viernes, 1 de julio de 2011



¿Cual democracia para América Latina?


Fabiana Sorel



Hablar de democracia moderna en el contexto latinoamericano es sin duda un tema hecho para la controversia y los debates. Un tema de explicación filosófica, pero también de política y, en términos ortodoxos, de teoría del estado de derecho y de economía. Cada especialidad aporta los contenidos teóricos que la presentan, respaldan o la inscriben en los marcos de decisiones político-normativas para que en la práctica se pueda institucionalizar como soporte gubernamental legítimo, único e insuperable. El contexto social y político de América Latina supone desde sus inicios una historia marcada por la guerra de independencia, la separación de la Gran Colombia y la instauración de diferentes gobiernos a lo largo de nuestra vida desde la llamada “independencia”.

Menciono estos saberes puesto que son los que componen la vasta discusión de lo que significa hoy preguntarse qué es la democracia o mejor aún, si existe verdaderamente la democracia como único postulado político en el cual los representados se aseguren que no viven bajo ninguna otra forma de gobierno que pueda superar el hecho de elegir a sus representantes para poder, de alguna manera, participar en las decisiones que las sociedades requieren, y de quienes las gobiernan.

La cultura de Nuestra América es occidente; el destino de la modernidad europea fue privilegiado por quienes seguirían hasta nuestra época la comprensión de los paradigmas del progreso, la educación, el humanismo y los avances científicos, pero como un devenir de explotación al mismo tiempo que las riquezas naturales y formas de lucha por la independencia fueron desde Bolívar eliminadas por el peso de la dominación militar y de la explotación económica de las metrópolis conquistadoras. Saqueada y empobrecida, con las venas abiertas y los crepúsculos de oro y plata de los Andes altivos permanece hoy por hoy en el dilema de la esclavitud y de la libertad. Como herederos de la tradición occidental, avasallados por el peso de la conquista y de la humillación de un continente casi aniquilado, Latinoamérica ha forjado el destino que le fue sembrado por la herencia colonizadora: muerte, dependencia y corrupción. Lo que la caracteriza en su corta historia desde la conquista española es el hecho de no haber podido desarrollar un criterio propio con sus intelectuales, que perseguidos y formados en el eurocentrismo no han creado ideas y orientaciones para renunciar a repetir lo que las teorías políticas de la filosofía francesa o alemana y del derecho italiano, español y francés nos han legado. Nuestra formación, y me refiero aquí a una forma de educación, nos encausa a servirnos de "lo que se ha gestado" en el mundo de los que forjaron las colonias y la colonización que llevamos como herencia. Europa, a pesar de sus grandes pensadores, entre ellos el padre de la democracia moderna Jean-Jacques Rousseau, es el continente que dejó a su paso la historia de los imperios, de las conquistas sanguinarias, de la explotación y humillación de los pueblos dominados. Este legado de muerte y de dominación nos lleva a repetir los errores por donde ellos ya pasaron y nos impide promover ideas propias y nuevas a nivel político.  

En un primer momento veremos qué es la democracia y cómo resurge en el siglo de las luces en Francia con Rousseau hasta anclarse en la política contemporánea como el régimen “de las mayorías” y “de la equidad socio-política”. En un segundo momento se presentará la democracia desde la modernidad y veremos cómo en Latinoamérica pueden existir rasgos que podrían hacer de este régimen una ideología para incentivar la retórica demagógica, siendo capaz de encubrir los totalitarismos y las dictaduras.  Para terminar, es necesario tomar partido por una posición que contrarreste los mecanismos que la promueven bajo argumentos falaces para desmantelar los meandros de la ideología que la respaldan y la sostienen. La democracia, régimen político, ideología de instrumento constitucional y por ende hegemónico es un poder que somete hoy por hoy las consciencias y acapara con fuerza las estrategias de los dispositivos de dominación y de control.


