sábado, 1 de marzo de 2025

                        Pioneras del sonido:

Mujeres compositoras en la música electrónica

David De los Reyes



Redes Sociales Vegetales/DDLR2025

Introducción

El documental Sisters with Transistors (2020), dirigido por Lisa Rovner y narrado por Laurie Anderson, es un homenaje a las mujeres que revolucionaron la música electrónica. Estas compositoras desafiaron las barreras de género y las normas establecidas en un campo dominado por hombres, abriendo caminos tanto en el arte como en la tecnología. Rovner, al crear este documental, buscó rescatar del olvido a estas pioneras y reescribir la historia que no solo transformaron el sonido, sino que también se enfrentaron a las estructuras patriarcales que limitaban su reconocimiento.

A raíz de dicho filme me he inspirado para desarrollar un escrito en torno a estas compositoras que han tenido que lidiar en un entorno en que, para la época, no era común la inserción de las mujeres dentro de él. A través de este interés personal presento a cada una de estas pioneras de la música electrónica en relación con otros autores y compositores de la nueva música (Adorno), que ya no es tan nueva, sino que está ampliamente presente como opción de la creación musical relacionada con las últimas tecnologías del sonido. Hoy no son pocas las compositoras reconocidas que se han dedicado a esta opción de hacer música, sino que es una fuerte tendencia en las escuelas de composición musical tanto dentro como fuera de los recintos académicos.

El propósito de Sisters with Transistors supera la simple recuperación histórica. El documental se convierte en un manifiesto feminista que reivindica el papel de las mujeres como creadoras, innovadoras y líderes en un ámbito donde su contribución ha sido sistemáticamente invisibilizada. Este ensayo analiza las contribuciones de Clara Rockmore, Daphne Oram, Delia Derbyshire, Eliane Radigue, Laurie Spiegel, Pauline Oliveros y Suzanne Ciani, explorando cómo sus trayectorias dialogan con las luchas feministas y su impacto en la redefinición de la música y la tecnología.

A partir de las premisas presentadas en este particular documental, orientado a la reivindicación de las mujeres compositoras en la música electrónica, hemos desarrollado una reflexión argumentada de cada una de ellas, estableciendo conexiones con las propuestas teóricas de diversos autores que protagonizaron el debate sobre los efectos y transformaciones de la música en la sociedad de la segunda mitad del siglo XX. Autores como Pierre Boulez, Olivier Messiaen, Theodor W. Adorno, Pierre Schaeffer y John Cage han sido considerados para entablar un diálogo con las posturas estético-musicales que orientaron la obra de estas artistas, quienes lograron diferenciarse y aportar una perspectiva única en el horizonte del arte musical de su época.

 




La lucha por la visibilidad: Clara Rockmore y el theremín

Clara Rockmore (1911-1998), nacida en Lituania, además de ser una virtuosa del violín fue también del theremín, uno de los primeros instrumentos electrónicos, cuya ejecución no requiere contacto físico con el instrumento, sino el dominio y ejecución se desarrolla en torno al espacio y el gesto de las manos. Ante los experimentos sonoros de Luigi Russollo y su Intonarumori,[1] por ejemplo, la maestría técnica y la expresividad musical de la virtuosa Rockmore desafiarían la percepción conservadora de que los instrumentos electrónicos carecían de profundidad artística, una visión que, al igual que muchas otras formas de prejuicio cultural, puede entenderse desde la crítica de Theodor Adorno hacia la industria cultural y la estandarización del arte. Este pensador alemán advierte que, en la modernidad, la música y las artes tendían a ser reducidas a mercancías desprovistas de contenido crítico o autonomía estética. Rockmore, sin embargo, utilizó el theremín como un medio para afirmar su autonomía como artista y trascender estas limitaciones, demostrando que un instrumento tecnológico podía, en manos de una intérprete virtuosa, recuperar una dimensión estética profunda, renovadora y auténtica.

En una época en la que las que muchas mujeres músicos eran relegadas a roles secundarios en la música clásica, Rockmore se posicionó como una intérprete destacada, implicando a compositores a crear para este novedoso instrumento y demostrando que la tecnología podía ser una extensión del arte, algo que revisando las propuestas estéticas de Adorno y la música, podría haber interpretado como un acto de resistencia frente a la cosificación de la música. Para Adorno, la música auténtica debía resistir la mecanización y la superficialidad impuestas por las industrias culturales. Aunque el theremín era un instrumento tecnológico, Rockmore lo utilizó para crear interpretaciones cargadas de sensibilidad, que desafiaban la idea de que los instrumentos electrónicos eran simplemente fríos o mecánicos. Su interpretación del theremín, con su capacidad para producir sonidos volátiles, etéreos y expresivos, se convierte en un ejemplo de cómo la tecnología puede ser integrada en una práctica artística que aspira a lo sublime, sin perder la capacidad de generar experiencias estéticas significativas.

El theremín, inventado por Léon Theremin[2], fue uno de los primeros instrumentos electrónicos que permitió a las mujeres como Rockmore participar en un ámbito tecnológico-musical tradicionalmente dominado por hombres. Por ello, su legado puede interpretarse como una postura temprana de resistencia a las normas de género que limitaban la participación femenina en la innovación tecnológica y en el campo de la música. Esto nos lleva a observar lo dicho por Adorno, y entender su actitud como un acto de emancipación dentro de un sistema cultural que tiende a reproducir las desigualdades sociales. Es una doble emancipación ante la tradición artística. Primero, al apropiarse de un instrumento tecnológico y. segundo. elevarlo a un nivel artístico, Rockmor. Con ello no solo desafiaba las expectativas de género, sino que también subvertía la lógica instrumental que se asoció con la modernidad tecnológica. Su música, lejos de ser una mera reproducción técnica, se convertía en una experiencia estética aunada a una ejecución virtuosa del instrumento que desbordaba las limitaciones impuestas por la industria y las normas sociales.

La figura de Clara Rockmore, por tanto, no solo es relevante por su virtuosismo técnico, sino también por su capacidad para trascender y transgredir los obstáculos culturales y estéticos de su tiempo. En un contexto en el que la tecnología era vista con sospecha y como inusual dentro del ámbito artístico, Rockmore demostró que el theremín podía ser un vehículo para la expresión subjetiva y la aparición de una propuesta innovadora y con un grado importante de autenticidad estética. Su legado, aunque no directamente asociado con el feminismo en términos explícitos, transitó un camino para que futuras generaciones de mujeres exploraran la música electrónica, un campo que tiene el potencial de cuestionar, enfrentar y resistir las estructuras de poder que moldean la cultura contemporánea. Así, la lucha por defender su visibilidad como artista femenina, Clara Rockmore no sólo no solo puede asumirse como un triunfo individual, sino también como un gesto cultural y estético que desafió las lógicas de exclusión y dominación aún presentes tanto en la música como en la sociedad.

 



Daphne Oram: La creadora de mundos sonoros

Daphne Oram (1925-2003), cofundadora del BBC Radiophonic Workshop, ocupa un lugar relevante en la historia de la música electrónica, además de su contribución técnica e innovadora en ella, también reconocerle su capacidad para cuestionar y transformar las estructuras tradicionales de la creación musical. Su invención del sistema Oramics, un dispositivo que permitía generar sonidos electrónicos a partir de gráficos dibujados marcó un hito al apostar un cambio en la composición musical tradicional y ofrecer un enfoque radicalmente nuevo para la creación sonora. Este sistema no sólo desafiaba las convenciones de la música clásica, al permitir que el compositor trabajara directamente con el material sonoro sin necesidad de intermediarios como intérpretes o partituras tradicionales, sino que planteó interrogantes fundamentales sobre la relación entre tecnología, creatividad y autonomía artística, cuestiones que resuenan profundamente con las reflexiones de Theodor Adorno en Filosofía de la nueva música.

En su obra, Adorno critica la música serial y otras formas de vanguardia por su tendencia a convertirse en sistemas cerrados y autorreferenciales, que reproducen las mismas lógicas de dominación y alienación que caracterizan a la industria cultural. Sin embargo, también reconoce el potencial emancipador de la música cuando esta logra resistir las formas establecidas y abrirse a nuevas posibilidades estéticas. En este sentido, el trabajo de Oram puede interpretarse como un intento de trascender las limitaciones impuestas tanto por las convenciones de la música clásica como por las expectativas de la música electrónica emergente de su tiempo. Al crear el sistema Oramics, Oram no solo presentó una herramienta que ampliaba las opciones creativas del compositor, sino que también proponía un modelo alternativo de relación entre el artista y la tecnología, enfatizando aspectos como la experimentación, la intuición y la subjetividad.

El rechazo de Oram a las jerarquías tradicionales de la música clásica y su búsqueda de formas sonoras radicalmente nuevas pueden entenderse, desde la perspectiva de Adorno, como un gesto de resistencia frente a la fetichización de la música, es decir, aquella que se sume a la tendencia a tratar las obras musicales como objetos consumibles en lugar de experiencias innovadoras de otras formas de nuestra percepción auditiva viva y crítica. Sin conformarse con los medios y formas existentes, Oram optó por diseñar sus propias herramientas artísticas sonoras y dándose a explorar territorios sonoros desconocidos, todo ello entendido como un acto que refleja una búsqueda de autonomía estética en el sentido adorniano. Para Adorno, la verdadera música nueva no es sólo aquella que simplemente adopta una técnica innovadora, sino la que cuestiona y subvierte las estructuras ideológicas que subyacen a la producción cultural. En este sentido, la propuesta artística de Oram en la creación de sonidos a través de gráficos dibujados —un proceso que combina lo visual y lo sonoro de manera profundamente personal— puede interpretarse como una forma de resistencia a la reificación de la música. Fue un intento de devolver al compositor un control directo y creativo sobre el material sonoro.

Además, la obra de Oram refleja una postura feminista latente que, aunque no declarada explícitamente, se manifiesta en su sincero desafío a las normas de género que limitaban la participación de las mujeres en la música y la tecnología. En un campo cultural dominado explícitamente por hombres, Oram no solo se abrió camino, sino que en su desafío personal también redefinió lo que significaba ser una compositora e inventora en el ámbito de la música electrónica. Desde la perspectiva crítica, este acto de resistencia no solo tiene implicaciones estéticas, sino también sociales, ya que cuestiona las estructuras de poder que moldean tanto la música como la sociedad en general. Al negar las formas establecidas y desarrollar un enfoque radicalmente original, Oram no solo amplió las posibilidades de la música electrónica, sino que también anticipó debates contemporáneos sobre la relación entre tecnología, arte y género.

La obra de Oram, en este sentido, puede leerse como un ejemplo de lo describe una mirada crítica ante el hecho creador:  asumir la capacidad de hacer arte para resistir la lógica instrumental y alienante de la modernidad tecnológica. Al mismo tiempo, su enfoque en la creación de herramientas propias y su rechazo a las estructuras tradicionales de poder musical resuenan con las luchas feministas de su época, al reivindicar un espacio para la subjetividad y la creatividad femenina en un campo históricamente excluyente. Así, el legado de Daphne Oram no solo radica en sus contribuciones técnicas e innovadoras en el horizonte del arte sonoro, sino también en su capacidad para abrir nuevas posibilidades estéticas y sociales, demostrando que la música, incluso en su forma más experimental y tecnológica, puede ser un medio para la emancipación y la crítica.




Delia Derbyshire: La arquitecta del sonido

Delia Derbyshire (1937-2001) es una figura clave en la historia de la música electrónica, especialmente por su trabajo en el BBC Radiophonic Workshop, donde creó la icónica música del tema de Doctor Who. Su perspectiva innovadora en la manipulación de cintas y sonidos electrónicos la presenta como una arquitecta y diseñadora del sonido, una artista que transfiguró la visión de lo que a menudo se consideraba un campo técnico en un espacio de expresión creativa. Derbyshire no solo emergió su importancia por la contribución y, construcción de la cultura popular a través de la tecnología, sino que también desafió, hasta buena parte del presente, las limitaciones impuestas a las mujeres en un ámbito tradicionalmente dominado por hombres. Este desafío, aunque no siempre reconocido en su tiempo, resuena con las propuestas de Pierre Boulez y otros teóricos de la música electrónica, quienes abogaron por una ruptura con las formas tradicionales de la composición musical y la exploración de nuevas posibilidades sonoras.

