sábado, 1 de abril de 2023

  Triexiliados: Tres artistas de la diáspora venezolana

Rayma Suprani, Yucef Merhi y Pepe López Reus

David De los Reyes



A modo de introducción

No es noticia que la nación venezolana comenzó a entrar en un proceso de masiva migración desde los inicios del régimen que asumió el manejo del Estado a partir de las elecciones de 1999. Son veintitrés años de deterioro constante no sólo de la realidad física del entorno territorial, sino de deterioro de la calidad de vida del venezolano a pie. A la fecha de hoy, nos dice el portal de Acnur, se han desplazado alrededor de 7 millones de estos migrantes por diferentes continentes y naciones.  El presidente de la hermana república de Colombia ha dicho que el problema de la diáspora venezolana se debe al recalentamiento de la tierra, al cambio climático. Si así argumenta y dimensiona tal desplazamiento humano (en Colombia habitan casi dos millones de venezolanos), no extraña que tras ello se pretenda ocultar la real crisis que la hermana república afronta, derivada de un Estado fallido y carente de respuestas a las demandas mínimas y vitales de los habitantes. En suma, buscar “esquivar” la realidad incómoda que condiciona tanto frontera adentro como frontera afuera, impactando al resto de los países del continente americano y a Europa. 

No quiero extenderme aquí. Para conocer más y mejor sobre los datos y estadísticas de ese fenómeno líquido de los desplazados, sugiero consultar los trabajos del sociólogo venezolano Tomás Páez.  Mi propuesta es atender a este fenómeno a partir de la mirada y creación de tres artistas destacados y originales: la caricaturista y comunicadora Rayma Suprani, del ciberartista y programador Yusef Merhi y del artista plástico José Luis (Pepe) López Reus.

Los tres, desde distintos campos del hacer artístico contemporáneo, nos dan su expresión en torno a cómo han interpretado un proceso de desalojo territorial masivo. Un vaciamiento de país, acerca de desplazamientos de los arraigos emocionales y físicos. Lo que se ha mostrado en las distintas tonalidades estéticas de estos artistas es la superación de interrogantes personales de ¿me voy del país o me quedo? ¿qué debo llevar? ¿qué debo dejar? ¿de qué debo desprenderme? ¿cómo consigo los dólares para partir? ¿hacia qué país me dirijo? Preguntas que nos hicimos muchos de nosotros en un momento dado, pero sobre todo para una gran mayoría a partir del conflictivo y represivo año del 2017.

Cada uno de ellos ha tejido su propio estambre plástico donde sobresale toda una multiplicidad de referencias.  De identidades dislocadas, de rupturas emocionales, de vivencias cotidianas vencidas, de memorias apagadas y de reinvenciones a costa de todo. De toda una simbología agrupada en las distintas propuestas de cada uno de estos artistas. Elizabeth Marín, investigadora de arte, nos habla de desterritorializaciones y territorializaciones significativos e imaginables.

 

A partir de la caricatura, de la exploración tecnológica-digital y de la instalación se interceptan estos artistas de la diáspora en una encrucijada común, en más de haber dejado un país es salir de una situación, en palabras del artista venezolano Pepe López Reus. Tres planteamientos artísticos que enfrentan la ceguera de un proyecto de país que ha fracasado de forma permanente, siendo sólo una salida para los convenimientos de los que tienen el control del territorio físico y económico. Ello ha despertado todo un halo expresivo y creativo desde todos los campos del arte. Los que corresponden a nuestros artistas revisados, narran con éxito a través de la caricatura, el dispositivo virtual y la ocupación espacial de objetos que han perdido su contexto y su función al ser empaquetados en plexiglás.  Discursos que dan cuenta de una inaplazable situación colectiva, de un imaginario truncado, de una disposición a reinventar trayectos y esperas de vida.  Como dice nuestra amiga la crítica de arte venezolana María Luz Cárdenas:

“Los artistas, hoy, no eluden sus propias respuestas a la realidad social, pero utilizan para ello nuevos recursos, nuevas disciplinas, nuevos soportes, nuevas tecnologías. El arte de hoy produce una nueva narrativa, una nueva escritura de lo social. El realismo social tradicional –aun cuando sostenga una inmensa fuerza narrativa y expresiva como en el caso de la Nueva Figuración– se mantiene anclado a la imagen. El realismo conceptual acude al discurso para transformar la realidad”[1].

Notamos entonces que, para estos artistas, el viaje migratorio vendrá a constituir una experiencia única y personal, por un lado, pero acobijada por la sombra del colectivo desplazado. Plantea despojarse de las figuraciones realistas y reductores que conforman una ilusión perdida, facilitado por una situación de mutación, de metamorfosis física y mental condicionada por la experiencia. Lo que se vive no es un simple cambio de espacio por carencias materiales, de inseguridad permanente, de guerra asimétricas y silenciosas, o por contar con la mínima atención médica en muchos casos. Lo que se nos va relatando a través de sus propuestas simbólicas y significativas es la fractura psíquicas, emocionales y corporales de la decisión de abandonar lo conocido, de la voluntad obligada a asumir el cotidiano tránsito por caminos desconocidos y el sino del destino al que se debe enfrentar todo desplazado.

Estos tres artistas, integrados bajo el título de Triexiliados, abordan la condición de lo que la también curadora de arte María Luz Cárdenas ha definido como el paso del Realismo Social hacia la construcción de una mirada desde un Realismo Conceptual.

 

La crítica cotidiana por medio de la Caricatura: Rayma Suprani

Iniciando con el caso de la caricaturista, comunicadora y artista plástico Rayma Suprani[2], su propuesta nos lleva a comprender  a partir de su propia experiencia personal, que los regímenes totalitarios no admiten el humor. Y eso por una condición irrenunciable de establecer el condicionamiento social de un país a un pensamiento único.

El humor requiere de una consciencia expansiva y libre, las dictaduras de un pensamiento limitado y sometido. Un principio que padeció en carne propia o he de decir a trazo y tinta propios, ya que tras casi dos décadas como la caricaturista estrella del diario El Universal, tuvo que salir de Venezuela ante el riesgo de perder su libertad injustamente implicada en un juicio por la Fiscalía del Estado, así como el recibir amenazas e inseguridad personal. A raíz de ello se trasladó a Miami, donde comenzó su exilio desde el 2014. Su propuesta “Yo migrante”, que data del 2018, se centra en el arte de la caricatura. Esta forma de comunicación visual crítica, implica la más de las veces una representación satírica y exagerada de una situación social o política de coyuntura y que puede involucrar a una persona pública. Quizás sea la narración visual con mayor presencia crítica y popular, a partir de la ironía y del humor. Una interpretación por medio del dibujo de una situación que hay que atender, reflexionar y visualizar de una forma directa por la audiencia. Si bien en ella se hace el uso de la deformación, la exageración y la simplificación reductiva, es con el fin de crear una visión removible, distorsionada e identitario del sujeto referido.

En el caso de Rayma es una de las pocas artistas valiente y comprometida con la acción social, los derechos humanos, la democracia y la asistencia a la infancia a carta cabal. Su obra sirve de inspiración a muchos artistas compatriotas en la diáspora en la defensa de los incumplidos derechos humanos en todo el globo, pero en especial en su país.  Su caricatura, como un dispositivo político expansivo, nos conduce a entrar en consciencia y en expresar comentarios de una emocionalidad colectiva, ridiculizando o reconociendo virtudes a determinadas personalidades por sus acciones y discursos. Y su fin, además de un entretener al público que aprecia la obra, es poder expresar un sentido de realidad que despierte una toma de consciencia ante una situación, alertando sobre cómo resolverla o minimizarla. Sus caricaturas abordan los temas sociales, culturales y políticos como la corrupción, la violencia y la discriminación en todas sus manifestaciones y por supuesto la migración y el exilio.

Entre sus proyectos alineados al tema que aquí tratamos está lo que ella llamó La nación desparramada. En ella retrata a los venezolanos y cierta psicología de aquellos que han emigrado a otros países con la esperanza de encontrar un futuro mejor. En sus propuestas visuales caricaturescas de la diáspora venezolana nos da una declaración a la responsabilidad política y social, tanto del país de origen de donde se sale, como a los países de llegada, así como de la importancia de asumir la crisis humanitaria de la migración venezolana de forma empática y efectiva.   