Cueva de las Manos, Patagonia Argentina. Fotografia de Kidoma


Surgimiento de la democracia y su desarrollo histórico

La etimología de democracia viene del griego dèmos (pueblo) y kratos (poder, comandar). El poder del pueblo, de la colectividad que luego va a ser retomada por la modernidad. Es bien sabido que Platón criticó  la democracia  ateniense puesto que ella surgió de la oligarquía quien en su afán de ganancia y de poder de conquista legitimaba su hegemonía política so pretexto de una participación del pueblo y de una igualdad artificial. Este régimen no era para Platón conveniente puesto que él critica la Atenas del siglo V en donde la navegación y el comercio se convierten en formas de imperialismo sometiendo a todos los Estados cercanos, especialmente a los espartanos.  Además, otra de las críticas que Platón hace a la democracia está en el hecho de permitir que grupos dominantes quienes sirviéndose de la ignorancia del pueblo lo persuadan para mantenerse en el poder. Hoy por hoy esta práctica se fomenta a través de los medios de comunicación, una forma de tiranía soterrada y de alto poder persuasivo o mejor aún de adoctrinamiento.
El Estado ideal de Platón es la sofocracia: gobierno de los sabios. Este gobierno no es eterno: va a degenerar cuando los guerreros lleguen al poder. Sin embargo, el filósofo-rey es para Platón una forma de concepción política en la cual "el sabio" es el indicado para gobernar puesto que a la luz de las ideas y del conocimiento mantendrá el equilibrio y el bienestar sociales.
Tanto Platón como Aristóteles consideran que el Estado y la sociedad deben garantizar el equilibrio del bien común entre los hombres, dando condiciones para la realización de la vida moral e intelectual y por ende política. La crítica hecha por ellos a la democracia es debido a la falta de seguridad respecto a las normas por el hecho de que "el pueblo o las clases bajas" pudiesen determinar el destino político del estado ateniense bajo la hegemonía de demagogos y de la oligarquía que aproveche para sí misma lo que corresponde al buen equilibrio del funcionamiento estatal.  
Teniendo en cuenta ésta premisa Aristóteles describe la democracia como una de las formas desviadas de gobierno, pero ve en la  "Politeia"  la mejor forma de gobierno, tomando como referencia la organización social de la ciudad-estado griega. La organización de una república de una sociedad, en donde la oligarquía y la democracia aparezcan, sin ser excesivamente numerosa, con unas dimensiones relativamente reducidas y con autosuficiencia económica y militar, de modo que pueda atender a todas las necesidades de los ciudadanos, tanto básicas como de ocio y educativas.  
Después del siglo de oro de Pericles y de su caída, la democracia no podía ser ni para Platón ni para Aristóteles la mejor forma de gobierno, pero es probable que éste último se haya basado en la Constitución de los cinco mil; en donde en la República entendida como es el régimen político donde se fundamentan las leyes y la igualdad de todos ante éstas, sea la más adecuada de las formas políticas. Una sociedad donde predomine la existencia de las clases medias  y en la que en los ciudadanos se vayan alternando las distintas funciones de gobierno, gracias al respeto de los derechos fundamentales y de las libertades civiles. Un gobierno en donde la distribución de la riqueza sea más homogénea, elimine las causas de los conflictos y garantice de forma más adecuada la consecución de los objetivos de la ciudad y del Estado, legitimando su gobierno a fin de preservarlo.

Desde la caída de la democracia del siglo de oro de Pericles el régimen político democrático no fue pensado como un régimen conveniente para el desarrollo de la polis y después de lo que vendrá a ser la república  romana.  Durante milenios y desde Platón el régimen político óptimo se denominó república (del latín res: cosa pública). Más aún, la Revolución Francesa se refiere al ideal republicano, y tan solo en 1794 cuando Robespierre utiliza el término democracia en sentido elogioso, asegurando así su mala reputación durante otro medio siglo. Sin embargo a partir de Jean-Jacques Rousseau a través de El contrato social, la democracia recobró el sentido en el que se concibe y ejerce actualmente en la teoría política del estado de derecho. Desde las luces hasta nuestros días hablamos de “república democrática” para denominar así el pacto social que hacen las sociedades modernas con aquellos que representan el pueblo sirviéndolo y apoyando el bienestar individual y por ende social. Bajo la premisa de la soberanía popular como fundamento de la voluntad general del pueblo y bajo la puesta en marcha del pacto social, el individuo puede ejercer su auto-afirmación. Es decir, su propia autonomía respondiendo siempre a la voluntad general respaldada por el derecho natural del individuo y de su derecho civil en la sociedad.
De ésta manera podemos decir que si bien durante milenios la democracia no es defendida ni apreciada como en la actualidad, Occidente es hija de los principios fundamentales de la polis griega y de sus pensadores: justicia, sabiduría y belleza para el bien común, son los pilares de la reflexión de la cual hemos sido herederos y de la cual continuamos a trabajar, para pensar en términos del bienestar común viviendo el germen de reconstitución de nuestro continente latinoamericano.  Porque si bien es cierto, no descendemos directamente le la herencia griega, esos son los referentes identitarios que nos han mostrado a través de nuestra formación. Una historia de ideales o de orientaciones que nos permiten seguir adelante buscando nuevas perspectivas políticas para aquellos que nos interesamos en el destino de América latina. Es por esto que para nosotros la tradición directa de la antigüedad griega no es la misma. Nos hemos pasado la vida estudiando los manuales de los europeos; sin haber siquiera tratado de hacer una arqueología del pensamiento o de la política precolombina, hemos recibido el método científico cartesiano que nos ha permitido hacer ciertos aportes a la ciencia; a pesar de las precariedades económicas y la instigación de las amenazas hemos seguido forjando una cultura de letras reconocida universalmente. Los técnicos han podido avanzar gracias a las necesidades de los capitales extranjeros ávidos de inversiones para desarrollar la consabida hegemonía de la colonización. Hemos maltratado y perseguido las poblaciones indígenas y negras, otra herencia del racismo que no es nuestro sino también heredado, le hemos arrancado a nuestros fiscos y a nuestras tierras sus propias riquezas de oro, plata, carbón, recursos hídricos, petroleros y ahora ecológicos en el Amazonas, para entregarlos nuevamente a los que nos han saqueado y nos han derrotado desde las conquistas de nuestros imperios Inca y Azteca, sin contar con  las culturas de los miles de pueblos que perecieron en el olvido de los estudiosos de las ciencias humanas. Es cierto que las culturas precolombinas norteamericanas también fueron víctimas de los saqueos europeos, y fueron aniquiladas en dimensiones incluso mayores que las de América Latina.  Aunque compartimos a la base una experiencia similar, los Estados Unidos ha llegado a ser la potencia económica occidental que hoy por hoy se impone en nuestras economías. La dinámica histórica en norteamérica ha sido diferente, a pesar de que compartimos la misma experiencia en contacto inicial con occidente ellos lograron potenciar los valores de la productividad y del trabajo. Sin embargo, la herencia colonizadora forjó la prolongación del imperio inglés en tierras americanas, aniquilando a las poblaciones de origen y esclavizando a los pueblos africanos. Pero dejando a un lado ésta reflexión, que permite ubicar nuestra visión cultural y socio-política existe en la actualidad esa democracia la de la herencia de occidente para ser pensada y dilucidada. Que siga el hilo conductor para conocer la articulación de una visión política que nos permita pensar con los antiguos griegos cuál política y cuáles instituciones nos corresponden ahora que ya vivimos y presenciamos cambio sociales y “propuestas revolucionarias” en éste nuevo milenio en Latinoamérica.
La democracia en la actualidad para la modernidad occidental y consolidada en la economía globalizada es el modelo político en el cual los estados se jactan y se ufanan de ser respetuosos de las libertades sociales. Sin embargo, lo que pareciera una expresión de libertad se vuelve ideología. En éste sentido, la democracia cambia y no siendo un simple modelo político, sino un conjunto de principios en donde se montan estrategias de poder a nivel económico, social y cultural “la democracia” fortifica abusos y ayuda a que las hegemonías políticas se solidifiquen a través de los medios de comunicación de dichos "poderes democráticos".  Así mismo toda expresión que contenga el término democrático es sinónimo de igualdad o de equilibrio entre las personas situadas en un asunto de validez en cualquier tipo de consenso. Es por esto que la democracia es participativa; porque permite que las decisiones sean sometidas a la mitad más uno para aprobar así los parámetros legales que legitiman el ejercicio de los asociados desde el más grande estamento que es el estado de derecho hasta la decisión de cualquier tipo de asociación.  Una de las mayores causas del subdesarrollo en América Latina propiciado por las élites políticas alienadas por el deslumbre arribista  es la de querer parecerse a los europeos, o de seguirlos simplemente, porque esa es la educación que hemos recibido por la falta de un reconocimiento de autonomía que no permite crear posiciones políticas, culturales y económicas frente a los pueblos que subsistieron y resistieron todo tipo de engranaje hacia el “progreso de la modernidad europea”. La falta de identificación y de comprensión de nuestra identidad ha marcado nuestros pueblos con el hierro candente de la falta de autonomía y de respeto por las tradiciones que fueron destruidas so pretexto del paradigma de otro tipo de creencias, de otra cultura y de otros estamentos políticos superiores a los de las poblaciones aniquiladas.