La música de Derbyshire encarna, de manera factual, muchas de las ideas estéticas musicales que Boulez promovió en sus escritos y composiciones. Boulez, como uno de los principales defensores de la música electrónica y serial, veía en la tecnología una herramienta para superar las restricciones de la tonalidad y las estructuras tradicionales[3]. Para él, la música debía liberarse de las convenciones heredadas y abrirse a un lenguaje completamente nuevo, en el que el compositor pudiera trabajar directamente con el material sonoro. Derbyshire, al manipular cintas y sonidos grabados, llevó esta idea a la práctica, creando composiciones que no solo rompían con las formas tradicionales, sino que también exploraban territorios sonoros que antes eran inabordables. Su trabajo en el tema de Doctor Who, por ejemplo, no solo es una obra modelo de la música electrónica, sino también un ejemplo de los usos de las herramientas de tecnología del sonido puede ser utilizada para crear experiencias estéticas significativamente innovadoras.

Sin embargo, mientras que figuras como Boulez gozaron de reconocimiento y prestigio en sus carreras, Derbyshire sufrió el aislamiento de género, tuvo que enfrentar esa discriminación y fue, durante gran parte de su vida, invisibilizada dentro de la industria musical. Esta diferencia evidencia las barreras sistémicas que las mujeres han sufrido históricamente en el campo de la música, incluso cuando sus contribuciones han sido fundamentales para el desarrollo de nuevas formas artísticas. En este sentido, la carrera de Derbyshire no solo refleja las tensiones entre innovación y tradición en la música, sino también los flujos de poder que cincelan el acceso y el reconocimiento en el ámbito artístico. Mientras Boulez y otros teóricos de la música electrónica podían teorizar y experimentar desde posiciones de autoridad, Derbyshire tuvo que enfrentarse constantemente contra un sistema que invisibilizaba su talento, colocando su trabajo al margen.

Sin embargo, podemos reconocer que las ideas de Boulez sobre la música como un proceso continuo de descubrimiento y experimentación encuentran indirectamente un eco en la obra de Derbyshire, quien abordó la tecnología no como un fin en sí mismo, sino como un medio para ampliar las posibilidades expresivas de la música. Su enfoque en la manipulación de cintas y sonidos grabados, por ejemplo, adelantó muchas de las técnicas que serían fundamentales para la música electrónica y experimental en décadas posteriores. Sin embargo, su contribución estaría reducida si se limitara al ámbito técnico; Derbyshire también exploró las dimensiones emocionales y estéticas de la música electrónica, afirmando que esta podía ser tanto un vehículo para la innovación como una forma de arte profundamente humana.

El legado de Derbyshire ha sido reivindicado por movimientos feministas contemporáneos, que la consideran una figura emblemática de la resistencia y la creatividad femenina. Esta reivindicación no solo es un acto de justicia histórica, sino también un reconocimiento de que su obra desafía las jerarquías tradicionales de género y poder en la música. Al igual que Boulez y otros teóricos de la música electrónica, Derbyshire entendió que la tecnología podía ser un medio para transformar el fenómeno creativo y estético de la música y, por extensión, la cultura. Sin embargo, mientras que las propuestas de Boulez a menudo se centraban en la ruptura con las convenciones formales en la composición y en los manejos tímbricos y rítmicos de los instrumentos tradicionales y las técnicas electrónicas de sonido, el trabajo de Derbyshire también plantea preguntas de orden político y moral sobre quién tiene acceso a estas herramientas y cómo las dinámicas de poder influyen en la creación artística.

En última instancia, la obra de Delia Derbyshire no solo amplió las posibilidades de la música electrónica, sino que también desafió las estructuras de exclusión que han moldeado la historia de la música. Su capacidad para traducir los usos de la tecnología en arte, a pesar de las barreras sociales y culturales, políticas y morales que enfrentó, la convierte en una figura central no solo en la música electrónica, sino también en la lucha por la igualdad en el ámbito artístico. Así, Derbyshire no solo es una arquitecta del sonido, sino también una constructora de posibilidades sonoras, cuya obra continúa invitando a nuevas generaciones de artistas y teóricos a explorar los límites de la música y a cuestionar las estructuras que los contienen.




Eliane Radigue: Espiritualidad y minimalismo

Eliane Radigue, nacida en 1932, ha desafiado las convenciones de la música electrónica desde una perspectiva única que combina minimalismo, espiritualidad y resistencia frente a las estructuras patriarcales del arte sonoro. Su obra, profundamente meditativa, se desarrolla principalmente a través del uso del sintetizador modular ARP 2500, una herramienta que le permitió explorar las sutilezas del sonido y crear paisajes sonoros que supera lo auditivo para dejar una experiencia introspectiva y espiritual al escucha. En un contexto internacional dominado por compositores, definían las corrientes principales de la música contemporánea, Radigue encontró su propia margen de existencia al interrogar las nociones tradicionales de poder, control y estructura en la composición musical.

Una franja de misticismo oriental cubre un lugar central en la obra de Radigue, pues estuvo profundamente influenciada por su práctica del budismo tibetano. Sus composiciones rechazan toda narrativa o desarrollo lineal, invitando al oyente a sumergirse en un estado de contemplación y escucha profunda. Obras como Trilogie de la Mort (1998) son ejemplos únicos de esta búsqueda trascendental, donde el sonido se asume como un vehículo hacia lo inmaterial, hacia regiones donde convergen el ser y la nada del zen. En este sentido, Radigue comparte ciertos paralelismos con ciertas ideas del compositor francés Olivier Messiaen, quien también concebía la música como una forma de conexión espiritual. Pero a diferencia de Messiaen que recurría a estructuras complejas y referencias religiosas explícitas, Radigue opta por un enfoque más abstracto y minimalista, confiando en la capacidad del sonido puro para evocar su propia idea de lo trascendente.

El minimalismo en la obra de Radigue no un punto fijo de creación, sino una opción para explorar la percepción del tiempo y del espacio. A través de un piso de modulaciones sutiles y graduales, su música genera una sensación de quietud fluida que desafía las expectativas del oyente. Este enfoque minimalista puede relacionarse con las propuestas de compositores como La Monte Young o Terry Riley, aunque Radigue aporta una sensibilidad única que nos muestra tanto su experiencia personal como su compromiso feminista. En lugar de satisfacerse en una estructura rígida o un control absoluto en el manejo del sonido, sus composiciones parecen dialogar con el material sonoro, permitiendo que este surja subrepticiamente y evolucione de manera orgánica. Esta actitud contrasta con las aproximaciones más autoritarias de algunos de sus contemporáneos, como Pierre Boulez, cuya obra a menudo se asocia con un rigor estructural y un control exhaustivo sobre cada elemento de la composición.

El contexto cultural e histórico en el que Radigue desarrolló su carrera no puede pasarse por alto. La música electrónica, como muchas otras disciplinas artísticas y científicas, ha estado históricamente dominada por una visión masculina, lo que ha limitado el acceso de las mujeres a los recursos, el reconocimiento y las oportunidades. De esta forma, tal situación le lleva a no conformarse con tales restricciones, Radigue utilizó su posición para cuestionar las dinámicas de poder inherentes al proceso creativo y expositivo de su obra. Su enfoque en la introspección y la escucha profunda puede interpretarse como una forma de resistencia frente a las estructuras patriarcales que valoran el control y la dominación sobre el material sonoro. En este sentido, su obra se alinea con las ideas feministas que enfatizan la importancia de la experiencia subjetiva y la capacidad de subvertir las jerarquías tradicionales.

El uso del sintetizador ARP 2500 fue crucial para el desarrollo de su lenguaje musical. Este instrumento, con su capacidad para manipular el sonido con una precisión casi microscópica, permitió a Radigue crear tejidos sonoros que evolucionan sigilosamente, generando una sensación de tiempo suspendido. Estos estambres musicales, a menudo descritas como "paisajes sonoros", no solo son un testimonio de su maestría técnica, sino también de una pertinente capacidad para transformar los dispositivos tecnológicos en herramientas de expresión profundamente humana. En su manejo del sintetizador nos da la impresión de no ser un instrumento electrónico frío o mecánico, sino un medio para explorar la conexión y la inmersión entre el sonido, la percepción y la espiritualidad.

Podemos terminar diciendo que la obra de Eliane Radigue representa una contribución original y profundamente relevante entre los creadores de la música electrónica y contemporánea. En su enfoque minimalista y meditativo, como ya hemos referido, Radigue elige el desafió las convenciones de su tiempo, cuestionando las nociones tradicionales de poder y control en la composición musical. Su música, traspasa lo auditivo para convertirse en una experiencia espiritual, invitando al oyente a reflexionar sobre la percepción del espacio y del tiempo junto la propia subjetividad. En un escenario donde las mujeres en que han tenido que enfrentar obstáculos significativos para ser reconocidas en el ámbito de la música experimental, Radigue no solo abrió nuevos horizontes, sino que también demostró que la introspección, la sensibilidad y la resistencia pueden ser fuerzas transformadoras en el arte.

 



Laurie Spiegel: Tecnología y democratización

La compositora estadounidense Laurie Spiegel (1945-) es una figura fundamental en la historia de la música electrónica, no solo por sus composiciones innovadoras, sino también por su contribución al desarrollo de herramientas tecnológicas que democratizaron el acceso a la creación musical. Su software Music Mouse – An Intelligent Instrument (1986) permitió a músicos sin formación técnica explorar la composición algorítmica, ampliando las posibilidades creativas y cuestionando las jerarquías tradicionales del conocimiento técnico en la música. Usando la lógica algorítmica e interactiva desarrollo toda una forma de creatividad sonora que facilitaba la interpretación a tiempo real, adicionándose la improvisación gracias a los softwares salidos de su genialidad.  Este enfoque, que combina tecnología, accesibilidad y reflexión crítica, puede ser analizado en diálogo con las ideas de teóricos como Theodor W. Adorno, Pierre Boulez, Pierre Schaeffer y otras figuras clave en la música contemporánea. Aunque Spiegel no se alinea directamente con las tradiciones musicales o filosóficas que estos autores representan, su obra ofrece una perspectiva complementaria y, en ciertos aspectos, crítica, al proponer una visión inclusiva y humanista del uso de la tecnología en la música.

Sus inicios en la música fueron de forma autodidacta. Luego estudiaría guitarra y composición con el conocido maestro ingles John Duarte, además de seguir perfeccionando sus conocimientos de composición con Jacok Druckman, Vincent Perischetty, Hall Overton y Emmanuel Ghent.

En el pensamiento de Adorno, especialmente en su Filosofía de la nueva música, la música moderna debía resistir la estandarización impuesta por la industria cultural, que conducía a una repetición mecánica y vacía. Para Adorno, la música atonal y serial representaba una forma de resistencia frente a estas dinámicas, al desafiar las expectativas del oyente y evitar la fácil digestión por parte del mercado. Aunque Spiegel no trabaja dentro de los paradigmas atonales o serialistas, su software y sus composiciones pueden interpretarse como un acto de resistencia frente a las jerarquías técnicas y sociales que limitaban el acceso a la creación musical. Al diseñar Music Mouse, Spiegel no buscaba simplificar la música para ajustarse a las demandas comerciales, sino que ofreció una herramienta que permitiera a músicos y aficionados interactuar con estructuras algorítmicas complejas de manera intuitiva. En este sentido, su trabajo comparte con Adorno una preocupación por evitar la trivialización de la música, aunque Spiegel adopta una postura más optimista respecto al papel de la tecnología como medio de empoderamiento. Entusiasmada por la automatización llevó a cabo un intento feliz de automatizar todo con el fin de ser más libre y centrarse en aspectos en que la música no puede ser automatizable.

Por otro lado, Pierre Boulez, en su ensayo Pensar la música hoy, defendió el control absoluto del compositor sobre todos los aspectos de la obra, utilizando métodos como el serialismo integral para estructurar el material sonoro de manera rigurosa. Aunque Spiegel comparte con Boulez un interés por la innovación tecnológica, su enfoque difiere significativamente en términos de control y accesibilidad. Mientras que Boulez veía la técnica como un medio para consolidar el poder del compositor como figura central, Spiegel diseñó Music Mouse para facilitar la interacción intuitiva con algoritmos musicales, reduciendo la necesidad de un control exhaustivo por parte del usuario. Esta diferencia refleja una tensión entre dos concepciones de la tecnología: una que la utiliza para reforzar las estructuras de poder tradicionales y otra que busca descentralizar el acceso, promoviendo la participación de una audiencia más amplia. Spiegel no solo desmitifica el uso de la tecnología, sino que también subraya su potencial como herramienta de inclusión, un enfoque que contrasta con la visión elitista de Boulez.

Una de sus obras más interesantes fue la interpretación del clásico libro Harmonices mundi de Johannes Kepler, la cual fue seleccionada para el conjunto que conformó los Sonidos de la Tierra en el disco de oro colocado a bordo de la nave espacial Voyager (1977). Otra de sus obras es Sedimento, que fue incluida en la popular película Juegos del Hambre (2012).