 

Yucef Merhi: una poética de lo digital en el exilio

Es uno de los pioneros del arte digital o NetArt no sólo en Venezuela y Latinoamérica, sino a nivel global. Es una figura artística representativa de los usos y potencialidades que ofrece el discurso digital. Merhi es un programador consumado, pero también es un poeta de vuelo artístico, donde ha venido construyendo una lingüística lírica cibernética, que va desde el manejo de los módulos de Atari en los años 80, hasta los recursos de los dispositivos de la high tech actual. Defensor de los usos de módulos digitales abandonados por la debacle del desarrollismo tecnológico digital, siempre regresa a recursos técnicos obsoletos del pasado reciente, pero con una interpretación y uso novedosos y creativos. Su aguda mirada nos adentra en la percepción de contextos sociales junto a sus mecanismos establecidos de control para desenmascarar al mundo las intenciones subterráneas de un estadio político en su país. Su hackeo de páginas de instituciones gubernamentales, adherido el manejo de la tecnología digital, de los video-juegos, de circuitos electrónicos, de pantallas en permanente performance poético, han establecido una forma personal del cuestionar el poder. Lo dio a mostrar con su proyecto abierto Seguridad Máxima, Seguridad Mínima a fines de los 90.  En él se desestabiliza los esquemas de protección de instituciones gubernamentales, corporaciones y figuras políticas. Se nos muestra la vulnerabilidad de los datos a todo nivel. Entre 1998 y 2003 vendría a hackear la base de datos de la Oficina de Identificación del Ministerio de Relaciones Interiores de Venezuela, haciendo una selección de los números de cédulas de todos los venezolanos nacidos un 4 de febrero (fecha del golpe fallido de Chávez en 1992), durante los últimos cien años. Con ellos concibió un datagrama cuestionador de la supuesta privacidad y secreto personal de información por parte del Estado en el manejo de datos. Su obra, vista así, viene a mostrar las nuevas posibilidades adheridas a un nuevo uso de materiales virtuales dentro del lenguaje del arte[3].

Por otra parte, Merhi ha explorado la temática de la migración venezolana en el devenir de su obra. Aportando usos innovadores de la tecnología en el arte, filtrando todo un compromiso político, estético y artístico para abordar temas sociales, políticos, de vulnerabilidad de la privacidad de usuarios por plataformas institucionales y la diáspora venezolana.

La emigración abordada por Merhi nos es sugerida por una variedad de medios que incluye el vídeo, la fotografía, la poesía, la literatura y el arte digital.  Se combinan imágenes realistas, datos, lenguaje natural, imágenes poéticas en sus obras. Se da cita a un foco realista compartiendo con un surrealismo programado de aviones y paisajes aéreos en pantalla. Creando una suspensión en el tiempo y en el espacio, donde se nos muestra la emoción de la confusión, incertidumbre, ansiedad y desorientación de quien emprende la partida teñida de esperanza fuera del país.

No deja fuera del marco del NetArt el cuestionamiento a la responsabilidad política, social, humana de los países de origen y destino. Apuesta a una empatía y comprensión por aquellos que se han visto forzados a abandonar sus habituales espacios de vida por la proyección artilugios lúdicos y virtuales que aspiran a una condición mejor de existencia y a una expresión poética de la cotidianidad digital. En el fondo, todas sus propuestas y proyectos visuales sobre la emigración venezolana son poderosos puntos de atención que nos demandan empatía y acción. Constructor de una estética visual única, su obra en conjunto nos da para reconocerlo como una de las voces importantes del arte digital comprometido contemporáneo.   

 

 Pepe López Reus y su metáfora de una diáspora en proceso

Las reflexiones de la citada Elizabeth Marín nos facilitan el abordaje de la obra de Pepe López Reus, identificando en su obra la esencia del sujeto diaspórico que experimenta, por sus disímiles fases de desplazamiento, la desterritorialización y la reterritorialización en un tiempo suspendido en el espacio de la memoria del emigrante[4]. 

Pepe López Reus, inspirado por la narrativa performática del artista alemán Joseph Beuys, define su proyecto como un arte político. Aborda la creación disruptiva de la emigración, las identidades y de la existencia de su país desde la perspectiva de lo visual. Sus propuestas son directamente un entramado de temas sociales, cotidianos y políticos directa e indirectamente relevantes. La migración es uno de los tantos aspectos que ha tocado por medio de diferentes formatos y materiales descartables dentro una sociedad del desecho y de la obsolescencia. Una de sus obras más representativas sobre la migración es Crisálida (2017).  Se trata de una instalación que segrega collages y murales, fotografías intervenidas y superpuestas, objetos desfocalizados de sus funciones comunes, con la que pretende retratar el vacío y el encierre emocional que significa ser emigrante o ciudadano de su país. Sus cercanías al tema, como notamos, son a través de diferentes materiales, formatos y técnicas que van surgiendo a su paso por la ciudad. Como flaneur baudeleriano del trópico recolector atesora los objetos de desecho como piedras preciosas para sus realizaciones.

En su obra, en especial la nombrada, se arriesga a retratar la vida de los emigrantes por medio imágenes, textos y objetos, donde subyace un mensaje de la reafirmación de la lucha que junto a una búsqueda no deja tener como norte la supervivencia y la dignidad de los sujetos diaspóricos en su desplazamiento desterritorializado y la memoria de lo dejado atrás, lo poco llevado y lo posible encontrado en la apertura a una reterritorialización aceptada a costa de una memoria trashumante. López Reus nos muestra cómo a través del vivenciar de forma participativa con su obra, nos aproximamos a la meta de una vida mejor, acentuado el impacto  que tiene la salida y la llegada hacia una cultura y sociedad extraña para el emigrante.

Además del tema aquí en cuestión Pepe López Reus no deja de soslayo el tema de la inseguridad y la violencia, la corrupción y la cercenación económica  en su testimonio visual del presente continuo de su país de origen. Su arte es una invitación a reflexionar y tomar postura y acción sobre esos temas apremiantes de una realidad de altos contrastes y absurdidad humana.

Su obra Crisalida, del 2017[5], se la plantea tras regresar de una breve estancia su país.  Fue presentada en la galería Espacio Monitor de Caracas como parte de su propuesta individual en la muestra colectiva titulada Escape Room el 29 de octubre de 2017 al 21 de enero de 2018. Comprende una extensión de unos 19 mts de longitud, donde encontramos todas las pertenencias del artista junto a otras de amigos que le han donado o prestado para la obra. Una obra que emerge como metáfora simbólica y plástica para narrar visualmente la clausura de una vida. De un estadio humano en tanto sujeto de desplazamiento, presentándonos todo un archivo de 190 objetos[6], toda una memoria de viaje en la estructuración de su obra. Bajo el lenguaje del performance y de la instalación, este artista recrea una metáfora física y poética de esa condición sociocultural-política del transterrado de la Venezuela de hoy. En ella agrupa objetos y materiales de distinto tipo, propios, encontrados, prestados, regalados y apropiados. Todos construyen un documento visual de una partida-mudanza en la búsqueda de un nuevo futuro. Son objetos que se separan de su funcionalidad y se enmarcan en un territorio simbólico y onírico, de una clausura que nos trasportan a la experiencia de la partida. La Crisálida representa el momento en que el gusano no sabe exactamente en qué se transformará en mariposa, queda en un limbo, y esa transformación es un salto cualitativo en todas las dimensiones de la existencia para quien la vive. En palabras de su autor: “La obra refiere el momento preciso cuando embalaste tus cosas, no las puedes usar, pero tampoco llegaste a ningún lado. Los objetos personales, encontrados y prestados que van desde mi propio carro, una sombrilla y hasta un pote de aspirina y no sólo son mi autobiografía sino también el sentir de un colectivo que no busca salir de un país si no de una situación”(negritas del autor)[7].

 

 

En suma, se trata de una profunda y elástica representación del significado del exilio, de la emigración, de la diáspora individual, del sujeto diaspórico fragmentado, disperso, desplazado y dividido, que pone en jaque la crisis de un país y una situación inaplazable que enfrentar. Pero al mismo tiempo implica un llamado hacia el futuro, un traslado hacia un nuevo tipo de existencia, integrando el reinventar subjetividades con un conflicto colectivo irresuelto.

 

A modo final

El fenómeno de la diáspora venezolana comenzó con la ruptura de la democracia representativa por una democracia populista-militarista, con un barniz de nominalismo socialista. Situación que ha llevado a franquear las fronteras a los ciudadanos de ese país y transitar por espacios territoriales externos y que han provisto de una potente energía y capacidad creativa a los artistas venezolanos a todo nivel. Da la casualidad que los tres artistas aquí presentes son hijos de familias emigrantes (Italia, Israel y España respectivamente); es decir son fruto de otros desplazados desde latitudes de ultramar que arribaron a lo largo del siglo XX. Y ahora les ha tocado salir fuera de su país de origen hacia otras realidades, volviendo a esa condición de emigrantes que han tenido que reorganizar y reactualizar sus vidas, pero manteniendo a la par su impulso creador, su arte cuestionador y crítico. Los que les revela como voces de ese éxodo, para denunciar y evidenciar una crisis profunda, el absurdo de un entramado social de situaciones inconcebibles y adversas para el lógico proseguir de la vida de los habitantes de su país.