"Occidentalizada" a la fuerza Nuestra América aún no logra reponerse de sus pérdidas en vidas, de las exclusiones de sus propias poblaciones, de sus dilemas de pobreza heredados del sistema capitalista-liberal implantado desde la conquista eternizándose en un subdesarrollo de las conciencias y de su propia economía. El hecho de no haber producido pensamiento filosófico desde una arqueología del saber precolombino para educar a sus generaciones en la comprensión de los calendarios, de las matemáticas, de las formas agrícolas, del pensamiento ancestral mítico-mágico religioso y formas políticas solidarias para integrarlo al pensamiento de las ciencias de nuestros visitantes y la religión impuesta, no nos ha permitido crear una identidad fundamentada en una filosofía propia. Decir filosofía en nuestro contexto es decir eurocentrismo, repetición de las orientaciones occidentales, mitos ajenos y estudios políticos descontextualizados.
Si la política nace como criterio para la convivencia de una comunidad, los valores culturales y religiosos se extienden hacia la convivencia del cuerpo político. Si se menciona la posibilidad de conocer identariamente cómo los pueblos que precedieron la conquista española dirigieron el poder y las relaciones sociales, podríamos establecer una comprensión mucho más amplia que la que tenemos con respecto a nuestra propia identidad. Para las poblaciones que subsistieron como, por ejemplo, las cuatro tribus de la sierra Nevada de Santa Marta en Colombia (Arhuaco(Wintukwa), Kogi(kagaba) o Wiwa(Arzario) y los kankuamos (quienes perdieron su lengua y sus hábitos ancestrales) los principios espirituales son los pilares fundamentales para la comprensión del mundo socio-político en el que viven. Subsiste entre ellos una constitución del inconsciente que los lleva a pensar que son un cuerpo con su entorno natural y el animismo reanima el tiempo arquetípico del mito, haciendo que el ciclo de la creencia ancestral dinamice sus valores socio-espirituales. La supervivencia de éstos pueblos que han resistido a la evangelización y las guerras internas de nuestros países nos permiten comprobar que el mito estructura y vivifica la existencia misma de estas etnias y de sus culturas a nivel socio-político. Sin embargo, no podemos incluir de manera válida una concepción espiritual ligada a lo político como algo legítimo, puesto que como bien lo establece Marcel Gauchet de la triada religión, inconsciente y democracia en una especie de “antropología de la religión” las sociedades modernas occidentales viven “el desencanto” de toda relación espiritual con el mundo y "el vacío espiritual" del hombre mismo. El hecho de que la democracia contemporánea esté ligada a la orientación económica de la globalización neoliberal y del capitalismo como modo de legitimación de cualquier expresión “democrática” entendida como equilibrio y equidad, permite que las sociedades adoctrinadas a través de los medios de comunicación sean manejadas al antojo del gran capital globalizado de los grupos de poder político y económico del planeta. Ahora bien, América Latina dependiente y empobrecida está más dominada por la ignorancia puesto que los intelectuales protegen la hegemonía del pensamiento occidental y se enfrenta a fenómenos diversos que como chispas generan nuevos problemas internos (mafia, guerrilla, dictadores, delincuentes y corrupción entre otros) en donde la independencia económica e intelectual no se puede gestar sin referentes identitarios de respeto por las tradiciones ancestrales de eso que también debería ser parte de nuestra educación : el pensamiento precolombino.
Podemos decir que nuestra tradición política repite los mismos errores de occidente que además de una profunda crisis espiritual, se enfrenta en éste momento a la crisis económica que empobrece a las sociedades, pero que enriquece a los capitales. Si el hombre europeo vive el individualismo y la falta de espiritualidad que lo conduce hacia la soledad, el hombre latinoamericano vive la opresión de un inconsciente forjado en la culpabilidad y el desarraigo de lo propio. En la actualidad, con la crisis económica la condición de Europa es incierta, puesto que las sociedades se empobrecen y los capitales se enriquecen a expensas de sus trabajadores y des sus productores agrícolas.  La democracia, como ya lo expresamos, no es sino la expresión de una reglamentación que regula la economía de mercado y sostiene a los poderes políticos quienes argumentado antiguos valores como los derechos del hombre y las políticas sociales revelan en la práctica toda violación a los derechos fundamentales y la cohesión de un respeto por la ecología y por los trabajadores. En otras palabras, la democracia encubre una economía que forja formas de empobrecimiento para el planeta que es depredado, así como también formas esclavistas de producción.    

