jueves, 1 de agosto de 2019


Debutar en la Biblioteca de las Artes de Ecuador


Claudia Furiati Páez | @festilectura






Foto: Tyrone Maridueña, 2019




Así pues, la consigna es ésta:
resistid, queridos libritos
atravesad los días como caballeros medievales
y cuidad de mi hijo
en los años venideros.

“Biblioteca” (fragmento) | Roberto Bolaño





Me detuve bajo los “guardianes” broncíneos concebidos por el artista Alfredo Palacio Moreno, cuyas siluetas en bajo relieve dan la bienvenida al renovado recinto de cinco niveles ubicado entre las calles Aguirre y Pichincha, pleno centro de Guayaquil. La edificación modernista salvaguarda de ahorros, dinero y lingotes del Banco de Descuento, proyectada por el checo Karl Khon en 1952, me ofrecía ahora la oportunidad de estrenarme como usuaria de la Biblioteca de las Artes, única en su estilo en el Ecuador.
Entré al lugar circular, amplio y luminoso dotado de curvos anaqueles de maderas y estaciones de consulta, con el firme propósito de desentrañar desde su propia naturaleza, la filosofía de lectura pública que defiende este modelo de Centro de Mediación Cultural. Pretendía indagar sobre los desafíos de la biblioteca pública del siglo XXI, vivenciando, revisando bibliografía y dialogando con los operarios de la institución que desde mediados de enero de este año la Universidad de las Artes ha dispuesto mediante el sistema de estantería abierta.
A medida que subía las escalinatas de mármol del hall principal, flanqueada por sus pares de escalones mecánicos, una luz natural cenital proveniente de la gran cúpula de cristal me iba “bautizando”. Y allí ante mis ojos se desplegaba un patio interno de columnas geométricas a doble altura, una suerte de universo borgeano. Aún con tiempo para mis programados encuentros con el rector de la Universidad de las Artes, Ramiro Noriega y con la coordinadora del centro, Natalia Tamayo (*), me dispuse a pesquisar en anaqueles.
Subí a la 2da planta donde se encuentra buena parte de la colección de los publicaciones  que conforma la Biblioteca, que según había leído en prensa, constituyen el grueso de los más de 40 mil títulos que hoy aloja el repositorio,  dedicados a las expresiones artísticas, filosofía, historia y ciencias sociales. Un acervo conformado a partir de propias adquisiciones y de donaciones de fondos como los del Diario El Telégrafo, Presidencia de la República y la Familia Romoleroux. Una cifra muy semejante a la cantidad de volúmenes quemados por los nazis en el siniestro episodio de Opernplatz en el Berlín de 1933, en acto repulsivo hacia la diversidad del pensamiento crítico. Mi asombro ante aquella recuperación patrimonial fue aún mayor al confirmar que su arquitecto, el checo Karl Kohn, había huido desde su Praga natal sitiada por los alemanes en 1939, hacia la aventura de este meridiano al que hizo su nueva nación.
Justo al salir del ascensor, a mano izquierda ubiqué la estantería de “Generalidades”, cóncava y en madera como la mesa en aro de consulta que bordea todo el perímetro del balcón de ese piso. Allí me instalé a hojear los volúmenes ubicados en aquella repisa, suerte de frontera divisoria entre la zona multimedia con sus ocho monitores ocupados por universitarios entretenidos en búsquedas y dialécticas virtuales y nuestro lado “desconectado” pero conectado a los saberes a través de los libros impresos. Los míos versaban sobre “El arte de la mediación” (Robledo, 2010), “La biblioteca y el saber” (Coord. Solans, 2014), sobre “Bibliotecas y escuelas” (Coord. Bonilla, 2008) y “Googléame” (Cassin, 2008) la nueva manera de conjugar la cultura del conocimiento, la “Nueva Alejandría”.
Todo este ritual de debutante me llevó a considerar que para muchos de los allí presentes aquella jornada podría figurar su primera vez en la Biblioteca de las Artes. “¿Cómo habrá sido su experiencia de principiantes en una biblioteca cuando pequeños?” me dije. “¿Acaso tendrán alguna imaginaria en la cual le gustaría instalarse a leer o simplemente dejarse estar”. Yo sueño por ejemplo con la Biblioteca Conmemorativa Kômura de Murakami.  Y finalmente, si fuesen libreros de aquel recinto de confluencia de saberes en arte, “¿a cuál de sus autores predilectos de la ficción le gustaría asistir?” Difícil fue dar con una única respuesta en mi caso, hurgando entre clásicos, modernos y del presente, de allí que opté por indagar entre mis entrevistados.




