miércoles, 1 de enero de 2014





Libertad como no dominación:
antecedentes y fundamentos*
María Eugenia Cisneros Araujo
  



  
“-¡Ha indispuesto profundamente a la delegación de la firma amiga! ¡Ha servido usted el café utilizando fórmulas que sugerían que sabía hablar perfectamente japonés!-Es que no lo hablo tan mal, Saito-san.-¡Cállese! ¿Con qué derecho se atreve a defenderse? El señor Omochi está muy enojado con usted. Ha creado un ambiente irrespirable en la reunión de esta mañana: ¿Cómo iban a sentirse cómodos nuestros socios ante una blanca que comprendía su idioma? De ahora en adelante, no hablará nunca más japonés.-Le miré con los ojos abiertos como platos:-¿Perdone?-Usted ya no sabe japonés. ¿Ha quedado claro?-¡Pero si Yumimoto me contrató precisamente por mi dominio del japonés!-Me da igual. Le ordeno que no entienda japonés.-Eso es imposible. Nadie puede acatar una orden semejante.-Siempre existe un modo de obedecer…

Amélie Nothomb. Estupor y temblores


Me propongo demostrar que la tesis de Philip Pettit sobre la libertad como «no-dominación» ya estaba presente en los escritos de Mijail Bakunin sobre la libertad.

1. Origen de la libertad como «no-dominación»
En su libro Republicanismo. Una teoría sobre la libertad y el gobierno[1], Pettit se propone mostrar que la libertad como «no-dominación» está vinculada a la tradición republicana como modelo que propugna las instituciones y constituciones que se asocian a la democracia[2]. Su idea central consiste en lo siguiente:

...la distinción libertad negativa-positiva ha hecho un mal servicio al pensamiento político. Ha alimentado la ilusión filosófica de que, detalles aparte, sólo hay dos modos de entender la libertad: de acuerdo con el primero, la libertad consiste en la ausencia de obstáculos externos a la elección individual; de acuerdo con el segundo, entraña la presencia, y normalmente el ejercicio...de las cosas y las actividades que fomentan el autodominio y la autorrealización: en particular, la presencia y el ejercicio de las actividades participativas y de sufragio, merced a las cuales los individuos pueden unirse a otros en la formación de una voluntad común, popular.

En otras palabras, para el mencionado filósofo-politólogo irlandés, la noción de libertad se redujo a dos interpretaciones: una negativa y la otra positiva. Cualquier otra visión sobre la libertad se incorporaba a uno de estos dos campos según las características de la propuesta. Esta perspectiva dejó de lado otra forma de interpretar la libertad: como «no-dominación».
En efecto, la distinción entre la libertad negativa y positiva la realizó Isaiah Berlin cuando afirmó que la libertad negativa consiste en la ausencia de interferencia (coacción-física/coerción-psíquica). Se trata de disfrutar una capacidad de elección sin impedimento ni coerción. En cambio la libertad positiva requiere que los individuos tomen parte activa en el control y el dominio de sí mismos; lo que Castoriadis llama autonomía, entre otros autores.
Antes que Berlin, Benjamin Costant escribió un ensayo sobre la libertad de los antiguos y los modernos. Allí el filósofo francés de origen suizo mostró que la libertad de los antiguos consistía en la participación activa y constante en el poder colectivo; cada individuo tenía influencia en la soberanía, gozaba de derechos políticos e intervenía en la administración pública; sacrificaba su independencia individual a los derechos políticos; compartían el poder social entre todos los ciudadanos de una misma patria. La consecuencia de ello fue que la autoridad del cuerpo social estaba sobre la voluntad de los individuos y en su ámbito privado los sujetos quedaban reducidos a ser meros esclavos. Sólo como ciudadanos eran libres. En cuanto a la libertad de los modernos afirmó que el sistema representativo fue un descubrimiento de esa época. Tal forma de gobierno consistía en que ciertos hombres eran elegidos para defender la libertad de los electores. La libertad consiste en estar sometido a las leyes únicamente, en el derecho de poder expresar las opiniones que se tuvieran, reunirse sin inconvenientes con cualquier persona de su preferencia para dialogar, elegir su religión, disponer de su propiedad. De allí que la libertad de los modernos consistía en el goce apacible de la independencia privada e individual.
Lo que puso en el tapete Constant fue la advertencia que la libertad de los antiguos centrada en la voluntad colectiva y su participación en el poder como institución era inaplicable en los tiempos modernos porque desembocaba en despotismos y tiranías. La libertad moderna residía en la independencia individual y era necesario crear los órganos que garantizaran tal libertad política. Ese sistema sería el representativo.
Para Petit, Berlin apoyándose en los escritos de Hobbes, Bentham, Mill, Montesquieu, Constant, Tocqueville, Jefferson y Paine (liberalismo moderno) presentó la libertad negativa como la plausible y la positiva como un ideal inalcanzable relacionándola con las propuestas de Herder, Rousseau, Kant, Fichte, Hegel y Marx (mostrando que en esta posición se encuentran románticos, religiosos, budistas, cristianos, estoicos, pensadores políticos radicales como los jacobinos y los comunistas). Berlin hizo una equivalencia entre la libertad de los antiguos y la positiva y la libertad de los modernos y la negativa. Y siguiendo a Cosntant aseveró que esas ideas de autonomía y control de sí mismos de los individuos quedaron en el pasado. Y la capacidad de elección sin interferencia constituye un ideal auténticamente moderno.
El politólogo y filósofo irlandés se distancia de este enfoque para demostrar que hay “un tercer momento, radicalmente diferente, de entender la libertad y las exigencias de la libertad…este tercer enfoque…republicano…de las alternativas posibles”[3], tuvo su origen en la Roma clásica con Cicerón, resurgió en el Renacimiento con Maquiavelo, en las Revoluciones Norteamericana y Francesa, la tradición del commonwealthmen, que se mantuvo en Inglaterra desde la Revolución hasta finales del siglo XVIII[4]. Este tercer enfoque, la libertad como «no-dominación», la presenta Pettit afirmando que: “dominio e interferencia no son equivalentes”[5] y se pregunta:

¿No hay, pues, la posibilidad intermedia de que la libertad consista en una ausencia –como quiere la concepción negativa-, pero en una ausencia de dominio por otros, no en una ausencia de interferencia? Esta posibilidad tendría un elemento conceptual en común con la concepción negativa –el foco en la ausencia, no en la presencia-, y un elemento común con la positiva: el foco en la dominación, no en la interferencia[6]

Esta tercera posibilidad de la libertad como ausencia de servidumbre tiene sentido en la tradición republicana. La dominación para el politólogo-filósofo irlandés es aquella que se da entre el amo y el esclavo; el amo y el siervo. En esa relación Pettit ve que la parte dominante puede interferir de manera arbitraria en las elecciones de la parte dominada. Interferencia motivada por un interés individual del dominante y tal ventaja ni beneficia ni es parte en la esfera de la parte dominada.
Un ejemplo de esto se ve en las relaciones profesor con un cargo administrativo de director de algún órgano con dedicación exclusiva en la universidad. Ese profesor no cumple con su deber y transfiere toda su responsabilidad de las funciones administrativas y académicas que le corresponde realizar a la secretaria, a quien le exige inclusive ejecute actividades que no le corresponden por las atribuciones asignadas por su contrato. El profesor abusando del poder que le confiere la autoridad de “profesor” y del cargo interfiere arbitrariamente en el campo de movilidad que le corresponde a la secretaria privándola despóticamente de su capacidad de elegir hacer o no la actividad que se le está solicitando y que no debería llevar a cabo de acuerdo a las disposiciones que regulan su función.
De esta concepción de dominación como interferencia arbitraria en las elecciones de la parte dominada, el filósofo-politólogo irlandés, enfatiza que puede  darse la dominación sin interferencia  y la interferencia sin dominación. Lo que busca Pettit es distanciar las nociones de interferencia y dominación para demostrar que no son equivalentes.
Así explica que cuando la interferencia responde a gestiones administrativas propias del desarrollo institucional en el que se vive, no hay dominación. Ejemplo, el caso del abogado con el cliente. El abogado se encarga de los asuntos del cliente mediante un poder que le concede el interesado. No lo hace arbitrariamente. El usuario requiere de la actividad del abogado para realizar ciertas tareas que no podrían cumplirse sin su intervención. La relación abogado-cliente no es de dominación. La persona que requiere del trabajo de un abogado puede elegir sin amenaza, impedimento, castigo y entre ambos se establece una relación horizontal donde desaparece la jerarquía. Además de ser un asunto que está regulado por la ley.
En cambio, la dominación se encuentra en las relaciones estrictamente jerárquicas y verticales. Entre poderosos y no poderosos, Estado y sociedad, Jefe y empleado, profesor y estudiante, padre e hijos, entre el proxeneta y las prostitutas, entre el jefe de los narcotraficantes y los que están a su merced
Bajo el argumento anteriormente descrito, Pettit explica que la «no-dominación» radica en el hecho de la imposibilidad de estar sujetos a la capacidad de interposición arbitraria de una persona ajena. En este contexto la irrupción abusiva en el ámbito del otro es de imposible realización porque la persona que pretende hacerlo carece totalmente de la capacidad para ser coactivo o coercitivo[7]. Es decir, cualquier individuo está impedido de interrumpir tu movilidad o desarrollo a su libre albedrío.
Esta tercera forma de libertad, entendida como «no-dominación», es la que propugna la tradición del republicanismo. La primera razón, que sostiene Pettit para defender su tesis, es que la tradición republicana presenta a la libertad en una relación de oposición entre ciudadano y esclavo. El segundo motivo, refiere a que el republicanismo muestra que se puede perder la libertad por la dominación (jefe-empleado) y puede ocurrir la interferencia sin que se pierda la libertad (abogado-cliente). La interferencia «no-dominadora» para los republicanos consiste en el derecho y el gobierno de una república bien ordenada.