Tapiz de los indios kuna, Panamá


¿Hacia dónde se dirige la democracia en América Latina? 

Para introducir los contenidos teóricos de lo que significa democracia desde la visión Latinoamericana  es necesario volver a las fuentes de El contrato social. Sin embargo, no pretendo estudiar aquí la especificidad de cada uno de los países que viven bajo una constitución democrática. Cada país, dependiendo de su historia, presentaría sus propias tendencias para enfrentarse a la opresión de un pasado que no nos ha permitido salir de la opresión económica y social. Sin embargo, los problemas son múltiples puesto que vivir sin identidad es vivir en el vacío del desconocimiento de su propia cultura. Por esto se teme el abuso de gobiernos que pueden impulsar discursos demagógicos incentivando “la democracia como el mejor de los regímenes” para llegar al pueblo con el fin de instalarse de manera indefinida, en una especie totalitarismo democrático disfrazado de independencia y libertad frente a los pueblos ignorantes cansados de opresión y pobreza. 

En un artículo llamado la ilusión democrática René Schérer describe claramente cómo las dificultades de la democracia directa en época actual se condensan en la formulación de la voluntad general. A través del capítulo III del libro II de El contrato social, Schérer dice: "Si  voluntad general puede errar”. Rousseau distingue cuidadosamente “voluntad general" de “la voluntad de todos” entendiendo esta última la expresión de las voluntades particulares quienes dominan la colectividad e impiden ver el bien común. La voluntad de todos es el reino de la opinión, de la comunicación en el sentido de banalización; podemos actualmente fácilmente trasponer y actualizar para nuestra utilización, viendo el reino de una opinión manipulada por vía mediática. Es la voluntad de todos quien puede ser manipulada por los demagogos y los dictadores que tienen a su mando los medios de comunicación. Fluctuante y del ámbito de la opinión es “la voluntad de todos” puesto que “se fija en interés privado, no siendo más que una suma de voluntades particulares”. La voluntad general es vista como una integración de diferenciales que conforman pequeñas singularidades absorbiéndose en la ley y que hacen parte del consenso. De una voluntad general basada en el consenso de la diversidad y del respeto por la individualidad y del cuerpo social en la singularidad de “los excluidos”,  de grupos minoritarios como el de los homosexuales, las mujeres, los locos, los prisioneros, los desempleados, los inmigrantes y los sin morada, Schérer pone en tela de juicio la llamada democracia directa que no tuviera en cuenta verdaderamente a ese dèmos del cual el poder de la ley a través del poder de unos cuantos, los gobernantes, nadie se ocupa.

