juramentos.
Para Lipovtsky se sigue manteniendo una doble postura. Por un lado idealista: se persigue el ideal de amor triunfando sobre el desgaste del tiempo; realista: porque el esfuerzo requerido ya no exige lo eterno. Se conjuga un siempre temporal con una conciencia lúcida de lo provisional. Se exige fidelidad mientras se ama, acabada la función amorosa de la relación se es otra vez libre. La ética de la fidelidad sin deber es la de la autenticidad en la discontinuidad, lo mismo y lo múltiple (idem:69).
Este entorno es la apertura de los tiempos que ofrece un amor semiliberal forzado por distintos temores: el sida, el VPH, etc, haciendo de la necesidad una virtud para no caer en una situación de alto riesgo y terror al entrar abiertamente en el vértigo de las delicias de la variedad erótica. La fidelidad más que un valor consensuado es una acción impuesta en tanto adaptación a un ambiente sexual con alto riesgo y peligro ante la vida, es propia de la autoconservación que exige nuestra cultura neo-individualista.
La fidelidad proporciona estabilidad y seguridad emocional –y corporal!- ante un mundo móvil, competitivo, sin anclajes fijos, todo ensombrecido por la muerte a paso de coito. Esta estabilidad amorosa viene a ofrecer un remanso de paz en un tiempo que reina la confusión, la agitación y los interrogantes por doquier miremos. Es la esperanza de una vida íntima al abrigo de las turbulencias del mundo (idem:70).
Es un rechazo al aislacionismo actual. A mayor capacidad de elección, mayor atomismo social; a mayor autonomía subjetiva, más compleja la comunicación entre los seres. En esta geometría del narcisismo egostista postmodeno se levanta la fidelidad como dique contendor de la soledad, de la carencia relacional y de la incomprensión. Es la búsqueda no de los placeres desenfrenados sino constructivos, es un regreso al sentido pero microsocial, es decir, en torno a la pareja. Muerto los grandes proyectos sociales de la historia la historia se minimiza en torno a una afectividad íntima de la fidelidad amorosa.
Con estas posturas en esta autoorganización del individuo se nos lleva a retirarnos del goce por la templanza sexual, a las aventuras repetidas por una higiene de la vida, de la proclamación de la revolución sexual a una sexualidad apacible, serena, más que compatibilidad libidinal una ración de ternura y racionalidad amorosa. Más que reivindicar un derecho al goce hoy andamos más preocupados por el porvenir profesional. Pareciera que la sexualidad ha dejado de ser un centro de debate público y de polémicas ideológicas. Y esto, según el autor, ha sido el resultado de un tiempo en que se ha reconocido el derecho a la sexualidad libre, en que Eros ha cesado de levantar pasiones colectivas. Se aspira, por sobretodo, a la edificación imprecisa y móvil de sí mismo. Pasión ansiosa por el ego más que ansiedad sexual.