Foto: Tyrone Maridueña, 2019


La escena del lector
Mi primer interlocutor fue Ramiro Noriega, quien además de llevar la rectoría de la  Universidad de las Artes, institución responsable de la gestión de la Biblioteca especializada, ha sido cocreador junto a un equipo de destacados profesionales de Ecuador de este “complejo centro de mediación cultural”. Asocia su primera vez entre anaqueles a una escena de lectura en familia o más bien a la figura del lector encarnada bien por su abuelo o su madre.  “Mi primera biblioteca es la familiar y se corresponde a esa escena del lector,  un referente que nos acompañó cuando nos sentamos junto a la arquitecto Delia Kingman a observar cómo se diseñaría esta herramienta cultural”, refirió. Se trata para él de un ritual abundante en paradojas de la dinámica del ver y descifrar, ejemplificadas magistralmente por el argentino Ricardo Piglia a través de su ensayo “El último lector”. Noriega destacó entre varias muy poderosas, aquella que muestra a Jorge Luis Borges inclinado sobre un libro a pesar de su ceguera.
“Esa escena de lectura es siempre dispar y compleja, como lo es el acto de ver” acota Noriega. “Nunca será transparente, nítida, pero esa confusión es también interesante”... Un acto que a su juicio implica al factor lumínico (no sólo físico sino de pensamiento) para hilvanar el texto y al sonoro o su ausencia para conjurarlo. En su entender, la Biblioteca de las Artes es crisol de tales complejidades y tensiones mediadoras, que son amplificadas por el reacondicionamiento del espacio, cuidando distintas formas de incidencia de la luz y en el cual los sonidos habitan de diferentes maneras. “No es una biblioteca donde siempre te dirán ‘silencio’ o te encenderán la luz. Contamos con salas que requieren de oscuridad para su uso (la cinemateca, los auditorios), pero también con otras acondicionadas con dispositivos lumínicos que combinan luz blanca y amarilla para ayudar a puntualizar la forma de la letra, siguiendo patrones de las artes visuales”.
Para Noriega la naturaleza de esta institución dedicada a cautivar a lectores nativos y no nativos digitales, está dada por su especialidad en artes, creación e innovación cultural. “Estas disciplinas son el resorte que le da sentido y amplifican el acto de leer hacia el aprehender, el vivenciar, el sentir. Y las artes en términos materiales, están diversamente constituidas de muchos componentes, materialidades, soportes; por lo que, pensada desde allí, esta biblioteca tiene mucha pertinencia. Está el libro muy presente pero también lo está en una forma que metonimiza todas las artes. El libro viene a ser aquí la parte que habla de todas las artes”. Reflexión que nos devuelve a Borges y su descripción de aquel “libro total”.
Sin embargo, descarta Noriega fabular sobre la biblioteca prestada de clásicos de la literatura; muchas son las que ha visitado en el real mundo. La Biblioteca Nacional de Francia le hizo muy feliz, pues le proveyó gratas lecturas y los conocimientos para abordar su tesis doctoral. “Esa experiencia de investigar desde un espacio confortable, la hemos querido replicar aquí, disponiendo todo el tercer nivel dedicado al profesional académico y de investigación tanto de nuestra Universidad, como de otras instituciones pares”.
Acepta que un Roberto Bolaño podría haber sido uno de estos estudiosos invitados, de haberlo permitido su salud y fantasea sobre sobre ese admirado visitante: “le recibiría en el nivel terraza, para apreciar juntos al Río Guayas y conversar sobre Nicanor Parra. Y terminaría el recorrido en la mediateca infantil en planta baja, para hablar de las virtudes de su hijo Lautaro,  ‘niño invisible’ que podía pasar inadvertido ante ‘ojos lectores’ de las puertas automáticas”. Y allí quedamos recreando la onírica escena de Noriega inspirada en uno de los relatos cortos del escritor chileno titulado irónicamente “No sé leer”.