Si bien la reflexión de Schérer tiene en cuenta Francia en su actualidad podemos hacer un paralelo con las demagogias democráticas de nuestras repúblicas en América Latina en donde la pobreza, la corrupción, “la dictadura burocrática”, las mafias, los grupos armados y los discursos anacrónicos de los partidos políticos despliegan todo su poderío contribuyendo a destruir las sociedades, a separarlas y a encontrar los medios para que se repitan los engendros políticos de los cuales los europeos aún no pueden deshacerse: dictaduras de izquierda, gobiernos tiránicos de ultraderecha e imperios de intereses individuales que andan en boga hoy por hoy con la propaganda al discurso capitalista después de la caída de las dictaduras de izquierda.  La democracia disfraza un poder demagógico que domina a través del proselitismo de los medios de comunicación. La democracia entendida como la fuente de participación legal por medio de la cual son respetados los derechos del hombre, pierde su razón de ser cuando es la economía de mercado predominante que no permite que los valores y los derechos sean respetados. La pérdida de valores a la cual asiste el mundo europeo actual la hace vulnerable productivamente a corto y mediano plazo. Esa es la tesis fundamental del Jacques Rancière en su libro: El odio de la democracia en donde denuncia la estrategia de la economía de mercado que se sirve de la democracia para acabar con los valores sociales o que al contrario es la democracia la que impulsa esa estrategia en donde los valores, derechos y principios no se tengan en cuenta. De otra parte, la puesta en marcha de dispositivos de control para tratar de frenar la delincuencia no detiene el inconformismo de las poblaciones excluidas y esclavizadas de por lo menos la tercera o cuarta generación de inmigrantes.

Para la existencia de una soberanía popular y su expresión existe  la democracia que como es bien sabido hoy por hoy legitima el ejercicio del poder en cualquier país del mundo económicamente globalizado  pretendiéndose justo ya que le permite al cuerpo político participar de manera directa a la elección de sus representantes  que en concreto organiza como democracia participativa. Esta es la forma de gobierno o mejor el régimen político del cual el mundo moderno desde la revolución francesa y mejor aún desde Rousseau como ya lo dijimos permite a los representante ser elegidos por la mayoría quien legitima la democracia directa y participativa a través de la constitución permitiéndole al pueblo participar en los proyectos de puesta en marcha de los contenidos de ley para favorecer el funcionamiento del estado de derecho.  
Lo que hace de la democracia una utopía y entonces una fuerza política superior es que el pueblo es libre para decidir su cohesión. El individuo como tal existe y se une a la voluntad del cuerpo político para decidir sobre la conveniencia del destino social. Es decir gracias a la democracia los individuos aseguran un consenso y se vuelven participantes activos de lo que sería la organización estatal y por ende social. 

La democracia que pretende ser el régimen de autolimitación puesto que está concebido para la existencia de la división de los poderes, su vigilancia y su control no es más que una entidad estatal que no puede verdaderamente ser ejercida sin la coherencia de un pacto social en el cual se busque verdaderamente el respecto de la norma constitucional o superior para salvaguardar el equilibrio del ejercicio del poder. A fin de evitar excesos y abusos de poder la constitución es concebida como la norma suprema en donde se deja inscrita la noción de democracia para el equilibrio del ejercicio del estado de derecho. Sin embargo, bajo la ilusión democrática América Latina se puede ver enfrentada a regímenes dictatoriales y a tiranos que saquen partido de sus riquezas y de su fragilidad histórica. De las eternas amenazas y muertes recibidas a los símbolos de nuestra liberación y de reivindicación por nuestra autonomía hemos sobrevivido a la ambición de la corrupción política que sigue perpetuando el saqueo de las colonias.