V
Una sexualidad políticamente correcta.
nLo que encontramos en este derecho a la individualidad sexual es que ya nada puede ejercer una presión agobiante en nuestros gustos y satisfacciones respecto al sexo: todas parecieran tener igual dignidad, nada entre en el cartel de lo ridículo. Esto ha reforzado la opción de la invención individualista de uno mismo. Ya no queremos cambiar la vida, sólo queda el individuo soberano que gestiona la obtención de una amplia calidad de vida.
El movimiento de no sex lo que sugiere es profundidad dentro de la cultura del posdeber. Se trata de no depender del otro, de protegerse contra riesgos como el sida, dejar ser deseado pero sin compromiso íntimo. En el fondo intensifica la tendencia de la defensa y culto al narcisismo. La nueva castidad propone una autorregulación dirigida por el amor y la religión del ego. En un mundo que el cuerpo del otro es un campo de peligro más que un paisaje atractivo, se aspira a un ethos de la autosuficiencia y autoprotección. Nos encontramos en una sociedad sin tabú opresivo pero limpia, tolerante pero ordenada. Más que el acto sexual se prefiere un acto de ternura e intensidad afectiva carnal. Sin embargo esta época orientada al racionamiento de los contactos eróticos y de la desestatización del cuerpo ha llevado a un mayor consumo de los enlatados del porno diversificado, a los clubs de masturbación gays, a la profusión de la porno-información, al prosaico safer sex en las propuestas amorosas del neo-individualismo contemporáneo.
Nuestra época, aplazado el ultrarrigorismo conservador y la permanente transgresión arroyadora, ni vivimos ni en uno ni en otro. Sólo se pide que se actúe correctamente. Más que ir en contra de una escalada de sexo se busca una reglamentación pragmática de los lugares y horas en que es permisible. De esta manera el imperativo categórico moral se ha cambiado por el pragmatismo flexible del mercado correctamente aplicado: se puede alquiler videos pornos sin suscitar reprobaciones, aceptable para los adultos, prohibidos para los niños; presentado en altas horas de la madrugada por tv en cable, es negado al estar los jóvenes frente a la pantalla. Los mecanismos dispuestos llevan no a prohibir en bloque sino en respectar las diferentes sensibilidades. Es la ética de geometría variable. Esta ética a la carta establece una puesta pornográfica flexible y reglamentada.
El moralismo feminista no intenta prohibir la pornografía por inflexiones culturales o ideológicas sino por un derecho a la dignidad femenina, cuestiona la libertad de expresión que favorece las agresiones sexuales y contribuye a la desigualdad económica. Se condena todo lo que atente a la preservación del derecho femenino: a toda representación que exponga a mujeres sometidas y humilladas, a las que les gusta ser violadas y dominadas, etc. Se persigue unos derechos del segundo sexo más que una moralidad. Es por lo que nos afirma el autor que: la argumentación feminista es pospuritana, sus exigencias en materia de legislación son manifiestamente moralistas (idem:77). Del imperativo categórico universal pasamos al disenso de los principios normativos: en la actualidad los valores normativos femeninos se imponen a los valores falocráticos. Ello ha llevado a una cruzada contra la expresión libre, artística del erotismo imponiendo un feminismo radical a obras que exponen valores reivindicadores de una visión individual, artística, erótica de los valores sexuales. Tales posturas son juzgadas como machistas y en contra de los derechos específicos de las mujeres. Legitima por un lado la libertad de expresión pornográfica pero por otro censura en nombre la libertad de expresión y de la dignidad.
En un mundo donde se ha debilitado el rechazo a la prostitución y a una libre expresión de la sexualidad hemos encontrado que se recrimina permanente contra la violencia ejercida a las mujeres públicas, hechos que llevan a alzar la voz de la opinión pública, al igual con la indignación ante el proxenetismo en tanto actividad lucrativa del sexo, por la explotación por las mujeres en la calle: la inmoralidad cae ahora en el proxenetismo y la pederastia, en los que los deberes del otro están pisoteados. Es lo que ha llevado a proyectar hacia las prostitutas un sentimiento más de compasión que de desprecio, pues el mal en nuestro mundo occidental se entiende que ocurre cuando perjudica al otro.
Esto es propio de un tiempo donde se enaltece y glorifica al individualismo por la libre disposición de uno mismo, llegando así a reducir la condena a la prostitución, la cual no se elimina. Es, de todas maneras, vista como una profesión desacreditada. Cada cual es reconocido como dueño de su cuerpo y el pecado de fornicación ya no tiene sentido colectivo, pero el comercio sexual no es reconocido socialmente (idem:79). Esto viene de una amplia tradición de descrédito por el oficio. Se exalta a la libertad privada y no se acepta una actividad asociada a la idea de servidumbre íntima. No se asume como un trabajo legítimo en tanto actividad remunerada. Reconocemos al sujeto más no al cuerpo objeto de deseo remunerado.
Esto ocurre en las sociedades occidentales. Otra cosa pasa en aquellas que no han alcanzado el nivel de vida occidental. Es así como en los países que fueron antes de la cortina de hierro y en el mismo entorno de la Rusia actual tal profesión ocupa un lugar alto en tanto profesión prestigiosa para quien la ejerza. En las sociedades occidentales es denunciada como una profesión socialmente desclasada. Lipovetsky sostiene que esto se debe a que en estas sociedades del postdeber hay una valoración individualista a la libertad de elección y de la calidad de vida y rechaza toda actividad que involucra servidumbre o esclavitud, la cual iría en contra de los principios de la moralidad individual. La prostitución se rechaza no como vicio sino como sometimiento de la mujer, actividad lucrativa e industrial despersonalizadora; la prostituta no es una carente de dignidad sino una víctima de una situación indeseable.

Bibliografía:Lipovetsky, G. 2000: El Crepúsculo del Deber. La ética indolora de los nuevos tiempos democráticos. Anagrama Ed. Barcelona














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Los Cínicos: El arte de vivir en libertadPor: María Eugenia Cisneros Araujo


Guan Zeju


…lo noble de la labor artística consiste en representar la vida en estado puro…mi arte, entre todos los artes posibles, es el más arraigado a la vida humana…Para convertir la misma vida en una obra de arte, casi todos tendríamos que transformar radicalmente la naturaleza de nuestros cuerpos…Mi próxima obra consiste en la creación de vida verdadera según mis ideales. Vida hecha carne y no un simulacro…

Junichiro Tanizaki. La Creación


…Claro, tú has vivido así, siempre al azar, sin preocuparte mucho por el futuro. Aun frente a una emergencia, de la cual no tienes en realidad argumentos válidos para calificarla como tal, siempre te llega una solución, quien sabe de dónde, y encuentras salidas sin vivir de verdad momentos de angustia…Para una persona como tú que vive al azar, no puede haber ninguna emergencia…