 

Son Rayma, Merhi y López Reus actores y creadores de un mensaje de cara a las generaciones futuras. De las que están naciendo y habitando hoy en Venezuela como aquellos que han tenido que nacer y crecer fuera de él. Artistas que reniegan asumir a la migración como una simple evasión, o un cambio de país, sino acentuar su función de escape a una situación social dramática y real. Cada uno de ellos, desde su óptica personal, nos ha mostrado una inadmisible realidad que genera aceptar ser “desplazado”. Es el viaje errante de las experiencias y emociones de un yo movilizado e inevitable. Toda diáspora es una tela viva de emociones radicales, de experiencias y pensamientos ambivalentes. Sin perder de vista que escapar consiste en permanecer (José Balsa): siempre se lleva el país a cuestas, como imagen permanente en la memoria. O como lo refiere el poeta venezolano Rafael Cadenas, Premio Cervantes 2022, en su magnífico libro Cuadernos del Destierro:

“Pero volvamos con muerte y todo a la mar plena. No hay que temer.

¡Oh, quitemos la palabra miedo de las inscripciones perennes!

¿Quién compartirá mi desunión?

Levantaré un himno a mi segregación de las fuerzas naturales.

Me he despedido de la tierra que me sustentaba.

(…)

Me ahueca el artificio. Mi piel echa de menos tu caricia, tierra.

En la perplejidad del destierro encontraré un camino.

Universo oral de mi libertad, en tus galaxias encomiendo mi espíritu”[8]

Y repetimos a coro para escuchar en las voces de los millones de venezolanos de la diáspora: en la perplejidad del destierro encontraré un camino.

 

Bibliografía mínima

 Cadenas, Rafael: Cuadernos del destierro, falsas maniobras y Derrota. 2da ed. Caracas. Fundarte, 1979, p.60.

Cárdenas, María Luz: Del Realismo Social al Realismo Conceptual (o cómo lidiar con la crisis en Venezuela, desde el arte contemporáneo), Artishock. Revista de Arte Contemporáneo (2018). http://artishockrevista.com/2018/06/28/del-realismo-social-al-realismo-conceptual-o-como-lidiar-con-la-crisis-en-venezuela-desde-el-arte-contemporaneo/.

Furiati, Claudia: Interface entre arte y tecnología: net. Art la hermana menor. Tomado de Yuceg Merhi: Press Dossier, p. 152. En: http://cibernetic.com/pressdossier.pdf . Visitado el 03de febrero 2023.

Guanipa, Moraima: Hechura de Silencio. Una aproximación al ars poética de Rafael Cadenas. E. Fondo Editorial de Humanidades y Educación – UCV, Caracas. 2002.

Lombardi, María Laura: “Pepe López: No se trata de salir del país sino de una situación”. Esfera Cultural, 2017. https://esferacultural.com/pepe-lopez-no-se-trata-salir-del-pais-sino-una-situacion/8363. Visitado el 06 de febrero 2013

López Reus, José Luis (Pepe): Vacivus. En: http://pepelopezreus.com/vacivus/. Visitado 06 de enero 2023

Marín, Elisabeth: La diáspora venezolana actual: la Crisálida de Pepe López. Vista de Notas sobre la diáspora venezolana actual: la Crisálida de Pepe López | Revista de Arte Ibero Nierika

Merhi, Yucef: Press Dossier, 1986-2010. En: http://cibernetic.com/pressdossier.pdf . Visitado el 06 de febrero 2023.

Pedreáñez, Inger: La Estética de Pepe López. Rev. Estilo. 31 de agosto 2020. En: https://revistaestilo.org/2020/08/31/la-estetica-de-pepe-lopez/ . Visitado 03 de febrero 2023.

Rayma: El arte de la caricatura. En: https://www.raymasuprani.com/es/inicio/ . Visitado el 06 de febrero 2023.

----------Caricaturista venezolana Rayma afirma que las dictaduras no tienen sentido del humor. Entrevista para Agencia EFE. En: https://www.youtube.com/watch?v=3gsPrtX44G4

-----------Conferencia:  Dictators hate political cartoons -- so I keep drawing them | TED

En: https://www.youtube.com/watch?v=PFFbXhEcYTM

 

 

 



[1] María Luz Cárdenas: Del Realismo Social al Realismo Conceptual (o cómo lidiar con la crisis en Venezuela, desde el Arte Contemporáneo)  En: https://artishockrevista.com/2018/06/28/del-realismo-social-al-realismo-conceptual-o-como-lidiar-con-la-crisis-en-venezuela-desde-el-arte-contemporaneo/ . Visitado el 06 de febrero 2023.

[2] Agencia EFE. Entrevista a Raymahttps://www.youtube.com/watch?v=3gsPrtX44G4

[3] Cárdenas. Op. Cit.

[4] Elisabeth Marín: La diáspora venezolana actual: la Crisálida de Pepe López Reus. En: Notas sobre la diáspora venezolana actual: la Crisálida de Pepe López | Revista de Arte Ibero Nierika Nº 15(2019) DOSSIER. Visto: 06 de febrero 2023.

[5] El componente de la obra son 190 objetos envueltos en película de polietileno, que los agrupa de forma individual o en conjuntos. La disposición nos lleva a la memoria personal de un posible almacenamiento o mudanza de pertenencias. Los objetos que constituyen a La Crisálida son de diversas dimensiones y usos: están envueltos en polietileno desde un auto, una motocicleta, un piano hasta un envase para depósito de cenizas agrupados con valijas de diversas épocas, artefactos domésticos, muebles, libros, herramientas, juguetes, mapas, obras artísticas de Soto y Echeverría además de suyas. En el inventario de los objetos de Crisálida recolectado por el artista se encuentran sus corotos significantes en los que ha vaciado su afecto y sentido de pertenencia. La lista comprende objetos propios, tomados, apropiados y prestados. Ésta es la lista de “corotos” (pertenencias) que se encuentran en Crisálida : #terios #skygo #cascos #elcolchóndeyuli Sillón colonial @marena_ la_de_otto Pelota de yoga @finirareus Armario #laGranja #chester de los López #aparador @jlarismendi #paravánchino de Rosita @isadorazubi @yelitzasuarezguevara #Paella @ganymedetube libro #carlosduarte cafetera lechera y azucarera @inacaballero #candelabros @marielaarismendi obras completas #Platon #GarciaBacca sombrilla de playa y porta cds @giovannar63 carrucha @lmlacorte bicicleta patineta wave girafa @zepolamolap La cabeza de Monseñor @maestroajicero árbol de navidad #Montemayor #rayodeyuca #Felipe maletas hay muchas #johanayomar todas mis maletas están llenas + un par de maletas que pintó @adriandepalma #maletín @Julio_osorio_fotografia #MiguelMiguel #baúl @elisinconmuchoswing 2 maletas @joycevegasch otro baúl más que trajo @tuliasoucy #PierrePaul Hay una porcelana #lladró #abuela también #MariaLionza #SimonBolivar #laindiatibisay águila @totinsucre estatuilla precolombina @aarismendip taza de café #kalatos sobre el piano de @eugenialopezreus teclado de @josearismendio serigrafía #JesusSoto mesa roja #rafaelbarrios #mapasdevenezuela #tostiOster minimecedora #Vestuti #curuba y #rubikscube @almudena butaca #louisghost #starck @anacaro #wassily @ninaarismendi #sillamariposa #saarinen con 2 sillas #raquetasdetenis #cortineros #palosdegolf #florero @cocuy253 #botellón #zenda La escalera 2 #vaciospolar #pipotesdebasura #papelera blanca otra rosada #zapatosrosados #revistero #tortera #pelotadefootball mesita de madera con libro #bellerman #machete porta #papeltoilet alcancía #salvavidas #cuna #impresora #fax #teléfono #radioreproductor #latasdegalletas arco de flechas flechas #yanomamis banquetas plasticas, un juego de toallas #amadecasa sillita de madera #sarténdecrepes mesas de canasta #relojdepared #tambor #mesadeplanchar #paraguas #carritodecompra y muchos objetos más.En: pepelopezreus.blogspot, Ver: https://pepelopezreus.blogspot.com/2017/11/crisalida-chrysalis-2017.

[6] Marín. Op. Cit.  

[7] Lombardi, María Laura: “Pepe López: No se trata de salir del país sino de una situación”. Esfera Cultural, 2017. https://esferacultural.com/pepe-lopez-no-se-trata-salir-del-pais-sino-una-situacion/8363. Visitado el 06 de febrero 2013

 

[8] Rafael Cadenas: Cuadernos del destierro, falsas maniobras y Derrota. 2da ed. Caracas. Fundarte, 1979, p.60.

 

Bibliografía mínima

 Cadenas, Rafael: Cuadernos del destierro, falsas maniobras y Derrota. 2da ed. Caracas. Fundarte, 1979, p.60.

Cárdenas, María Luz: Del Realismo Social al Realismo Conceptual (o cómo lidiar con la crisis en Venezuela, desde el arte contemporáneo), Artishock. Revista de Arte Contemporáneo (2018). http://artishockrevista.com/2018/06/28/del-realismo-social-al-realismo-conceptual-o-como-lidiar-con-la-crisis-en-venezuela-desde-el-arte-contemporaneo/.