Vayamos al punto esencial de lo que llamamos la ilusión democrática. Todo se reduce a hegemonía de poderes y a intereses económicos. En Latinoamérica la gestión de hegemonía de los capitales extranjeros y la puesta en marcha del modelo de colonización que salvaguarda los intereses extranjeros ha permitido que nuestra historia genere el subdesarrollo y el privilegio para unos cuantos que han colaborado con la dependencia y la esclavitud de nuestros pueblos. Sin embargo, nuevas manifestaciones de postulados políticos de independencia y puesta en marcha de políticas sociales han surgido hoy en día, gobiernos socialistas que han llegado por vía democrática al poder se encuentran en auge en la actualidad. Como respuesta a una Europa en donde se consolida la derecha, en la mayoría de los países de América latina se ha ido forjando una dinámica “revolucionaria” en donde históricamente se genere una resistencia a la consabida pobreza y humillación del pueblo y de las poblaciones indígenas y negras junto con los pobres.
América Latina supeditada a la pobreza de las oligarquías protectoras del capital de los gobiernos extranjeros, sus monopolios y sus multinacionales se encuentra en la actualidad probando nuevas formas “de gobiernos sociales”. Sin pretender entrar a hacer una descripción de las democracias actuales veamos ciertos aspectos que sirven de contexto para saber cómo se realiza la democracia en nuestros países. Veamos por ejemplo el caso de dos países en donde existe la democracia ejercida por un gobierno de izquierda y otra por uno de derecha. En Venezuela con el paradójico gobernante quien pretendiendo políticas gubernamentales “contra el imperio” devalúa la moneda y se cierra a la economía globalizada, estancando toda proyección económica que viabilice otro producto fuera del petróleo. Paradójico, puesto que ha reivindicado el poder del pueblo, pero a las singularidades que se oponen a su hegemonía las ha silenciado. Ha dividido la sociedad en dos grandes campos de batalla, los que están con él y los que están contra él. Los llamados enemigos de su democracia social revolucionaria. Después de la arrogancia de los gobiernos oligárquicos y excluyentes en Venezuela, el consenso por ahora apoya y sostiene el gobierno de Hugo Chávez quien propuso un último referendo para poder acceder a la repetición de cargos públicos, junto al cargo de presidente siempre y cuando el pueblo esté de acuerdo. De todas maneras, ha abierto espacios para la educación, ha desarrollado campañas para proteger la salud de los más necesitados y ha incentivado una búsqueda de identidad desenmascarando las atrocidades de los estados coloniales o de aquellos que permiten que, so pretexto de ayuda “contra el terrorismo”, se los invadan como es el caso de Colombia, país en el cual en el 2009 el presidente Alvaro Uribe  aprueba 7 bases militares estaudinendenses para la supuesta ayuda al plan Colombia para la salvaguardia de la soberanía nacional contra los grupos guerrilleros. El país de la guerra fratricida en América Latina es Colombia. La democracia participativa no es más que el régimen de la letra muerta en donde la constitución nacional existe y se proclama como república democrática. Las elecciones se hacen pero los diferentes grupos de poder, es decir guerrilla, paramilitares, mafia y gobierno, consolidan desde hace más de 50 años una guerra fratricida en la cual se han gestado las atrocidades y violencias temibles  en donde se sortea la suerte del escrutinio a la fuerza o a la conveniencia de los intereses particulares o de los Estados Unidos. Los candidatos de corte socialista han sido asesinados y sus crímenes han quedado impunes.
Lo cierto del caso es que históricamente Latinoamérica está viviendo una transformación política fulgurante con los llamados gobiernos de democracias socialistas. Venezuela, Bolivia, Ecuador y Brasil representan los gobiernos de izquierda del continente junto con la nueva elección del antiguo Tupamaro Uruguayo José Mujica quien se ha posesionado en la presidencia en el mes de marzo del 2010. Habría entonces qué preguntarse hacia dónde van dichas democracias. Si los derechos fundamentales se ejercerán y protegerán  y si el pueblo tendrá su libertad para una autonomía de refundación de apreciación cultural e histórica. Nuestro libertador tenía mil veces razón en su discurso ante el Congreso de Angostura en 1819 cuando describe, después de haber hablado de los hombres que deben cambiar sus mentalidades para preservar una libertad digna de nuestras riquezas, los tesoros universales de orgullo y preservación de nuestro legado al mundo: “ [...] Al contemplar la reunión de esta inmensa comarca, mi alma se remonta a la eminencia que exige la perspectiva colosal que ofrece un cuadro tan asombroso. Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros y observando desde allá, con admiración y pasmo, la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región, me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del universo, extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos que la naturaleza había separado y que nuestra Patria reúne con prolongados y anchurosos canales. Ya la veo servir de lazo, de centro, de emporio a la familia humana; ya la veo distribuyendo por sus divinas plantas la salud y la vida a los hombres dolientes del antiguo universo; ya la veo comunicando sus preciosos secretos a los sabios que ignoran cuán superior es la suma de las luces a la suma de las riquezas que le ha prodigado la naturaleza. Ya la veo sentada sobre el Trono de la Libertad, empuñando el cetro de la Justicia, coronada por la Gloria, mostrar al mundo antiguo la majestad del mundo moderno.”[1] Sin embargo, todo este legado está por verse, por valorar y por ser un epicentro de paradigmas en donde se contrarreste la hegemonía de la dominación, la destrucción y la muerte.
Ninguna democracia puede sostenerse de manera adecuada sin una subjetividad que genere los valores sociales necesarios para poder pensar en que los regímenes sociales que se vienen gestando garanticen nuevas y verdaderas formas de participación democrática para el equilibrio y la autonomía política de nuestros pueblos. Sin embargo es bueno recordar que el destino político de nuestros pueblos se encuentra manejado por la mano invisible del capital extranjero globalizado que dirige y se apodera sin escrúpulos  las economías que producen las materias primas, pero que no tienen a su alcance los medios de producción para poder producir con independencia y de manera organizada. Con la crisis actual del sistema financiero capitalista, nuestras economías dependientes se han visto muy afectadas y con ello el aparato político que incentiva a su manera los intereses privados que apoyan ciertos mercados internacionales. En otras palabras, no es posible hablar de democracia sin valores y principios individuales y del cuerpo político que la consoliden sin un argumento de la economía globalizada que mueve el mundo contemporáneo. Eso es lo que se teme en la actualidad, que la democracia no sea practicada sino como palabra, no como garantía de libertad de las sociedades. ¿Que los presidentes se eternicen en el poder no es forma de excluir cualquier forma de elección? No basta con reconocer la teoría del estado de derecho para asegurar la salvaguardia de los derechos constitucionales para el equilibrio de la división del poder en un estado democrático. Es necesario para su buen funcionamiento que la educación como pilar fundamental para el ejercicio de la libertades se incremente y se desarrolle sin adoctrinamiento y sin abusos de poder. Por otra parte, un estado que pretenda ausentarse de la globalización económica es un estado proclive al desequilibrio de la dictadura del capital. La pregunta está en cómo poder solidificar las economías latinoamericanas con independencia del capital globalizado que exige mano de obra barata e invierte para consolidar monopolios sirviéndose de nuestras riquezas. La democracia sí, pero siempre y cuando se solidifiquen las libertades y se encuentren vías de ayuda conjunta para el desarrollo de tratado de comercio e intercambio que dinamicen nuestras frágiles economías. La democracia sí, pero no a través de una educación por un partido o por unas ideas de rechazo a la diferencia. La democracia sí, pero sin contribuir a instalar una dictadura burocrática que tenga en cuenta sino los intereses privados.
La experiencia histórica que América Latina vive en su actualidad nos permite darnos cuenta de la insatisfacción de los pueblos quienes explotados por los gobiernos oligárquicos, que eran elegidos por vía democrática, ven surgir nuevas propuestas políticas. Hay el surgimiento de micro-políticas que desean proponer nuevas formas de postulados políticos, de aprecio a nuestra identidad y formas sociales que permitan valorar el capital humano, los recursos ambientales y las secuelas que la humillación, la violencia y la injusticia nos dejaron. 