Junichiro Tanizaki. El Criminal


En el libro ¿Qué es la Filosofía?[1] José Manuel Briceño Guerrero, refiriéndose al hombre, explica que somos poco originales, pues la mayoría de los hombres se adaptan a las condiciones del modelo cultural de la sociedad en la que les toca vivir. Hombres que asumen roles rígidamente y, ni siquiera, se permiten la oportunidad de flexibilizar o reflexionar sobre el papel asumido. Al ser esto así, la mayoría de las veces, los conflictos de estos hombres responden a la falta de adaptación al modelo social o a los propios problemas que la cultura crea, pero pocas veces tales conflictos son producto de una auténtica praxis creadora en lucha frontal con el modelo social. De acuerdo a Guerrero, son pocos los auténticos creadores de formas de vida, pocos que dan rienda suelta a su propia indeterminación y, logran poner en entredicho, el modelo cultural al que están sometidos. En este sentido afirma, “Pero aun al que le ha tocado en heredad una cultura de estabilidad relativa y, por tanto, puede engañarse con respecto a su propia condición, no deja de ocurrirle tarde o temprano, por las frustraciones inevitables de la vida individual, o por una sensibilidad muy aguzada, o por una gran capacidad de asombro, no deja de ocurrirle, alguna vez, que tenga el tremebundo confrontación consigo mismo y vea, cuando menos el destello fugaz de una intuición momentánea, la contingencia de su absurda existencia, acechada continuamente por todo género de peligros, condenada a dejar de ser, finita”[2]

Entonces, el hombre comenzará a plantarse el sentido de la vida a partir de su propia existencia y despierte su actividad creativa para construirse un estilo auténtico de vida. Esto lo llevará voluntariamente al auto exilio del modelo cultural al cual está sujeto, solo así podrá inventar su propia forma de vida existencial y por tanto cultural.



Sobre esta idea, en la obra titulada Ejercicios Espirituales y Filosofía Antigua[3], Pierre Hadot desarrolla la siguiente tesis: La filosofía no consiste en la enseñanza y memorización de teorías abstractas sino en un “arte de vivir”[4], en un modelo de vida que se construya desde la existencia. La auténtica actividad filosófica se sitúa en la dimensión del ser, en el sentido, de hacer nuestro ser en la medida que nos comprometemos desde nuestra existencia en el arte de vivir. De esta manera, se pasa de ser títeres sociales a vivir una vida auténtica desde nuestro propio ser, consciente que estamos en la vida y en ella somos nosotros quienes nos hacemos. Este cambio de visión, solo será posible, siguiendo los postulados creados por Briceño Guerrero. Una vez que decidamos confrontarnos con nuestra interioridad y tomar conciencia de nuestra absurda existencia como títeres del teatro social. Se trata de, en palabras del autor,“vivir consciente y libremente: conscientemente, pues son superados los límites de la individualidad para reconocerse parte de un cosmos animado por la razón; libremente, al renunciar a desear aquello que no depende de nosotros y que se nos escapa, no ocupándonos más que de lo que depende de nosotros –una rectitud de acción en conformidad con la razón”[5]

En este mismo orden de ideas, se encuentra Cinismos[6], libro escrito por Michel Onfray. En el Prefacio del referido libro, este filósofo, refiriéndose a sus clases de filosofía antigua en sus días de estudiante, explica que Lucien Jerphagnon, trataba a partir del estudio de Lucrecio, de establecer una proximidad con lo real y enfatizar en el arte de vivir, con estilos de vida y no con tediosas teorías abstractas. Mostraba que la filosofía es una estética de la existencia, que tiene relación con la cotidianidad, a tal punto que se llega a poner en entredicho la propia vida[7].
Estos autores, destacan en primer plano: la existencia, la acción, la creatividad, la vida. Un llamado, a no quedarse atrapado en las prácticas teóricas, abstrusas, herramientas de la cultura para someter la actividad creadora del hombre, su existencia a un modelo social teórico que le provee tranquilidad, quietud, pasividad, garantía de obtener cosas, con la condición de permanecer en tal modelo.
El riesgo de salir, es perder la seguridad que, a fin de cuentas, es una sensación teórica y no real. Sin embargo, sin saber por qué es asumida como real. El común denominador de esta situación es: un trabajo estable donde cobramos el quince y el último. Pensamos, tercamente, que esto nos da seguridad y al perderlo, por cualquier hecho circunstancial, nos aterra. Ello es así porque olvidamos que, en última instancia, solo contamos con nosotros mismos y con lo que somos.
Lo anterior exige, sin más, la creación de un estilo de vida guiada, únicamente, por nuestra acción creativa y no por lo socialmente establecido. La confrontación radica entre lo inauténtico y lo autentico, una toma de decisión existencial de nuestra parte. Tal decisión, pareciera siempre ser dolorosa, llena de riesgos, improvisación, es una frase donde nos lazamos a la vida y donde somos nosotros. Por ello, son muy pocos los que “optan por hacerse dignos”[8] o que ponen en ejercicio su actividad creativa contra lo falso. Como modelo de esos pocos debemos citar a Los Cínicos[9]: Antístenes, Diógenes, Crates, Hiparquía.
Explica Michel Onfray[10] que Platón daba sus clases en la Academia, Aristóteles en el Liceo y Epicuro en el Jardín. Los Cínicos a manera de burla se reunían cerca de los cementerios o en el Cinosargo situado en lo alto de una colina, fuera de la ciudad, cerca del camino que conduce a Maratón. Allí, donde se encontraban los excluidos del mundo (aquellos que no tenían acceso a los cargos cívicos, los que no eran considerados ciudadanos).
Tomaron como símbolo al verdadero perro, “cerbero…habitante de la laguna Estigia, guardián de los infiernos. Cerbero despedazaba a los mortales que tenían la mala idea de ir a ver qué ocurría mas allá de la muerte y era también el compañero domestico de Hércules, quien…era tenido en gran estima por Diógenes y sus compinches…la bestia era tricéfala, lo cual multiplicaba los peligros para los hipotéticos amos. Tenía el cuello erizado de serpientes, cosa que no podía más que disuadir a los amantes de las caricias, y sus dientes eran capaces de provocar mordeduras como las de las víboras”[11].