Foto: Tyrone Maridueña, 2019


Una “ría” de pública lectura
Y justo en este nivel de lúdico ambiente para estimular el gozo por la lectura pública entre los más pequeños, es donde Natalia Tamayo, coordinadora de la Biblioteca de las Artes, encuentra mayor inspiración. Quizás porque le remite a sus orígenes en el hábito, germinado entre los anaqueles no precisamente de una biblioteca familiar, tampoco escolar propiamente, sino de la oficina de la directora del colegio donde trabajaba su abuela y que luego terminó siendo su centro de estudios primarios en su natal Cuenca. Allí viviría sus experiencias iniciales de “estantería abierta”, accediendo a cuentos e historietas que llevaba a la comodidad del hogar, para luego retornar. Una que marcó sus precoces cinco años fue “El gato con botas” y no duda que en este Centro de Educación y Creación para las Artes, llamado “Ría”, podrá volver a disfrutarlo bien como lectura dramatizada, en la cantarina voz de un cuentacuentos o quizás como performance de titiriteros.
Para Tamayo la promesa del centro mediador para infantes lectores parte desde su nombre. “Ría refiere metafóricamente al Guayas. También evoca la convergencia de corrientes de artes que derivan en un mar de saber. Y por último la palabra ría denota una sonrisa”. Es la que su rostro dibuja al momento de calibrar lo conquistado por un equipo de bibliotecólogos, archivólogos y voluntarios estudiantes, con quienes lleva más de dos años catalogando y ordenando el acervo bibliográfico con el cual fue dotado el restaurado recinto patrimonial. Éste incluye una nutrida colección de literatura infantil y juvenil, que espera se irá nutriendo con la cantidad de nuevos autores ecuatorianos que emergen en este género, incluyendo los formados en la Escuela de Literatura de UArtes. Con suerte muchos de ellos encontrarán también espacio en las vitrinas de la librería infanto-juvenil del Fondo de Cultura Económica Ecuador que funcionará en este nivel y que llevará por nombre Miguel Donoso Pareja.
“Son muchas los desafíos avivados tras la apertura de la Biblioteca”, acota Tamayo en tono entusiasta. Y pasa a enumerar: “incrementar la experiencia lectora a través del incentivo al uso de la estantería abierta; también nos reta a buscar soluciones para que la información llegue de manera digital, así como a idear la integración de servicios de naturaleza tecnológica y de atención al usuario. Un propósito clave es destinar programas para que los fondos de publicaciones sean fuente nutriente de ese mundo artístico y creativo que existe en Guayaquil.” Repasa en perspectiva.
 De allí que no sorprenda su confesión: “Mi biblioteca de ficción es la que me falta por hacer. Un modelo que requiere de profunda investigación, mucha integración de tecnologías de información y redes colaborativas entre mediadores y usuarios”. Un ideal que a nuestro entender se aproxima a la llamada “biblioteca humana”. Esa misma que privilegia compartir junto a un abuelo o un pequeño curioso, antes que un exigente autor de fama,  pues en aquellos privilegia el asombro y “siempre podrás brindarles un universo de posibilidades”.



