lunes, 1 de julio de 2013

Gustavo Pereira 

o la poesía como conocimiento de vida

Xiomara Sánchez


Gustavo Pereira, poeta venezolano 


Yo narro la historia de las pequeñas implicaciones humanas de los pasos
      apenas sentidos yo narro las crónicas terrestres de gansos, perros y bueyes
y también de hombres y mujeres
y de piedras nubes pájaros peces y naves
Yo cuento apenas una parte de las insignificantes aventuras del ojo
      por países de adentro por grietas húmedas atravesadas de venas inacabables
Yo narro e balanceo de las conciencias ante los billetes de banco
 Yo narro el aullido de los poetas ante la miseria humana
Tengo en mi bolsillo la pluma con la que escarbaré lo hondo del papel
      hasta hacerlo reventar de cansancio
 Estos torbellinos que me asaltan/ son también los pelos de mi cabeza
Estos panfletos son mis cantos de amor…
XXII, Gustavo Pereira[1]

El artista se incluye, se abstrae o rechaza la realidad en la que vive. Esto es inevitable. Las tensiones del psiquismo durante la época en que los poetas viven, junto con el imaginario del autor y del colectivo, es lo que hace a las obras reflejar lo que reflejan. Esto nos lleva a una discusión que durante muchísimo tiempo ha entretenido a versados en el tema: ¿Tiene qué ver la vida con el artista en lo que a la obra respecta, o por el contrario, la una con la otra no establece jamás ningún vínculo? Críticos, como el desaparecido Raimundo Lida[2], diría que no: el estudio de la obra, para él, puede darse fuera de todas condiciones interdisciplinarias. Pero es creíble que existe una relación ente una cosa y otra, entre vida y obra. Cuando el artista es artista, dentro de su vida entrará indudablemente la literatura y las formas. Ambas cosas son parte de un mismo elemento: un poeta vive y sufre las formas literarias, del mismo modo que sufre un amor o una enfermedad. Literatura y vida, para algunos poetas son lo mismo. La poesía es una forma de vida, una vía para reencontrarnos con la palabra, un oficio que no escapa al encuentro con lo cotidiano, una poesía en relación con lo real.

La base de esas premisas se corrobora cuando echamos una mirada a la obras de uno de los escritores más importante de la literatura venezolana y latinoamericana, el poeta Gustavo Pereira, que desde que publicó su primer poema en el año 1955, titulado “Siniestra noche”, a la edad de quince años, nos invita a un recorrido por un espacio poético fecundado de sensibilidad: “…la poesía me ha permitido además abrir los ojos y descubrir cosas supuestamente ocultas, la bondad en los seres humanos y no la maldad, la iluminación en los rostros de la gente y no las caras oscuras. Para mí es una forma de conocimiento, una condición de vida”[3]. Con el poder expresivo del lenguaje directo que trasciende por imágenes poéticas que le han permitido representar la realidad, los recuerdos, las vivencias, el amor, el erotismo y la ironía. La poesía de Gustavo Pereira ancla en la realidad la palabra como posibilidad de comunicar, denunciar y enaltecer la cultura.

Pero, también, parte de la obra de Pereira está dedicada al tema de la cultura amerindia. El poeta incorpora valores, mitos e imaginarios simbólicos que nutren su trabajo y nos acerca a la cultura indígena de Venezuela. Su escritura consciente, con un sentido cercano, recurre a las metáforas para expresar anécdotas, tradiciones, testimonios, desarraigo, pasión, lirismo, denuncia y vida cotidiana. Todas estas representaciones simbólicas de la cultura las construye en los libros Escrito salvaje y Costado indio. En Costado Indio, Pereira busca encarnar el tema social y cultural. Cada poema constituye la lucha por la identidad cultural de nuestro país. Cada verso despliega una plétora de abanicos de imágenes, mitos, cantares y creencias propias de los indígenas, y, junto a ellas, coexiste una riqueza simbólica inmersa en una identidad histórica, riqueza que forma parte de la relación entre el individuo y la cultura. En esta obra, Pereira deja constancia de sus conocimientos sobre las culturas indígenas de Venezuela, su necesidad y esfuerzo de mantener a través del verso una cultura ancestral.

No obstante, el poeta mantiene una admirable lista de publicaciones no menos importantes en el quehacer literario. Entre las que figuran: El rumor de la luz (1957); Los tambores de la aurora (1961); Preparativos del viaje (1964); Bajo la refriega (1964); En plena estación (1965); Hasta reventar (1966); El interior de las sombras (1968); Poesía de qué (1970); Los cuatros horizontes de cielo (1973); Libro de los Somaris (1974); Segundo libro de los Somaris (1979); Poemas de Gustavo Pereira, Grabado de Gladis Meneses (1979); Antología poética (1979); Sumario de Somaris (1980);  Tiempos oscuros, tiempos de sol (1981); El diario de a bordo de Colón o la primera proclama del colonialismo en el caribe (1987); La niebla antigua y amarilla (1988); Vivir contra morir (1988); El peor de los oficios (1991); La fiesta sigue (1992); El pensamiento anticolonialista de los libertadores (1992); Antología compartida (1993); Escrito Salvaje (1993); Antología poética (1994); Adagio a la desconocida (1994); Historias del paraíso (1997); Los blancos hijos del cielo (1998); Dama de niebla (1999); Cuaderno terrestre (1999); Oficio de partir (1999); Preámbulo Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999); Costado indio (2001); Poesía de bolsillo (2002); El legado indígena (2004); Poesía selecta (2004); Sentimentario (2004); Todos los viajes, todos los faroles (2005); El juramento de Monte Sacro (2005); Los seres invisibles (2005); Simón Bolívar, escritos anticolonialistas (2007); Somari nuestro de cada día (2007); Cuentas (2007); Historias del paraíso, segunda edición (2007); Aprender a ser (2007); El joven Bolívar (2007); Sobre Salvajes (2007); Equinoccial (2007); The arrival of the Orchestra (2010); Derechos culturales y revolución (2010); Somaris (2012); (Los cuatros horizontes del cielo y otros poemas (2010). Esta última obra lo consagró como ganador del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora (2011). Los jurados de la III edición del premio expresaron: “Se trata de una obra de madurez, de una gran riqueza lingüística, un espíritu unitario, un poeta de prodigiosas epifanías como la invención poética de los Somaris –un género inspirado e iluminador en el campo de la poesía universal- que trasciende lo meramente estético con una actitud humanista, sabiduría profunda, tintes irónicos y erotismo”[4].