Los Cínicos sentían inclinación por las características de estos perros que muerden, son rápidos y tricéfalos, los que no van con correa junto a su amo, pues “el cínico desconoce la correa, la casilla y la pitanza regular adquirida al precio del conformismo”[12]. Frecuentaban la noche, no les hacía falta la luz, pues tenían conocimiento sobre las estrellas, el espacio, la vía láctea. Sabían que la constelación del can, una estrella tan brillante, ardiente y seca como el sol, era propicia para que los enfurecidos perros mordiesen a sus víctimas y, en que el fuego del sol, se aproxima a la tierra. Comían en la plaza pública, sin ritual, ni horarios, ni los hábitos. Vivían en la calle, según el azar y las oportunidades que se derivaran de esta situación (Diógenes vivía dentro de un tonel). Practicaban públicamente el onanismo y las relaciones sexuales. Defecaban y orinaban en la calle, como animales. Vestían un pedazo de tela, al doblarla, se protegían del calor, al extenderla se cubrían del frío. Llevaban un báculo, como “burla al orden social y a sus insignias…El palo es el medio con que hacer respetar la distancia y asegurarse el vacío alrededor de uno mismo, condición de posibilidad de una autentica autonomía”[13]
Peter Sloterdijk[14], al referirse a Los Cínicos, señala que su filosofía constituye una unidad: la teoría y la práctica. Se presentan como individuos carentes de necesidades, es decir, como sujetos que abandonan los modelos creados socialmente a cambio de su libertad. Según este autor, la filosofía cínica encuentra la vinculación entre la felicidad, la carencia de necesidades y la inteligencia. La existencia real de Los Cínicos se la debemos a las anécdotas y no a los escritos, pues no se conservaron ninguno. El arma de Los Cínicos era la carcajada y no la melancolía. Se trata de una filosofía “antiteórico, antidogmático, antiescolástico…que enseñe el atrevimiento de aceptar la existencia lucida y alegre”[15], se trata de un espíritu libre, firme, seguro de sí mismo, que se atreve a emanciparse de lo social-político, para practicar la autarquía: la toma de conciencia, la libertad, la alegría de vivir.
Los Cínicos constituyen un ejemplo, pues, de lo que significa tomar la decisión existencial de crear un estilo de vida. Pero debemos preguntarnos ¿Qué significa crear un estilo de vida? Siguiendo a Los Cínicos, implicaría uno de los pasos más difíciles y dolorosos: renunciar con conciencia a la comodidad y a la seguridad, que, supuestamente, nos brinda el campo social y político a cambio de la libertad y el placer. Ello involucra una revisión, exhaustiva, de lo que hemos sido, así como el replanteamiento, de lo que queremos ser. Esa proposición se origina en la existencia del día a día y no en el aislamiento abstracto ascético. Ese cotidiano que desarrolla nuestra existencia, que la sociedad nos moldea y, que nos lleva indefectiblemente, a nuestra propia confrontación a cada instante[16]; momento que es un estado de conciencia, en soledad, que nos impulsa a la toma de decisiones. Este encuentro, es la puesta en examen de lo inautenticidad o falsedad de nuestra vida y la decisión de querer ser autentico. Es la puesta en paréntesis de nuestra vida, del vacío, que va desde nuestra apariencia, pasando por lo que hacemos diariamente, hasta llegar a nuestro ser. El primer paso de Los Cínicos, era la renuncia a la comodidad social para dedicarse a la vida. Se dejan crecer la barba, van desaliñados, no se bañan. ¿Por qué? Los usos sociales, normas mínimas de cortesía y de convivencia que, por la tradición y costumbre atan a un tipo de socialización establecido. Los Cínicos renuncian a los usos sociales, para poder componer su apariencia física individualmente. Se permiten contradecir los fundamentos sobre los que se apoyan los usos sociales. De esta manera, bañarse, perfumarse y vestirse no responde al deber ser sino al querer. Aun en nuestros días, un individuo que no cumpla los mínimos requerimientos de los usos sociales es rechazado por la colectividad. La apariencia física es un estado visible y, como tal en este estado, se manifiesta explícitamente la transformación iniciada en nuestro interior. La apariencia física de Los Cínicos (la barba, el desaliño) son muestras explicitas del distanciamiento de lo social y el inicio de la construcción de la singularidad. La apariencia física va acompañada de un rechazo de la moda; se visten con una sabana solo para protegerse de la intemperie. La moda nos esclaviza a lo social, además, nos conlleva a perder tiempo[17], los usos sociales establecen la forma de vestir y la aceptación por parte del entorno a cumplir tales requisitos. Los Cínicos rechazan la moda y eligen su propio telar. El más sencillo, pues el hombre naturalmente, fuera de las ilusiones sociales, solo requiere protegerse de las condiciones climáticas.