tapiz de los indios Kuna, Panamá



Subjetividad y autonomía social para el desarrollo del régimen democrático. 

Hemos identificado la concepción del pensamiento político desde el derecho y la ciencia política teniendo como base fundamental “la filosofía política”, hemos construido discursos que permiten más especificidad en los saberes de las ciencias sociales y comportamentales para encontrar nuevas formas de comprensión estatales y gubernamentales. Sin embargo, pensadores como Spinoza, Nietzsche, Bachelard, Deleuze, Guattari, Foucault, Fourier y Schérer entre otros han propuesto otros postulados que superan la concepción de la política como saber aparte de la constitución de la subjetividad que pasa por la conciencia afectiva, poética, científica, pasional y estética potenciando diversas facetas en las cuales el lenguaje filosófico no se fija, ni se inmoviliza, sino que dinamiza sus postulados, para bloquear los antiguos modelos que impiden liberar nuevas virtudes y transvalorar los antiguos esquemas comportamentales. Teniendo en cuenta esto nos preguntaríamos si la política como fundamento de la organización social de los pueblos y sobre todo como forma de emacipación y de bienestar no es un asunto de cambio de la subjetividad es decir, de lo que Foucault llama el proceso de subjetivación.

Teniendo aún el legado vivo de un pensamiento cósmico podemos hacer emerger los principios para hacer valer una nueva subjetividad. Aunque el término de subjetividad no es muy antiguo ya que tan sólo remonta al siglo XVIII y no pertenece para nada a la filosofía cartesiana como lo podríamos creer, es el término por donde pasa obligatoriamente la historia de la filosofía. No es con Descartes con quien aparece dicha noción, pero es a través de él en donde toda la modernidad tiene un valor único, propio del sujeto que piensa lo existente y se define otro respecto del objeto exterior. Ni los griegos ni los clásicos dispusieron de ésta noción. En una carta de Leibniz a de Volder se le atribuye el uso de la subjetividad en el pensamiento moderno cuando nos permite afirmar del sujeto sus predicados, lo que es esencialmente la substancia individual según Leibniz: “Pertenece al sujeto envolver además su pensamiento presente e igualmente sus pensamientos futuros y pasados”. Se trata entonces de reflexionar sobre los términos de sujeto del pensamiento qué es la subjetividad de la modernidad asociada a la forma predicativa derivada del griego que adquiere la significación de un ser “subjetivo” que en el fondo no se definirá como tal sino a través de la oposición a lo “objetivo”. Esta separación definitiva conlleva a una implantación profunda entre la entidad Hombre conciente que se apropia del objeto para poseerlo y dominarlo so pretexto de comprenderlo y de saberlo.

A comienzos del siglo XXI el pensamiento de una racionalidad eminentemente fijada en los esquemas de una razón instrumental o fijada en esquemas lógicos ha sido superado. Gracias a una nueva dimensión estética-ética en donde los principios cósmicos del respeto a la tierra  y al universo mitológico surgen como fuente de nuevas bases históricas para una humanidad consciente de preservar los recursos naturales y espirituales.
De una subjetividad que no se queda encerrada en sí misma y que permite el movimiento y el devenir de la conciencia nace la subjetivación como devenir, como algo capaz de percibirse, de crearse y de entrar en un contexto social y de una época determinada. Este proceso de subjetivación lo explica Deleuze de la filosofía de Foucault en una relación de afecto de sí y para sí, a través de una fuerza plegada que recupera subjetivaciones colectivas que recomponen la relación de la conciencia de sí  que no se queda inmóvil sino que se dinamiza y multiplica su devenir en el tiempo, en las épocas y en los espacios.

Otra concepción más cercana a la nuestra data de los años ochenta en donde Felix Guattari describe en “Las tres ecologías” los sucesos que habrían de ocurrir con la crisis económica actual, la catástrofe liberal que acelera el subdesarrollo de los llamados países industrializados y la lucha por la preservación de los recursos naturales a nivel planetario. El paradigma de una nueva subjetividad propuesto por Félix Guattari sobrepasa el restringido dominio de los deterioros ambientales, culturales y humanos dejando a un lado el poder tecnocrático. La propuesta es la crear una articulación ético-política y estética nombrada ecosofía. Existiendo tres registros ecológicos : el ambiental, el de las relaciones sociales y el de la subjetividad humana, el hombre puede contrarrestar el flagelo de la falta de valores fomentado por las relaciones capitalo-liberales y el gran aparato mediático que parecen petrificar al hombre en los esquemas de la avaricia, la codicia y la dominación para su destrucción así como la del planeta.