Furiati, Claudia: Interface entre arte y tecnología: net. Art la hermana menor. Tomado de Yuceg Merhi: Press Dossier, p. 152. En: http://cibernetic.com/pressdossier.pdf . Visitado el 03de febrero 2023.

Guanipa, Moraima: Hechura de Silencio. Una aproximación al ars poética de Rafael Cadenas. E. Fondo Editorial de Humanidades y Educación – UCV, Caracas. 2002.

Lombardi, María Laura: “Pepe López: No se trata de salir del país sino de una situación”. Esfera Cultural, 2017. https://esferacultural.com/pepe-lopez-no-se-trata-salir-del-pais-sino-una-situacion/8363. Visitado el 06 de febrero 2013

López Reus, José Luis (Pepe): Vacivus. En: http://pepelopezreus.com/vacivus/. Visitado 06 de enero 2023

Marín, Elisabeth: La diáspora venezolana actual: la Crisálida de Pepe López. Vista de Notas sobre la diáspora venezolana actual: la Crisálida de Pepe López | Revista de Arte Ibero Nierika

Merhi, Yucef: Press Dossier, 1986-2010. En: http://cibernetic.com/pressdossier.pdf . Visitado el 06 de febrero 2023.

Pedreáñez, Inger: La Estética de Pepe López. Rev. Estilo. 31 de agosto 2020. En: https://revistaestilo.org/2020/08/31/la-estetica-de-pepe-lopez/ . Visitado 03 de febrero 2023.

Rayma: El arte de la caricatura. En: https://www.raymasuprani.com/es/inicio/ . Visitado el 06 de febrero 2023.

----------Caricaturista venezolana Rayma afirma que las dictaduras no tienen sentido del humor. Entrevista para Agencia EFE. En: https://www.youtube.com/watch?v=3gsPrtX44G4

-----------Conferencia:  Dictators hate political cartoons -- so I keep drawing them | TED

En: https://www.youtube.com/watch?v=PFFbXhEcYTM

 

 

 



[1] María Luz Cárdenas: Del Realismo Social al Realismo Conceptual (o cómo lidiar con la crisis en Venezuela, desde el Arte Contemporáneo)  En: https://artishockrevista.com/2018/06/28/del-realismo-social-al-realismo-conceptual-o-como-lidiar-con-la-crisis-en-venezuela-desde-el-arte-contemporaneo/ . Visitado el 06 de febrero 2023.

[2] Agencia EFE. Entrevista a Raymahttps://www.youtube.com/watch?v=3gsPrtX44G4

[3] Cárdenas. Op. Cit.

[4] Elisabeth Marín: La diáspora venezolana actual: la Crisálida de Pepe López Reus. En: Notas sobre la diáspora venezolana actual: la Crisálida de Pepe López | Revista de Arte Ibero Nierika Nº 15(2019) DOSSIER. Visto: 06 de febrero 2023.

[5] El componente de la obra son 190 objetos envueltos en película de polietileno, que los agrupa de forma individual o en conjuntos. La disposición nos lleva a la memoria personal de un posible almacenamiento o mudanza de pertenencias. Los objetos que constituyen a La Crisálida son de diversas dimensiones y usos: están envueltos en polietileno desde un auto, una motocicleta, un piano hasta un envase para depósito de cenizas agrupados con valijas de diversas épocas, artefactos domésticos, muebles, libros, herramientas, juguetes, mapas, obras artísticas de Soto y Echeverría además de suyas. En el inventario de los objetos de Crisálida recolectado por el artista se encuentran sus corotos significantes en los que ha vaciado su afecto y sentido de pertenencia. La lista comprende objetos propios, tomados, apropiados y prestados. Ésta es la lista de “corotos” (pertenencias) que se encuentran en Crisálida : #terios #skygo #cascos #elcolchóndeyuli Sillón colonial @marena_ la_de_otto Pelota de yoga @finirareus Armario #laGranja #chester de los López #aparador @jlarismendi #paravánchino de Rosita @isadorazubi @yelitzasuarezguevara #Paella @ganymedetube libro #carlosduarte cafetera lechera y azucarera @inacaballero #candelabros @marielaarismendi obras completas #Platon #GarciaBacca sombrilla de playa y porta cds @giovannar63 carrucha @lmlacorte bicicleta patineta wave girafa @zepolamolap La cabeza de Monseñor @maestroajicero árbol de navidad #Montemayor #rayodeyuca #Felipe maletas hay muchas #johanayomar todas mis maletas están llenas + un par de maletas que pintó @adriandepalma #maletín @Julio_osorio_fotografia #MiguelMiguel #baúl @elisinconmuchoswing 2 maletas @joycevegasch otro baúl más que trajo @tuliasoucy #PierrePaul Hay una porcelana #lladró #abuela también #MariaLionza #SimonBolivar #laindiatibisay águila @totinsucre estatuilla precolombina @aarismendip taza de café #kalatos sobre el piano de @eugenialopezreus teclado de @josearismendio serigrafía #JesusSoto mesa roja #rafaelbarrios #mapasdevenezuela #tostiOster minimecedora #Vestuti #curuba y #rubikscube @almudena butaca #louisghost #starck @anacaro #wassily @ninaarismendi #sillamariposa #saarinen con 2 sillas #raquetasdetenis #cortineros #palosdegolf #florero @cocuy253 #botellón #zenda La escalera 2 #vaciospolar #pipotesdebasura #papelera blanca otra rosada #zapatosrosados #revistero #tortera #pelotadefootball mesita de madera con libro #bellerman #machete porta #papeltoilet alcancía #salvavidas #cuna #impresora #fax #teléfono #radioreproductor #latasdegalletas arco de flechas flechas #yanomamis banquetas plasticas, un juego de toallas #amadecasa sillita de madera #sarténdecrepes mesas de canasta #relojdepared #tambor #mesadeplanchar #paraguas #carritodecompra y muchos objetos más.En: pepelopezreus.blogspot, Ver: https://pepelopezreus.blogspot.com/2017/11/crisalida-chrysalis-2017.

[6] Marín. Op. Cit.  

[7] Lombardi, María Laura: “Pepe López: No se trata de salir del país sino de una situación”. Esfera Cultural, 2017. https://esferacultural.com/pepe-lopez-no-se-trata-salir-del-pais-sino-una-situacion/8363. Visitado el 06 de febrero 2013

 

[8] Rafael Cadenas: Cuadernos del destierro, falsas maniobras y Derrota. 2da ed. Caracas. Fundarte, 1979, p.60.

   

EL EQUIVALENTE MORAL DE LA GUERRA

William James (1910)

Traducción castellana de Mónica Aguerri (2004)





William James - Intervención DDLR/2023




INTRODUCCIÓN

La conferencia "The Moral Equivalent of War" ("El equivalente moral de la guerra") fue pronunciada por William James en la Universidad de Stanford en 1906 y publicada por primera vez en 1910 por la Asociación para la Conciliación Internacional (The Association for International Conciliation) en International Conciliations (n° 27, 1910). Según cuenta el biógrafo de James, R.B. Perry, cuando esta conferencia fue publicada por la Asociación tuvo un gran éxito de propaganda y se tuvieron que imprimir y distribuir más de 30.000 ejemplares, además de ser publicada posteriormente en dos revistas populares. James recibió la aprobación de los dos sectores a los que pretendía conciliar con este ensayo: los pacifistas -grupo al que pertenecía el propio James-, y a los militaristas. Aquéllos quedaron conformes porque James hacía un sincero alegato en favor de la paz, y a su vez, y esto fue lo que le reconocieron los militaristas, reconocía la excelencia y la moralidad de algunas de las virtudes marciales que James resaltaba como valiosas para la vida ordinaria de los hombres. James creía que virtudes tales como la valentía y la disciplina propias del ejército pueden ser valiosas para poder soportar dignamente los sufrimientos que la vida nos depara. En todo caso, "El equivalente moral de la guerra" no deja de ser un alegato en favor de la paz, recomendando en todo momento, la sublimación del espíritu marcial "Hemos de hacer que nuevas energías y audacias continúen la masculinidad a la que la mente militar tanto se aferra. Las virtudes marciales han de ser el cemento endurecedor; la valentía, el desdén por lo débil, la cesión del interés privado, la obediencia a las órdenes, deben seguir siendo la roca sobre la que se construyan tales estados", pero siempre sin la crueldad y la degradación que produce la guerra.