Viven en la calle. ¿Por qué? La casa representa hogar, tranquilidad, seguridad, comida y status. La calle es la antítesis. Los Cínicos rechazan la casa, pues la seguridad y el confort, los convertían en dóciles y mansos. Es en la calle, donde se encuentran las respuestas inmediatas de sobrevivencia y soluciones a las situaciones imprevistas. Al recuperar sus respuestas inmediatas, también se rescata la creatividad, pues es un imperativo inventar una forma cultural de existencia en armonía con su ser presente, para realizarse en el azar y en la indeterminación, sereno, tranquilo porque comprende que en esto consiste la libertad. La asunción de la creatividad en este plano no es de angustia, ni de tristeza, es de gozo, de placer, de juego, de alegría; estos últimos aspectos son los que nutren la creatividad y proporcionan contenido a la existencia.
La renuncia a lo social equivale a la pobreza, la decisión de ser significa perder la seguridad, el confort social, e inventarte un estilo de vida donde nos permitirnos conocer otra seguridad y tranquilidad, la del sentido de ser. Un modo de obrar que proviene de ti mismo, de tener conciencia de tu valer, de la constitución de tu propio yo. Un modo de obrar cuya fuente es la existencia, que impone el corazón, la pasión, la acción, el instinto sobre lo teórico, el conocimiento, lo abstracto. La sublimación y la realización humana que es lo único verdadero, por encima del modelo social.
Hércules y Cerbero, son emblemas de Los Cínicos, quienes se llamaban asimismo perros. Ser tu mismo, ser cínico, ser perro, renunciar a ser esclavo, te fortalece. Simbólicamente eres un monstruo de tres cabezas acompañado de serpientes, capaz de superar las pruebas que Euristeo le impuso a Hércules. Tú mismo eres la fuerza (rebeldía, autenticidad, singularidad, individualidad, autarquía, autonomía). Muerdes y cada mordisco es una herida mortal, porque tu estilo de vida hace que los demás examinen su propia vida.
Los Cínicos asumen su cuerpo fortaleciéndose física y mentalmente. El hombre es un ser corporal, con una biología imponente. Como tal siente frío, calor, hambre, sed y placer sexual.
Social y convencionalmente la sexualidad es una situación íntima y privada, pero para los Cínicos es lo contrario. Practicaban el onanismo y las relaciones sexuales en las plazas públicas y delante de los paseantes. Aceptan el deseo sexual como un cuerpo que llama al placer y a la satisfacción del mismo. Si no hay compañera para satisfacer la sexualidad, entonces practicaban el onanismo. Lo importante era satisfacer el deseo porque como cuerpos sexuales sentimos esta necesidad y esto es propio de nuestra naturaleza.
Con Los Cínicos aprendemos que desde el cuerpo, el placer, la acción, el hacer, la existencia podemos hacer filosofía, una que nos obliga a poner en tela de juicio nuestra propia vida permanentemente y nos exige la continua praxis creativa existencial. No se vuelve a la vida desde el pensamiento, sino desde la praxis existencial. Cuando los Cínicos practicaban las situaciones sexuales públicamente, mordían el centro del hombre. Iban directo al espacio personal e intimo del hombre para recordarle que es un cuerpo que siente placer, un cuerpo de necesidades que muchas veces no satisface y reprime, porque su modelo de vida ha sido establecido culturalmente.
En resumen, a Los Cínicos no les interesaba la abstracción pura, la inteligibilidad humana a partir de teorías o de la puesta en práctica de la razón, les preocupaba mover, inquietar, despertar a las personas. Esta labor la practican desde el hacer, desde la praxis cotidiana. A pesar de distanciarse, oponerse a lo establecido, desde esta distancia, con esa oposición socializan a su manera con lo instituido para desmontarlo. Diferenciarse de las enseñanzas tradicionales clásicas griegas (Platón, Aristóteles), formar un grupo en los que se aceptan a los excluidos y a los que no eran considerados ciudadanos. Vivir en la calle, siendo hombres se comportan a semejanza del perro. Abandonan sus casas, sus ropas, sus hábitos, las normas de cortesía, la socialización condicionada por los rituales establecidos. Se vuelven a sí mismos, en rescate del instinto primario, en la búsqueda de la naturaleza humana originaria, aquella libre de las instituciones sociales establecidas para reencontrar al verdadero hombre en su condición natural. Aquel que es una unidad entre su naturaleza, su estilo de vida, su relación con el otro. Para ello, se lanzan a la calle a la vista de los demás, muestran la importancia del azar en la cotidianidad, como una llamado a la indeterminación, ese espacio que permite la creación del hombre, emitir respuestas nacidas de su naturaleza, una alimentación sencilla producto también del azar: frutas, vegetales, aquello que gentilmente la naturaleza ofrezca no se sabe cuándo. Las necesidades biológicas las hacen en la calle, la sexualidad la hacen pública (sea onanismo, sea