El trabajo de Spiegel también puede relacionarse con las ideas de Pierre Schaeffer, quien en su Tratado de los objetos musicales desarrolló el concepto de "objeto sonoro" y la escucha reducida, que buscaba desvincular el sonido de sus asociaciones contextuales para percibirlo en su pureza material. Aunque Spiegel no adopta explícitamente el marco teórico de Schaeffer, su obra comparte ciertos paralelismos con estas ideas. En composiciones como las incluidas en The Expanding Universe (1980), Spiegel utiliza patrones algorítmicos y texturas electrónicas para crear paisajes sonoros que invitan a una escucha profunda y contemplativa. Al igual que Schaeffer, Spiegel explora el potencial del sonido como fenómeno autónomo, aunque su enfoque está mediado por el uso de computadoras y algoritmos. Además, el diseño de Music Mouse refleja una comprensión intuitiva de los principios schaefferianos sobre la manipulación del sonido, ya que permite a los usuarios interactuar con parámetros musicales de manera directa e inmediata. Esto sugiere una convergencia entre la filosofía de Schaeffer y el diseño tecnológico de Spiegel, aunque sus objetivos finales difieran.

Sin embargo, lo que distingue a Spiegel de estos autores es su compromiso explícito con la inclusión y la democratización del acceso a la tecnología musical, una preocupación que resuena con las ideas feministas y pedagógicas sobre la subversión de las jerarquías de poder. En su libro Pink Noises: Women on Electronic Music and Sound, Tara Rodgers analiza cómo las mujeres en la música electrónica han enfrentado históricamente barreras significativas, desde la exclusión institucional hasta la invisibilización de sus contribuciones. Spiegel, al hablar abiertamente sobre las dificultades que enfrentó como mujer en un campo dominado por hombres, encarna una respuesta práctica a estas dinámicas de exclusión. Su decisión de crear herramientas accesibles no solo facilitó la creación musical para músicos de diversos niveles de experiencia, sino que también desafió las estructuras de poder que perpetuaban la exclusión de las mujeres en la música y la tecnología. En este sentido, Spiegel amplía el marco conceptual de la música electrónica, integrando preocupaciones sociales y políticas que a menudo han sido ignoradas por sus predecesores. No puede dejarse de lado que también tiene un conjunto de obras para piano, guitarra, instrumentos diversos y pequeña orquesta, además de su interés plástico por el dibujo, la fotografía, creación de videos, que junto a sus reflexiones escritas y sus softwares de computación la convierten en una creadora transdisciplinar.

El impacto de Laurie Spiegel sobrepasa el ámbito de la esfera música. Su obra y su filosofía han demostrado que la tecnología puede ser utilizada como una herramienta de empoderamiento, en lugar de un medio de alienación o aislamiento. Mientras que Adorno, Boulez y Schaeffer abordaron la música desde perspectivas filosóficas y técnicas, Spiegel añade una dimensión ética y política, al utilizar la tecnología para cuestionar las jerarquías tradicionales y promover una mayor participación en la creación musical. Su trabajo no solo enriqueció el campo de la música electrónica, sino que también dejó un legado que continúa inspirando a futuras generaciones de músicos, tecnólogas y pensadores.

 




Pauline Oliveros: Escucha profunda y resistencia

“…la música debe ser para todo el mundo en cualquier lugar”

P.O.

La compositora y acordeonista estadounidense Pauline Oliveros (1932-2016) es una figura relevante en la música contemporánea y electrónica, cuya obra marcó un punto de inflexión en la forma de entender el sonido, la percepción y la relación entre el individuo y su entorno. Su concepto de "escucha profunda" (Deep Listening)[4] no solo redefinió las prácticas musicales, sino que también ofreció una perspectiva filosófica y política que cuestionaba las estructuras jerárquicas de la música occidental y proponía una conexión más consciente y empática con el mundo. Oliveros, quien a los dieciséis años había decidido ser compositora, describió la escucha profunda como "la escucha a toda la gama de sonidos posibles, sin juzgar, y con la intención de conectar profundamente con el momento presente". Esta práctica, que va más allá de la música, se convirtió en un acto de resistencia frente a los valores patriarcales que privilegian la acción, la producción y el control, proponiendo en su lugar la introspección, la receptividad y la conexión. Ha tenido la formación e influencia de los compositores Robert Erickson, Terry Riley, Stuart Dempster y Lorem Rush.

La obra de Oliveros puede analizarse en diálogo con las tesis de autores como Theodor W. Adorno, Pierre Boulez y Pierre Schaeffer, cuyas reflexiones sobre la música y la tecnología han sido fundamentales en la música contemporánea. Aunque Oliveros no se alinea directamente con las ideas de estos teóricos, su trabajo entra en conversación con ellas, ya sea complementándolas o desafiándolas desde una perspectiva feminista y ecológica.

Oliveros, integrante del grupo experimental San Francisco Tape Music, su obra no se fija sólo en las estructuras formales de la música, sino en la experiencia del oyente y en la relación entre el sonido y el entorno. La escucha profunda, como práctica, por ejemplo, supera las preocupaciones de Adorno sobre la mercantilización de la música, proponiendo en cambio una forma de participación y consciente que desafía las dinámicas de alienación desde el acto mismo de escuchar. Mientras que autores como el filósofo de la escuela de Frankfort Theodor Adorno enfatizaba la importancia de la música como un medio de resistencia intelectual, Oliveros amplía esta idea al incorporar la dimensión sensorial y comunitaria, haciendo de la escucha un acto político y transformador.

Por otro lado, Pierre Boulez, en su ensayo Puntos de referencia, defendió la innovación técnica y el control absoluto del compositor sobre la obra musical. Aunque Oliveros también exploró las posibilidades de la tecnología, su enfoque difiere radicalmente del de Boulez. A menudo improvisaba con el Sistema Extendido de Instrumentos, que era un sistema de procesamiento digital de audio que ella misma diseñó, para sus interpretaciones y grabaciones. Así, en lugar de utilizar la tecnología para reforzar el dominio del compositor, Oliveros la empleó como una herramienta para facilitar la improvisación, la colaboración y la experimentación colectiva. Obras como Bye Bye Butterfly (1965), en las que Oliveros utiliza sintetizadores y procesadores de sonido para reinterpretar fragmentos de la ópera Madame Butterfly de Puccini, ejemplifican su enfoque crítico y experimental. En esta pieza, Oliveros transforma una narrativa tradicionalmente asociada con la opresión femenina en una obra cargada de simbolismo y crítica cultural, desafiando tanto las convenciones de la música clásica como las estructuras de poder que subyacen en ella. Este uso subversivo de la tecnología contrasta con la visión de Boulez, que veía en la técnica un medio para alcanzar un control riguroso y estructural.

El trabajo de Oliveros también puede relacionarse con las ideas de Pierre Schaeffer, quien en su Tratado de los objetos musicales propuso el concepto de "escucha reducida", un enfoque que busca desvincular el sonido de sus asociaciones contextuales para percibirlo en su pureza material. Aunque Oliveros comparte con Schaeffer el interés por la escucha como práctica central, su enfoque es más inclusivo y experiencial. Mientras que la escucha reducida de Schaeffer se centra en el análisis del sonido como objeto, la escucha profunda de Oliveros enfatiza la conexión emocional, espiritual y comunitaria que surge de la interacción con el sonido. En este sentido, Oliveros amplía el marco teórico de Schaeffer, integrando elementos de meditación, empatía y conciencia ambiental que trascienden la dimensión puramente acústica. Es lo que encontramos cuando describe la necesidad de una nueva teoría musical en su texto Introducciones a sus meditaciones sónicas (Sonic meditación), donde plantea la formación de una consciencia sónica. Ello se basa en concentrar la atención en el sonido ambiental y musical, manteniendo un estado de escucha atenta, constituyendo una síntesis de la psicología de la consciencia, el entrenamiento de las artes marciales (ella era cinta negra en karate) y el pensamiento feminista. Esto genera, según sus planteamientos, formas de procesar información, de una atención focal, representada por el punto y círculo, constituyendo sus particulares mándalas empleados en sus composiciones. Con ello erigía intrincadas masas sonoras tejidas en torno a un centro tonal fuerte, a partir de ello se obtiene timbres, flexibilidad, ataques, duración e intensidad y, en ciertos momentos, tono, expandiéndose en espacios y tiempos no convencionales para su interpretación.

Además de su contribución a la música y la tecnología, Oliveros fue una defensora activa de la igualdad de género y la inclusión en la música. Fundó el programa de música electrónica en la Universidad de California, San Diego, y trabajó para crear espacios en los que las mujeres pudieran explorar la tecnología y la composición sin las barreras impuestas por un campo históricamente dominado por hombres. Su obra y su activismo resonaron profundamente con los movimientos feministas y ambientalistas, que encontraron en la escucha profunda una herramienta para la introspección, la empatía y la conexión con el mundo natural. En su libro Deep Listening: A Composer's Sound Practice, Oliveros explora cómo esta práctica puede transformar no solo la relación del individuo con el sonido, sino también con la comunidad y el medio ambiente, ofreciendo una visión holística que desafía las dicotomías tradicionales entre naturaleza y tecnología, individuo y colectivo.

En este sentido, la obra de Oliveros trasciende las preocupaciones estéticas y técnicas que dominaron gran parte del pensamiento musical del siglo XX. Mientras que figuras como Adorno, Boulez y Schaeffer se centraron en cuestiones de forma, técnica y percepción, Oliveros amplió el alcance de la música para incluir dimensiones éticas, políticas y espirituales. Su enfoque inclusivo y su compromiso con la igualdad de género y la sostenibilidad ambiental la convierten en una figura única en la historia de la música, cuyo legado sigue inspirando a músicos, pensadores y activistas de todo el mundo.




Suzanne Ciani: Innovación y comercialización del arte electrónico

La pianista y compositora estadounidense Suzanne Ciani (1946-), conocida como la diva del sintetizador, es una figura única en la música electrónica cuya obra se sitúa en la intersección entre arte, tecnología, publicidad y mercado. Su dominio del sintetizador Buchla[5] y su capacidad para combinar sensibilidad artística con innovación técnica redefinieron las posibilidades de la música electrónica, tanto en el ámbito experimental como en el comercial publicitario. A través de su trabajo, Ciani no solo amplió los límites de lo que se consideraba música, sino que se sumó al desafió contra las barreras de género en un campo históricamente dominado por hombres. El conjunto de creaciones, que incluye composiciones como Seven Waves (1982) y su contribución al diseño de sonido en anuncios (Coca-Cola, American Express, General Electric) y videojuegos (Atari, Xenon), es un testimonio de su versatilidad y de su capacidad para integrar lo artístico y lo comercial sin comprometer su visión creativa.

El trabajo de Ciani puede analizarse en relación con las propuestas musicales y teóricas de figuras como Theodor W. Adorno, Pierre Boulez, Pierre Schaeffer, John Cage y Marshall McLuhan, cuyas ideas ofrecen un marco enriquecedor para comprender la profundidad y las implicaciones de su obra. Aunque Ciani no se alinea directamente con sus planteamientos, su trabajo puede dialogar ellos, ya sea complementándolos, reinterpretándolos o desafiándolos desde una perspectiva que integra la tecnología, el feminismo y la accesibilidad.

Si encontramos a muchos teóricos y compositores de la música que defienden ciertas posturas de la música búsqueda de una auténtica composición que debe resistir a la estandarización y la mercantilización impuestas por la industria cultural, su caso puede pensarse desde otras perspectivas. Sabemos que Ciani incursionó en el ámbito del negocio comercial de la música, pero su enfoque no puede reducirse a una simple adaptación complaciente a las demandas del mercado como un banal producto de consumo. En piezas como las de Seven Waves, Ciani emplea el sintetizador Buchla para crear paisajes sonoros que evocan la naturaleza y la introspección, desafiando las convenciones de la música popular y explorando texturas y patrones que invitan a una escucha activa y contemplativa. Aunque un pensador como Adorno podría haber cuestionado el valor artístico de su trabajo comercial, la obra de Ciani demuestra que es posible moverse entre el arte y el mercado de la música sin perder la integridad creativa, planteando una alternativa a la dicotomía adorneana entre música autónoma y música de consumo.