A pesar del esfuerzo de Pettit por separar las concepciones de dominación e interferencia ha sido criticado en este punto por la ambigüedad que aún persiste entre ambas nociones. Incluso se le ha señalado que la libertad entendida como «no dominación» sigue siendo la libertad negativa. Aquella que se manifiesta en ausencia de impedimento.
No comparto tales apreciaciones. En mi criterio está claro lo que persigue el filósofo-politólogo irlandés. La clave está en la arbitrariedad y la limitación a tal acto. Si en la relación vertical y jerárquica se tiene la capacidad de atropellar libremente al subordinado, entonces estamos en presencia de la dominación. En cambio, si estando en el mismo tipo de vinculación el poderoso no tiene facultad de cometer un agravio contra aquella persona que esté bajo su mando, no hay dominación. La interferencia queda para los ámbitos administrativos, regulados por la ley y aquellas relaciones horizontales surgidas de la experiencia diaria (médico-paciente; mecánico-cliente; plomero, electricista, albañil y los sujetos interesados en su trabajo).
Asimismo, considero que sí se puede hablar de una libertad como «no-dominación» que ha estado presente a lo largo de la historia y que ha sido olvidada, escondida, dejada al margen y que es un imperativo rescatarla porque en nuestro presente el problema precisamente trata de la interferencia arbitraria que permanentemente las instituciones realizan en el ámbito individual, social y colectivo carente de control y bajo el escudo de lo legítimo ejercen la dominación en lo privado, lo público y lo privado-público.
En efecto, para el filósofo-politólogo irlandés en la relación de oposición entre  ciudadano y esclavo se evidencia un sentido de la libertad como dominación porque el esclavo se encuentra a merced del arbitrio del amo. El amo irrumpe en el espacio individual del esclavo impunemente.
De allí que, la no-dominación consista precisamente en que el esclavo no tenga que aguantar la dependencia con el amo y que el amo no tenga la capacidad de interferir coactiva y coercitivamente cada vez que quiera hacerlo en la esfera del esclavo. Y ese es el énfasis que la práctica del commonwealth da a la libertad: la total independencia respecto de la voluntad de otro. “Esta discusión del tema libertad-esclavitud en la tradición republicana debería venir en apoyo de la tesis, según la cual el republicanismo concibe la libertad como no-dominación, no como no-interferencia”[8].
El otro argumento para afirmar que el republicanismo presenta una concepción de libertad como «no-dominación» refiere al hecho que puede haber interferencia sin que por ello las personas pierdan su libertad, como se explicó anteriormente. Se trata de la interferencia sin dominación. Esto le permite al politólogo-filósofo irlandés sostener que el republicanismo favorece la idea que el derecho establecido es el constitutivo de la libertad. Las leyes de una república, crean la libertad de la que disfrutan los ciudadanos. En palabras del autor “...la libertad es vista en la tradición republicana como un estatus que existe sólo bajo un régimen jurídico adecuado. Así como las leyes crean la autoridad de que disfrutan los que mandan, así también las leyes crean la libertad que comparten los ciudadanos”[9]. Esta idea republicana de que la ley crea la libertad en el colectivo tiene sentido si se concibe la libertad como «no-dominación» porque la ley como institución jurídica se encargará de proteger a la sociedad de la arbitrariedad que quieran cometer los pocos que llegan al poder limitando su capacidad de interferir injustamente en la esfera individual, social y colectiva en virtud de sus intereses particulares.
En este contexto, aunque el derecho está investido de un carácter de interferencia porque se reserva la coacción y la coerción, tal  obstrucción no reviste la cualidad de dominación. Por el contrario, como institución jurídica es limitador de la arbitrariedad y garante de que no ocurra. El derecho está en función de los intereses de los ciudadanos para preservar y ampliar su libertad. No responde a la voluntad de un individuo cuyo fin es hacer uso del poder para someter a su voluntad a los individuos, la sociedad y el colectivo.
Lo que busca Pettit es demostrar la importancia de rescatar la concepción republicana de la libertad como «no-dominación» en la teoría política y mostrar la posibilidad de organizar institucionalmente a la sociedad bajo esta categoría.