la practica carnal). Como se puede observar, atacan a las situaciones humanamente humanas y sociales. Aquellas que generalmente invitan a compartir, al placer, al amor, pero que pierden su propia naturaleza o se desvirtúan al dejarse imponer las mascaras institucionales. El hombre busca refugio para cuidarse de la intemperie, vestido para protegerse del clima, alimento, en principio por una necesidad biológica, luego por placer hedonista, amor (como afecto, como placer carnal). Estos aspectos que tocan tan de cerca la humanidad, encierran el peligro de la satisfacción, de la docilidad, de caer en el engaño de la estabilidad para no perder la sensación de la presencia de tales aspectos en todo momento. Los Cínicos, buscan volvernos a la realidad para rescatar estas manifestaciones humanas como propias de seres existenciales de un mundo que nos toca vivir. Ubicarlas en el lugar que le corresponde, lo humano. Arrancarlas de aquello que nos distancia de nuestro ser, lo ajeno, lo que no es propio de nuestra esencia porque es impuesto. Por esta razón, comen en las plazas, no obedecen los rituales propios de las comidas, no comen en los lugares destinados para tal ocasión, no utilizan los baños, no ejercitan el amor en privado. Enfrentan a la humanidad con su propia censura con la esperanza que en ese instante en que ocurra el encuentro de sí misma surja el rescate de un estilo de vida basado en la independencia y la autonomía.
La independencia y la autonomía consisten en vivir según nuestra propia naturaleza y no de acuerdo a lo establecido socialmente, a lo que están sujetos la mayoría de los hombres.
Esta filosofía no quedo aquí, sino que en Roma también existió un Cínico. En el ensayo de David De Los Reyes[18] sobre Demetrio el Cínico y los Secretos de la Conciencia, explica que Demetrio es un cínico romano que consideraba que hay pocas nociones que son decisivas, estas nociones son las que son útiles para la vida, las que afectan directamente la existencia humana. De acuerdo a este cínico, lo difícil es descubrir las cosas cuyo descubrimiento tiene que ver con uno mismo. El hombre debe fortalecerse contra los azares, superar el miedo, para encontrar sus propias riquezas. Señala, De Los Reyes, que Demetrio “habla de la necesidad de volcarnos a modelar nuestro ser…Se trata de no temer a nada exterior, a los hombres, a los fenómenos de la naturaleza, a los dioses, y hay que despreciar los adornos, las frivolidades –que es tormento y adorno de la vida…Lo que hay que conocer son las relaciones…de nosotros mismos con todo lo que lo rodea”[19].
Este filósofo cínico, también destaca el sí mismo para no dejarse atrapar por los modelos culturales. Un sí mismo que se construye cuando nos dedicamos a los conocimientos que son útiles para la transformación de la existencia humana.
Esta transformación que va de la existencia al pensamiento, exige una atención permanente del hombre en su hacer cotidiano y el esfuerzo de poner en ejercicio su praxis creativa, para impedir quedar atrapado en lo social instituido.
Ser Cínico, es distanciarse de lo social, de lo comúnmente aceptado desde y dentro de lo social. El Cínico enseña que se puede vivir de otra manera, que se puede ser autentico dentro de lo falso. Ello necesariamente implica una soledad, una soledad existencial para el que transita el tortuoso camino del querer ser, pues el Cínico no niega la vida social, sino la vive a su manera, porque lo cotidiano es digno de su atención continuamente, y en su estilo de vida hace un llamado a la conciencia moral de los hombres. “…Con razón se ha dicho que una época se caracteriza no solo por la existencia de grandes hombres, sino por la manera en que se les honra y se les reconoce…La cuestión es si tiene suficiente excedente intelectual libre no solo para marcarse objetivos personales de carácter individual, sino para llegar con él a una intuición pura…El intelecto no debe aspirar a recrearse furtivamente, sino a liberarse por completo y celebrar sus saturnales. El intelecto liberado intuye las cosas: de este modo, lo cotidiano se le aparece por vez primera como digno de atención, como un problema. Esta es la verdadera característica del impulso filosófico: la admiración por lo que está delante de todos…”[20].
Actualmente, nuestro drama es que estamos presos dentro de un modelo social, llenos de miedo, de temor a la vida, no nos interesa lo cotidiano como existencia sino en cuanto nos proporciona seguridad. No pensamos en lo autentico sino que agudizamos nuestra individualidad de acuerdo al esquema social. El drama es que nos negamos a ser Cínicos, nos negamos a confrontar el modelo social y asumir decisiones existenciales. Por ello, Castoriadis se pregunta “¿qué sociedad es ésta en la cual la principal ocupación de la gente -al menos de aquellos que pueden- es la de enriquecerse, y la de otros sobrevivir y embrutecerse?”[21]


