domingo, 5 de septiembre de 2010

Democracia paso a paso.

Por David De los Reyes.


Queremos realizar una reflexión en torno a lo que podemos llamar democracia paso a paso, la cual tiene como factor primordial la capacidad de emprender proyectos sociales a partir de planes que impliquen la valorización, experimentación y comprensión de los éxitos y errores propuestos por los representantes y el ciudadano organizado en la construcción de la convivencia y la tolerancia común, evitando que se constituyan estructuras sociales que pretenda ser unilaterales, dogmáticas, cuasi eternas y que dependan para su supervivencia el estar arraigadas a un proyecto utópico e ideológico fundamentalista. Para ello hemos tomado e inspirado en el conocimiento social del filósofo austriaco-inglés Karl Popper, que ha sido un faro de luz ante el establecimiento del oscurantismo de las sociedades cerradas o totalitarias.

La democracia del paso a paso combinada con el análisis crítico, es la principal manera de obtener resultados prácticos, tanto en el campo de las ciencias sociales como en el de la naturaleza. Comprendido que el progreso no es una ley y que la historia no tiene leyes, sólo podemos comprender que esa actitud de querer ir hacia un estado mejor y más feliz sólo podemos mantenerlo como una tendencia que se ha anclado dentro del conjunto de una sociedad, sabiendo que la sociedad nunca se mueve como un todo, de forma holística, sino que hay subsistemas y fuerzas independientes e insurgentes que llevan a dar determinados movimientos sucesivos según los fines a que se dirijan tales fuerzas instauradas como tendencias. Tal condición democrática del paso a paso comprende que toda teoría y normas deben presentar una doble condición, claridad y factibilidad es decir, comprobabilidad de su requerimiento y existencia. Es por ello que solicita una actitud activista hacia el orden social y si nos encontramos insatisfechos ante el orden social o económico existente la mayoría de las veces es porque no se entiende su funcionamiento y por ello la actitud activa requiere información y comprensión para poder actuar debidamente y no empeorar con su acción la situación.

Una de las posturas o principios de esta concepción democrática se basa en señalar lo que no es posible lograr ante nuestra realidad. Sólo podemos lograr tales cambios a partir de determinados efectos concomitantes a nuestra acción y perspectiva. Los ejemplos pueden ser varios. Como el de mantener precios fijos de los insumos agrícolas y al mismo tiempo considerar que eso bajará el costo de la vida. O hacer una revolución sin causar una reacción. O construir una máquina sin pensar en su accidente. O intentar hacer una reforma política sin la presencia vigorosa de fuerzas opositoras para que se plantee un mayor alcance de la reforma. Y a mayor poder político más factibilidad de usarlo mal y no con ello mejorar la vida social de los individuos.



Esta democracia del paso a paso tiene como tarea en sus dirigentes en diseñar instituciones sociales, o reconstruir y administrar, (mejorar), las existentes. Y esto es una exigencia para todas las instituciones, sean de orden privadas o públicas. Y comprende que las instituciones pocas han sido las que han sido diseñadas a ex profeso y que la mayoría se han ido estableciendo como resultado de las necesidades y de las acciones humanas no diseñadas. Vistas así las instituciones son consideradas desde un punto de vista funcional e instrumental; son medios para lograr determinados fines en cuanto que cada una de ellas tiene determinados fines por las que vienen a justificar su existencia para el buen orden social.

Esta concepción no se propone a rediseñar la totalidad de la sociedad, propia de una concepción utópica. Sus pretensiones son menores pero más seguras; no cree en los métodos que impliquen cambios a toda la sociedad en su conjunto. Sus fines de cambio están sujetos a lograr pequeños ajustes y reajustes que pueden irse mejorando paulatinamente pero de manera constante. Si encontramos que sus fines pueden llevar a enriquecer a determinados grupos o individuos igualmente pueden estar encaminados a mejorar la acumulación de riqueza y poder por ciertos otros, como también la protección de ciertos derechos ciudadanos.