 2. La libertad como «no-dominación»
Para Pettit la dominación consiste en el poder arbitrario que un sujeto dominante ejerce sobre otro. Esto significa que en toda relación de dominación alguien: “1. Tiene capacidad para interferir; 2. De un modo arbitrario; 3. En determinadas elecciones que el otro pueda realizar”[10]. La capacidad de intervenir ilegalmente en la esfera de otro consiste en toda acción intencional que realiza el sujeto dominante para someter al dominado, tales como: coacción física, coerción de la voluntad, manipulación con el fin de empeorar la situación del dominado al modificar las opciones posibles de lección que tiene el sometido; alterar el beneficio que espera el subordinado de tales opciones; controlar los resultados de las distintas opciones. En este contexto, toda acción tiránica carece de moralidad. La arbitrariedad deviene de la subjetividad del sujeto dominante. Quien está en la posición de dominio elige según le plazca efectuar o no el acto vejatorio en la vida de otros sin importarle la posición, intereses u opinión del dominado. La subjetividad que caracteriza al atropello puede ser más o menos intensa. Finalmente el sujeto dominante puede abusar en los ámbitos que elija, en determinados campo, en un período de la vida del individuo subordinado. No tiene que darse en la totalidad de la esfera del dominado.
Todas estas condiciones deben ser de conocimiento común y esta cualidad le atribuye un importante significado subjetivo e intersubjetivo: la conciencia de poder del dominante, de vulnerabilidad del que se encuentra sometido y de las partes que forman parte de la relación de dominación. Esta atmósfera cotidiana es lo que hace que el dominado no sea capaz de ver de frente al dominante, que el poderoso sepa que tiene sujeto a su voluntad al subordinado al punto que el siervo no pueda realizar actividad alguna sin el permiso de su amo. Ante esta situación, afirma Pettit, que para evitar el abuso, agravio, injusticia, parcialidad, desafuero en el ejercicio de determinado poder es necesario que exista la posibilidad de cuestionarlo, disputarlo, regularlo, limitarlo y controlarlo. En otras palabras: 
…siempre tiene que estar abierta la posibilidad que los miembros de la sociedad, procedan del rincón que sea, puedan disputar el supuesto de que los intereses y las interpretaciones que guían la acción del estado son realmente compartidos; y si el cuestionamiento de ese supuesto es sostenible, tiene que alterarse la pauta de acción del estado…[11]

Lo que hace el filósofo-politólogo irlandés es llamar la atención sobre el hecho cierto siguiente: quien detenta el poder tiene la capacidad para interferir arbitrariamente en la esfera individual, social y colectiva. Se trata de limitar esa capacidad y de evitar situaciones en que los individuos, la sociedad y la colectividad se encuentren sometidos, dependientes de un poder dominante que los afecta psicológicamente al sentir, saber por la experiencia que se encuentran en una relación asimétrica que les produce miedo, deferencia y por ello bajan la cabeza al punto de convertirse en siervos. Su cotidianidad les muestra que no tienen una igualdad intersubjetiva con los sujetos que detentan el poder.
Desde esta perspectiva la libertad como «no-dominación» es una cuestión social y no sólo individual. Se trata de la ausencia de dominación en presencia de los otros. La tesis del politólogo-filósofo irlandés consiste en demostrar la plausibilidad de materializar la libertad como «no-dominación» en las instituciones que organizan una sociedad.
La «no-dominación» es una forma de poder porque:

“representa el control de que disfruta una persona respecto de su propio destino…entraña una especie de seguridad o inmunidad frente a interferencias arbitrarias…Disfrutar de la no-dominación es estar en una posición tal, que nadie tiene poder de interferencia arbitraria sobre mí, siendo esta la medida de mi poder…una variedad segura y reconfortante de esa no-interferencia…[12]

Esta forma de poder transformada en institución crea la esfera del conocimiento común de la no-dominación. Así se desarrolla la capacidad para que los sujetos se miren de frente y no vivan con el permanente temor de depender y estar sometidos a otros. La institución reconoce a la colectividad, a la sociedad y a los individuos como personas de derecho propio, legal y social. Con ello se lograría eliminar la incertidumbre del dominado de estar al tanto: 1) que ciertas elecciones de su esfera dependen de la subjetividad de otro; y, 2) que se encuentra en un estado de vulnerabilidad. Tales condiciones posibilitarían el desarrollo de la libertad en todos los ámbitos.

3. Bakunin y la libertad
En su texto La libertad[13], el activista y pensador ruso señala que el hombre para realizarse debe primero conocerse. Esto es, a partir de su propio pensamiento sea capaz de cuestionar las instituciones religiosas, políticas y económicas de la sociedad de la que forma parte. Esas organizaciones lo socializaron, educaron y le crearon hábitos. El hombre es producto de esos valores ya establecidos. La sociedad ejerce una presión inmensa sobre el individuo a tal punto que impide que en él se manifieste su propio pensamiento. Es mediante la capacidad de los individuos de poner en duda lo establecido que pueden avanzar y alcanzar la libertad. El poder de discutir y expresar mi desacuerdo ante lo establecido deviene de esa fuerza consustancial al individuo que se traduce en desobediencia y rebeldía. Bakunin afirma que es:

…Esa inmoderación, esa desobediencia, esa rebeldía del espíritu humano contra todo límite impuesto…constituyen su honor, el secreto de su poder y de su libertad. Es buscando lo imposible como el hombre ha realizado siempre lo posible y quienes se han limitado “sabiamente” a lo que les parecía lo posible jamás avanzaron un solo paso[14]

Para que se produzca la rebeldía es necesario que el individuo conquiste su emancipación interior y ello se alcanza cuando consigue liberarse de la dominación que la sociedad ejerce sobre su persona, cuestión que no es sencilla ni fácil. La sociedad domina a los individuos mediante los vínculos que lo atan a ella: la certeza, la seguridad, la tranquilidad, la paz, la tradición, la rutina. Estos lazos lo convierten en un individuo servil, carente de rebeldía y sin iniciativa para emprender nuevas acciones. Pero, son las instituciones las que educan a los individuos y es esa misma socialización la que constituye la materia prima para despertar la desobediencia.
Por consiguiente, es en la sociedad y con la presencia de los otros que los individuos logran su libertad. De allí que, el individuo debe rebelarse simultáneamente contra sí mismo y de las ataduras ficticias que lo ligan a la sociedad cuando es capaz de cuestionar la dominación natural que lo social ejerce continuamente en su experiencia. Finalmente atreverse a cuestionar las instituciones.
Según Bakunin, para el individuo es más difícil enfrentarse a la tiranía social que a la autoridad del Estado. Sublevarse al yugo social le exige autonomía y autenticidad. Oponerse a la autoridad del Estado le reclama disposición, capacidad de lucha y sacrificio.
Se puede ver que Bakunin diferencia la dominación social de la potestad del Estado. Considera que la dominación social se impone naturalmente porque forma y educa a los individuos en el día a día. Durante la vida de los individuos la sociedad permanentemente le está suministrando su naturaleza material, intelectual, moral y religiosa. El Estado es la autoridad, la fuerza, la imposición y con tendencia a limitar, lesionar la libertad de los individuos y la colectividad. Lo que el individuo manifiesta en el exterior es lo que tiene en el interior. Si internamente es servil entonces externamente lo continuará siendo. Si en su interioridad logró emanciparse de sí mismo entonces externamente se sublevará a la dominación natural social y a la sujeción artificial institucional porque está impulsado por una sincera convicción: la certeza que nació para ser libre y no servil.
Para el activista y pensador ruso la esencia de la humanidad se constituye por la solidaridad social y la libertad. Ambos aspectos son la motivación central para trabajar en la construcción de una sociedad basada en la igualdad, la solidaridad, la libertad, el respeto humano y mutuo de todos sus miembros. Para ello, es imperativo desmontar los elementos en los que se basa la sociedad: el culto divino sobre el respeto humano; la autoridad sobre la libertad; el privilegio sobre la igualdad; la explotación sobre la fraternidad; la mentira sobre la justicia y la verdad.
La anterior empresa se enfrenta inevitablemente a un problema aún vigente: El individuo que quiere ser libre y no puede serlo efectivamente. Se encuentra con el obstáculo que los otros individuos que le rodean no quieren o tienen miedo de ser libres. Este sentimiento los convierte en instrumentos de la opresión que los anima a rechazar el deseo natural de rescatar la libertad. Un individuo es libre cuando los otros también lo son. La libertad es un producto colectivo, de un trabajo social; no es individual ni aislado[15]. Una paradoja aún irresoluble.
El Estado es una forma histórica social que se reserva el ejercicio del poder, la fuerza, la organización de la educación, la instrucción popular, la censura, la policía, y la fuerza armada. Instrumentos que utiliza para dominar a la sociedad civil mediante la obediencia pasiva evitando así cualquier destello de rebeldía y del ejercicio de la libertad. Por esta razón, afirma Bakunin:

…Llegamos hoy a la absoluta necesidad de la destrucción de los Estados o, si se prefiere, a su radical y completa transformación en el sentido de que al dejar de ser potencias centralizadas y organizadas de arriba abajo se reorganicen, ya sea mediante la violencia, ya mediante la autoridad de cualquier principio, con una absoluta libertad para todas las partes[16]

De esta cita pareciera desprenderse, distanciándome de la clásica interpretación de las ideas de Bakunin como destructor del Estado, semilla de los movimientos terroristas e impulsor de las guerras, que la preocupación del activista y pensador ruso además de denunciar la forma vertical, jerárquica como está organizado el Estado con el fin de ejercer la dominación sobre la sociedad y los individuos, se centra en mostrar la necesidad de construir un orden social que no tenga como objetivo la subordinación. Tal propuesta requiere de la construcción de otra forma de institución cuyo fin sea la «no-dominación», la garantía de la presencia de la libertad como un bien social fundamental.
El escritor ruso acepta la existencia de la autoridad pero destaca los peligros que se derivan de esta dependiendo la base que le de origen. Nota que la dominación ha sido utilizada para la opresión, para convertir a la sociedad y los individuos en serviles. Ante ello es esencial que se manifieste la capacidad de rebeldía y desobediencia como un trabajo individual y colectivo para lograr construir una organización social cuya institución tenga por norte la libertad como «no-dominación».
También enfatiza, que los individuos y el colectivo, en todo momento tienen el poder de cuestionar, discutir la institución y deben hacerlo. A mi modo de ver, esto quiere decir, que aunque se logre transformar la institución en una organización horizontal o se construya de abajo hacia arriba, los individuos y el colectivo siguen manteniendo el poder de criticar, poner en duda, desaprobar, evaluar, opinar, rechazar las prácticas de “servidumbre voluntaria” y mantenerse en la creación, defensa y mantenimiento de la libertad ontológica, social, política y religiosa.
Ninguna institución independientemente de la forma que tenga debe limitar la capacidad de los individuos y del colectivo de examinar y poner en entredicho el cómo se está materializando en la cotidianidad la libertad como «no-dominación». En mi criterio la tesis de fondo consiste en la siguiente interrogante ¿Cómo erradicar la relación dominante-dominado de cualquier organización social que se muestre como una forma de institución histórica específica? La respuesta de Bakunin es tajante: mediante la expresión de la rebeldía y la desobediencia de los individuos y el colectivo. Poder que les garantiza el cuidado de su libertad ante cualquier modo de extinción. En efecto, Bakunín asevera “…La cuestión…es saber si el pueblo…es capaz de construir una organización…”[17], y yo agrego como una inquietud lo siguiente: ¿el pueblo, en algún momento, será apto para construir una forma de orden donde se instituya la libertad como no-dominación y el derecho de cuestionar diariamente la institución?