Foto: Tyrone Maridueña, 2019


Había una primera vez…
Los voluntarios libreros y bibliotecarios en la Biblioteca de las Artes, aunque no son muchos en cantidad, se hacen sentir por su entrega en el quehacer primero en la fase de catalogación, y ahora mostrando sus cualidades de “artesanos de la circulación”, don así calibrado por la investigadora colombiana Beatriz Robledo. ¿Y por qué? Por su compromiso a “tejer” vínculos con aquellos que no suelen frecuentar estos centros, construir juntos una comunidad de nuevos lectores.
Con alguno de ellos, pulsamos también las preguntas en torno a sus vivencias iniciales en repositorios. La bibliotecóloga Cinthia Ponce recordó por ejemplo su primera incursión a la Biblioteca Municipal de Guayaquil, con tan sólo ocho años en compañía de sus padres. Una entretenida jornada en la que fue atendida y guiada por una gentil bibliotecaria, a quien hoy le honra con su profesión. El libro consultado fue de fotografías de la vieja Guayaquil. Un volumen de cuyo nombre no puede acordarse, pero que desearía encontrar entre las góticas y encantadas estanterías la Escuela Hogwart de Harry Potter, su añorada biblioteca.
Otras bibliotecas municipales también fueron el escenario de estreno en la lectura pública para los jóvenes pasantes Jaqueline Reyes (Artes Visuales), Diego Cisneros (Cine) y Antonio Acosta (Literatura) y Karen Espinosa (Bibliotecología), todos universitarios cursantes de 8vo semestre en sus respectivas carreras. Entre su imaginario de bibliotecas para conocer, evocaron la de Alejandría, la de “Funes el memorioso”, la de Babel, y la del El Quijote. Y entre los letrados visitantes a quienes brindar asistencia dentro este innovador centro de mediación cultural, refirieron a autores e incluso personajes de géneros literarios afines a su edad: fantástico, realismo mágico y realismo “sucio”, caballeresco, así como de la narrativa ecuatoriana. Entre ellos Pablo Palacio, Dan Brown, Gabriel García Márquez y su no carteado “Coronel”, así como el aterrizado “Sancho Panza”.
Y al escucharlos ilustrar su escena, me asaltó la sensación de estar acompañada por uno de tantos personajes fantásticos a quien debo mi deleite lector. Allí estaba la rubia niña de vestido albiceleste y delantal, observando todo con sus grandes ojos, preguntándome por un conejo blanco, trajeado a lo victoriano y siempre presuroso. Me tomó de la mano y guio a través de aquellas galerías especulares tras su pista. Entretanto, reflejando y refractando desde inagotables tramos,  volúmenes atraían a otros maravillados debutantes de la Biblioteca de las Artes de Ecuador.
(*) Actualmente Natalia Tamayo ocupa otras responsabilidades académicas dentro de UArtes, entidad rectora de esta Biblioteca.


Ficha BiblioUArtes *
La Biblioteca de las Artes forma parte del circuito de los acervos públicos y privados del país y encabezado por la Biblioteca Nacional Eugenio Espejo de Quito. Abrió al público a inicios de 2019, “Año del Resurgir de las Bibliotecas” según disposición del Ministerio de Cultura y Patrimonio de Ecuador. Como centro de mediación cultural maneja una diversa e inclusiva programación, desplegada a través de una Temporada 2019 que puede consultarse en su plataforma digital.
(*) Info para recuadro

Cuadro de texto: LIBRE ACCESO
HORARIOS DE ATENCIÓN 
Mar – vie: 8AM – 9PM
Sáb: 10AM – 6PM
Dom:  10AM – 2PM
Dirección: Calle Francisco Aguirre y Pichincha | Centro Guayaquil
Web: biblioteca.uartes.edu.ec
Contacto: biblioteca@uartes.edu.ec
Teléfono: +593.4.2590700 |Ext. 7020
App Google Play descargable


 
Fuente: Universidad de las Artes


Viajar
Herman Melville

Imagen relacionada 
 Mapa de las Islas Las Encantadas, visitadas por Herman Melville.Hoy llamada Isla de los Galápagos, Ecuador