Notas:




[1] Briceño Guerrero, José Manuel. ¿Qué es la Filosofía? La Castalia, Segunda Edición, Venezuela, 2007.
[2] Ibíd., p. 12.
[3] Hadot, Pierre. Ejercicios Espirituales y Filosofía Antigua. Biblioteca de Ensayo Siruela, Ediciones Siruela S.A., España, 2006.
[4] Ibíd., p. 25.
[5] Ibíd., p. 30 y 31.
[6] Onfray, Michel. Cinismos. Retrato de los Filósofos llamados Perros. Paidos, Primera Reimpresión, Argentina, 2004.
[7] “…Su filosofía no se nutria de conceptos abstrusos, de nociones bárbaras, ni de las galimatías propios de la corporación: su tarea consistía en mostrar maneras de vivir, modos de obrar y técnicas de existencia. La conversión pagana que proponía apuntaba al orden de la vida cotidiana. Conocer a los filósofos que nos enseñaba equivalía a poner en tela de juicio la propia vida”. Ibíd., p. 13.
[8] Hadot, Pierre. Ob cit, p. 23.
[9] “Antistenes era ateniense, discípulo del orador Gorgias y después de Sócrates. De Sócrates aprendió a ser paciente, sereno de ánimo y fue el fundador de la secta Cínica. Un joven que quería entrar en su escuela le pregunto que necesitaba y Antistenes le respondió: una carpeta, una pluma, una tablita nueva y de mente. Solía decir, que era mejor caer en poder de cuervos que en el de aduladores, porque los cuervos devoran a los muertos y los aduladores a los vivos, lo mejor para los hombres es morir felices; a un amigo que había perdido unos comentarios le dijo “Convenía los hubieses escrito en el alma y no en el papel”, los que quieren ser inmortales deben ser justos, de la filosofía he sacado poder comunicarme conmigo mismo, la disciplina más necesaria consiste en desaprender el mal.
Sus opiniones o dogmas son:
“Que la virtud se puede adquirir con el estudio. Que lo mismo es ser virtuoso que noble. Que la virtud basta para la felicidad, no necesitando de nada más que de la fortaleza de Sócrates. Que la virtud es acerca de las operaciones, y no necesita de muchas palabras, ni de las disciplinas. Que el sabio se basta el mismo a sí mismo. Que todas las cosas propias son también ajenas. Que el sabio no ha de vivir según las leyes puestas sino según la virtud. Que se ha de casar por motivo de procrear hijos, y con mujeres fecundísimas. Que ha de amar; pues solo el sabio sabe la que debe ser amada. El bueno es digno de ser amado y el virtuoso bueno para ser amigo. La virtud es un arma que no puede quitarse. Más útil es pelear con pocos buenos contra muchos malos, que con muchos malos contra pocos buenos. Conviene precaverse de los enemigos, pues son los primeros en notar nuestros pecados. La virtud del hombre y la de la mujer es la misma. Lo bueno es lo hermoso; lo malo, torpe. Ten por extraño todo lo malo. El muro más fuerte es la prudencia, pues ni puede ser demolido ni entregado. Los muros deben construirse en nuestro inexpugnable raciocinio y consejo”
Discutía en el Cinosargo, un gimnasio cercano a la ciudad, de donde se cree surgió el nombre de la secta Cínica. Solía llamarse a si mismo perro, fue el primero en usar báculo, una bolsa de cuero y cubrir su persona con una sabana.
“Antistenes fue quien condujo a Diógenes a su tranquilidad de ánimo, a Crates a su continencia, y a Zenón a su paciencia”
“Murió de enfermedad, a tiempo que entrando Diógenes le dijo: ¿Necesitas de un amigo? Había entrado ya antes con un puñal, y diciendo Antistenes: ¿Quién me librara de estos males? Respondió Diógenes mostrando el puñal: Este. A lo cual replico Antistenes: De los males digo, no de la vida. Parece, pues, que el deseo de vivir le hacía sufrir la enfermedad con mayor blandura”
Diógenes llega a Atenas donde sigue a Antistenes debido a su constancia pues Antistenes lo rechazó varias veces. “Antistenes…habiendo una vez alzado el báculo, puso en la cabeza debajo diciendo: descárgalo, pues no hallaras leño tan duro que de ti me aparte, con tal que ensenes algo” Tuvo una vida parca, de alimentos con base en frutas y vegetales. Se dice que observando a un ratón que iba de un lado a otro sin temer a la obscuridad ni anhelar cosas para vivir, hallo remedio a su indigencia. También uso báculo, una bolsa de cuero y una sabana para vestirse. De habitación uso una cuba de madera, se llamaba perro a sí mismo. Caminaba a pie, descalzo sobre la nieve.
“Silogizaba de esta forma: De los dioses son todas las cosas; los sabios son amigos de los dioses, y las cosas de los amigos son comunes; luego todas las cosas son de los sabios” Decía que no “tenia ciudad ni casa, estaba privado de la patria, era pobre, errante y pasaba una vida efímera. Oponía a la “ley la naturaleza, y la razón a las pasiones” “Estando tomando el sol en el Cranion, se le acerco Alejandro y le dijo: Pídeme lo que quieras; a lo que respondió el: Pues no me hagas sombra. “Habiendo Platón definido al hombre, animal de dos pies sin plumas y agradadose de esta definición, tomo Diógenes un gallo, quitole las plumas, y lo echo en la escuela de Platón, diciendo: Este es el hombre de Platón. Y así se añadió a la definición, con unas anchas” “Estando en una cena, hubo algunos que le echaron los huesos como a perro, y el, acercándose a los tales, se les meo encima, como hacen los perros”
“Decía que la ejercitación es de dos maneras: una del alma y otra del cuerpo. Que en esta ejercitación del cuerpo se conciben frecuentes imaginaciones que dan fácil soltura para acciones valerosas, por lo cual es imperfecta la una sin la otra, no obstante que el buen habito y la fortaleza se agregan al alma o al cuerpo, a quienes pertenecen. Daba sus pruebas de que del ejercicio a la fortaleza se pasa fácilmente, pues veía que en las artes mecánicas y otras adquieren los artesanos no poca destreza con el ejercicio continuado. Que los flautistas…y los atletas se diferencian entre si, al paso que se ejercitaron con más o menos aplicación a su trabajo. Y que si estos hubiesen trasladado al alma el ejercicio, no hubieran trabajado inútil e imperfectamente. Así, concluía que nada absolutamente se perfecciona en la vida humana sin el ejercicio, y que este puede conseguirlo todo. Por lo cual, debiendo nosotros vivir felices abandonando los trabajos inútiles y siguiendo los naturales, somos infelices por demencia propia…
“Sin ciudad de nada sirve lo ciudadano y urbano; la ciudad son los mismos ciudadanos: sin leyes de nada sirve la ciudad y los ciudadanos; luego las leyes son cosa indispensable en la ciudad” “Menosprecio… la geometría, la astrología y semejantes como inútiles y no necesarias”
Se dice que murió a los noventa años de edad de un cólico al comer crudo un pie de buey. Otros que fue al detener la respiración, otros que fue al comer crudo un pulpo”. Laercio Diógenes. Vidas, Opiniones y Sentencias de los Filósofos más Ilustres. Argentina, Colección Clásicos Inolvidables, Librería El Ateneo Editorial, Segunda Edición, Agosto 1959. Traducción directa del griego al castellano por José Ortiz y Sanz.