4. La libertad como «no-dominación»: Individual, social e institucional
Tal como se explicó anteriormente, Bakunin refiere a la dominación social y a la política. Sostiene que la opresión social es natural porque los individuos y el colectivo son producto de sus valores y principios que se constituyen en cadenas que atan a los individuos en su pensamiento y en sus pasiones. En otras palabras, las creencias, los hábitos, las opiniones, la familia, las referencias que encaminan la vida hacia el desarrollo y la certeza se encuentran firmes, fijas en la sociedad de la cual se forma parte. Esa misma relación tiene la cualidad de dominación, puesto que la sociedad establece la moral, la religión, la educación, los parámetros referenciales que le dan sentido a la existencia, ejerce sobre cada individualidad un imperio que se traduce en la reproducción pasiva de los valores y principios bajo los cuales se ha sido socializado.
La sociedad naturalmente enseña la existencia de una jerarquía: arriba está: padre y madre, dios, docente, jefe, empresario, político, sacerdote. Abajo: estoy yo y los otros como yo. Los que somos ciudadanos de a pie. Nuestra educación y socialización responde a una jerarquía implícita, a una práctica cotidiana  que me adiestra a respetar y obedecer lo ya instituido. La dominación política refiere al Estado y al uso de la fuerza, la violencia y el poder para imponerse sobre la sociedad.
Bakunin explícitamente dice que los individuos y el colectivo tienen que emanciparse de sí mismos como productos sociales, rebelarse a la tiranía natural social y desobedecer a la opresión institucional. Es decir, el despertar hacia el rescate de la libertad perdida comienza individualmente y de allí pasa al colectivo y lo social. Lo que en mi criterio significa que la libertad como «no dominación» se inicia con la libertad ontológica y de allí pasa a la libertad política y social.
Pettit argumenta que concibe la libertad como «no-dominación» en el sentido de una institución que limita la capacidad que tiene el sujeto dominante de interferir arbitrariamente en determinada esfera del dominado con la intención de dañarlo. La institución suprime la posibilidad que los sujetos estén a merced de un individuo dominante y que su vida dependa de la subjetividad del que tiene el poder. Una institución que crea la atmósfera donde los individuos y el colectivo se miran de frente y no bajan la cabeza. El rescate del derecho como organización jurídica de la sociedad en forma de institución. En otras palabras, para el filósofo-politólogo irlandés la libertad como «no dominación» comienza con la libertad política y de allí pasa a la libertad ontológica y social.
El problema a los que se dirigen ambos pensadores quiero expresarlo con estas palabras:

…si incluso dominios tan íntimos e insignificantes de tu existencia están sometidos a mandamientos, piensa, con mayor razón, en la amplitud de las obligaciones que pesarán sobre los momentos más esenciales de tu vida[18]

Hay que rebelarse contra esos mandamientos.
El activista y pensador ruso dirá que la sublevación a esos mandamientos empezará desde la interioridad de los individuos y luego se convertirá en política y social. El filósofo-politólogo irlandés afirmará que la limitación a esos mandamientos corresponde a la institución en su forma de libertad política y social y de allí se enseñará a los individuos y al colectivo a crear su libertad ontológica. Mientras que para Bakunin la «no-dominación» se origina de lo individual a lo colectivo e institucional; para Pettit surge de lo institucional y colectivo a lo individual.
Sostengo que la libertad como «no-dominación» a la que se refiere Pettit y que ubica como fundamento de toda institución jurídica que se considere republicana es el rescate de la idea de la dominación natural social que ya planteaba Bakunin con la advertencia que hace el escritor ruso de lo difícil que es rebelarse contra esa sujeción. La jerarquía y verticalidad social que se expresó como la relación de señor-vasallo; esa que crea la atmósfera en la experiencia de la obediencia natural propia de la subordinación en cualquier ámbito: jefe-empleado; docente-estudiante; hombre-mujer, donde el dominado baja la cabeza porque se sabe dependiente de las decisiones subjetivas del sujeto dominante y que Etienne De la Boétie llamó “servidumbre voluntaria”, es a la que Pettit se refiere e indica la necesidad de erradicarla y solo las instituciones mediante la aplicación del derecho pueden hacerlo.
La actualización de la libertad como «no-dominación» que hace Pettit de la tesis de Bakunin consiste en lo siguiente: Mientras que para Bakunin la «no-dominación» comienza con el individuo cuando es capaz de rebelarse contra sí mismo como producto social, para luego resistirse a la dominación natural social y finalmente al poder del Estado, en un trabajo colectivo porque la libertad es un producto social; para Pettit la libertad como «no-dominación» la constituye la institución cuando su organización jurídica tiene como objetivo central su promoción. Es decir, que la libertad como «no-dominación» materializada en instituciones socializaran a los individuos y el colectivo en lo que les corresponde de vida bajo este principio y todos los que se deriven de este. Dicho de otro modo, según Bakunin, la libertad como «no-dominación» tiene que darse primero en lo individual para pasar a lo colectivo, social e institucional. En Pettit, el proceso es a la inversa. La libertad como «no-dominación» tiene que estar institucionalizada para crear una socialización de los individuos y colectivos donde la sujeción natural no esté presente y se fortalezca el sentido de la libertad jurídicamente.
Finalmente, la idea de libertad como «no-dominación» ya está presente en otros autores, con sus matices, semejanzas y diferencias. Solo por nombrar algunos:
En Etienne De la Boétie y su crítica a la servidumbre voluntaria. Thoreau  y su énfasis en el deber de todo individuo de desobedecer a cualquier institución opresiva.  Camus y el hombre rebelde. Fromm y su alabanza a la desobediencia como actos que potencializan la creatividad y el desarrollo humano y social. Castoriadis con su propuesta de la imaginación radical y el imaginario instituyente. Lefort al destacar la importancia de lo simbólico como representación de los conflictos humanos que permanecen por la lucha entre los que quieren dominar y aquellos que no quieren ser dominados. Arendt y su propuesta de la consecución de la libertad en el espacio público mediante acciones derivadas de la pluralidad, entre una larguísima lista que queda por nombrar. 