Por otro lado, Pierre Boulez, con su énfasis en el control técnico y la innovación estructural, podría encontrar afinidades con el enfoque de Ciani hacia la tecnología. El sintetizador Buchla, con su complejidad técnica y su capacidad para generar sonidos únicos, requería un nivel de dominio comparable al que Boulez exigía en sus composiciones seriales. Sin embargo, mientras Boulez defendía un control riguroso por parte del compositor imponiéndolo a la interpretación de su obra, Ciani adoptó un enfoque más intuitivo y orgánico, utilizando el Buchla como una extensión de su sensibilidad artística. En este sentido, su trabajo no asume el cerrado rigor estructural de Boulez y se acerca más a una exploración individual abierta y fluida de las posibilidades sonoras, transgrediendo la noción de control absoluto y abriendo espacio para la improvisación y la espontaneidad.

El vínculo con Pierre Schaeffer es también evidente, especialmente en el interés compartido por la manipulación del sonido como materia prima. Schaeffer, con su concepto de "objeto sonoro" y su enfoque en la escucha reducida, buscaba desvincular el sonido de sus asociaciones contextuales para percibirlo en su pureza material. Ciani, aunque no trabaja explícitamente dentro del marco teórico de Schaeffer, comparte su fascinación por el sonido como fenómeno autónomo. En su trabajo con el Buchla, Ciani transforma los sonidos electrónicos en paisajes sonoros que evocan emociones y experiencias sensoriales, trascendiendo las categorías tradicionales de la música. Sin embargo, a diferencia de Schaeffer, Ciani no busca una abstracción total del sonido, sino que lo utiliza para conectar con el oyente a un nivel emocional y narrativo, como se aprecia en la evocación del agua en Seven Waves.

Comparar la postura de Ciani con la del compositor John Cage nos lleva a un terreno de discusión particularmente interesante, dado que ambos compartían un interés por expandir los límites de lo que se considera música. Cage, con su visión particular en hacer énfasis en el azar y la apertura a los sonidos del entorno, desafió las nociones tradicionales de composición y autoría. Aunque Ciani no utiliza el azar de la misma manera que Cage, su enfoque hacia el Buchla refleja una disposición similar a improvisar y a explorar lo inusual e inesperado y a permitir que la tecnología y el sonido tengan una acción propia dentro del proceso creativo. Además, el trabajo de Ciani en su peculiar y original capacidad para el diseño de sonidos para anuncios publicitarios y videojuegos puede relacionarse como una extensión de la idea de Cage que afirma que cualquier sonido puede ser música, al integrar sonidos electrónicos en contextos cotidianos y publicitarios sin perder su dimensión artística.

Finalmente, el pensamiento del canadiense Marshall McLuhan, con su análisis de los medios como extensiones del ser humano, ofrece una perspectiva valiosa para entender el trabajo de Ciani. McLuhan argumentó que los medios tecnológicos transforman nuestra percepción y nuestra relación con el mundo, y el sintetizador Buchla, en manos de Ciani, se convierte en una extensión de su creatividad y sensibilidad de su mente musical. Al utilizar este instrumento para crear paisajes sonoros que combinan lo humano y lo tecnológico, Ciani ejemplifica la idea de McLuhan de que los medios no son meras herramientas, sino agentes activos que moldean, alargan y afectan nuestra experiencia de la percepción auditiva y táctil corporal. Además, su capacidad para moverse entre el ámbito experimental y el comercial refleja la visión de McLuhan sobre la convergencia inseparable y actual entre arte y tecnología en la era de los medios electrónicos y las capacidades de la constelación digital de los mundos virtuales sonoros e imaginarios.

En el legado de Suzanne Ciani podemos notar que las categorías tradicionales de la música y el diseño de sonido pueden ir dadas de la mano. Su capacidad para integrar arte y tecnología, sensibilidad artística e innovación técnica, y su compromiso con la igualdad de oportunidades en el mercado de la música, la convierten en una figura significativa para la evolución de la música electrónica. Al reflexionar entre todas las aristas por donde transita esta creadora se pone en evidencia de la riqueza y la complejidad de su contribución, que sigue inspirando a nuevas generaciones de artistas y pensadores.

 



Apreciaciones finales de estas pioneras de la música electrónica

Sisters with Transistors no es solo un homenaje a las pioneras de la música electrónica, sino también un acto de justicia histórica y un manifiesto feminista. Las compositoras destacadas en el documental no solo transformaron el sonido, sino que también desafiaron las normas de género y las estructuras patriarcales que limitaban su acceso al reconocimiento y a los recursos. Sus vidas y obras nos recuerdan que la innovación no es neutral, sino que está profundamente influenciada por las dinámicas de poder y género.

Clara Rockmore, Daphne Oram, Delia Derbyshire, Pauline Oliveros, Suzanne Ciani y sus contemporáneas no solo abrieron caminos en la música y la tecnología, sino que también cuestionaron las jerarquías tradicionales del arte y la ciencia informática. Su legado nos invita a reflexionar sobre la importancia de visibilizar las contribuciones de las mujeres en todos los campos y a reconocer que la creatividad y la innovación son más ricas cuando incluyen una diversidad de voces y perspectivas.

A través de su trabajo, desafiaron las narrativas dominantes que excluían a las mujeres y demostraron que la tecnología no es un ámbito exclusivo de los hombres. Además, sus obras nos invitan a repensar nuestra relación con el sonido, la tecnología y el entorno, promoviendo una visión más inclusiva y equitativa de la música y la creatividad.

Las conclusiones derivadas de este análisis sobre la obra y la postura de estas pioneras de la música electrónica, basado en el documental Sisters with Transistors y otros textos, junto a las trayectorias de figuras como Clara Rockmore, Daphne Oram, Delia Derbyshire, Eliane Radigue, Laurie Spiegel, Pauline Oliveros y Suzanne Ciani, revelan un panorama profundamente transformador que supera lo musical para convertirse en un acto de resistencia cultural, social y política. Estas mujeres no solo revolucionaron el ámbito de la música electrónica a través de sus innovaciones técnicas y artísticas, sino que también desafiaron las estructuras patriarcales y las normas de género que históricamente han limitado la participación femenina en la tecnología y el arte.

En primer lugar, estas compositoras demostraron que la tecnología puede ser una extensión de la sensibilidad artística y un medio para la emancipación creativa. Desde Clara Rockmore, quien elevó el theremín a un nivel de virtuosismo técnico y expresividad artística, hasta Laurie Spiegel, cuya creación del software Music Mouse democratizó el acceso a la composición algorítmica, estas mujeres utilizaron las herramientas tecnológicas no solo para innovar, sino también para subvertir las jerarquías tradicionales en la música. Su trabajo refleja una visión inclusiva y humanista de la tecnología, que contrasta con los enfoques más elitistas y absorbentes de figuras de la composición contemporánea. En lugar de reforzar las estructuras de poder, estas compositoras utilizaron la tecnología para abrir espacios de experimentación y participación, cuestionando las dinámicas de exclusión que han caracterizado históricamente al ámbito musical.

En segundo lugar, la obra de estas pioneras se inscribe en un diálogo crítico con las ideas de teóricos como Theodor W. Adorno, Pierre Schaeffer y John Cage. Mientras que Adorno veía en la música atonal y serial una forma de resistencia frente a la estandarización de la industria cultural, compositoras como Pauline Oliveros y Suzanne Ciani ampliaron esta noción al explorar la dimensión comunitaria, emocional y espiritual del sonido. Oliveros, con su concepto de "escucha profunda", transformó la experiencia musical en un acto de conexión ética y política, mientras que Ciani utilizó el sintetizador Buchla para crear paisajes sonoros que combinan lo experimental y lo accesible, desafiando la dicotomía entre música autónoma y música de consumo. Por otro lado, las propuestas de Schaeffer sobre la "escucha reducida" y la manipulación del "objeto sonoro" encuentran ecos en la obra de compositoras como Daphne Oram y Delia Derbyshire, quienes exploraron las posibilidades del sonido como fenómeno autónomo, aunque desde enfoques más intuitivos y narrativos.

Otro aspecto central es el vínculo entre la música electrónica y el feminismo. Estas compositoras no solo enfrentaron barreras significativas en un campo dominado por hombres, sino que también utilizaron su arte para desafiar las normas de género y reivindicar el papel de las mujeres como creadoras e innovadoras. El trabajo de Eliane Radigue, por ejemplo, combina minimalismo, espiritualidad y resistencia frente a las estructuras patriarcales, mientras que Laurie Spiegel abordó explícitamente la exclusión de las mujeres en la música y la tecnología, creando herramientas que facilitaran su participación. Este compromiso con la igualdad de género no solo transformó la práctica musical, sino que también contribuyó a un cambio cultural más amplio, desafiando las jerarquías de poder que moldean tanto la música como la sociedad.

Finalmente, el legado de estas mujeres trasciende las categorías tradicionales de la música para convertirse en un manifiesto de resistencia y transformación. Su capacidad para integrar arte, tecnología y compromiso social las posiciona como figuras clave no solo en la historia de la música electrónica, sino también en las luchas por la igualdad y la justicia en el ámbito artístico. Al relacionar sus obras con las ideas de Adorno, Boulez, Schaeffer, Cage y McLuhan, se pone de manifiesto la riqueza y la complejidad de sus contribuciones, que siguen siendo una fuente de inspiración para nuevas generaciones de artistas, tecnólogas y pensadores. En un mundo cada vez más mediado por la tecnología, su trabajo nos invita a repensar nuestra relación con el sonido, la creatividad y el entorno, y a imaginar nuevas formas de conexión, inclusión y resistencia a través del arte.

 

 

 

Bibliografía

Adorno, Theodor W. Filosofía de la nueva música. Traducción de Jorge Navarro Pérez. Madrid: Akal, 2004.

Boulez, Pierre. Puntos de referencia. Barcelona: Ed. Gedisa, 2008.

Briscoe, Desmond, y Roy Curtis-Bramwell. The BBC Radiophonic Workshop: The First 25 Years. Londres: BBC Books, 1983.

Cage, John. Silence: Lectures and Writings. Middletown: Wesleyan University Press, 1961.

Chadabe, Joel. Electric Sound: The Past and Promise of Electronic Music. Upper Saddle River: Prentice Hall, 1997.

Ciani, Suzanne. Seven Waves. Liner notes del álbum. New York: Finnadar Records, 1982.

Eckhardt, Julia. Eliane Radigue: Intermediary Spaces/Espaces Intermédiaires. Berlín: Errant Bodies Press, 2019.

Glinsky, Albert. Theremin: Ether Music and Espionage. Urbana: University of Illinois Press, 2000.

Griffiths, Paul. La música moderna: Una historia concisa desde Debussy hasta Boulez. Traducción de Luis Gago. Madrid: Alianza Editorial, 2012.

Holmes, Thom. Electronic and Experimental Music: Technology, Music, and Culture. Nueva York: Routledge, 2012.

Holmes, Thom. Música electrónica y experimental: Tecnología, música y cultura. Traducción de José Manuel Berenguer. Barcelona: Ediciones Robinbook, 2004.

Manning, Peter. Música electrónica: Historia y estética. Traducción de Jordi Roquer. Barcelona: Idea Books, 2001.

McLuhan, Marshall. Comprender los medios de comunicación: Las extensiones del hombre. Barcelona: Ediciones Siglo XXI, 1996.

Messiaen, Olivier. Técnica de mi lenguaje musical. Traducción de Francisco Ramos de Castro. Madrid: Idea Música, 1996.

Nattiez, Jean-Jacques. Pierre Boulez: Una introducción a su música. Traducción de Antonio Fernández-Cid. Madrid: Idea Música, 1997.

Oliveros, Pauline. Deep Listening: una práctica para la composición sonora. Argentina: Dobra Robota Ed., 2021.

Piekut, Benjamin. Experimentalism Otherwise: The New York Avant-Garde and Its Limits. Berkeley: University of California Press, 2011.

Rodgers, Tara. Pink Noises: Women on Electronic Music and Sound. Durham: Duke University Press, 2010.

Schaeffer, Pierre. Tratado de los objetos musicales: Ensayo interdisciplinario. Traducción de Agustín López Sala. Madrid: Alianza Editorial, 2018.

