LA ARMONÍA DEL ESPÍRITU POÉTICO:
EL HÉROE*
Theowald D´Arago
“DONDE HAY UNA HAZAÑA INMORTAL, EL ASNO SOLO
OYE TRUENOS”
BUDA
Las
fuerzas antagónicas son los símbolos, no de la ambigüedad como lo piensa el
hombre idealista simbolizado en el platonismo de la cultura occidental, donde
se niega el principio de contradicción, sino las fuerzas del verdadero
equilibrio. Sin opuestos no hay verdadera armonía, a través de estas fuerzas
contrarias es como surge, aparece la plenitud, LA NO DUALIDAD, el UNO, como
diría el viejo Heráclito.
Todo
héroe verdadero posee un destino. El sentido de su historia consiste en que, al
final logre armonizar las fuerzas en conflicto mostrando por qué no es fortuito
que él sea lo que es...
Por eso
Hércules, Heracles significa la gloria de Hera (la reina de los Dioses), el
tiempo, el devenir, llegar a ser. En pocas palabras, el héroe se inmortaliza
porque triunfa con su perseverancia frente al tiempo, alcanzando así la
verdadera eternidad.
Las
fuerzas opuestas, “negativas”, son su mayor obstáculo, pero el tiempo le da la
razón, no porque él la tenga, sino porque surge como corolario entre las
fuerzas de los sentimientos y del pensamiento.
Por eso, la mejor batalla es la que no se libra, para que emerja en
medio de las fuerzas la verdad. Y no hay que sucumbir ante la debilidad, lo
irracional, a pesar de que ello es el Talón de Aquiles que todo héroe con
rostro humano arrastra, ésta es la vulnerabilidad del héroe, lo irascible;
cuando éste está ya crecido espiritualmente, es la razón secreta de su
existencia, cuya victoria espiritual lo conduce a la inmortalidad verdadera.
“EL ACTO DE VALENTÍA ES ASUMIR LA VERDAD... EL SENTIDO”. F. Nietzsche. Y para
ello nos es indispensable asumir el principio de contradicción como la contraparte
de donde emerge el uno todo, la no dualidad.
De esta
manera, la ética como ciencia de la verdadera armonía, del orden, de eso que
Aristóteles llamó eudemonía - “felicidad”, aspira cumplir el mismo sueño, pero
sin la fuerza del opuesto no hay armonía alguna, que es el acicate, es lo que
da sentido a todo, a el todo, a la vida.
Los
animales humanos contemporáneos (¿posmodernos?), herederos perversos del mundo
grecolatino, judeocristiano no parecen tener conciencia de ello, por eso
melodramáticamente su tragedia es querer abolir la tragedia como borregos, sin
acto heroico alguno, pero como decía G. Bataille: “quien no muere por no ser
más que un hombre, no será nunca más que un hombre”.
Ahora,
más que nunca, nos es indispensable poner en escena el “mito” de ser héroes. La
infancia de los héroes, es la clásica figura de lo excepcional, vencen a las
serpientes, lo cual debería ser emulado por los niños contemporáneos, ya que
éstas son la caricatura de los “adultos”, encargados de envenenar, en sus
primeros años, el alma de los pequeños, y de nutrirlos con los demonios del
tiempo (de Hera). Esa es la razón por la cual, el héroe, desde su adolescencia,
se rebela, no le gusta sentirse mandado, quiere ser el único dueño de sus
acciones, de sus sentimientos, solo obedece a lo que él cree, a lo que
espontánea y libremente acepta. No le gusta el “poder”, ni los “poderosos”,
mucho menos a los seres autoritarios, así fuere su padre o su progenitora,
escucha al amigo o al sabio. No atiende a la autoridad, se deja persuadir. El héroe no es consciente de su fortaleza,
por eso a veces no se mide y comete errores, pero el héroe aprenderá, que
estará pleno y sereno sólo con quien desee estar, o en la más completa soledad.
Es ahí donde el héroe extrae siempre fuerzas, pero debe decidir,
acertadamente, utilizarlas armónicamente entre el equilibrio de los opuestos.
Lo
negativo está presente con todas las tentaciones, pero el verdadero héroe es
noble y bondadoso y como creador de valores que es, ya que para él no todo vale
igual, piensa, no solo siente qué es lo que debe escoger. La fuerza positiva
también está presente y así es como emerge lo justo...
A través
de los tiempos, se han representado estas dos fuerzas con las imágenes de la
seducción y el halago femenino, lo negativo y lo positivo tienen el hechizo la
voz y el cuerpo de lo femenino y su encantadora e inigualable belleza. Pero lo
positivo no es falso como lo negativo, ni vive avasalladoramente
autoengañándose y creyendo que engaña a los demás, cuando solo lo hace consigo
mismo en medio de la perversa envidia y la codicia. Su máscara, que cuando
habla, milagrosamente parece que dice la verdad, se devela frente a los hechos
y su miseria queda en evidencia. La
nobleza y la generosidad, propio de lo positivo, es la belleza simple de ojos
grandes, sin brillos ni maquillajes, y como su voz es suave, “débil” y hasta
silente es difícil creerle. El héroe se mira en esos rostros como en un espejo;
el bien y el mal (la mujer, lo positivo y lo negativo, serán sus enigmas, pero
también lo que dará sentido y paz a su espíritu).