Se plantea que sus conocimientos no tienen certeza hasta no ponerlos en juego ante las fuerzas sociales existentes. Sus conocimientos se consolidan a través del aprendizaje que se pueda sacar de los errores cometidos, ello hace que tenga el cuidado de sus propuestas y emprender una tarea que mantenga atención a los resultados que se esperaban con los resultados obtenidos en la realidad para así detectar tendencias indeseables e inevitables; esto constituye la materia para emprender las complejas reformas requeridas, conociendo en todo momento lo que se hace y lo que se espera de la acción acometida. Para mejorar a la sociedad no hay que remodelarla toda. Es un método de curso moderado y no uno tempestivo. Más que plantearse la decisión de una reconstrucción completa de la sociedad el político que acomete una acción del paso a paso, tiene una postura abierta en cuanto al alcance de la reforma propuesta; más que una ampulosa trascendencia política postula una limitada creación en busca de resultados, comprende que la condición social humana debe integrar la incertidumbre del factor humano que puede llevar a cauces no pensados de antemano; la condición utópica siempre pretende un control absoluto del factor humano por medios institucionales, en nuestro país (Venezuela), lo hemos podido notar a través de las distintas leyes que tienen como único fin el control de las libertades civiles y de la incertidumbre que puede molestar al pensamiento absoluto y trascendente de la visión holística del oficialismo, implicando para ello la transformación del hombre mismo a través de planes doctrinarios como los de un hombre nuevo; moldear conductas para que se adapten a esta sociedad dirigida unilateral y militarmente, de ello pareciera determinar el éxito o fracaso social, los impulsos humanos deben estar organizados como en un hormiguero pero humano, es decir, en una sociedad totalitaria. Siempre nos dirán que un elemento determinante de todo problema político revolucionario consiste en cómo se debe organizar los impulsos humanos para que pueda dirigirse esa energía hacia puntos estratégicos apropiados.


la-erotica-de-la-cultura

Foto de Cristobal Manuel: Desnudo en Haiti.

(Publicada en el diario El País)

La democracia paso a paso está basada en la experimentación, como lo es desde un proyecto comunitario de una planta de tratamiento de agua o en el establecer una nueva tienda de víveres por parte de un comerciante. Toda acción pública puede observarse y plantearse como un experimento social en la medida que vienen a plantear problemas que pueden conducir al mejoramiento de la calidad de vida de las personas y espacios implicados, y que tales mejoras puedan persistir y sostenerse en el tiempo de existencia social a través de cambios y mejoras, internamente esta opción está alimentada por medio de un pensamiento crítico y en la experimentación. Esto implica aprender de nuestras equivocaciones y reconocer los errores cometidos y utilizarlos críticamente para no preservarlos de forma dogmática. Tal método político supone una condición cognoscitiva cuanto más libre y conscientemente estemos dispuestos a arriesgar en un intento, y para ello se exige una actitud crítica que quiere decir estar alerta a los errores que se cometan para ampliar nuestro campo de experiencia y conocimientos. Es un método político experimental donde en todo momento teoría y práctica están siendo puestos al día por medio de la permanente observación de los resultados y sus consecuencias. No es un método para ampliar el poder político sino tener el político poder de resolver los problemas de la forma más eficiente y real. Intento y error, son las directrices de esta concepción democrática del paso a paso. No es una política de los oídos sordos y de la acallamiento crítico de las personas sino la apertura al reconocimiento, al aprendizaje de los errores, al cuestionamiento de todo dogmatismo, a la amplitud de miras y de la escucha ciudadana en función de la mejor vida social tanto pública como privada. Es lo propio de una política para el desarrollo de una sociedad inteligente, la cual consiste en saber dar respuestas cónsonas a los problemas insoslayables para la convivencia. Lo propio de una sociedad de individuos inteligentes se distingue en la capacidad de modificar el comportamiento propio para que se ajuste lo mejor posible a los propios intereses tanto de esa sociedad como de sus integrantes. Lo contrario a una sociedad inteligente basada en la experimentación de hipótesis sociales puestas en prácticas estaría la de una sociedad dogmática, la cual es propia de una visión única, holística y utópica, donde se pretenden eliminar las diferencias individuales, controlarlas y esteriotipar intereses y creencias mediante una educación ideológica y una propaganda. Es aquella una sociedad del fracaso, la cual requiere el control casi absoluto de las opiniones y de los medios de comunicación y de educación para el enceguecimiento colectivo. Una sociedad dogmática tiene como fin destruir el conocimiento, pues a mayor ganancia de poder totalizador más grande es la pérdida de conocimiento social real. Una sociedad inteligente vendrá a dar la cara de forma concreta a los problemas de injusticia y explotación, irá contra el sufrimiento y la violencia evitable, como lo es la pobreza y el desempleo. Es lo contrario a establecer como condición para la resolución de dichos problemas el establecimiento de un proyecto ideal (sea el fascismo socialista o el comunismo totalitario o las democracias populares).

Esta sociedad democrática de la experimentación paso a paso conoce que su éxito o fracaso tiene como necesidad constitutiva la valorización del juicio permanente y crítico de las políticas públicas aplicadas y no establecerse y estancarse en una razón de estado abstracta que sólo tiene como fin la ignorancia a medida que se redunde en la acumulación del poder y en la supresión crítica.

De la sociedad por el Estado a la Sociedad contra el Estado.

Por: David De los Reyes.