 

Discografía y conferencias sobre las compositoras del filme

Clara Rockmore

Mix de Clara Rockmore: https://www.youtube.com/watch?v=ghWdgcYIcSk&list=RDEMH_WjTCfZ2l8VrQS7qK5m6w&start_radio=1

Daphne Oram

Mix de Daphne Oram:

https://www.youtube.com/watch?v=szMsZfxiGTk&list=PL-RzUsgEgwvex0Vi9rWXvBZroONxj3gEV

Delia Derbyshire

Mix: Delia Derbyshire:

https://www.youtube.com/watch?v=jpdiMcEeTJA&list=RDEMf_lsMGI89lPy_objff1uUA&start_radio=1

Eliane Radigue

Álbum Eliane Radigue: Islas Resonantes:

https://www.youtube.com/watch?v=1RrsiGmLp_E

Concierto Occam Ocean de Eliane Ragigue interpretada por el grupo ONCEIM@MoersFestival, 2021:

https://www.youtube.com/watch?v=22x-iq0Y-ls

Discografía de Eliane Radigue:

https://www.youtube.com/watch?v=nzcQ0BqmvrQ&list=PLzmYecEnfrsiAE8XSK33skvi4DWqW0zKK

Laurie Spiegel

Música Indiscreta/ Laurie Spiegel:

https://www.youtube.com/watch?v=AtLKO-_-3h4

Álbum de Laurie Spiegel: Unseen Worlds

https://www.youtube.com/watch?v=9t0yyAWkkwE&list=RD9t0yyAWkkwE&start_radio=1

Álbum: Laurie Spiegel: Music or Dance I & II:

https://www.youtube.com/watch?v=fKX21xp6hhA

Pauline Oliveros

Una conferencia Sonora, 2021:

https://www.youtube.com/watch?v=cT_qG7jdR9M

TED: The difference between hearing and listening (La diferencia entre oír y escuchar).

https://www.youtube.com/watch?v=_QHfOuRrJB8

Pauline Olivertos, Stuart Dempster, Panaiotis: Deep Listening, 1989. Álbum completo:

https://www.youtube.com/watch?v=U__lpPDTUS4

Pauline Oliveros: A Love Song, 2013:

https://www.youtube.com/watch?v=fZLJ7PKmpE0

Suzanne Ciani

Álbum: Seven Waves. Buchla Concerts 1975

https://suzanneciani.bandcamp.com/album/seven-waves

 



[1] El Intonarumori fue un instrumento creado por Luigi Russolo, uno de los principales exponentes del futurismo italiano. Este dispositivo, desarrollado a principios del siglo XX, consistía en una serie de cajas acústicas con mecanismos internos que generaban diferentes tipos de ruidos, como zumbidos, rugidos, silbidos y chirridos. Fue la respuesta con la que contribuyo Russolo en torno a lo propuesto en su manifiesto futurista "El arte de los ruidos", donde se declara la importancia de incorporar los sonidos de la vida moderna y las máquinas a la música, cuestionando abiertamente las tradiciones musicales de la época.

[2] Léon Theremin, cuyo nombre real era Lev Serguéievich Termen, nació el 27 de agosto de 1896 en San Petersburgo, Rusia, y falleció el 3 de noviembre de 1993 en Moscú, Rusia. Fue un físico, inventor y músico reconocido principalmente por la creación del theremín, uno de los primeros instrumentos musicales electrónicos y el único que se toca sin contacto físico. Inventado en 1920, el theremín produce un sonido etéreo y característico, y su interpretación se basa en el movimiento de las manos del intérprete cerca de dos antenas: una controla la altura del tono (frecuencia) y la otra, el volumen. El theremín tuvo un impacto significativo en la música experimental y en la música de cine, especialmente en bandas sonoras de películas de ciencia ficción y terror. Además de su contribución musical, Léon Theremin también trabajó en otros inventos tecnológicos, incluidos dispositivos de espionaje, ya que colaboró con el gobierno soviético durante su carrera. Tomado en Wikipedia, visitado: 19 de febrero de 2025, https://es.wikipedia.org/wiki/L%C3%A9on_Theremin).

 

[3] Pierre Boulez sería en la década de los años 50 del siglo XX uno de los defensores de la música electrónica, comenzando a experimentar con los sonidos de la música concreta grados para obtener nuevas texturas y timbres. Uno de los pioneros que apoyaba la integración de la tecnología sonora con la música formal. En los años de 1970 se concentró en fundar el Instituto de integración y Coordinación Acústico/musical (IRCAM) en Paris. Centro de la vanguardia en investigación para la música electrónica y contemporánea. Estrenando una gran cantidad de obras de música electrónica de compositores y tecnólogos que ayudaron avanzar la creación musical contemporánea. Ver: Alejandro Viscarret: Pierre Boulez del serialismo integral al IRCAM. En: https://www.academia.edu/36977013/Pierre_Boulez_del_serialismo_integral_al_IRCAM_y_m%C3%A1s_all%C3%A1_un_pilar_de_la_nueva_m%C3%BAsica_de_la_segunda_mitad_del_siglo_XX?auto=download. Visitadoel18 de febrero 2025.

 

[4] El término Escucha Profunda de Oliveros surgió luego de bajar a 4.20 mts. del suelo para realizar una grabación, en 1988.  Y de esta forma pasó a ser utilizada esa expresión para su estética que estaba conformada por los principios de la improvisación, la música electrónica, el ritual, la enseñanza y la meditación. Ello vino a convertirse también en un programa formativo de la audición por la Fundación Pauline Oliveros, fundada en (1985). Ver:  «Center for Deep Listening at Rensselaer Opening Celebration March 11 at EMPAC - School of Humanities, Arts and Social Sciences - Rensselaer Polytechnic Institute (RPI)». Archivado desde el original el 27 de noviembre de 2016. Consultado el 30 de noviembre de 2016.

 

[5] Un sintetizador que debe su nombre por el constructor y creador de música electrónica con estos instrumentos, Don Buchla, de quien fue trabajadora para él soldando partes de los sintetizadores, dio pie para que se dedicada por diez años estudiar las posibilidades de ese instrumento. Al cual introdujo sus propias piezas adquiriendo el nombre de Buchla. Un instrumento que vendría a tener la capacidad de generar sonidos que ningún otro instrumento musical puede realizar. 



Aprender a “alzar” el duelo 

Theo D`Elía

Fotograma tomado del film "A real pain"





“Dave, estamos en un tour sobre el Holocausto.

Si este no es el momento y el lugar para llorar y abrirnos,

entonces no sé qué decirte”

A real pain (película 2024)


En esta nueva entrega recurro a la historia del film A real pain (2024) para ilustrarles la importancia que encierra derramar lágrimas, para aliviar nuestro vuelo adolorido cuando sufrimos alguna pérdida.

En este film ganador del Sundance Festival 2024 y nominado a los Oscar 2025, su director y protagonista Jesse Eisenberg ofrece dos caminos o viajes muy personales para redimir el sufrimiento y la memoria familiar de un par de primos de origen judío, Dave (Eisenberg) y Benjamín Kaplan (Kieran Culkin), tras el fallecimiento de su abuela paterna Dory.

 

Dave pareciera reprimir esa renuncia forzada a la memoria de su ser querido, y su introversión y ensimismamiento, lo llevan a somatizar dicha tristeza (medicado por un trastorno obsesivo-compulsivo). Entretanto, Benji la exterioriza, moviliza sus emociones y sensaciones, quizá en una forma excesiva. Así se demarcarán durante el tour a Polonia que ambos realizan junto a otros viajeros, también de origen judío en el anhelo de honrar a sus familiares sobrevivientes del Holocausto.

Durante la trama, el espectador intimará con la congoja de este par de jóvenes, cuyas decisiones vitales le han separado, pero que se quieren profundamente. Se apreciará que Dave y Benji en su reencuentro buscan elaborar no sólo la partida de Dory, si no ese distanciamiento sufrido, el dolor de hacerse adultos y haber roto con los ritos de sus raíces, y especialmente con el último vínculo de su infancia: su abuela.

Así que el viaje no es solo adaptar y armonizar una situación externa, sino también una muy interior ante esa realidad como bien ha explicado Jorge Bucay en su libro El camino de las lágrimas. Y justamente el llanto, representa en ambos protagonistas un elemento catalizador de ese itinerario vivencial hacia su consuelo. Mientras Benji, por su ser franco y abierto, llora fácilmente y en público en gesto compasivo por los caídos en el campo de concentración al que sobrevivió su abuela, Dave lo suprime y solo deja aflorar al confrontar la ansiedad que le produce la amenaza de perder física o afectivamente a su primo (quien en el pasado atentó con su vida).

Bucay nos dice: “La elaboración del duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida de lo que no está, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que comporta su ausencia”.                                               

Es lo que apreciamos en la medida que avanza la película A real pain y el itinerario del “tour geriátrico polaco” como denomina Benji a su periplo por la ciudad de Lublín. Como última estación, antes de su retorno a Nueva York, estará el portal de la que fuera la casa de infancia de Dory, una mujer de temple que marcó a cada nieto a su manera.

Ante aquel umbral procuran tributarla colocando una pequeña piedra, a la usanza de sus ancestros. Sin embargo, es impedido por un anciano vecino que no empatiza con el rito. Tampoco a ellos le resuena aquel “hogar” o territorio que ya no es, es quizá ese “vacío” al cual refiere Bucay. 

Y así alzarán su “duelo” hacia sus propios destinos emocionales, Dave alejándose de ese “camino de sufrimiento”, de apegarse a lo perdido que fue su mundo infantil y herencia de horror, a los cuales finalmente dispone un sitial, que simboliza la piedra colocada a la entrada de su casa neoyorquina, en la que lo esperan su hija y esposa. Benji en su errancia existencial, hace pausa para, una vez más, entre pasajeros de una terminal, dejar brotar sus mejores lágrimas, esas que le ayudarán a clarificar su horizonte, liberar su dolor y protegerlo de los traumas de sus vivencias por venir.

El viaje del duelo sin duda lastima, pero también nos invita a llorar todo lo necesario para poder soltar lo que ya no está, mantener el contacto con lo que sentimos y con el vacío que nos deja nuestra pérdida, confiados en que en algún momento lo superaremos. Cada uno lo vivirá como pueda, a su manera y en el tiempo que necesite Le seguirá un reencuentro enriquecido con nosotros mismos, puesto que, por fortuna, al igual que Dave y Benji, somos seres únicos e irrepetibles.

Título: A Real Pain (Nominado a 2 Oscar de la Academia)

Año: 2024

Género: Comedia dramática

Dirección y Guión: Jesse Eisenberg

Reparto principal : Jesse Eisenberg (Dave), Kieran Culkin (Benji), Jennifer Grey

viernes, 28 de febrero de 2025

  


Ecología y Filosofía
David De los Reyes

                                                Redes sociales Vegetales. DDLR/2024



1.- Lo Ecológico
Desde la Antigüedad el hombre siempre ha pensado en la conformación que surge a partir de la relación entre la vida humana y el ambiente que hace posible su misma existencia. La vida del hombre es impensable e imposible sin la acción con su hábitat, con ese continuo adaptar y transformar culturalmente su vida a partir de lo que ofrece su entorno natural. A mediados del siglo XIX se estructuró lo que podemos llamar hoy “ciencia de la ecología”
El término ecológico fue, por primera vez, utilizado en ese siglo por el naturalista norteamericano Henry D. Thoreau y por el biólogo alemán Ernst Haeckel. Este último describió a esa nueva ciencia como el estudio de las relaciones totales entre los seres vivos y su medio ambiente, orgánico e inorgánico. Por supuesto que, al hablar hoy de ecología, se entiende una acepción mucho más densa. La ecología es la ciencia más específica del momento; ella se encuentra en la encrucijada de todas las demás ciencias y no se ocupa únicamente de la defensa de la naturaleza. El paradigma ecológico está abocado a comprender el sofisticado funcionamiento cibernético (traspaso de información) de la naturaleza, con lo cual su campo de acción pareciera ser ilimitado. Este paradigma pone fin al esquema dualista y disociador del hombre con su entorno. El hombre no debe sentirse como una criatura ajena, extraña al cosmos; la interdependencia es una categoría esencial de esta joven/madura ciencia. La ecología se mostrará encargada por diversos aspectos de un mismo poderoso movimiento que ya no es una mera utopía. Muestra que un aumento indefinido de algo, del tipo que sea, no puede ser sostenido por unos recursos finitos. El paradigma ecológico abarca aspectos como el de la complejidad, la eco-organización, el pensamiento sistémico, la convivialidad, una ética del entorno, el desarrollo cualitativo, el reencantamiento del mundo, una sensibilidad mística o económica, etc., modos que nos llevan, de una u otra forma, a recaer en una insistente pregunta: ¿cuáles son los fines del progreso humano? ¿Cuáles son las necesidades auténticas del hombre? La ecología se presenta como una reflexión sobre los fines del hombre y del mundo, retoma un sentido teleológico, su misma condición de ciencia.



