viernes, 3 de agosto de 2012




De la Comedia (II):

del Komos, Platón y Aristóteles


David De los Reyes



Máscara antigua de Dionisos



La comedia y su origen en el komos

Kerenyi, en su maravilloso y esclarecedor texto sobre el dios Dionisios (1998), de la Antigua Grecia, dios que representa la raíz del indestructible y permanente cambio de la vida, nos presenta la importancia de esta deidad subterránea en relación, no sólo con la aparición de la tragedia griega, sino con su estrecha vinculación con la aparición de la comedia como manifestación popular de rito y diversión social. Las tragedias, que tenían un nexo inmanente con este Dios sombrío, perdieron su vínculo por la complejidad de las escenas costumbristas y religiosas que fue adquiriendo la vida cultural de la polis griega, y ello ya para la época de Eurípides[1]. Pero a la sístole dionisíaca que exigía la tragedia se le oponía la diástole dionisíaca de la comedia [2].  En otras palabras a la tensión del pecho por el horror de la acción de los héroes trágicos y sus destinos inmarcesibles, les sucedió la distensión gozosa y alegre de las caricaturas cómicas de los personajes ridículos de la comedia. Del espíritu del honor trágico se pasó al espíritu burlesco cómico.
Pero anotemos lo que nos dice este autor sobre la aparición de las festividades alusivas a Dionisos y a los comediantes. El término griego κωμωϛ tiene una aserción precisa pues refiere a  la fiesta de cantos y danzas que se hacían por las calles en la antigua Grecia de forma impetuosa, orgiástica, desenfrenada, lo cual es lo propio de ese evento. De ahí surge la palabra κωμωδέω (komodeo) que refiere a injuriar e insultar. Según Kerenyi nos advierte que komodia es el canto con motivos del κωμωϛ (cantos). Los komos  o Komazein era la forma en que  grupos de hombres adoraban al dios del vino,  acompañados por cantos y danzas referentes a ello, sin seguir ningún ritual estricto. No menos presente estaba la deidad de Dioniso,  que lo veneraban sin el sentido dramático que implica su ritual. Estaban realmente entregados al desenfreno, al canto ditirámbico  sin su tensión implícita; esta celebración buscaba  la entrega al desenfreno, a la transgresión y distensión, a una auténtica diástole [3].
Notamos que esta manifestación primitiva del komos  presta atención a un estado dionisíaco especial, basado en el mito  en que ese dios actúa sobre los hombres por medio del estado de embriaguez, lo cual no significaba el estar ebrio únicamente. La embriaguez venía dada por el estado que acompañaba  la ligereza y desenfreno de las danzas que se ejecutaban acompañadas de hilarantes retahílas de palabras que los poetas ponían en boca de los bailarines. Esta embriaguez, que es una especie de transe emocional inducido e hipnótico, estaba caracterizada por la desaparición de todas las inhibiciones espirituales y morales. La risa que provoca derriba barreras: es aniquiladora y culmina la disolución de cualquier norma de recato y control.  Es el éxtasis del homos que lo encontramos en el efecto que produce la comedia.
De esta charanga, algaraza y embriaguez popular se pasó a una peculiar presentación artística, llenas de referencias y alusiones a Dioniso por doquier, como lo encontramos en las obras de Aristófanes y, a la vez, llena de  phoberai Charites de terribles Gracias.
En sus formas primitivas encontramos ya el enmascaramiento de sus participantes, un enmascaramiento sin máscaras, como lo advierte Kerenyi. Esto refiere a una  situación peculiar de ese mundo helénico.  Refiere a los campesinos pobres que entraban por la noche en la ciudad, dirigiéndose a la casa de los ricos con los que tenían alguna deuda o habían sido blanco de infligirles alguna injusticia, entonces, desde la calle y frente  a los hogares de estos citadinos acaudalados, cantaban canciones  de mofa y venganza. Se convertían estos rústicos y prosaicos hombres de labor en espíritus vengativos. Se embadurnaban  los rostros para no ser reconocidos ante la luz pública, o cuando actuaran en alguna otra ocasión en representaciones  teatrales. La expresión de los deseos de venganza particulares se convertía en un acto inofensivo y hasta pedagógico y estatal [4]. Estos rostros cubiertos eran embadurnados con levadura. La palabra griega es tryx o trygia. En broma, los comediógrafos llamaban su género  trygodia, el “canto con motivo de la levadura”, y se arrimaban así, jocosamente, a la tragedia.  Aproximándose de este modo al otro género paroxístico, severo, sombrío y dionisiaco de la tragedia. La observación de Kerenyi es que la comedia es un género de manifestación  que es a la vez más joven y más antiguo que la tragedia: más antigua en su época carente de forma y más joven en su forma como género estructurado. No obstante, ocupó antes un lugar en el calendario.
El desenfreno agresivo y  el éxtasis estaba ligado a Dionisos, para ello había que disfrazarse, embadurnarse la cara, quedar sin identidad, separado del reconocimiento habitual de la persona. Tal manifestación se efectuaba en las festividades del Leneo, donde las venerables mujeres sacaban el vino de las jarras ante el ídolo del dios de la máscara; se usaban casos, con sumo cuidado, para que en el trasvase del vino a otro recipiente quedara (en el fondo) la levadura: después de la bebida venía el maquillaje [5]. Ese embadurnarse  con levadura era una fiesta, la cual estaba íntimamente ligada a las Leneas:

“la representación de comedias y la competición –un agon presidido por el arconte basileo- forman parte del orden festivo de las Leneas, si bien los concursos de comedias también se celebraban en las Grandes Dionisias[6] junto con el de los coros trágicos y si bien la tragedia, a su vez, no estaba excluida de las Leneas[7].

De esta levadura embadurnada en los rostros surge la máscara de la comedia, era una sustancia irresistible para ocultar las caras,  era una forma festiva de celebrar al dios natural que nacía en todos los lagares del país
De esta forma observamos que las Leneas eran fiestas celebradas en Atenas en honor a Dionisos.  Lenos vendrá a significar tinaja de vino y su celebración se daba para el 12 del mes leneon (aproximadamente  enero). Se componía de procesiones y su significación se daba por los concursos dramáticos que tenían en el escenario dedicado a Dionisos, a  partir del 400 a.C., donde la comedia ocupó un lugar eminente. La comedia conserva el carácter de una sorpresa festiva pues fueron muy pocas veces que una pieza  se representara más de una ocasión. Sin embargo, en las Leneas referidas a las Grandes Dionisias, la tragedia ocupaba el primer sitial.  Las Leneas buscaban obtener con su celebración cierto olvido en la población de los días difíciles y tormentosos de invierno; era un intervalo de tiempo donde se retiraba toda emoción seria  referida a rigurosas ceremonias invernales.
Los grupos que asumían la manifestación del komos ya aparecían en el campo desde los comienzos de invierno hasta todo el periodo dionisiaco del año. Los komos  se aprovechaban ligarse a las faloforias  o con su opuesto,  la vestimenta femenina de los hombres. Los campesinos celebraban sus fiestas dionisiacas Leneas en diciembre. Los grupos de komos se manifestaban burlonamente, exclamando textos cómicos y todos estos eventos festivos eran pretextos para probar el vino nuevo del año. De esta forma podemos observar que la comedia  nació con Dionisos, en medio de la luz creciente, como motivo y producto del máximo desenfreno masculino. Tal desenfreno no era sólo respecto a lo fálico sino al pensamiento y acción inspirados por el deseo y la transgresión de todas las barreras, convenciones,  de prohibiciones y de recato.
Toda esta reflexión nos conduce a que la tragedia y la comedia fueron formas espirituales elevadas de la religión y ritos dionisiacos. Lo dionisiaco  se refería a la vida del individuo, al bios (vida) que se extraía de la zoé [8] (fuente de toda vida), su propia existencia y su esperanza de continuidad tras la muerte. Dionisio era experimentado en la interioridad tanto por mujeres como por hombres a partir de la forma íntima de su propio sexo, sin tener una experiencia terminal de dicha emoción que no cesaba de ser experimentada. Era una forma de intensificar la vida frente a los posibles significados de la muerte y del agotamiento del sexo (que era una forma de reducir nuestro grado personal de zoé -energía germinal vital-, lo cual era una  manifestación de vivir cierto grado de muerte en lo particular). Con la vivencia del ritual dionisiaco se busca perpetuar la pulsión de la vida en tanto zoé personal después que la bios (vida) se enfrentase a thanatos (al instinto de muerte).
El origen de la comedia, como podemos notar, ha tenido un vínculo muy cercano con todo lo alusivo a Dionisos y al vino, al instinto de vida contra  la sombra de la muerte, a un renacer inducido por las emociones de un ritual que buscaba celebrar la vida luego de haber pasado todo un largo y pesado periodo invernal, esperando que el vino esté a punto para ser bebido y celebrado. La expansión dionisiaca de la comedia se perpetuará a través del género literario que dará existencia a la jocosa representación de las condiciones absurdas, ridículas de la condición humana, llegando a ser una forma de presentar al hombre común un ejercicio pedagógico que enseñaba a reconocer a la vida no desde lo sombrío de la tragedia sino  desde la perpetua orgía  y del éxtasis que la vida portaba  en cada individuo.  La historia de occidente ha dado mayor importancia al sentimiento trágico de la vida gracias a  la viciosa, culposa, y dependiente debilidad religiosa del cristianismo institucionalizado. Y la comedia aportó el éxtasis de vivir gracias a la exaltación de la música y la danza, del vino y  de la energía vital, de lo absurdo y de las conductas burlonas, teniendo que permanecer soterrada en las expresiones paganas del pueblo común y sus cultores comediógrafos, verdaderos críticos de los abusos de poder y registradores de la ridiculez e imbecilidad humana. 