Preferiría sí hacerlo.
Introducción de David De los Reyes

El 1 de agosto de 1819 nacía en New York el gran escritor norteameriacano Herman Melville. Celebramos este año 2019 doscientos años de su nacimiento. Queriendo sumarnos a todos los que han leído y apreciado su arte literario, queremos presentarles en este blog su Credo del Viajero. El cual nos marca las pautas de la condición del viajar no sólo para mediados del siglo XIX sino también para el disfrute del viaje que podamos hacer aún por los mares y continentes en el siglo XXI. Melville, siempre sorprende y exultante, en este texto  encontramos una invitación a querer hacerlo, casi de forma permanente, el viajar. Lo contrario a esta invitación vital y existencial también lo pensó Melville, lo hará notar en su relato del personaje Bartleby y su pertinaz y tozuda negación a la vida con su repetida, obstinante y conclusiva respuesta proverbial de Preferiría no hacerlo. Viajar es un breve texto que invoca a la permanente partida y al encuentro con horizontes y experiencias que encierran la necesidad de impulsarnos a tomar  las riendas de nuestras vidas a través del riesgo y de la oportunidad que todo viaje ofrece al viajero entregado al descubrimiento, la aventura y a la exploración del mundo y de su tiempo, el cual nos provee la continua movilidad creadora. Aquí les dejo su texto. David De los Reyes.
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Viajar:
En el solitario macizo montañoso de Greylock se encuentra un profundo valle llamado «The Hopper», amplia y reverdecida región olvidada en el corazón de las colinas. Supongamos que una persona nacida en dicho valle no conozca nada de lo que se encuentra más allá, y que un día decida escalar la montaña: ¡con qué emoción contemplaría el paisaje desde la cima! Le apabullaría y hechizaría tanta novedad. Este tipo de experiencia refleja perfectamente el principal placer de viajar. Cada hogar es una suerte de «Hopper» que, por seguro y agradable que sea, aísla a sus habitantes del mundo exterior. Los libros de viaje no satisfacen el ansia: tan solo estimulan el deseo de ver.
Para ser un buen viajero y obtener del viaje verdadero placer son
necesarias varias condiciones. La primera consiste en ser joven y
despreocupado, dotado de talento e imaginación: si se carece de estas virtudes, es mejor quedarse en casa. Además, si se viene del Norte, la primera parada deberá hacerse un día hermoso, en un clima tropical, rodeado de palmeras y risueños indígenas alegremente vestidos, y para disfrutar así plenamente de los placeres de la novedad. Si no se poseen estas virtudes y se es además de naturaleza algo amargada, se podría incluso viajar al Paraíso y no lograr con ello ningún placer, pues la alegría es prerrogativa de las naturalezas festivas. Resulta esencial ser un buen paseante, ya que el viajero solo puede obtener placer y conocimiento al descubrir museos, magníficos jardines, catedrales u otros lugares de sosegada visita si posee esta cualidad. Pero el placer de abandonar el hogar, despreocupado, sin otro objetivo más allá del disfrute, también se acompaña del placer de la vuelta al viejo y querido hogar, a la casa a donde, tras un largo viaje, el corazón siempre regresa con gusto, olvidando el peso de sus ansias y preocupaciones.
No debemos aspirar a un placer puro: tanto el placer como el sufrimiento forman parte del viaje. Tal y como dijo Washington Irwing, un viaje por mar, con las emociones, la falta de confort y la forzada disciplina que implica, es una buena introducción a un viaje al extranjero. Pasaremos por alto los pequeños contratiempos, las molestias propias de Egipto e Italia, es decir, las pulgas y otros bichos, por mucho que estos de ningún modo estén dispuestos a pasar por alto al viajero. También el pasaporte es fuente de constante inquietud. Se aprende con rapidez, por los requerimientos oficiales, aquello que se convertirá en una constante: «Abrir el pasaporte es abrir el monedero», y las interminables formalidades al final de cada viaje no hacen más que recordar el suplicio soportado. El acoso y la extorsión de los guías —no solo de los canallas algo toscos, sino también de aquellos que combinan la cortesía más pulida con la vileza más refinada— son otro Importante obstáculo al placer, aunque, si se tienen en cuenta las extorsiones mil veces peores que sufren los inmigrantes en nuestro país, debemos reconocer que Europa no es el hogar de todos los picaros. Sin embargo, existe un método infalible para ahorrarse estas preocupaciones: tener los bolsillos llenos. Pague a esos pillos, ríase y siga su camino. También daremos con hombres buenos, honestos y humanos, pero no son mayoría.