[10] Onfray, Michel. Ob cit.
[11] Ibid. p. 37.
[12] Ibid. p. 38.
[13] Ibid. p. 52.
[14] Sloterdijk, Meter. Critica de la Razón Cínica I. Taurus Humanidades, España, 1989.
[15] Ibíd., p. 216.
[16] “…Una intuición no se demuestra, sino que se experimenta. Y se experimenta multiplicando o incluso modificando las condiciones de su uso…” Bachelard, Gastón. La Intuición del Instante. Fondo de Cultura Económica, Primera Reimpresión, México, 2000.
[17] En una entrevista que diera Albert Einstein al preguntársele sobre las causas por las cuales siempre se vestía con la misma ropa el genio, respondió, al sorprendido periodista al ver su closet: “así no tengo que perder tiempo en seleccionar la ropa, me viene bien la primera que tomo. Me afeito sin muchos miramientos, con jabón de fregar. En casa suelo ir descalzo. Tan sólo cada dos o tres meses dejo que Elsa me descargue un poco la pelambrera. Pocas veces encuentro necesaria la ropa interior. También dejé de lado los pijamas, y más tarde los calcetines. ¿Para qué sirven? No producen más que agujeros. Elsa llegó a perder la paciencia un día en que me pilló cortando las mangas de una camisa nueva. Mi explicación fue que los puños requieren botones o gemelos y es necesario lavarlos con frecuencia, total, una pérdida de tiempo. Yo pienso que toda posesión es una piedra atada al tobillo.”
[18] De Los Reyes, David. http://www.filosofiadel/dolor.blogspot.com
[19] Ibíd.
[20] Nietzsche, Friedrich. Los Filósofos Preplatonicos. Editorial Trotta. España, 2003, p. 19 y 21.
[21] Castoriadis Cornelius. Democracia y relativismo. Debate con el MAUSS, España, Editorial Trotta S.A., 2007, p. 30.














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