Hobbes y los teóricos del contractualimo jurídico identificaron la sociedad con el Estado. Ellos suponen una etapa inicial del Estado, el estadio de la leyes naturales, donde los individuos vivían sin lazos mutuos permanentes y por esas condiciones inhóspitas debían dirigirse a constituir una especie de pacto o contrato con lo cual se enarbolaba la existencia de un gobierno y del Estado, donde se instaurace una relación de orden-obediencia. Estado y sociedad son paridos al mismo tiempo y en el mismo acto. Hobbes se distinguirá de los filósofos antiguos, como Platón y Aristóteles, que iniciaron un ramaje distinto a él. Ellos no admitieron ningún contrato en el origen de la sociedad, ven en ella una realidad consustancial al hombre (como el lenguaje), admiten la existencia de asociaciones imperfectas y previas al Estado.: familia, clan, tribu, las cuales deben desembocar irremediablemente, en la organización estatal. Rousseau ya se lo había reclamado a Hobbes al decir: "¿Quién puede haber pensado sin estremecerse el sistema insensato de la guerra natural de cada uno contra todos?... He ahí, hasta donde el deseo o más bien el furor de establecer el despotismo y la obediencia pasiva han conducido a uno de los más bellos genios que hayan existido".

Thomas Hobbes

Si Hobbes nos ha hecho un cuadro tan negro del Estado cristiano occidental del siglo XVII fue para hacer creer a los hombres que sólo se puede vivir en paz bajo la dominación de un amo y mostrar que la servidumbre es aún preferible a una guerra sin fin. Pareciera que la reciente -y no tan reciente- historia de Europa contemporánea aún justificara esa sentencia.
Pero ¿qué nos va a demostrar Clastres (La Sociedad contra el Estado: 1978:12) en su estudió de las sociedades primitivas latinoamericanas? En primer lugar que la sociedad primitiva es una sociedad sin gobierno y sin Estado. Decir eso no es nada nuevo. Referente a las sociedades salvajes o primitivas como sociedades sin Estado lo habían observado antropólogos y sociólogos positivistas como Herbert Spencer, quien dijo que en las tribus primitivas que viven aisladas y pacíficamente no tienen nada que pueda compararse a lo que los occidentales llamamos como gobierno. Pero estos investigadores no pueden dejar de ver en dichas sociedad primitivas en tanto forma rudimentaria de la sociedad humana, destinada a desarrollarse y a perfeccionar sus instituciones hasta dar con la sociedad estatal. Así "el Estado., junto con el progreso técnico, la economía de acumulación, la escritura, la división de clases, etc., son logros que la evolución proporciona a la sociedad humana y a los que necesariamente ésta se encamina", (Cappelletti: Estado y Poder Político:1994). Todo teórico que arrastre la creencia simplista de la concepción evolucionista de la sociedad la concibe en tanto sociedad de clases junto al estado, éste como resultado del desarrollo necesario de la humanidad. Clastres rechazó la idea de evolución para caracterizar a las sociedades primitivas en relación a otras sociedades o civilizaciones. Si bien comprende el salto de una con la otra como cualitativo ello no quiere decir que sea hacia arriba y hacia adelante.