Por lo que atañe a los beneficios del viaje, debemos deshacernos cuanto antes de algunos prejuicios. El noruego que viaja a Nápoles disfruta tanto del clima que hasta olvida las miserias del gobierno. El matador español, que cree ciegamente en el dicho «cruel como un turco», constata en Turquía que las gentes son respetuosas con los animales; admira los caballos dóciles, siempre dispuestos, obedientes, extremadamente inteligentes, que, sin embargo, nunca han sido golpeados; vuelve por tanto a sus corridas con una visión muy diferente de su propia humanidad. El hombre de negocios viaja a Tesalónica y descubre que los infieles son más honrados que los cristianos. El anti-alcohólico militante descubre en Francia un país en el que todo el mundo bebe y nadie está ebrio. Aquel que tiene prejuicios sobre el color de la piel descubre varios cientos de millones de personas de todos los matices de color posibles, de todos los grados de inteligencia, de todos los rangos y medios sociales: generales, jueces, curas, reyes, y aprende a renunciar a su estúpido prejuicio.
El viaje también abre nuestro espíritu a los detalles. Nuestro enfoque sobre la vestimenta se ve en gran medida modificado, y la noción de confort toma más relevancia. También la barba, estos últimos años, ha retomado su verdadero valor gracias a nuestra experiencia del viaje. En la decoración de nuestras casas se ha sustituido el blanco mortecino por los frescos. Dios es generoso con los colores, y el hombre debería imitarlo.
El viaje es, para un espíritu noble, como un renacimiento. Tiende a
enseñarnos una profunda humildad, ampliando nuestro altruismo hasta abarcar la humanidad al completo. Entre sus beneficios secundarios se cuenta el de comprobar, con nuestros propios ojos, los logros más sobrecogedores de la naturaleza o del hombre, y cómo cada individuo los aprecia de distinta forma según su personalidad. Pero podemos valorarlo incluso leyendo y comparando las obras de todos los escritores viajeros. Es lo que hacen los grandes hombres que aspiran a viajar. Richter deseaba ver el mar. Schiller pensaba tanto en el viaje que llenó sus sueños de lejanos paisajes. El doctor Johnson alimentaba el mismo deseo, exagerando incluso las ventajas que este implicaría. Es importante tener alguna facilidad para los idiomas para sacar provecho del viaje, y hablar al menos un francés fluido. En los países del Levante, donde se cruzan todas las naciones, la gente humilde habla media docena de idiomas, y a menudo una persona que se considera bastante culta se ve, en aquellos lares, avergonzada por su ignorancia. Se ha barajado la construcción de un enlace directo, por vapor, entre Nueva York y algunos puertos mediterráneos. De esta forma, el viajero podría acceder al viejo mundo por la puerta grande, en lugar de utilizar, como hasta ahora, la entrada trasera.
Inglaterra, Francia, el Mediterráneo: no es necesario insistir en sus
atractivos. Pero, dado que el viaje implica novedad y cambio de aires, y que estos son esenciales en una vida sana, no dejemos que unas circunstancias restringidas nos disuadan. Viajar por Florida nos ofrecerá gratos placeres y muchos espectáculos enriquecedores. Incluso ir a Nahant, si no resulta posible ir más lejos, es viajar. Para un inválido, cambiar de habitación es ya un viaje, es decir, un cambio. Descubrir horizontes, explorar nuevas ideas, romper con viejos prejuicios, abrir el corazón y el espíritu: tales son los verdaderos frutos de un viaje correctamente realizado.