La violencia de una racionalidad sin imperativos estético-éticos hace que autores como René Schérer y Guy Hocquenghem en su texto Alma Atómica. Para una estética de la era nuclear superen toda tendencia a que la estética se quede a nivel de juicios de valor por la obra de arte y tengan una propuesta de un nuevo proceso de subjetivación estético en donde la vida se une al mito como forma de materialización productora de un alma de lo estético. Gracias a los poderes afectivos de la creación, a una cierta dosis de irracionalismo constructor de vida, de un movimiento pasional generador de  creatividad y de  valoración del imaginario se hace también posible valorar la época de la técnica y del desarrollo científico : “No se trata de una estética perfeccionante, ya que no la rige ningún imperativo cultural. Es una línea divisoria. Sus categorías reúnen los rayos difractados en toda su multiplicidad. Es el hombre visualizado en su destino estético, no la Estética concebida y organizada como medio para perfeccionar el hombre. Esta inversión es lo que permite escapar de la garras de los especialistas y derivar de lo moderno una posmodernidad. Porque esta última apunta más allá de lo que ella misma proclama en sus discursos (sus manifiestos o antimanifiestos, sus transvanguardias o antivanguardias). Lo propio de ella no es inspirar nuevas obras (de arte) o nuevas tendencias (de la moda) sino formular una nueva manera de conducirse frente a la estética, forjar un vivir estético, que no sea un vivido estetizado”[2]  
Ahora bien, la propuesta de una subjetivación estética trasmuta el yo desde la concepción de un sujeto que deviene en las articulaciones sociales y ambientales fuente de transvaloración y formulación ética. El reconocimiento de la estética permite sacralizar un nuevo imaginario que proyecte nuevos valores y formas de cohesión entre los hombres. Un imaginario estético destinado para el deseo de vivir con nuestras pasiones en una organización menos violenta y egoísta.
Nuestra América habrá avanzado en esta vía cuando nuevas articulaciones políticas se opongan a la feroz destrucción de nuestros recursos ecológicos y fomenten la preservación de una educación y una economía autónoma y líder en materias primas. Valorar nuestros pueblos y nuestros mitos, explorar nuestras necesidades y difundir nuevas bases para la nueva subjetividad latinoamericana puede brindarnos un universo de sólida identificación e identidad de nuestros valores. Una ecosofía pensada dentro de concepciones mágicas y mitológicas permitiría renovar la confianza en una humanidad con principios espirituales y estéticos. Pensar en el nacimiento de esta subjetividad nos permite, desde ya, pensar en una sólida arqueología del saber precolombino fundadora de una nueva época para esa Latinoamérica unida con la que tanto algunos hemos soñado ...
Trabajar por esa toma de confianza en la cual lideremos procesos constructivos en la educación, en la ecología, en la industria y las asociaciones nos permitirá descubrir que nuestra lucha es una lucha frontal por actuar y por construir. No se trata pues de quedarnos en las eternas guerras de poder en donde nos hemos debatido desde la partida definitiva de nuestro Libertador hasta nuestros días. Se trata de construir una subjetividad que identifique las soluciones a corto y a mediano plazo, los valores humanos, las dimensiones ambientales y sociales para preservar nuestras culturas, las lenguas y los modos de vida.
Valorando nuestro mundo y nuestra labor como cosmonautas de nuevas rutas podremos rescatar los mitos que renueven nuestra confianza y nuestro valor en un futuro constructor de autonomía y libertad de orden universal. Lucha y revolución en pos de sociedades unidas por la libertad y la valoración de nuestros recursos, Nuestra América puede orientar nuevos paradigmas reconociéndose en las diferencias y la heterogeneidad de sus vivencias culturales y políticas. Un nuevo universo en el cual las concepciones de un pensamiento propio se nos hagan indispensables y sobre todo posibles lejos del peso de la colonización mental y económica. Nuestra lucha y nuestro combate es el de forjar individuos libres que difundan y creen valores universales en esta época en donde el neoliberalismo globalizado se obstina en su propia estrategia de negar toda posibilidad de unión y armonía entre los hombres de nuestro Planeta la Tierra.
Así se postula la importancia de una arqueología del saber precolombino mezclada con los pensadores occidentales que ya han propuesto nuevas formas de subjetivación para  rescatar e incorporar  la búsqueda de una democracia latinoamericana. Una integración de creatividad en donde el lenguaje político se consolide en la práctica cultural, pedagógica y productiva. La democracia sólo puede ser participativa si los representantes comprenden que la protección por los valores ancestrales le da sentido a la política democrática en el equilibrio del hombre para con su entorno.

Fabiana Sorel
Doctora en Filosofía

tapiz de los indios Kuna, Panamá


Notas:
[1] Simón Bolívar. Escritos políticos. El áncora editores, Bogotá. 1984, p. 78 y 79.
[2] Guy Hocquenghem y René Schérer. El alma atómica. Para una estética de la era nuclear,   Gesida éditorial, Barcelona, 1987. p. 26. 




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