Sin duda, fue la invención del somari que catapultó a Gustavo Pereira como autor. El somari es el “sello”, el rasgo distintivo, de la poesía de Pereira. Muchos escritores y críticos literarios han tratado de definir la palabra somari, entre ellos el escritor Ludovico Silva: “Por más que he buscado, no he podido hallar el significado de la palabra ‘somari’. Tal vez dé en el clavo si lo identifico como una especial forma de poesía, algo así como un rubai persa o un bai kai japonés (…) De ser cierto esto, el somari puede caracterizarse como una forma poética cuyos rasgos esenciales son la brevedad, la parquedad verbal y la sentenciosidad”[5]. Sin embargo, Pereira responde: “…desde hace muchos años he venido escribiendo o intentando pequeños artefactos que por recato, luego de haberlos llamado ‘poemas breves’, nombré con un neologismo devenido al azar: somari[6]. El somari expresa, en sí mismo, una búsqueda de autenticidad, al tiempo que expresa juegos simbólicos y metafóricos que afirman el poder del lenguaje breve y directo. Al igual que en toda la obra de Pereira, el somari es una construcción poética tan personal que no abandona la realidad y siempre va al encuentro del amor, el erotismo, la ironía y la sensibilidad de una cultura. El somari se convierte en un instrumento del lenguaje, adquiere cuerpo cuando el poeta manifiesta ricos y diversos temas que desnuda a través de sus poemas. Por medio del somari, se hace patente el reconocimiento nacional e internacional del autor, enalteciendo así la literatura venezolana y enriqueciendo su oficio de poeta con serena firmeza e inteligencia.

Sus poemas han sido traducidos al inglés, al italiano, al portugués, al coreano y al francés. Gustavo Pereira es considerado uno de los poetas más exitosos de la literatura venezolana y uno de los más premiados; entre otros reconocimientos literarios, ha recibido: Premio Joven Poesía de las Universidades Nacionales (1965), con su obra En plena estación; Primer premio en el Concurso de Poesía  de la Universidad del Zulia (1966), con su obra Hasta reventar; Primer premio en el Concurso de Poesía  de la Universidad del Zulia (1968) con El interior de las sombras; Premio Latinoamericano de Poesía convocado por la Revista Imagen (1970), con su libro Los cuatro horizontes del cielo; Premio Alarico Gómez (1973), con el poemario El libro de los somaris; Premio Municipal de Poesía de Caracas (1987); Mención al Premio Internacional Pérez Bonalde de la Casa de la Poesía. Premio Fundarte de Poesía (1993), con su obra Escrito Salvaje;  le es conferida la Orden Francisco de Miranda en su Primera Clase (1993); Premio de Poesía de la Bienal Ramos Sucre (1997); Premio Nacional de Literatura (2000); le es otorgada la Orden Andrés Bello en su Primera Clase (2001);  le son conferidas las Ordenes: Guaicaipuro, en Los Teques; Francisco Esteban Gómez (2004);  Recibe la Orden Alejo Zuloaga otorgada por la Universidad de Carabobo (2005);  En su honor se celebra la Bienal de Artes Plásticas de Puerto La Cruz, en la Galería de Arte Nacional (2005); la Universidad Experimental de Yaracuy le confiere el Doctorado en Honoris Causa (2009); la Alcaldía de Caracas le otorga la Orden Juan Francisco de León (2010); Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora (2011), con su libro Los cuatros horizontes del cielo y otros poemas.

En el 2012  ha sido publicado en Alemania el Libro Somarís, a través de Edition Delta. Bajo el cuidado del poeta, traductor y editor Tobías Burgharth. 




[1]. En  Los cuatros horizontes del cielo y otros poemas.  Caracas. Fundación Editorial El perro y la rana, 2010. Gustavo Pereira, (Punta de Piedras, Isla de Margarita, 1940). Poeta, ensayista y crítico literario. Doctor en Estudios Hispanoamericanos, Universidad de Paris.

[2]. Cfr. Lida, R. Rubén Darío. Modernismo. Caracas: Monte Ávila Editores. 1984.
[3]Entrevista para el periódico El Universal. Caracas, 2011.
[4]. Veredicto del III Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora. Caracas, 2011.
[5]. En Somari nuestro de cada día. Aantología. Barcelona: Fondo Editorial Consejo Legislativo del estado Anzoátegui, 2007.
[6]. En  Poesía de bolsillo (Antología). Fondo Editorial del Caribe, 2002. 

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