Melville y su fastuoso Bicentenario
Compilación por José Antonio Furiati Manganelli

Herman Melville, por el ilustrador noruego Velibor Stanojevic para el libro From Hell’s Heart: An “Illustrated Celebration Of The Works Of Herman Melville”
Herman Melville, por el ilustrador noruego Velibor Stanojevic para el libro From Hell’s Heart: An “Illustrated Celebration Of The Works Of Herman Melville”

Parodiando a Gardel, podríamos decirle: "¡Bueno Herman, doscientos años no son nada...!" Ahora, cuando se conmemoran los dos siglos de su nacimiento, quisiéramos sumarnos al homenaje mundial para el emérito escritor estadounidense, tal como lo fue Herman Melville (New York, 1819). En nuestro caso desde Barcelona, España, nos incorporamos al festejo compartiendo parte de la excelente contenido de la Edición Especial realizada por revista catalana "LEER" al inmortal autor de Moby Dick (*). Ofrecemos así una síntesis de los 10 ensayos allí incluidos. Y vamos a ello:

Herman Melville: Palabra sin Retorno
"Heraldo del futuro, del hastío existencial, del oficinista a la inquietud espiritual ante la falta de sentido, anticipó desde el XIX la forma de contar el XX. Contra la incomprensión de sus contemporáneos y sobre todo de los nuestros, su obra maestra "Moby Dick", Quijote de los Mares, sigue siendo una cornucopia literaria".
Borja Martínez

Moby Dick : Apología de una Odisea Moderna
"Desde la primera página, Moby Dick se presenta como refutación brutal del optimismo emersionano que Melville conoció cerca de los trascendentalistas".
(…)
"El protagonista de este nuevo poema épico transforma su inicial desafección existencial en una actitud vital, relativista y disidente frente a la sinrazón que le rodea."
(…)
"Puede que su proexistencialismo, su iconoclastia y su inclasificable tratamiento de los grandes temas resultara demasiado poco decimonónico para la época"… "La novela remonta hacia Atenas y Jerusalén y renueva los viejos mitos, lidiando con problemas que hubieron de esperar hasta el siglo XX para ser distinguidos con claridad".
"En 1941 Mathiessen ‘exonera’ por todo lo alto la sexta obra de Melville introduciéndolo de lleno en lo que el crítico llamó el ‘El renacimiento americano’".
Gonzalo Pernas

Los personajes de Melville: "Iniquidad, Inocencia y Fatalidad."
"Bartleby y su pasividad subversiva; la angustiosa parálisis de Benito Cereno; la insorpotable pureza de Billy Budd. Por su densidad simbólica y psicológica, las criaturas literarias del Melville forman parte de la mejor tradición literaria universal".
(…)
"Mediante un meticuloso método estilístico, Melville va ahondando, capa tras capa, en la personalidad de héroes y la relación problemática que mantienen con su entorno".
(…)
"Victima física y moral, el destino de Billy Budd es de toda la inocencia del mundo: excitar los propósitos malignos que constituyen los misterios del mal."
J. Rafael Hernández Arias

Llamadme Ismael (O sobre las dificultades de traducir Moby Dick)
"Había que respetar el tono deliberadamente arcaico y la influencia proveniente de los textos sagrados. Busqué cuáles serían los equivalentes literarios en español… Nunca se ha visto una primera frase que concentre tanto los problemas de elegir un tono u otro como esa endiablada y sencilla: ‘Call me Ishmael’”.
Andrés Barba

"Lo blanco: Mysterium Tremendum¨
"Moby Dick es indudablemente una forma demoníaca y el capítulo 42 es de espanto brujesco, si bien en una forma refinada literaria y poética… Los colores, lo visible, el amor, a un lado. Lo blanco, síntesis del resto, detrás del velo, invisible: el terror. El blanco es tan terrible como fundamental".
(…)
“En esta reversión de la teología de la luz, hay un elemento casi gnóstico: los colores ya no parecen fundados en ningún amor y pintarrajean un sepulcro aterrador".
"Antes del final Ismael vuelve en sí: los aventureros nunca han pensado que el mundo es un sepulcro. El rapto dura lo que el capítulo, cara oculta de esta pálida luna literaria".
Álvaro Cortina