 


Músicos clásicos de la Orquestica del Teatro Griego Antiguo




Platón y la Comedia


Lo que está bien hay que repetirlo dos veces e incluso tres.
Proverbio griego
Platón y la Comedia 
La comedia tendrá detractores y  defensores. Para ello es interesante rastrear sus entradas en las voces canónicas de la filosofía antigua, retomar su opinión sobre esta manifestación popular de comunicación y confianza del grupo ante los desmanes del poder antiguo. Su apreciación no  reafirma  del todo a dicha manifestación artística, pero reconoce que la vida, según el ojo con que se miren los hechos que la componen, puede ser trágica o cómica y la comedia arrastra cierta condición pedagógica que debe ser atendida y tomada en cuenta para la formación del hombre de criterio platónico.
Podemos aventurar decir que Platón, posiblemente, tenía la misma opinión que nos da Sócrates en el Fedón  respecto a toda obra escrita, y por ende de la comedia, la cual resulta ser no más que un mero juego de lenguaje. O en el Fedro, en que encontramos el entusiasmo que tiene este joven por los escritos compuestos según  las reglas de la retórica de la antigüedad; pero ante la retórica  de los sofistas  la concepción filosófica socrática advertirá que sólo aceptaría la retórica construida bajo el método dialéctico, la cual hará uso de la verdadera retórica, es decir, aquella que persigue alcanzar la verdad del ser y comunicarla a los hombres, y la comedia presenta una interesante dialéctica de placer y  sufrimiento humano representado por los tipos de personajes utilizados por ella. Así, la comedia tendrá cierta relación con la formación del hombre que, como veremos al analizar el Filebo, nos encamina a comprender las emociones humanas desde la condición de lo ridículo; no olvidemos la definición que nos da Platón de la comedia la cual es el juego de la risa (817ª).




Vista aérea del Teatro de Epidauro, siglo IV, Grecia.