Muchos
héroes míticos han tenido que luchar contra su mayor debilidad, contra la diosa
Hera, la reina de los dioses (el tiempo) quien sólo es cólera, deseo de
venganza y parcialidad; los celos la devoran en contra del héroe quien sabe
guardarse de las miserias “humanas”.
El héroe
encarna la antítesis de la diosa Hera, la equidad y la piedad que ella no
tiene, porque es incapaz de dar, ya que su amargura en medio de su
egocentrismo, al no gustarse como es, ni lo que le ha deparado su destino, le
hace consumirse de envidia; sin embargo, ya Homero nos dice en el canto XIX de
la Ilíada, que la mujer (el tiempo) le gana al hombre mediante la astucia, con
ardides y mentiras.
Pero
esos grandes poetas, esos sabios que fueron quienes elaboraron los grandes
mitos de Grecia, quisieron mostrar que el rencor, la cólera, el odio no pueden
producir buenos frutos y que la mujer sola no puede dar al mundo sino
monstruos, o seres incompletos; el odio es estéril, únicamente el amor engendra
la belleza, la armonía.
No se
descubre nada, en la altanera figura de Hera, de todo el encanto, de toda la
ternura de la mujer que ama a sus hijos... el
bien trata de enfrentar al héroe a la realidad, para que la asuma con su imaginación creadora y dadora y la nobleza que le
caracteriza... porque de no hacerlo sucumbiría frente al falso “poder”:
oprimir, ostentar y explotar. El que tiene el verdadero poder, como decía el
maestro Nietzsche, es creador dador, no así opresor.
El mal
(el falso “poder”), como el de la reina Hera, pregona y ejerce el canibalismo
hasta entre sus propios hijos. El bien predica y ejemplifica la virtud de la sabiduría, dar y recibir la
solidaridad, la ayuda mutua, o lo que es lo mismo, la ética de la generosidad
bien administrada.
El
placer es la finalidad tanto del bien como del mal,
pero los medios para alcanzarlo, hacen la diferencia. En la condición del
animal hombre, “del ser humano”, y al parecer, todavía más, en nuestra cultura
codiciosa, el mal quiere abolir toda contradicción para mantener su dominio. A
diferencia, el bien, quien busca la armonía de los contrarios, asume y acepta
la polaridad, para que emerja y fluya la verdad...
Sabemos
que el mal es más eficiente, actúa con rapidez, su placer se basa en el dolor
de los demás, por eso este es un monólogo, a diferencia del bien, que dialoga
en la búsqueda de la verdad, en medio de las contradicciones. El emerger entre
opuestos inspira la verdad del artista, del hacedor, del creador, ya que la
estética y la ética, cuando de verdad se trata, se complementan, porque el
lenguaje y el pensamiento, están intrínsecamente ligados al igual que el fondo
y la forma, la apariencia sensible y lo inteligible. Así en el devenir, el
llegar a ser, el Arte se transforma en Arte de vivir, como decía nuestro
maestro Guillen Pérez: “EL ARTE ES LA RELACIÓN DIRECTA CON LA VIDA”.
Nos
acota el escritor Iván Darío Alvarez, inspirador de este trabajo: “la bondad
también inspira la amistad, que cuando se
basa en la verdad es crítica, poco o nada competitiva, igualitaria en el punto
de partida y horizontal en el punto de llegada. En la maldad los amigos son
seres pasajeros que no dejan hermosas huellas en el corazón, con ellos no hay certezas, solo dudas y
desconfianza. En la maldad no existe el
amigo, sino el subalterno, el cómplice que nos utiliza y utilizamos.
Mil y
más valores dan cuerpo a los héroes, pero lo que los hace inmortales, aparte de
compartir su trono con los dioses, es la memoria de los hombres. Nada es más difícil de olvidar, a pesar de
la ignorancia y de la irresponsabilidad, que su fecunda acción...”
Hera, la
progenitora de Heracles, Hércules, se traga a sí misma en el devenir, pero el
héroe inscrito en la historia por atreverse a vivir, a ser un espíritu libre,
pervive en la memoria como el mito por toda la eternidad.
Paradójicamente,
para Heidegger el espíritu es el tiempo, solo que depende de quién ejerza la
temporalidad, es decir de quien realice el espíritu.
Quien
egocéntrica y metafísicamente vive para el más allá, no se entera de la magia
maravillosa que es vivir, ni mucho menos del haber nacido un día, ahí, en medio
del infinito y el siempre, entre el azar y la necesidad... de ese hermoso
regalo que es el enigma de la vida.
Por eso
lejos de vivir del resentimiento, que le hace daño sólo a quien lo siente, hay
que vivir gozoso y anonadado, por haber llegado a ser.
THEOWALD
D´ARAGO
Noviembre,
2.000
* *Este
pequeño ensayo de nuestro entrañable amigo Theowald D´Arago, lo hemos encontrado
entre mis correos olvidados. Lo mandó para ser publicado en el blog de Filosofía
Clínica. Nunca se hizo. Había enviado, en el momento, otro ensayo para
reemplazar a este. Quedo en la alforja de los recuerdos. Hoy lo publicamos como
un homenaje recordatorio a su persona, su arte y su obra.
DDLR,
Guayaquil 6 de enero 2026