Ahab y la Ballena, Allan y María
"El complejo mundo simbólico de Moby Dick se presta a una lectura íntima de la psicología de Melville; incluso a vislumbrar una proyección de sus progenitores en las dos figuras que dominan la novela además de Ismael, con quien conformarían una trinidad espiritual".
(…)
" La ballena es un muro que aprisiona", dirá Ahab, el padre y la dirá Melville el hijo a Ismael, a la deriva en una chalupa seguida sin tregua por la ballena María".
Francisco Expósito Lorenzo
                           
¿Cómo se dice Moby Dick en Euskera?
"La historia de la caza de la ballena nace en el Golfo de Vizcaya para llegar hasta Nueva Inglaterra, cual arpón, ese invento vasco, enganchado al lomo de un cetáceo. Fue la gran industria preindustrial. Un mundo de ayer del que también Melville levantó acta".
(…)
"¿Quién abrió la gran navegación? ¿Quién reveló el mar? ¿Quién descubrió el globo? La respuesta de Michelet: ‘La ballena y el ballenero’".
(…)
"El feroz cachalote, macho de librea blanca del que desciende Moby Dick, era la ballena más temida, pero fue pescado por los vascos durante toda la Edad Media y más allá".
Oscar Caballero

Herman Melville: YO SOY EL MAR
"Malcom Lowry me lleva a la costa de Massachussets por el antiguo puerto ballenero de New Bedford, de donde salió el Pequod, para hablar con él".
(…)
"Todos los locos del mar, verdaderos orates de la vida, estamos poseídos por ese espíritu marino, a veces diabólico y en ocasiones divino".
(…)
"Cesare Pavese escribió que: para mi el mar fue la única forma sensible capaz de encarnar dignamente la sombría e irónica esencia del universo".
(…)
"Nada en mis obras es sencillo. Y por más que se miren fijamente los trajes literarios que los visten-¿ocultan?- nunca se harán transparentes en su significado… Nunca esperes aguas tranquilas, porque nunca las hubo ni las habrá. Lánzate con toda tu locura, y el resto déjaselo a la suerte".
Víctor Márquez Reviriego

Cuando el héroe no es el hombre
"La deriva del Pequod demuestra que un pueblo desorientado puede ser conducido a la catástrofe de la mano de un dictador capaz de disimular su locura".
Ada del Moral

Bradbury en busca de la Ballena Blanca
"Tras frustrarse la adaptación al cine de Crónicas Marcianas que pretendía realizar, John Huston propuso a Ray Bradbury escribir el guión de Moby Dick. El escritor viajó a Irlanda para trabajar durante meses con aquel hombre ‘incontenible’, desbordante, un ser inquieto, en constante ebullición".
(…)
"Tuvo presente Ray al escribir el guión aquella vieja tradición en la que se representa a la Humanidad como un barco que navega en medio del cielo y la tierra".                                            
José Luis García

Finalmente, deseamos hacer un reconocimiento al Director de la revista "LEER", Borja Martínez Gutiérrez, quien concluye su Presentación de la edición-homenaje a Melville con estas palabras:
"Moby Dick sigue siendo de lo más moderno que se puede leer. Es irregular y está llena de baches, porque la imperfección forma parte del arte y de la vida. Pero asombra con sus hallazgos y golpes de timón. El lector ve ensanchado su mundo. Y quizás por eso representa la particular obsesión cetácea de algunos escritores con más ansias que capacidad de ruptura. Detrás del libro hay un hombre. Herman Melville nació hace 200 años, y murió sin el crédito que hubiera merecido por alumbrar una obra medular de la sensibilidad contemporánea. Sobre sus luces y sombras, sobre el alambicado universo melvilliano y humano va este homenaje hecho número".
Borja Martínez Gutiérrez

(*) Extractos tomados de la Edición Especial impresa Herman Melville, La escritura oceánica, Revista LEER (No. 293. España, Mayo, 2019)