2.- La Antigüedad Griega
                En el mundo de la Grecia del siglo V a.de n.e., los filósofos no dejaron de sorprenderse por el misterio de la existencia general. Buscaban un principio único con el cual explicar el origen de la  materia, del mundo, del universo. Por otro lado tuvieron la preocupación de hallar la armonía del individuo con el cosmos, con la polis (ciudad-estado) natal. Hipócrates, Aristóteles y Epicuro pueden ser algunos de los nombres de los filósofos que emprendieron la faena de pensar integralmente la situación del hombre, preocupados por comprender el significado del “oikos”, del “hogar” (casa), que pertenece al hombre. Cada uno de ellos nos presenta una visión y preocupación particular respecto a la vida y a la relación hombre-naturaleza dentro de los orígenes de la cultura occidental. Veámoslo.

                Hipócrates (¿460-377? a. de n.e.), el más famoso de los médicos antiguos, nace en la isla de Cos, donde creará su propia escuela. Su comprensión del individuo es integral: abarca las dimensiones de lo individual, social, y ecológico. “La fuerza curativa natural que habita dentro de cada uno de nosotros es la mayor arma de que disponemos para recuperarnos”; para Hipócrates el llamado “paciente” no era un sujeto pasivo, sino que internamente tenía la capacidad de recuperar el equilibrio corporal somático.
                Aristóteles (384-322 a. de n.e.) hace una clara distinción entre lo que se requiere para abastecer a una familia (hogar, “oikos”) y una ciudad-estado (“polis”) y la otra actividad, el comercio, que conlleva la formación de los precios por el mercado. Para este filósofo la primera actividad es llama “economía”, la cual contiene la raíz griega “oikos”, que es la misma de la palabra “ecología”; la segunda actividad la llamó “crematística”, que será el dinero obtenido a partir de la venta de los productos. Aristóteles afirma que al hablar de economía corresponde con lo que  entendemos por ecología humana, y al hablar de la crematística se refiere a lo que nombramos actualmente con la palabra “economía”. La economía aristotélica está referida a la actividad que se requiere para abastecer a una familia o a la polis; ciencia de administrar la escasez y la búsqueda de autonomía familiar y ciudadana. Tal abastecimiento no debía ser regulador por los precios del comercio o mercado.
                Epicuro (341-270 a. de n.e.) escribe una filosofía centrada en lo ético. Su preocupación por el individuo es la búsqueda de un placer ascético y de un modo autosuficiente de existir del hombre junto a un orden ecológico. Sustituye toda metafísica idealista por una visión materialista y asienta las bases para fundar una ética individualista. Epicuro basa su postura filosófica en el principio de la utilidad y del placer, entendido este último no como placer sensual o erótico, sino en tanto ausencia de dolor. Su individualismo está asentado en la recurso de la “fylis”, es decir, en la amistad como estado de convivencia supremo entre los hombres. La autonomía y la autosuficiencia serán los estados perfectos de la existencia humana. Nos afirma: “el que presta atención a la naturaleza y no a las vanas opiniones es autosuficiente en cualquier circunstancia. Pues en relación a lo que por naturaleza es suficiente toda adquisición es riqueza, pero en relación a los deseos ilimitados la mayor riqueza es pobreza”.




                3.- De la Filosofía moderna al Paradigma Ecológico
                La filosofía siguió su curso. Los hombres siguieron pensando creativamente su mundo cuando podían. La libertad de pensamiento batalló entre los telones de regímenes absolutistas. La ciencia y la técnica catapultaron al hombre no solo a “pensar” y llevar una vida basada en los ritmos naturales de su ambiente. Ahora la especie llamada “hombre” pensó que podía estar por encima de los límites de su hábitat, gracias al apéndice de la razón; la visión mecánica de la naturaleza centraría su fuerza en el método científico de la causalidad; el mundo es visto como un mecanismo que está compuesto de engranajes intercambiables: el hombre debía entender el lenguaje matemático inscrito en el movimiento de todos los componentes del universo. Encuentra que podría descubrir procedimientos y técnicas que lo llevarías a un olvido de su ser animal y natural. Se adora a la razón. La verdad comprobada será el límite de todo conocimiento; la verdad es solo racional. Se olvida y no se acepta ningún otro discurso y sentido de lo que puede significar verdadero. Se olvida la verdad que reside en la propia experiencia que integra la vida individual dentro de un todo, pero que se diferencia de él.
                Hoy la filosofía, en esta era (supuestamente) post-ideológica para algunos, post-socialista marxista para otros y donde trata de no desfallecer la moribunda democracia de corte occidental, tiene una cita significativa con lo que científicos, intelectuales, artistas y políticos han intentado concretar con el nombre de ecología. La ecología política sustituye el esquema Nación-Estado por la idea de un planeta indivisible constituido por federaciones, guiándose por el principio del respeto a la diversidad,  todo ello ayudando a crear un “movimiento” donde emerge una nueva mentalidad y sensibilidad ecológica que localiza su interés en la “pequeña zona” de la biosfera: topos donde residen desde los organismos más simples, bacterias, virus, hasta los más complejos, como es el caso del hombre. Entre esta simplicidad y complejidad se nos muestra la necesidad y la vida de una interrelación que hace posible la convivencia mutua; dentro de esta burbuja de vida, la supervivencia de un elemento depende de la supervivencia de los demás. La Tierra puede considerarse, en tanto hipótesis, como una criatura singular ecológicamente viva.
                Épocas como esta son decisivas por lo frágil que se encuentra la permanencia de nuestra especie sobre la Tierra, situación debida a un orden de explotación, hasta ahora indiscriminado, de los recursos naturales, y de la escasez que se ha creado en relación a ellos, esto aunado al crecimiento demográfico desproporcionado y al ritmo de la explotación de recursos para satisfacer las demandas de esa misma población mundial. Mundo unido por una bélica economía de la competencia y no de una cooperación global. Ivan Ilich ha dado cuenta acerca de cómo las soluciones que se han ido creando para resolver nuestros problemas, terminan por crear problemas superiores a los que han querido resolver. Así la sociedad sabe que las cárceles son el lugar más seguro para producir criminales o los manicomios la forma más segura para mantener la locura.
                La ecología nos muestra la posibilidad de crear una cultura planetaria y a la vez diversificada; forjamiento de una cultura pluralista, centrada en una creatividad permanente, gracias a la acción que conduce al incremento de la complejidad organizadora.
                Nunca antes el hombre había hurgado, conocido, explotado, saqueado, acumulado información sobre el medio ambiente como ahora. Nunca, igualmente, fue tan dependiente de ella. Nuestra época ya no puede entenderse como una curva histórica ascendente; autores han hablado de “ciclos históricos”, y la historia que estamos engendrando a nivel global tiene la forma de una espiral que se encoge o se ensancha de acuerdo a las crisis que, de ahora en adelante, y debido a la escasez de recursos, serán continuas y “naturales” dentro de   nuestras sociedades, sean estas “desarrolladas” o no. En fin, formas geométricas para lo informe abstracto: la vida humana, si es que a estas alturas ella sigue teniendo importancia para alguien, si es que puede seguir apostándose a ella frente al siglo que inaugura, y no por casualidad sino por su propio modo de producción, a las “fábricas de la muerte” y de las “soluciones finales”, o de los genocidios étnicos de los nativos amerindios por gobiernos de corte “nacionalista”, o de los éxodos masivos de la desmembrada África o de los gobiernos autoritarios de América,  gracias al “desinteresado progreso” del colonialismo occidental en pos de superficiales lujos y ganancias fáciles; repito, si la vida sigue siendo importante para alguien, ese alguien no puede ser otro que el mismo hombre, en pro de mantenerse como especie dentro de la diversidad vital de este planeta azul que flota abandonado en el último rincón de una galaxia, entre las millones de millones que habitan este universo en expansión. La imagen de nuestro universo está, simultáneamente, compuesta de caos y orden; el azar es un elemento importante para su conformación, millones de extravagancias habitan en él. La evolución ecológica es una reorganización perpetua en sí misma, a través de los azares de sus sucesivas desorganizaciones. Un ecosistema carece de centro organizativo: se organiza descentradamente, como si en lugar de tener un cerebro fuera todo él un cerebro. Orden- desorden, vida- muerte, -como ya dijera Heráclito-, no pueden pensarse separadamente. La vida es, ante todo, diversidad. Morin ha dicho que en un ecosistema el interés particular trabaja al mismo tiempo contra y por el interés general. La ambivalencia es la medida de toda complejidad ecosistémica. A medida que hemos dominado más a la Naturaleza más somos dominados por ella, de ahí que Morin puntualice que hemos devenido más y más a ser dependientes de nuestros instrumentos de independencia. Toda nueva tecnología tendrá que plantear sus secuelas físicas y sociales, así como hasta contar los plazos de tiempo necesarios para su introducción.



                4.- La cara boba del progreso
                Señalamos antes cómo en la antigüedad griega pensaba la relación del hombre con la totalidad pero en forma particular, local, en relación a su polis; era un pensamiento que se remitía a los límites de la ciudad y del mundo, cuyas arenas eran bañadas por aguas del Mediterráneo. Historia, hombres, culturas que han dejado su profunda huella en el surco de la aventura humana. Ahora presentimos que, en la actualidad, no se puede permanecer dentro de los meros límites de lo que se inventó al inicio de la llamada “modernidad” como “nación”, es decir, centralización de poderes, leyes, normas, ritos, creencias, que se ejerce a conjuntos humanos diversos por igual. Sin embargo, a su vez, nuestra época ha alcanzado los medios y las capacidades para poder pensarse en tanto unidad planetaria, manteniendo al conjunto de culturas en forma descentralizada, autónomas pero integradas a la aventura humana global; mundo apto para persistir dentro de la diversidad cultural y natural. El futuro de la humanidad será posible en la medida que se practique un orden económico que persiga cierta justeza y racionalidad de los recursos en proporción de los hombres que habitamos este planeta. La ecología no puede ser entendida como un mero arcaísmo; no supone dejar hacer a la naturaleza, como tampoco es una postura ubicada en un liberalismo romántico de espontaneidad. Hoy la supervivencia de la humanidad -y junto a ella, la de todos los organismos que fluyen en la biosfera- depende de abandonar el viejo reflejo de conquistar a la naturaleza y cambiarla por la actitud de cooperar creativamente junto con ella.
                La visión dieciochesca del progreso industrial continuo, a partir de la explotación materialista de la naturaleza y del hombre, no es la imagen más apropiada para los tiempos de escasez que se avecinan a pasos con botas de siete leguas. Y lo peor de todo es que pareciera no existir el justo freno para detener esta movilidad destructiva que se erige en cualquier palmo de tierra en nuestro planeta. Hablar sobre el mito del progreso en forma unilateral es miopía o mentira consciente; es una visión que surge de la concepción estructural de los crecimientos sociales en forma exponencial. Si encontramos discursos donde se refiera dicho concepto en término de iluso optimismo, bien podemos decir de ello dos cosas: o que son ingenuos o que son los próximos asesinos de la naturaleza y de la humanidad. Sin embargo, en vez de proponer la idea de un crecimiento cero o moderado pudiéramos tratar de ensayar la opinión de Serge Moscovici que propone un crecimiento limitado y discontinuo, precedido por una “suave austeridad”. No se puede seguir manteniendo una explotación de los recursos donde un país, en este caso los Estados Unidos con un 6% de la población mundial, acapara el 50% de los recursos que se explotan anualmente a nivel mundial.
                Pániker ha acuñado el término de retroprogresivo para entender lo que debiera significar un verdadero progreso. Lo retroprogresivo es un avance simultáneo hacia lo nuevo y hacia el origen. Un ejemplo es el que, si una sociedad posindustrial no sirve para recuperar ciertas virtudes de las sociedades preindustriales, no sirve para nada.



                5.- Ética y Ecología.
                El olvidado “medico de la selva”, músico y filántropo francés Albert Schweitzer, desde su hospital de Lambarené (Gabón) en el corazón de África, lanzó hace años un mensaje ante el avance destructivo que se erguía en los países no desarrollados a costa de una civilización donde la ética era una abstracción más de la razón instrumental. En su libro “Civilización y Ética” trató de fundar una postura para guiar a los hombres después que la civilización occidental mostrara su barbarie incubada desde las ciudades “modernas”, y en los centros de decisión respecto a políticas y explotación colonial. Su ética está construida no tanto en una axiomática moral de corte y principios abstractos de un deber-ser propio de una sociedad secularizada o de un tender a un mero y rabioso bienestar individual, propio de nuestra cercana sociedad de consumo; toda abstracción representa la muerte de la ética. Su ética tendrá una responsabilidad sin límites hacia todo lo que vive, como reverencia por la voluntad de vivir dentro y fuera de cada uno de nosotros; la ética como dedicación a la vida, inspirada por la reverencia hacia la vida, ella es la que debe impulsar al hombre. Su máxima era: “soy vida que quiere vivir, entre vida que desea vivir”. La ecología no está separada de la reflexión ética, como hoy tampoco puede desinteresarse esta última por todo lo que ocurra en el ámbito ecológico y en el mundo real. Se ha dicho que el paradigma ecológico nos libera del fetichismo moral que ha prevalecido en occidente a lo largo de los últimos milenios. No hay formas absolutas; ningún puritanismo, ninguna tiranía moral ha de ser aceptable. No más distinciones entre lo sagrado y lo profano, lo espiritual y lo material, lo superior y lo inferior. El gran principio del shivanismo era que todo en el universo formaba parte del cuerpo divino; el principio del ecologismo está en que todo incide sobre todo, no se puede privilegiar a ningún centro.