* Este artículo fue presentado en el Seminario Interno que organiza el Departamento de Filosofía Social Contemporánea del Instituto de Filosofía de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central del Venezuela en el mes de octubre de 2013.
[1] Pettit, P. (1999). Republicanismo. Una teoría sobre la libertad y el gobierno. Barcelona, Editorial Paidós.
[2] “...La libertad...Exige la capacidad para sostenerles la mirada a nuestros conciudadanos, en el común bien entendido de que ninguno de nosotros goza de un poder de interferencia arbitraria sobre otro”. Ibid, p. 22.
[3] Ibid, p. 37.
[4] “El antimonarquismo fue a menudo un rasgo de la tradición republicana, sobre todo durante la Guerra Civl inglesa, y de nuevo, tras las Revoluciones Norteamericanas y Francesa. Pero los Republicanos eran antimonárquicos sólo en la medida que consideraban que un monarca buscaría inevitablemente el poder absoluto y arremetería contra el tipo de libertad que ellos estimaban…se contentaron con la monarquía constitucional que hallaron en la Inglaterra del XVIII: «una nación», en la inconfundible cita de Montesquieu…«en la que la república se amaga bajo la forma de monarquía» Ibid, p. 39.
[5] Ibid, p. 40.
[6] Ibid, pp. 40 y 41.
[7] “…Cuando una persona es libre en el sentido de la libertad negativa, está exenta de interferencias en las cosas que hace –exenta de coerción u obstrucción intencionadas-, y exención significa ausencia de interferencia. Cuando una persona disfruta de no-dominación, está exenta de interferencias arbitrarias en las cosas que hace, y exención significa aquí que otros son incapaces de interferirse en su camino. La restricción de que está hecha aquí la exención no es cualquier interferencia, sino la interferencia arbitraria. Y esta exención no se limita a implicar la ausencia de interferencia, sino la incapacidad de otros de ejercerla: se trata, si se quiere, de una segura ausencia de interferencia” Ibid, p. 45.
[8] Ibid, p. 55.
[9] Ibid, p. 57.
[10] Ibid, p. 78.
[11] Ibid, p. 91.
[12] Ibid, pp. 98 y 99.
[13] Bakunin, M. (1972). La libertad. México, Editorial Grijalbo, S.A., Primera Edición.
[14] Ibid, p. 23.
[15] “…El hombre solo se emancipa de la presión tiránica que ejerce sobre cada cual la naturaleza exterior mediante el trabajo colectivo; pues el trabajo individual, impotente y estéril, nunca lograría vencer a la naturaleza” Ibid, p. 31.
[16] Ibid, p. 58.
[17] Ibid, p. 85.
[18] Nothomb, A. (2012). Estupor y temblores. Barcelona, Editorial Anagrama, Décima Edición, p. 74.


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