Esta conferencia está recogida en sus obras completas: William James, "The Moral Equivalent of War" (1906) en Burkhardt F., Bowers F. y Skrupskelis I. (eds.), The Works of William James, Cambridge, MA, Harvard University Press, 1982, IX, pp. 162-173. Puede encontrarse también on line en la siguiente dirección:

https://en.wikisource.org/wiki/Popular_Science_Monthly/Volume_77/October_1910/The_Moral_Equivalent_of_War

https://www.uky.edu/~eushe2/Pajares/moral.html

Izaskun Martínez





La guerra contra la guerra no va ser una excursión ni una fiesta de acampada. Los sentimientos militares están demasiado arraigados como para abandonar su lugar entre nuestros ideales, hasta que no se ofrezcan nuevos mejores sustitutos que la gloria y la vergüenza que les advienen tanto a las naciones como a los individuos de las altas y bajas esferas de la política así como de las vicisitudes del comercio. Pregúntenles a todos los millones de personas, de norte a sur, si votarían ahora (si esto fuera posible), si borrarían de la historia nuestra guerra por la Unión, y el logro de una transición pacífica hasta el presente por la de sus marchas y batallas, y probablemente sólo un puñado de excéntricos diría que sí. Aquellos antepasados, aquellos esfuerzos, aquellas memorias y leyendas, son la parte más ideal de lo que ahora poseemos, una posesión espiritual sagrada que vale más que toda la sangre derramada. Pero pregúntenle a esa misma gente si desearía a sangre fría comenzar ahora otra guerra civil para ganar otra posesión similar, y ni un solo hombre o mujer votaría a favor de la propuesta. A los ojos modernos, por inapreciables que puedan ser las guerras, no deben librarse solamente por una cosecha ideal. Sólo cuando uno está forzado a ello, cuando la injusticia del enemigo no nos deja otra alternativa, se piensa hoy que una guerra es permisible.

No era así en la antigüedad. Los primeros hombres eran cazadores; y perseguir a una tribu vecina, matar a los hombres, saquear la aldea y poseer a las mujeres era el modo de vida más provechoso y emocionante. Por tanto, si seleccionáramos las tribus más marciales, la belicosidad pura y el amor a la gloria venían a mezclarse en las gentes con el más básico apetito por el saqueo.

La guerra moderna es tan costosa que sentimos que el comercio es un camino mejor para el saqueo; pero el hombre moderno hereda toda la belicosidad innata y todo el amor a la gloria de sus antepasados. Mostrar la irracionalidad y el horror de la guerra no tiene efecto en él. Los horrores producen fascinación. La guerra es la vida fuerte; es la vida in extremis. Los impuestos de la guerra son los únicos que los hombres nunca dudan en pagar, como muestran los presupuestos de todas las naciones.

La historia es un baño de sangre. La Ilíada es un recital de cómo Diómedes y Ajax, Sarpedón y Héctor mataban. No nos libramos de un solo detalle de las heridas que hicieron, y la mente griega alimentó la historia. La historia griega es un panorama de patriotismo e imperialismo: la guerra por la guerra, siendo todos los ciudadanos guerreros. Es una lectura horrible -salvo por el propósito de hacer "Historia"-, y la historia es la de la última ruina de una civilización que intelectualmente fue quizá la más elevada que la tierra haya visto jamás.

Aquellas guerras eran puramente de piratas. El orgullo, el oro, las mujeres, los esclavos, la emoción, eran sus únicos motivos. En la guerra del Peloponeso, por ejemplo, los atenienses piden a los habitantes de Milo (la isla donde se encontró la "Venus de Milo"), hasta ese momento neutral, que reconocieran su señorío. Los enviados se encuentran, y se mantiene un debate que Tucídides da por terminado, y que, por una dulce razonabilidad de la forma, hubiera satisfecho a un Mathew Arnold. "La gran exigencia que pueden", dicen los atenienses, "y la poca concesión que deben". Cuando los de Milo dicen que antes de ser esclavos, apelarán a los dioses, los atenienses replican: "De los dioses en los que creemos, y de los hombres que conocemos, por una ley de su naturaleza, dondequiera que puedan gobernar, lo harán. Esta ley no la hicimos nosotros, y no somos los primeros que actúan conforme a ella; no hicimos sino heredarla,...y sabemos que vosotros y todos los hombres, si fuerais tan fuertes como nosotros, haríais lo mismo que nosotros. Tanto es por los dioses; os hemos dicho porqué esperamos tener tan alta consideración en su opinión como vosotros." Bien, los de Milo seguían negándose y su pueblo fue tomado. "Los atenienses", relata Tucídides, "mataron a todos los hombres con edad militar, e hicieron esclavos a mujeres y niños. Entonces colonizaron la isla enviando allá a quinientos colonizadores de los suyos."

La trayectoria de Alejandro fue piratería pura y simple, una orgía de poder y saqueo, convertida en romántica por el personaje del héroe. No había un principio racional en ella, y en el momento en que murió, sus generales y gobernadores se atacaron unos a otros. La crueldad de aquellos tiempos es increíble. Cuando Roma por fin conquistó Grecia, el Senado romano le dijo a Paulo Emilio que recompensara a sus soldados dándoles el antiguo reino de Epiro. Saquearon setenta ciudades y se llevaron a ciento cincuenta mil habitantes como esclavos. Ignoro a cuántos aniquilaron; pero en Etolia mataron a todos los senadores, unos quinientos cincuenta. Bruto era el "romano más noble de todos ellos", pero para reanimar a sus soldados en vísperas de Filipo, promete darles las ciudades de Esparta y Tesalónica para que las destrozaran si ganaban la lucha.

Tal era el sangriento cuidado que llevaba a las sociedades a la cohesión. Nosotros heredamos el tipo belicoso; y por gran parte del heroísmo del que la raza humana está llena, tenemos que agradecer a esta cruel historia. Los hombres muertos no cuentan cuentos, y si hubiera tribus de otro tipo distinto a éste, no quedarían supervivientes. Nuestros antepasados han calado la belicosidad en nuestros huesos y en nuestra médula, y miles de años de paz no harán que nos libremos de ella. La imaginación popular se alimenta bastante del pensamiento de las guerras. Permítasele a la opinión pública alcanzar cierto terreno de lucha, y no habrá gobernante que lo resista. En la guerra de los Boers, ambos gobernantes comenzaron con fanfarronadas; pero no pudieron mantenerse ahí: la tensión militar fue demasiado para ellos. En 1898 nuestra gente había leído la palabra GUERRA con letras enormes en todos los periódicos durante tres meses. El flexible político McKinley fue destituido por su impaciencia y nuestra escuálida guerra con España se convirtió en una necesidad.

Hoy en día, la opinión civilizada es una curiosa mezcla mental. Los instintos e ideales militares son tan fuertes como siempre, pero están confrontados por una autocrítica que contiene profundamente su antigua libertad. Innumerables escritores están mostrando el lado animal del servicio militar. El beneficio y el dominio puros parecen no ser ya motivos admisibles moralmente, y han de encontrarse pretextos atribuyéndoselos solamente al enemigo. Inglaterra y nosotros, las autoridades de nuestro ejército y nuestra marina repiten sin cesar, armas sólo por la "paz"; Alemania y Japón se inclinan ante el beneficio y la gloria. La "paz" en boca de los militares es actualmente un sinónimo de "guerra esperada". La palabra se ha convertido en pura provocación, y jamás un gobierno que desee sinceramente la paz debería permitir que se imprimiera en un periódico. Todo diccionario actualizado debería decir que "paz" y "guerra" significan la misma cosa, bien in posse, bien in actu. Puede incluso decirse de un modo bastante razonable, que la preparación intensamente competitiva de las naciones para la guerra es la guerra real, permanente, incesante; y que las batallas son sólo una manera de verificar públicamente el dominio militar ganado en un intervalo de "paz".

Está claro que sobre este asunto, el hombre civilizado ha desarrollado una especie de doble personalidad. Si tomamos las naciones europeas, ningún interés legítimo de ninguna de ellas parecería justificar las tremendas destrucciones que una guerra (para tramarla) implicaría necesariamente. Parece que el sentido común y la razón deberían encontrar un modo para alcanzar un acuerdo en todo conflicto de intereses honestos. Creo que nuestro deber es creer en la racionalidad internacional en la medida en que sea posible. Pero, tal y como están las cosas, veo lo desesperadamente difícil que es acercar a los partidarios de la paz y a los partidarios de la guerra. Pienso que la dificultad se debe a ciertas deficiencias en el programa de pacifismo asentado con fuerza en la imaginación militarista, y de forma justificable hasta cierto punto, va contra él. En toda la discusión, ambas posturas se encuentran en el terreno imaginativo y sentimental. No es sino una utopía contra otra, y todo lo que uno dice ha de ser abstracto e hipotético. Sujeto a esta crítica y a la cautela, he de intentar caracterizar en trazos abstractos las fuerzas imaginativas opuestas, y señalar cuáles son para mi mente falible las mejores hipótesis utópicas, la línea de conciliación más prometedora.

En mis observaciones, aunque sea pacifista, debo rechazar el hablar del lado animal del régimen de la guerra (al que tantos escritores han hecho justicia ya), y considerar sólo los aspectos más elevados del sentimiento militarista. Nadie piensa que el patriotismo sea indigno; ni nadie niega que la guerra es el romance de la historia. Pero las ambiciones desmesuradas son el alma de todo patriotismo, y la posibilidad de la muerte violenta, el alma de todo romance. Los que tienen una mente militarmente patriótica y romántica, y en especial la clase militar profesional, no admiten ni por un momento que la guerra sea un fenómeno transitorio en la evolución social. La noción de un paraíso de ovejas, afirman, repugna a nuestra imaginación más elevada. ¿Entonces, dónde estarían las pendientes de la vida? Si la guerra se hubiera detenido alguna vez, tendríamos que haberla reinventado, para redimir a la vida de una degeneración uniforme.