Pierre Clastres

El que en los pueblos primitivos, en que existe una ley natural y no acobije en su seno a un estado, no quiere decir que dichas sociedades carezcan de poder político. El poder político es un ejercicio carente de autoridad, de la relación mando/obediencia. ¿Quién representa ese poder? El jefe de la tribu, el cual no se presenta como el soberano que manda y el pueblo no es visto como una masa que obedece. Exceptuando a los incas, mayas y aztecas, en Sudamérica no encontramos ninguna idea de subordinación y obediencia. Los primeros misioneros europeos que llegaron a América calificaron a los pueblos con que se toparon como pueblos sin ley, sin fe y sin rey. La segunda camada de colonos ya establecieron los espectros de la jerarquía real: entonces verían ya duques, condes, reyes, y demás comitiva real (Clastres: 1973:14). La postura con que Clastres describe al jefe de las tribus nativas no tiene nada de semejante ante el horror que inspira el soberano a sus súbditos, del miedo y del autoritarismo implícito de la condición hobbesiana del estado. El soberano -que no es tal- de estas tribus tenía las siguientes características: 1.- son hacedores de paz y representan la instancia moderadora del grupo. 2.- son hombres generosos, obligados por su rango a satisfacer las demandas continuas de sus administrados. 3.- son buenos oradores y su oficio es la palabra. El principio de coerción es aceptado únicamente en tiempos donde se presente algún peligro exterior a la tribu. En guerra, el poder del jefe es absoluto; en paz, pierde toda autoridad coercitiva al restablecer las relaciones cotidianas de la tribu consigo misma. El poder normal se expresa en el consenso y no en el autoritarismo, en el permanecer dentro de un ámbito pacífico y no bélico. El jefe tiene por oficio ser arbitro de paz y no juez que reprende; mantener la armonía del grupo que lo logra por su prestigio personal junto al poder de la elocuencia y no por la fuerza. Otra de sus características es mostrar generosidad, presenta una actitud dadivosa con su tribu, lo cual constituye una especie de servidumbre: es un jefe-servidor. Esta condición del guía los miembros de la tribu lo interpretan como un derecho al pillaje sobre los bienes del jefe; si éste no lo permite pronto quedará reducido su prestigio, su poder. De esta manera encontramos que la concepción de Hobbes se cae en tanto modelo universal de estado contractual. No tanto para nuestro presente sino para el momento en que Hobbes escribió su Leviatan y proponía el paralelismo entre sociedad y Estado. No hay una razón de Estado igual para todos los grupos humanos como no hay una concepción del poder político coercitivo en toda formación social humana. Seguramente que pensar el poder político como coercitivo puede ser tomado como un prejuicio etnocentrista. Si bien el poder existe no puede ser entendido como término unívoco e inequívoco; se puede hablar más bien de una polivalencia de significados y sentidos en el ejercicio del poder. Si bien en Clastres encontramos que no se atreve a afirmar la existencia del modelo del Estado como un arquetipo constante dentro de la estructura social humana, sí llega a afirmar que lo universal en el hombre es el poder político. El poder es inmanente a lo social pero que bien puede esgrimirse en dos formas: coercitivo o no. La forma coercitiva, sustentada con la relación de orden-obediencia, no puede mantenerse como el modelo único y arquetípico verdadero; es uno más, una posibilidad, un caso particular, una expresión y realización real para algunas culturas (la occidental) pero no la única. Por ello no se puede mantener la concepción evolucionista y del salto entre sociedad natural y estado. No funciona en todas las organizaciones estatales. Lo único que llegamos a comprender es la existencia de lo político, el cual es algo inherente a la condición social humana aún en tanto ser -si cabe llamar- natural. A pesar de todo ello subsiste en muchos teóricos el prejuicio de que dichas sociedades viven dentro de una experiencia dolorosa, de carencia por faltarle el Estado. Sabemos de todos los teóricos que han arrastrado ese prejuicio etnocentrista. Clastres se mantiene libre de ese peso: su estudio de la sociedad primitiva la presenta como una estructura original que al incurrir en su estudio de las sociedades naturales hay que guardarse de nombrarla bajo cualquier embrión de sociedad civilizada. Ella surge del inconsciente colectivo de los pueblos naturales, donde la ley natural no necesita del salto a la ley civil hobbesiana y el reino del terror real, de la coerción y la autoridad; sociedades que no necesitan de un Estado que manifieste el poder en tanto monopolio del uso legítimo de la violencia (Max Weber). Clastres ha dicho que la verdad y el ser del poder consisten en la violencia y no puede pensarse el poder sin su predicado, la violencia (1973:11). El antropólogo norteamericano Marvin Harris(1993:5) también llegó a la misma conclusión en sus estudios: realmente ha podido existir una humanidad sin gobernantes y gobernados. Es lo contrario a lo que creen todos los fundadores de la ciencia política. Sus afirmaciones lo llevan a contrastarlas con las de Hobbes mismo que sostenía la creencia de una inclinación general en todo el género humano, "un perpetuo y desazonador deseo de poder por el poder". Dejando a la vida anterior a la existencia del Estado en estado de guerra perenne, "guerra de todos contra todos", donde la vida era solitaria, pobre, sórdida, bestial y breve. El hecho es que no sólo en la prehistoria sino aún en distintas bandas o aldeas que subsisten aún encontramos que manejan bien sus vidas sin un jefe supremo, todopoderoso, leviatánico Rey Dios Mortal de Inglaterra al que siempre se dirigió Hobbes para mantener la ley y el orden de los díscolos compatriotas cristianos. En estas sociedades latinoamericanas pequeñas, contra el Estado, la reciprocidad y la cooperación es la banca constante. "El poder político, como coerción o como violencia, es la marca de las sociedades históricas, vale decir, sociedades que llevan en sí la causa de la innovación, del cambio, de la historicidad" (Clastres 1973:22).



Bibliografía:

Clastres, P. 1973: La sociedad contra el Estado. Ed. Monte Avila, Carcas.

Harris, M. 1993: Caníbales y Reyes. Salvat Ed. Madrid.

Hobbes, T. 1989: Leviatan. Ed. Alianza, Barcelona.

Cappelletti, A. 1994: Estado y poder político. Ed. ULA. Mérida.