                Encontramos algo de esencialmente neurótico (abstracto) en la obsesión occidental por la “justicia”, sin tener en cuenta las raíces y las relaciones que surgen del contexto ecológico. La conciencia moral particular debe tender a una conciencia más amplia: ecológica. Esta conciencia simultáneamente incluye a lo individual, lo social, lo natural y lo cósmico. Salvador Pániker ha señalado que tampoco ninguno de nosotros es completamente responsable de sus actos; nuestra responsabilidad comienza, precisamente, al saber esto. ¿Cómo se puede comprender lo anterior? El hecho es que todas nuestras acciones se inscriben en un ecosistema natural/cultural, que se interfecundan con otras acciones que están dentro del ecosistema en que residimos y regresan transformadas e imprevisible hacia nosotros mismos.
                Hoy sabemos que todo antropocentrismo ha fracasado (al igual que el monoteísmo judeocristiano), que la vida de cualquier animal, microbio o planta, es, de una forma u otra, importante para el mantenimiento del equilibrio de nuestro hábitat; que la llamada selección natural ha elegido a la diversidad. El esquema Darwiniano de la supervivencia del más apto tiende a ser sustituido por la postura ecológica de la supervivencia del más cooperativo: la especie solo permanece cuando existe cooperación entre los miembros que la conforman, de ahí que la máxima de Schweitzer, en defensa de la vida, debería propiciar a los medios y a la cultura contemporánea para que surja el interés por una conciencia ecológica universal en el hombre, en pensar nuestra acción a escala global, pero actuarla localmente; en pensar nuestras vidas en tantio cooperación y no en desfalleciente competencia voraz. Se comprende que nunca hacemos una cosa a la vez; cualquier acción nuestra repercute en el ecosistema en forma azarosa. Toda cosa que hagamos genera efectos secundarios que, tarde o temprano, volverán de una forma u otra hasta nosotros, y sobre el ambiente en general. Hacer una cosa significa hacer muchas. La mecánica cuántica (concepto de inseparabilidad de la material), refuerza la concepción del paradigma ecológico: el mundo es, a la vez, diverso y no dual.
                Como vemos, la filosofía tiene una importante cita con la ecología. En el pensamiento de nuestro presente y futuro no puede pasar desapercibida la relación de vida y su entorno. Cuando hablamos de la permanencia en la Tierra de la especie humana no podemos mantenernos dentro del dualismo y en la fisura del hombre con su entorno, del pensamiento cargado de separaciones abstractas. La vida y el planeta piden un cambio en la conciencia y la voluntad del hombre para proseguir su maravilloso y misterioso rumbo. Probablemente estamos entrando en el camino de un nuevo misticismo global, mas sin embargo, a pesar de todo -y aunque cierto pesimismo escale entre nuestro dolorido pensamiento, pero sabiendo que todo pesimismo contiene una teoría positiva- no podemos dejar de apostar por ese cambio. La Tierra, nuestra Diosa Gaia, ya no espera, si el hombre ha quedado mudo, el planeta nos lanza un fatigado y desgarrador grito desde todos los lugares. Hoy, más que nunca, no podemos abandonarla a su propia regulación, a su propio equilibrio, porque ello nos afectaría. Si nos despreocupamos y abandonamos a la Tierra estamos abandonando nuestra vida, a nuestra posibilidad de vivir en el planeta azul.




Agradecimiento:
Queremos agradecer a la Br. Neyda Urbaez (ECS-UCV), por haber transcrito y digitalizado este texto, y con ello, hacer posible su incorporación en este blog para uso y lectura de todos los interesados en el tema.


miércoles, 26 de febrero de 2025

John Cage

y la estética del wabi-sabi

David De los Reyes

 

     

RSV/DDLR 2024

La filosofía del wavi-sabi y la obra de John Cage comparten una profunda conexión que va más allá del ámbito estético y se cohesiona en la experiencia humana, la percepción del arte y la vida misma. Ambas corrientes, la filosofía zen y la obra del compositor, desafían las nociones tradicionales de belleza, perfección y orden, invitando a una apreciación más profunda sobre la impermanencia y la autenticidad de todo lo que existe en el universo, en un mundo saturado de expectativas.

El wavi-sabi, es una concepción filosófica que se centra en la belleza de la imperfección y la transitoriedad, la cual resuena con la concepción de Cage sobre la música y el arte. Cage, un compositor y artista innovador y experimental, fue un avanzado explorador en lo que se considera música y sonido, desafiando las convenciones establecidas. Su obra, marcada por la experimentación y la aleatoriedad, busca en detenerse sobre la esencia del momento presente, lo que se identifica perfectamente con la filosofía wavi-sabi. Una postura oriental que valora lo efímero y lo natural. En lugar de buscar la perfección técnica, Cage abrazó la idea de que el sonido y el silencio son igualmente significativos, lo que refleja la aceptación de la imperfección y la belleza en lo cotidiano.

Una de las obras más emblemáticas de Cage, 4'33'', es un claro ejemplo de cómo su perspectiva creadora se alinea con los principios del wavi-sabi. En esta pieza, el intérprete debe sentarse en silencio durante cuatro minutos y treinta y tres segundos, invitando al público prestar una escucha atenta a los sonidos del lugar. Este acto de atención a lo que normalmente no le prestamos nuestros sentidos, refleja la esencia del wavi-sabi: la belleza se halla en lo simple y lo momentáneo de nuestra contingencia cotidiana. La obra nos conduce a lo que a menudo consideramos ruido o perturbación, pudiendo ser una fuente de belleza y significado si estamos dispuestos a escucharlo y vivirlo.

Además, la aleatoriedad y el azar en la música de Cage puede verse como una manifestación del principio wavi-sabe de lo impermanente de la realidad. Al permitir que los elementos de su composición se desarrollen de manera espontánea, Cage crea experiencias musicales que siempre serán originales, pues su ejecución las hace únicas e irrepetibles. Esta idea de que cada interpretación es diferente y que el proceso es tan importante como el resultado final se suma  a la apreciación estética vital de la transitoriedad en el wavi-sabi. En este sentido, tanto Cage como los principios del wavi-sabi nos invitan a abrazar lo efímero, lo circunstancial, lo cotidiano y a encontrar belleza en la singularidad de cada momento.

El uso de materiales no convencionales en la obra de Cage también refleja una estética wavi-sabi. Sin limitarse a los instrumentos tradicionales, Cage incorporó objetos cotidianos y sonidos de la naturaleza en su música, diluyendo las líneas entre el arte y la vida. Esta elección de materiales refleja la rusticidad y la autenticidad que el wavi-sabi valora, concertado que la belleza puede encontrarse en lo más insignificante, en aquello que se considera banal. Al hacerlo, Cage trasciende las nociones tradicionales de lo que constituye una obra de arte, invitando a una reevaluación de nuestras percepciones y expectativas.

No puede dejarse de lado uno de los aspectos que este explorador de  sonidos incorpora en sus propuestas estéticas. Me refiero que la conexión entre el wavi-sabe y la obra de Cage también se hace presente su enfoque hacia la importancia del silencio como elemento esencial para que se dé el sonido. Para Cage, el silencio no es simplemente la ausencia de sonido, sino un espacio lleno de posibilidades. En este contexto, el silencio se convierte en una especie de un lienzo sobre el cual se proyectan las experiencias sensoriales, un concepto que hace eco con la idea wavi-sabi de encontrar belleza en lo que no se muestra. Este enfoque invita a los oyentes a reflexionar sobre su propia relación con el sonido, el silencio y el entorno, promoviendo una experiencia más consciente y apreciativa.

La filosofía wavi-sabi también se manifiesta en la actitud de Cage hacia la vida y el arte. Su enfoque zen y su interés por la meditación reflejan una búsqueda de autenticidad y conexión con el momento presente. Al igual que el wavi-sabi, Cage nos invita a dejar de lado nuestras expectativas y juicios, y a abrirnos a la experiencia de lo que es. Este enfoque se traduce en una obra que no solo busca desafiar las normas, sino también fomentar una mayor comprensión y apreciación de la vida misma.

En el ámbito de la música contemporánea, la influencia de Cage y el wavi-sabi se pueden observar en la forma en que los artistas contemporáneos experimentales abordan la creación y la interpretación. Frente a la perfección el orden absoluto de la obra en la música formal y tradicional, la incorporación de la imperfección y la transitoriedad en las obras musicales ha llevado a una nueva generación de músicos a explorar nuevas formas de expresión que desafían las convenciones tradicionales. Al asumir ciertos principios estéticos de Cage, estos artistas están dispuestos a experimentar con el sonido, el silencio y el entorno, creando obras que son reflejos de su tiempo y espacio.

Pero quiero advertir que la relación entre el wavi-sabi y la obra de John Cage no solo se limita a la estética, sino que también se extiende a una profunda y permanente filosofía de vida que invita a la introspección y la apreciación de lo cotidiano en todos sus posibles enfoques perceptuales. Ambas actitudes, introspección y apreciación de la cotidianidad, nos enseñan a valorar lo efímero, a encontrar belleza en la imperfección y a abrazar la singularidad de cada momento. En un mundo que, como hemos advertido antes, a menudo prioriza la perfección y la uniformidad, el wavi-sabi y Cage nos recuerdan que la verdadera belleza reside en la autenticidad y en la capacidad de estar presentes en nuestras experiencias.

Al final, la obra de Cage y la filosofía del wavi-sabi nos ofrecen un marco para entender y apreciar el arte y la vida de una manera más profunda, vital y humana. Nos invitan a cuestionar nuestras percepciones, a abrirnos para crecer con nuevas experiencias y a encontrar significado en lo que a menudo se pasa por alto a nuestra consciencia. En este sentido, tanto la obra y vida de Cage como los principios de la filosofía del wavi-sabi nos proporcionan herramientas para navegar un mundo complejo y en constante cambio, recordándonos que la belleza y la autenticidad pueden encontrarse en los lugares más inesperados y cotidianos.

domingo, 2 de febrero de 2025


Theodor Adorno,

sobre el ensayo y el arte.

David De los Reyes

Serie Principium Vegetalis. Redes Sociales Vegetales. DDLR/2025 enero Guayaquil


Adorno considera el ensayo como su forma predilecta para escribir y reflexionar en torno a los temas de su interés. Su pensamiento se centra en abordar la realidad desde el fragmento, es decir, en expresar la realidad fragmentada que lo habita. Su mirada, crítica hacia la razón universal, tal como lo expone en su obra Dialéctica de la Ilustración, se opone a cualquier intento de concebir al objeto de estudio bajo la pretensión epistemológica de alcanzar un conocimiento universal.

Esta perspectiva fragmentada se vuelve aún más evidente en su enfoque hacia el arte. Para Adorno, la única opción válida para comprender el significado e interpretar una obra es el ensayo. Sabemos que el ensayo siempre presenta una postura personal, donde el análisis y la libertad de pensamiento del autor se manifiestan de forma primordial. Adorno señala que el ensayo tiene la virtud de no someterse ni al rigor de la ciencia ni a las restricciones de la teoría. No es doctrinario; más bien, se asienta en lo efímero, lo cambiante, lo transitorio y lo voluble, lo que lo convierte en un intento de pensar que se opone a la gran filosofía sistemática. El ensayo se erige en lo perecedero, en oposición a la creencia en un concepto determinante y absoluto de una realidad cerrada. Como señala Adorno: "El ensayo no quiere ni puede encerrar su objeto en un sistema cerrado; más bien, se mueve en lo abierto, en lo problemático, en lo incompleto"1.