Hoy, todos los pensadores apologistas de la guerra lo toman como algo religioso. Es para ellos una especie de sacramento; sus beneficios son tanto los vencidos como los vencedores; y aparte de cualquier cuestión de beneficio, es un bien absoluto, se nos dice, pues es la naturaleza humana en su dinámica más elevada. Sus "horrores" son un precio barato que hay que pagar por el rescate de la única alternativa supuesta, de un mundo de oficinistas y profesores, de co-educación y cuidado de los animales, de "ligas de consumidores" y "caridades asociadas", de industrialismo ilimitado, y feminismo descarado. ¡No hay ya desdén, ni dureza, ni valor! ¡Vaya pocilga de planeta!1

Tal y como va hasta ahora la esencia central de este sentimiento, ninguna persona de mente sana, me parece, puede evitar tomar parte en él en alguna medida. El militarismo es el gran guardián de nuestros ideales de dureza, y la vida humana sin dureza sería despreciable. Sin riesgos o premios para el valiente, la historia sería insípida, en efecto; y hay un tipo de carácter militar que todo el mundo siente que no debería nunca dejar de producirse, pues todo el mundo es sensible a su superioridad. El deber le incumbe al género humano, el de mantener los caracteres militares en la reserva, -de mantenerlos, si no para utilizarlos, como fines en sí mismos y como piezas puras de perfección- de modo que los niños mimados y débiles de Roosevelt no terminasen haciendo desaparecer todo lo demás de la faz de la Tierra!

Pienso que este sentimiento natural forma el alma más íntima de los escritos militares. Sin ninguna excepción que yo conozca, los autores militaristas adoptan una postura altamente mística del asunto, y consideran la guerra como una necesidad biológica o sociológica, que no está controlada por comprobaciones y motivos de la psicología ordinaria. Cuando el tiempo del desarrollo sea oportuno, la guerra ha de venir, haya o no razón, pues las justificaciones alegadas son invariablemente ficticias. La guerra, en resumen, es una obligación humana permanente. El general Homer Lea, en su reciente libro El valor de la ignorancia, se sitúa sobre esta base. La buena disposición para la guerra es para él la esencia de la nacionalidad, y la habilidad en ella, la medida suprema de la salud de las naciones.

Las naciones, dice el general Lea, jamás son estacionarias: deben expandirse necesariamente desde su encogimiento, en función de su vitalidad o decrepitud. Japón está culminando; y por la fatal ley en cuestión, es imposible que sus hombres de estado no duren, puesto que han emprendido, con una previsión extraordinaria, una vasta política de conquista: el juego en el cual los primeros movimientos fueron sus guerras con China y Rusia y su acuerdo con Inglaterra, cuyo objetivo final es la captura de las Filipinas, las Islas Hawaianas, Alaska, y toda nuestra costa Oeste de los Pasos de la Sierra. Esto le dará a Japón lo que su ineludible vocación como estado le obliga a afirmar, la posesión del Océano Pacífico entero; y oponiéndose a estos proyectos, nosotros los americanos no tenemos, según nuestro autor, sino nuestra vanidad, nuestra ignorancia, nuestro comercialismo, nuestra corrupción, y nuestro feminismo. El general Lea hace una detallada comparación de la fuerza militar que tenemos actualmente opuesta a la fuerza de Japón, y concluye que las Islas, Alaska, Oregón y el sur de California caerían sin apenas resistencia, que San Francisco habría de rendirse en quince días ante un cerco japonés, y que en tres o cuatro meses la guerra terminaría, y nuestra República, incapaz de recuperar lo que con descuido no protegió, se "desintegraría" entonces, hasta que algún César se planteara volver a unirnos como nación.

¡Desalentador pronóstico, desde luego! Sin embargo no es del todo irrealizable, si la mentalidad de los hombres de estado japoneses fueran del tipo de César de los que tantos ejemplos muestra la historia, y del que el general Lea es capaz de imaginar. No hay razón para pensar, después de todo, que sus mujeres no puedan ser las madres de personajes como Napoleón o Alejandro; y si estos personajes aparecieran en Japón y encontraran su oportunidad, lo retratado en El valor de la ignorancia podría tendernos una emboscada. Ignorantes como somos aún de los recovecos más íntimos de la mentalidad japonesa, podríamos ser muy estúpidos al desconsiderar estas posibilidades.

Otros militaristas son más complejos y más morales en sus consideraciones. La Philosophie des Krieges de S. R. Steinmetz es un buen ejemplo. La guerra, según su autor, es una dura prueba establecida por Dios, que pesa a las naciones en su balanza. Es la forma esencial del Estado, y la única función en la que las gentes pueden emplear todas sus fuerzas a la vez y de modo convergente. No hay victoria posible que no sea el resultado de una totalidad de virtudes, ni fracaso alguno del cual no sea el vicio o la debilidad el responsable. La fidelidad, la cohesión, la tenacidad, el heroísmo, la consciencia, la educación, la invención, la economía, la riqueza, la salud física y el vigor: no hay un punto intelectual o moral que no diga cuando Dios toma sus decisiones y lanza a los pueblos contra otros. Die Weltgeschichte ist das Weltgericht; y el Dr. Steinmetz no cree que en la extensa carrera la oportunidad o la suerte tomen parte al asignar los asuntos.

Debe observarse que las virtudes que prevalecen son, de algún modo, virtudes superiores que cuentan tanto en la competición pacífica como en la militar; pero la tensión que hay sobre ellas, siendo infinitamente más intensa en el último caso, hace a la guerra infinitamente más minuciosa como prueba. Ninguna dura prueba, según este autor, puede compararse con sus cribas. Su terrible martillo es el soldador de los hombres en estados cohesivos, y en ningún sitio sino en esos estados puede la naturaleza humana desarrollar adecuadamente su capacidad. La única alternativa es la "degeneración".

El Dr. Steinmetz es un pensador concienzudo, y su libro, breve como es, da buena cuenta de ello. El resultado, me parece a mí, puede resumirse en la palabra de Simon Patten, que la humanidad fue criada en el dolor y el miedo, y que la transición a una "economía placentera" puede ser fatal para alguien que no esté preparado para defenderse contra sus influencias desintegradoras. Si hablamos del miedo de la emancipación desde el miedo del régimen, reducimos la actitud militarista en una simple frase: el miedo que nos concierne toma el lugar del antiguo miedo del enemigo.

Al darle vueltas al miedo en mi mente como hago, todo parece llevar de nuevo a dos faltas de voluntad de la imaginación, una estética y la otra moral: falta de voluntad, primero, para hacer frente a un futuro en el que la vida armada, con sus numerosos elementos de encanto, sea imposible por siempre, y en el que los destinos de las gentes nunca más se decidirán rápida, escalofriante y trágicamente por la fuerza, sino sólo insípidamente por medio de una "evolución"; y, en segundo lugar, falta de voluntad para ver el teatro supremo del vigor humano, y las espléndidas aptitudes militares de los hombres condenados a quedarse siempre en un estado de latencia y de no mostrarse jamás en acción. Estas insistentes faltas de voluntad, me parece, no han de ser menos escuchadas y respetadas que otras insistencias éticas y estéticas. Uno no puede encontrarlas efectivamente por mera contra-insistencia en la expansión de la guerra y el horror. El horror provoca escalofrío; y cuando es una cuestión de sacar lo más extremo y supremo de la naturaleza humana, hablar de gasto suena ignominioso. La debilidad de tanta crítica meramente negativa es evidente: el pacifismo no es una conversión a partir de lo promilitarista. Los partidarios de lo militar no niegan ni la bestialidad ni el horror ni el gasto; sólo dicen que estas cosas no cuentan sino la mitad de la historia. Sólo dicen que la guerra vale estas cosas; que, tomando al ser humano como un todo, las guerras son su mejor protección contra su ser más débil y cobarde, y que la humanidad no puede permitirse adoptar una economía de la paz.