El ensayo se enfoca, en primer lugar, en un objeto particular, lo que lo hace especialmente adecuado para interpretar una obra de arte. Sin necesidad de contar palabras o páginas, el ensayo está limitado únicamente por la interrupción personal de quien lo escribe. No hay una medida establecida. La medida, si se puede hablar de ella, reside en la forma en que se interpreta y argumenta en torno al objeto artístico concreto y particular elegido. La medida también está en cómo nos lleva a comprender el significado y la existencia de lo tratado. La afinidad de Adorno por el ensayo nos muestra que esta es la forma más adecuada para interpretar y exponer tanto los alcances como las limitaciones de la obra en cuestión.

Respecto a la idea de una filosofía del arte en Adorno, es bien conocida su cercanía a la postura de Hegel, quien propone una estética centrada en la obra de arte, en contraste con Kant, que abarca tanto la estética de la naturaleza como la del arte sin distinción. Con Hegel nos adentramos en la incorporación de la historia en el arte, la cual, de alguna manera, impulsa al autor en su concepción, aunque sea de forma inconsciente. Para Adorno, al igual que para el idealista alemán, el arte es una forma de conocimiento que, de manera indirecta, permite acceder a una lectura de la realidad que funda la obra. Se advierte que, debido a esta influencia histórica, el autor no tiene un control completo sobre lo que produce. Una obra de arte lograda siempre presenta y conserva una autonomía propia en relación con su creador. Por esta razón, no debe intervenir en la interpretación de una obra de arte ni la biografía del autor ni un análisis histórico o cronológico de sus obras. Su análisis y comprensión están más allá de estos detalles externos. Como afirma Adorno: "El arte auténtico se emancipa de las intenciones de su creador y, en su autonomía, deviene en una crítica implícita a la sociedad que lo rodea"2.

El arte, según Adorno, es la libertad en medio de la "ilibertad". Por "ilibertad" se refiere a la condición social impuesta por el tardocapitalismo, mientras que la libertad alude al carácter autónomo y libre de la forma artística. La obra de arte se presenta como protesta, como escándalo, como reclamo, como crítica frente a la opresión social. Es un medio para develar la injusticia y el totalitarismo arraigados en la sociedad, en sus detalles y en las técnicas de dominio que esta impone. Como sabemos, el arte de vanguardia tuvo y sigue teniendo lineamientos basados en estos estandartes de crítica directa y denuncia, lo que históricamente lo llevó a ser reducido, acorralado o prohibido por regímenes dictatoriales. Sin embargo, la diferencia entre un estado totalitario y las democracias, según Adorno, radica en que estas últimas no prohíben las vanguardias. En cambio, las permiten subsistir y las incorporan a la Industria Cultural, apropiándose de ellas, absorbiéndolas y utilizándolas como parte del mecanismo mercantil del mercado de masas contemporáneo. Aunque en algunos países pueda existir censura, el objetivo no es tanto prohibir como neutralizar la crítica, convirtiéndola en un objeto masivo de distribución comercial.

Adorno también se opone al arte comprometido, pues este sigue una línea de pensamiento que predetermina al espectador, dividiendo el mundo entre buenos y malos. Es, en esencia, una crítica social publicitaria que apoya una política específica, terminando por atraer a un público predispuesto a aceptarla. La Industria Cultural, entonces, sabe cómo atemperar y explotar esta visión política para su beneficio. El público que se identifica con esta postura comprometida se convierte en un producto más de consumo. Esto genera una falsa concepción: se presenta una obra que supuestamente se opone a una sociedad opresiva, pero que en realidad se sumerge en la dinámica de producción del sistema que pretende denunciar.

Entre los autores que Adorno reconoce como verdaderamente autónomos en su arte y su posición como artistas se encuentran Samuel Beckett y Franz Kafka. Ambos exponen una realidad alienante y la ponen en evidencia con claridad. Sus obras no buscan parecerse a la sociedad que critican. La angustia y la opresión, la marginalidad y el absurdo, la desesperación y la apatía son las claves de una existencia humana que no pretende reconciliarse con la sociedad en la que transita. Desde esta perspectiva, el arte, en un entorno alienado y opresivo, encuentra en la libertad formal su única posibilidad de felicidad. Como señala Adorno: "La obra de arte, en su autonomía, es la promesa de una reconciliación que no se realiza en la realidad social"3. Si el arte entra en la telaraña de la opresión generalizada, debe también poseer el mecanismo para sustraerse a ella. No debe mirar hacia un pasado idealizado en busca de una edad de oro, sino asumir con seriedad el sufrimiento del presente y, si es posible, señalar una vía de escape al dolor que la sociedad inflige.

Finalizamos señalando que Adorno, con su propuesta de comprender la realidad fragmentada, termina proponiendo en practicar una filosofía paradójica. Paradójica porque por un lado advierte la imposibilidad de sustraerse al mundo en que se vive, y tampoco a su carácter opresivo, injusto, arbitrario. Pero por otro lado nos conmina a mantener la atención sobre la necesidad de resistir. La resistencia, ¿resiliencia? podríamos agregar hoy, a esa doble condición que nos exige el destino de nuestra historia individual y colectiva. En su mirada de comprender los fenómenos y la realidad nos inserta su dialéctica negativa, el pensamiento negativo, en quedarse en el momento de no reconciliación con el sistema y sus contornos factuales. La paradoja filosófica está en asumir la admisión del poder desmesurado que surge desde la misma capacidad producción y consumo, que se nos presenta como un seductor y sugestivo círculo mágico de toda existencia humana, al cual no podemos superar, pero no por ello dejar de oponerse a él para confrontarlo y enmendarlo en la medida que podamos. Sea la realidad opresiva que tengamos ante nuestra vida, nunca perder el hálito que nos lleva continuamente a la necesidad de respirar la resistencia, de resistir.

 

1.      (1)Theodor W. Adorno, Teoría Estética, traducción de Jorge Navarro Pérez (Madrid: Akal, 2012), p. 21.

       (2) Theodor W. Adorno, Teoría Estética, p. 131.

3.      (3) Theodor W. Adorno, Teoría Estética, p. 199.

 

Pensamiento crítico, 

una necesidad en tiempos de confusión e

 incertidumbre

David De los Reyes


Redes Sociales Vegetales/DDLR2024 - Guayaquil



Introducción

Vivimos en una era marcada por la sobreabundancia de información, cambios tecnológicos vertiginosos y una creciente complejidad en los problemas sociales, económicos y culturales. En este contexto, el pensamiento crítico se presenta como una herramienta indispensable para navegar en un mundo lleno de incertidumbre y confusión. Este ensayo aborda la importancia del pensamiento crítico como una habilidad esencial, no solo para la vida cotidiana, sino también para campos específicos como la composición musical, donde la creatividad y el razonamiento autónomo son fundamentales para enfrentar los desafíos del siglo XXI.

 

La definición y propósito del pensamiento crítico

El pensamiento crítico nos permite razonar de manera autónoma, tomar decisiones informadas e interpretar y resolver problemas complejos en un mundo también complejo. Según Peter A. Facione, el pensamiento crítico implica "un buen juicio, casi lo opuesto al pensamiento ilógico, irracional [...] es un pensamiento que tiene propósito, probar un punto, interpretar lo que algo significa, resolver un problema [...] son habilidades y actitudes o hábitos que se caracterizan por su interpretación, análisis, evaluación, inferencia, explicación y autorregulación"[1]. Esto requiere contar con información documentada y diversa, discriminar su calidad, trabajar desde la herramienta de la pregunta y realizar juicios fundamentados desde el análisis y la evaluación de argumentos y perspectivas.

En consecuencia, el desarrollo del pensamiento crítico en los individuos tiene que ver con la capacidad de discernir entre la infinita información que nos llega a través de los medios de comunicación. En un mundo donde las noticias falsas y la posverdad se han convertido en fenómenos cotidianos, adquirir estas habilidades es más urgente que nunca. Según la Real Academia Española, la posverdad es "la distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales"[2]. Frente a este escenario, el pensamiento crítico se erige como una herramienta para resistir la manipulación y fomentar una ciudadanía más informada y activa.

 

El pensamiento crítico en la educación y las falacias del sistema actual

A pesar de su importancia, el pensamiento crítico no siempre es fomentado en los sistemas educativos tradicionales. Según Matthew Lipman, la educación actual tiende a centrarse en la transmisión de conocimiento de los profesores hacia los estudiantes, bajo un paradigma en el que "se considera que los estudiantes piensan cuando aprenden lo que se les ha enseñado"[3]. Este enfoque autoritario y memorístico limita el desarrollo de habilidades críticas y creativas, dejando a los estudiantes incapaces de interpretar datos, realizar análisis complejos o generar soluciones innovadoras.

Además, los sistemas educativos no suelen preparar a los estudiantes para reconocer y evitar falacias en su razonamiento. Como señala Irving Copi, las falacias son formas de razonamiento que parecen correctas, pero no lo son cuando se analizan detenidamente [4]. Ferrater Mora las describe como "argumentos falsos con apariencia de verdad"[5]. Estas falacias, a menudo cometidas de manera intencional o por ignorancia, dificultan la capacidad de los individuos para evaluar críticamente la información y los argumentos que encuentran en su vida diaria.

 

El pensamiento crítico en el ámbito laboral y artístico

En el contexto del siglo XXI, las habilidades de pensamiento crítico, creativo y la capacidad para resolver problemas se han convertido en requisitos indispensables en el mercado laboral. Según diversos informes, para el año 2025 estas habilidades serán esenciales para los profesionales y técnicos de cualquier área. La tecnología está transformando rápidamente el mercado laboral, y los empleadores buscan personas capaces de adaptarse a estos cambios mediante el uso de un razonamiento autónomo y creativo.

En el ámbito artístico, y particularmente en la composición musical, estas habilidades cobran una relevancia especial. La creación y ejecución musical no pueden desligarse de los cambios tecnológicos y culturales que afectan a los mercados y campos artísticos. Los compositores y músicos deben desarrollar un pensamiento crítico que les permita interpretar y responder a las demandas estéticas, culturales y formativas de la sociedad. Esto incluye la capacidad de construir proyectos artísticos que sean pertinentes y significativos en un mundo globalizado.

 

El impacto de la tecnología y la globalización

La tecnología y la globalización han transformado profundamente la manera en que interactuamos y comprendemos el mundo. En este contexto, no basta con participar en el vínculo social inmediato; es necesario tener una comprensión más amplia de cómo nuestras acciones afectan a nivel global. La interacción ya no puede entenderse de manera ingenua, sino como una construcción compleja que requiere habilidades de pensamiento crítico, creativo y autónomo.

La creatividad, en particular, está estrechamente vinculada con el pensamiento crítico. Según diversos estudios, la creatividad implica la capacidad de imaginar y entender problemas desde nuevas perspectivas, aplicando soluciones innovadoras y efectivas. Esto es especialmente relevante en el ámbito artístico, donde la imaginación y el razonamiento autónomo son esenciales para enfrentar los desafíos culturales y tecnológicos del presente.

 

Conclusión

El pensamiento crítico no es solo una habilidad deseable, sino una necesidad en tiempos de confusión e incertidumbre. Ya sea en la vida cotidiana, en el ámbito laboral o en la creación artística, esta capacidad nos permite enfrentar los desafíos de un mundo complejo y en constante cambio. Como compositores y músicos, desarrollar un pensamiento crítico nos ayuda a interpretar y responder a las demandas culturales y estéticas de nuestra sociedad, al tiempo que nos prepara para construir proyectos artísticos significativos y trascendentes. En un mundo donde la posverdad, las noticias falsas y las falacias son moneda corriente, el pensamiento crítico se convierte en una herramienta indispensable para navegar con éxito en la era de la información.

 

 

Referencias

[1] Facione, Peter A. Pensamiento Crítico ¿Qué es y por qué es importante? Insight Assessment, 2007, pp. 2-4. 

[2] Real Academia Española. Diccionario de la lengua española. 23ª ed., 2014. 

[3] Lipman, Matthew. Thinking in Education. Cambridge University Press, 2001, pp. 55-56. 

[4] Copi, Irving M. Introduction to Logic. Macmillan, 1969, pp. 59-91. 

[5] Ferrater Mora, José. Diccionario de Filosofía. Tomo P, Editorial Sudamericana, 1964, p. 369. 

 

Bibliografía

Copi, Irving M. Introduction to Logic. Nueva York: Macmillan, 1969.

Facione, Peter A. Pensamiento Crítico: ¿Qué es y por qué es importante? Insight Assessment, 2007.

Ferrater Mora, José. Diccionario de Filosofía. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1964.

Lipman, Matthew. Thinking in Education. Cambridge: Cambridge University Press, 2001.

Real Academia Española. Diccionario de la lengua española. 23ª ed. Madrid: Real Academia Española, 2014.