Los pacifistas deberían profundizar más en el punto de vista estético y ético de sus oponentes. Haz esto primero en cualquier controversia, dice J. J. Chapman, mueve entonces el punto, y tu oponente seguirá. Mientras que los antimilitaristas no propongan sustitutos para la función disciplinaria de la guerra, algún equivalente moral de la guerra, análogo, podría decirse, al equivalente mecánico del calor, fracasarán en su comprensión de la esencia entera de la situación. Y en cuanto norma, sí fracasan. Las obligaciones, castigos y sanciones en las utopías que trazan, son todas demasiado débiles e insulsas como para afectar al militarista. El pacifismo de Tolstoi es la única excepción a esta regla, pues es profundamente pesimista en cuanto a los valores de este mundo y hace que el temor al Señor alimente el estímulo moral por el temor al enemigo. Pero todos nuestros abogados socialistas de la paz creen absolutamente en estos valores del mundo; y en vez del temor al Señor y del temor al enemigo, el único miedo al que se enfrentan es a la pobreza si uno es perezoso. Esta debilidad domina toda la literatura socialista con la que estoy familiarizado. Incluso en el exquisito diálogo de Lowes Dickinson2, los salarios altos y las escasas horas son las únicas fuerzas invocadas para sobrepasar el disgusto del hombre por los tipos repulsivos de trabajo. Mientras tanto, los hombres en gran tranquilidad viven como han vivido siempre, bajo una economía del dolor y del miedo. -Pues aquellos de nosotros que viven en una economía fácil no son sino una isla en el tormentoso océano- y toda la atmósfera de la literatura utópica presente tiene un gusto empalagoso e insulso para la gente que todavía mantiene el gusto por los sabores más amargos de la vida. Sugiere, en verdad, una omnipresente inferioridad.

La inferioridad está siempre con nosotros, y el despiadado desprecio de ella es la pieza clave del temperamento militar. "Galgos, ¿viviréis para siempre?"3 exclamó Federico "el Grande". "Sí", dicen nuestros utópicos, "permítenos vivir para siempre e incrementa nuestro nivel gradualmente". Lo mejor de nuestros "inferiores" es que son tan duros como clavos y casi tan insensibles física y moralmente casi. Los utópicos los considerarían débiles y remilgados, en tanto que los militaristas mantendrían su insensibilidad, pero la transfigurarían en una característica meritoria, requerida por "el servicio", y redimida por la sospecha de inferioridad. Todas las virtudes de un hombre adquieren dignidad cuando sabe que el servicio de la colectividad al que pertenece le necesita. Si está orgulloso de la colectividad, su propio orgullo crece proporcionalmente. Ninguna colectividad es un ejército para alimentar tal orgullo; pero ha de admitirse que el único sentimiento que la imagen del industrialismo cosmopolita es capaz de albergar en numerosos pechos es la vergüenza de formar parte de tal colectividad. Es obvio que los Estados Unidos de América tal y como existen hoy impresionan a una mente como la del general Lea. ¿Dónde están la agudeza y la precipitación, el desprecio por la vida, propia o ajena? ¿Dónde está el feroz "sí" o "no", el deber incondicional? ¿Dónde el servicio militar? ¿Dónde el impuesto de sangre? ¿Dónde está aquello que le hace a uno sentirse orgulloso cuando forma parte de él?

Habiendo dicho, pues, tanto, y conciliando el lado al que no pertenezco, confesaré ahora mi propia utopía. Creo devotamente en el reinado último de la paz y en el advenimiento gradual de algún tipo de equilibrio socialista. La visión fatalista de la función de la guerra me resulta absurda, pues sé que el hacer la guerra se debe a motivos definidos que están sujetos a comprobaciones prudenciales y a críticas razonables, como cualquier otra forma de empresa. Y cuando naciones enteras son ejércitos, y la ciencia de la destrucción rivaliza en refinamiento intelectual con las ciencias de la producción, veo que la guerra se vuelve absurda e imposible desde su propia monstruosidad. Las ambiciones extravagantes habrán de reemplazarse por afirmaciones razonables, y las naciones deben hacer causa común contra ellas. No veo razón por la que todo esto no debiera aplicarse a las naciones tanto amarillas como blancas, y desear un futuro en el cual los actos de la guerra fueran formalmente proscritos entre los gentes civilizadas.

Todas estas creencias mías me sitúan directamente en el partido antimilitarista. Pero no creo que debiera ser ni que sea permanente en este mundo, a no ser que los estados organizados pacíficamente preserven algunos de los elementos antiguos de la disciplina armada. Una economía de la paz que tuviera éxito permanentemente no puede ser una simple economía del placer. En el futuro más o menos socialista hacia el que la humanidad parece dirigirse, debemos someternos colectivamente a aquellas austeridades que responden a nuestra posición real en este mundo único parcialmente habitable. Hemos de hacer que nuevas energías y audacias continúen la masculinidad a la que la mente militar tanto se aferra. Las virtudes marciales han de ser el cemento endurecedor; la valentía, el desdén por lo débil, la cesión del interés privado, la obediencia a las órdenes, deben seguir siendo la roca sobre la que se construyan tales estados- a no ser, desde luego, que deseemos que las reacciones que hacen peligrar la riqueza común se den sólo por desprecio, y que sean engañosas al invitar al ataque cuando, para el militarista, se forme un centro de cristalización en alguna parte de su vecindario.

Los partidarios de la guerra seguramente tienen razón al afirmar y reafirmar que las virtudes marciales, a pesar de haberse conseguido por medio de la guerra, son bienes humanos absolutos y permanentes. El orgullo patriótico y la ambición en su forma militar son, después de todo, solamente especificaciones de una duradera pasión competitiva más universal. Son su primera forma, pero no hay razón para suponer que son su última forma. Los hombres están ahora orgullosos de pertenecer a una nación conquistadora, y sin nisiquiera un murmullo, dejan a un lado su gente y sus riquezas, si al hacer esto pueden eludir cualquier sometimiento. Pero ¿quién puede estar seguro de que otros aspectos del país de uno no pueden, con tiempo y educación y las indicaciones suficientes, llegar a ser considerado con sentimentos similarmente efectivos de orgullo y vergüenza? ¿Por qué los hombres no habrían de sentir que merece la pena un impuesto de sangre para pertenecer a una colectividad superior en cualquier aspecto ideal? ¿Por qué no habrían de enrojecer de indigna vergüenza si la comunidad de la que forman parte es vil en cualquier modo? Los individuos, cada vez más numerosos, sienten ahora esta pasión cívica. Es sólo cuestión de soplar en la chispa de toda la población para que se vuelva incandescente, y para que, sobre las ruinas de la vieja moral del honor militar, se construya a sí misma. La función de la guerra nos ha atrapado hasta el momento; pero los intereses constructivos pueden parecernos un día no menos imperativos, e imponerse sobre el individuo una carga apenas más ligera.

Permítaseme ilustrar esta idea de un modo más concreto. No hay nada que lo haga a uno indigno en el mero hecho de que la vida sea dura, de que los hombres deban esforzarse y padecer dolor. Las condiciones del mundo son de tal manera que podemos soportarlas. Pero que tantos hombres, por los meros accidentes del nacimiento y de la oportunidad, tengan una vida de nada más que trabajo duro, dolor, dureza y inferioridad impuestos sobre ellos, sin ninguna vacación, mientras que otros de nacimiento no prueban este tipo de vida en absoluto, esto es capaz de provocar la indignación en las mentes reflexivas. Puede terminar pareciéndonos vergonzoso a todos que algunos de nosotros no tenemos sino una vida de lucha, y otros no tienen sino desmasculinizadas facilidades. Si ahora -y ésta es mi idea- hubiera, en vez de un servicio militar, un servicio de toda la población joven para formar durante cierto número de años a una parte del ejército alistado contra la naturaleza, la injusticia tendería a nivelarse, y se seguirían otros muchos beneficios para la riqueza común. Los ideales militares de dureza y disciplina calarían en el carácter de la gente; nadie permanecería ciego, como ciegas son ahora las clases altas, a la relación real del hombre con el mundo en el que vive, y a las fundaciones duras y permanentemente sólidas de su vida más elevada. Al carbón y a las minas de hierro, a las flotas pesqueras en diciembre, al lavar los platos y las ropas y las ventanas, a la construcción de carreteras y de túneles, a las fundiciones y a los agujeros de carbón, y a los armazones de los rascacielos, que harían de nuestra dorada juventud un esbozo según su elección, para reclutar su puerilidad y para volver a la sociedad con compasiones más saludables y con ideas más sobrias. Habrían pagado el impuesto de la sangre, y hecho su propia parte en la guerra humana inmemorial en contra de la naturaleza, pisarían la tierra con más orgullo, las mujeres los valorarían más, serían mejores padres y maestros de la siguiente generación.

Tal servicio, con el estado de la opinión pública que habría de requerir, y los frutos morales que habría de sustentar, preservaría en medio de una civilización pacífica las virtudes masculinas que el partido militarista tanto teme ver desaparecer en la paz. Deberíamos conseguir la dureza sin insensibilidad, la autoridad con la menor crueldad criminal posible, y deberíamos llevar a cabo alegremente el trabajo doloroso, porque el deber es temporal y no amenaza, como lo hace ahora, el resto de la vida de uno. Hablaba del "equivalente moral" de la guerra. Hasta ahora, la guerra ha sido la única fuerza que puede disciplinar a una comunidad entera, y hasta que se organice una disciplina equivalente, creo que la guerra debe tener su camino. Sin embargo no me cabe duda de que los orgullos ordinarios y las vergüenzas del hombre social, una vez desarrollados en cierta intensidad, son capaces de organizar una moral equivalente tal y como la he esbozado, o alguna otra tan efectiva para preservar la masculinidad del tipo. Aunque es una utopía infinitamente remota ahora, al final no es sino una cuestión de tiempo, de hábil propagandismo, y de hombres que forman opiniones aprovechando las oportunidades históricas.

El tipo de carácter marcial puede producirse sin la guerra. El honor vigoroso y el desinterés abundan por todas partes. Los predicadores y los hombres de la medicina son educados en él, y todos nosotros deberíamos sentir cierto grado de él si fuéramos conscientes de nuestro trabajo como un servicio obligatorio al estado. Deberíamos ser pertenecidos, como lo son los soldados por el ejército, y nuestro orgullo debería crecer de acuerdo a esto. Podríamos ser pobres, pues, sin humillación, como lo son ahora los oficiales del ejército. Lo único que se necesita en adelante es encender el temperamento cívico como la historia pasada ha inflamado el temperamento militar.

"De muchas maneras" dice H. G. Wells, "la organización militar es la más pacífica de las actividades. Cuando el hombre contemporáneo proviene de la calle del clamoroso anuncio insincero, de la adulteración, del empleo malbaratado e intermitente, hacia el barracón, él camina hacia un plano social más elevado, hacia una atmósfera de servicio y de cooperación y de emulaciones infinitamente más honorables. Aquí al menos a los hombres no se les deja sin empleo porque no hay trabajo inmediato para que ellos hagan. Ellos son alimentados, instruidos y entrenados para servicios mejores. Aquí al menos se supone que el hombre gana promoción por medio del auto-olvido y no por medio de la auto-búsqueda"4. Mala como puede ser la vida en un barracón, es muy congruente con la naturaleza ancestral humana, y tiene los aspectos más elevados que Wells por lo tanto enfatiza. Wells añade5 que piensa que las concepciones del orden y de la disciplina, de la tradición del servicio y de la devoción, del buen estado físico, del duro esfuerzo, de la responsabilidad universal, que el deber militar universal está enseñando ahora a las naciones europeas, quedarán como una adquisición permanente, cuando se haya utilizado la última munición en los fuegos artificiales que celebren la paz final. Yo creo como él. Sería simplemente absurdo que la única fuerza capaz de producir ideales de honor y parámetros de eficiencia en las naturalezas inglesa o americana fuera el temor de ser aniquilado por los alemanes o los japoneses. Grande, desde luego, es el miedo; pero no es, como nuestros entusiastas militaristas creen e intentan hacernos creer, el único estímulo conocido para despertar los rangos más elevados de la energía espiritual de los hombres. La cantidad de alteración en la opinión pública que postula mi utopía es ampliamente menor que la diferencia entre la mentalidad de aquellos guerreros negros que persiguieron a los partidarios de Stanley en el Congo con su grito de guerra caníbal de ¡Carne! ¡carne! y la de los generales de cualquier nación civilizada. La Historia ha visto el último intervalo construido: el anterior puede construirse mucho más fácilmente.

Mónica Aguerri (2004)





Notas

1. "Fie upon such a cattleyard of a planet!". Fie upon, expresión arcaica caída en desuso, expresa disgusto, rechazo e incluso repulsión ante algo. [Nota del T.]

2. Justice and Liberty, N. Y., 1909.

3. "Hounds, would you live for ever?" Federico "el Grande" (1712-1766), emperador de Prusia, probablemente formuló esta pregunta a sus galgos, a quienes consideraba fidelísimos compañeros. Tanto es así que en su última voluntad pidió ser enterrado junto a sus restos, si bien su familia, llegado el momento, decidió no cumplirla por considerarla un extravagante capricho.

4. First and Last Things, 1908, p. 215.

5. Ibid., p. 226.


martes, 14 de marzo de 2023

 Del Suicidio

(Extracto de Cartas a Lucilio)

Séneca 

"El Mundo vegetal que Jones creó" del Homenaje a Philp Dick. 
Redes Sociales Vegetales. DDLR2023


«Hemos navegado, Lucilio, durante la vida, y como en el mar, al igual que dice nuestro Virgilio, «tierras y ciudades se retiran», así en esta carrera de un tiempo que vuela, primeramente, desaparece la infancia, luego la adolescencia, después cuanto es aquello que media entre la juventud y la vejez, puesto entre los confines de las dos; a continuación, los mejores años de nuestra vejez; por último empieza a mostrarse el fin común a todo el género humano. Creemos en el mayor grado de locura que él es un escollo: es un puerto, que algún día debemos alcanzar, que nunca se ha de rehusar y al que, si alguno llegó en sus primeros años, no debe quejarse más que el que hizo su travesía en seguida. Pues, como sabes, con uno juegan brisas suaves, lo entretienen y lo cansan con el tedio de una tranquilidad lentísima; a otro lo arrastra con mucha rapidez un viento pertinaz.

Piensa que a nosotros nos pasa lo mismo: a unos, la vida los llevó velozmente a donde se había de llegar aunque se retrasaran; a otros los agotó y los atormentó. Y, como sabes; ella no se ha de retener siempre; pues no es cosa buena el vivir, sino el vivir bien. Así, pues, el sabio vivirá cuanto debe, no cuanto puede: verá dónde ha de vivir, con quiénes, cómo, qué ha de hacer. Piensa siempre en la cualidad, no en la cantidad de la vida; si se presentan muchas cosas molestas y perturban la tranquilidad, se sale él mismo de la vida. Y no hace esto solamente en la fase última de la vida, sino tan pronto como empieza a vislumbrar la fortuna, examina con diligencia si se ha de acabar de vivir. Cree que no le importa darse el fin o recibirlo, que se haga más tarde o más pronto; no lo teme como [si se tratara] de un gran desastre. Nadie puede perder mucho por lo que se va gota a gota. No tiene importancia morir más pronto o más tarde; tiene importancia el morir bien o mal, mas el morir bien es huir del peligro de vivir mal. (…)

Si una muerte es con tormento y otra es simple y fácil, ¿por qué no has de poner tu mano sobre ésta? Del mismo modo que puedo elegir una nave para navegar y una casa para habitar, así una muerte para salir de la vida. Además, a la manera de que no es mejor una vida más larga, así es peor una muerte más larga. En ninguna cosa más que en la muerte debemos satisfacer nuestros deseos. Salga por donde tomó su decisión: ya escoja el hierro, ya el nudo corredizo o alguna bebida que penetre en las venas, adelante y rompa las cadenas de la esclavitud. Cualquiera debe aprobar la vida para los demás, la muerte para uno mismo; la mejor muerte es la que agrada.

Son necios estos pensamientos: «Alguno dirá que he obrado con poco valor; alguno, con temeridad excesiva; alguno, que había otra clase de muerte más valerosa». Debes pensar que en tus manos está esa decisión en la que la opinión pública nada tiene que ver. Mira una sola cosa, el sustraerte lo más rápidamente posible de la fortuna; de lo contrario habrá quienes opinen mal de tu acción. Encontrarás también a quienes profesen la sabiduría que digan que no debe atentarse contra la vida y que juzguen contra derecho divino hacerse el matador de sí mismo; que debe esperarse la salida que la naturaleza decretó. El que dice esto, no ve que él cierra el camino de la libertad. Nada mejor ha hecho la ley eterna que el habernos dado una sola entrada para la vida y muchas salidas. ¿Tengo yo que esperar la crueldad de una enfermedad o de un hombre, cuando puedo evadirme por entre los tormentos y disipar las adversidades? La única por que no podemos quejarnos de la vida es esto: no retiene a nadie [por la fuerza]. Las cosas humanas están en un punto bueno porque nadie es desgraciado sino por sus vicios; si te agrada, vive; [si] no te gusta, puedes volver allí de donde viniste.

Muchas veces, para quitarte el dolor de cabeza, te sangraste; no es necesario el desgarrarse las entrañas con una gran herida; con la lanceta se abre el camino a aquella gran libertad, y la seguridad consta de un pinchazo. ¿Qué es, por lo tanto, lo que nos hace perezosos e incapaces? Ninguna vez uno mismo tiene que salir de este domicilio; así, la complacencia del lugar y la costumbre, incluso ante las incomodidades, retiene a los antiguos inquilinos. (…)

Llegará el día que nos exija la aplicación de esta única cosa [la de morir]. No tienes que pensar que tan sólo los grandes hombres tuvieron esta fortaleza con la que rompieron las cadenas de la esclavitud humana; no tienes que pensar que esto no podía realizarlo sino Catón, el cual con su manó arrancó el alma que no había sacado con el hierro. Hombres de la más humilde condición salieron hacia la seguridad con un esfuerzo inmenso, y, no habiendo podido morir convenientemente ni elegir a su arbitrio los instrumentos de muerte, tomaron cualesquiera que les presentaron y con su fuerza convirtieron en tiros mortíferos cosas que no eran mortales por naturaleza».

(«Es una ventaja no vivir, sino vivir bien. Del suicidio», Cartas a Lucilio, Séneca,  Editorial Juventud)