Del Filebo  o el placer y el dolor de la comedia
Queremos detenernos en el diálogo Filebo o del placer para una mejor comprensión de la importancia de la comedia (poco vista por casi todos los intérpretes de Platón y pasada por alto), para la filosofía socrático-platónica. Diálogo en el que se nos presenta una serie de propuestas referidas a la relación del placer y el dolor, y como, gracias a la comedia, puede el tábano Sócrates llegar a mostrar cierta condición humana de las emociones y en particular de la emoción placentera[9].
La postura canónica platónica es que  el placer no es un bien (que es lo contrario de la tesis de Filebo: todo placer es un bien). Que tendremos que separarnos  del placer en la medida  que  proporcionan demasiadas turbaciones y trabas  a nuestra personalidad, o desequilibrios que nos llevan a experimentar locos tormentos  en el alma que  poseemos (63c).  Desechar los placeres mixtos y aspirar a los placeres puros y verdaderos, además de aquellos que nos conducen a la salud y la templanza, los cuales nos acercan a la virtud.  Tal medida nos exige distanciarnos de  aquellos que son compañeros de la locura, de las dependencias enajenantes y toda clase de vicios que conducen a desatar la perpetua  sinrazón mezclados con la turbación de la inteligencia. Al reconocerlos, por haberlos vivido y experimentado,  nos separamos de este estado de turbación y desequilibrio perpetuo a causa  de los placeres excesivos que nos condenan alcanzar cierta  perfección de nuestra naturaleza humana y de la phrónesis (prudencia) filosófica.
La apuesta de  una  postura práctica en la filosofía platónica siempre está a la mano de aquellos que saben leer entre líneas su supuesta metafísica idealista y ver otras aristas o vectores prácticos y clínicos de la filosofía de este autor. El interés de la filosofía es estar acompañada de la verdad  y la obtención del bien vivido y buscado individualmente como condición suprasensible, interior, en el sujeto. La filosofía, en principio, será una disciplina y conocimiento individual que otorga una especie de orden adquirido y practicado que regula las relaciones y equilibrio entre las partes o elementos que componen a nuestro cuerpo y ser con nosotros mismos y con los demás; su ejercicio debe  darnos una armonía  interna que se expresa en nuestros actos y en la tranquilidad sentida junto a la autosuficiencia de juicio. La concepción platónica nos propondrá una alianza análoga entre logos (forma, idea, concepto) y kosmos (orden, estructura, secuencia armónica universal). De ahí que esta madre de  las ciencias, como ha sido llamada muchas veces, presente en primera instancia  una especie de ordenación incorpórea  que nos dota de un autodominio para controlar los apetitos de nuestro cuerpo apetente, al mismo tiempo que provea de una vida bella (64d).  Esta observación filosófica, o  propia de una filosofía clínica,  nos exige una práctica que nos donará conocimiento y acción de sí en la medida que sepamos encarar la exigencia de cierta medida y autodominio respecto a toda mezcla de deseos, emociones y sentimientos que lleven a desencajar nuestra armonía bella interna.
El concepto de mezcla  es importante para lo que vamos a desarrollar por la importancia que presenta la comedia para este diálogo socrático; ello nos dará cierta comprensión de la mezcla de los placeres y sus vivencias sensibles en nosotros. Tal mezcla es entendida en la medida en cómo se halla compuesta pues destruye sus componentes comenzando por destruirse a sí misma (ídem). Acordémonos que Alcmeón había dicho que  la salud consiste  en una mezcla proporcionada  de cualidades en nuestro cuerpo. De esta forma se plantea distinguir entre dos  aserciones de la combinación o mezcla de nuestras cualidades emocionales placenteras. La mezcla de cualidades, y la armonía de sus elementos participantes, nos  precipitan a un verdadero revoltijo de cosas, una verdadera desgracia  para aquellos seres en que surge (ídem). La práctica filosófica enseña que somos infinitos y a la vez limitados: infinitos por la imaginación y el logos, limitados por la temporalidad de la existencia corporal y nuestro reloj genético particular; que la salud debe ir acompañada de belleza o armonía interior y vigor; no hay armonía ni intelecto humano (nous) sin un desarrollo y comprensión de la realidad del alma (31ª)[10]. La filosofía se distingue del resto o de las diversas prácticas y saberes por haber tomado el camino de la sabiduría y del nous, y es por ello que al alcanzar ese nivel de ser está más allá de querer sentir  ningún goce por grande o pequeño que sea. Se ha superado en el hombre a su en sí, a la naturaleza inculta o no formada conscientemente; se ha superado al animal y su mero y rústico instinto; se debería trascender el apetito, el deseo, el cual es el principio motor de todo organismo vivo y de ahí que el filósofo atenderá a la parte apetitiva del alma para lograr su autodominio.  ¿Qué busca  la filosofía? El conocimiento del ser, de la realidad verdadera y perpetuamente idéntica por naturaleza es, en efecto, lo que según mi opinión (Sócrates dice; aclaración nuestra), todos los espíritus un poco cultivados estiman con mucho la más verdadera (58c).
Comprendemos que en Platón el verdadero camino del alma exige un esfuerzo  por  mantener la exigente búsqueda de la sabiduría  de sí en tanto búsqueda  hacia un grado más alto del ser, lo cual no  es otra cosa que experimentar para sí una perfección más alta  de la realización de lo divino en cada uno de nosotros  (Teetetos, 513/14). Se trata de sacudirse del mundo de las meras apariencias (propias de nuestra época de exterioridades permanentes y atrayentes de nuestra atención) y entrar en lo que él entiende por la verdad. Esto no es más que entender el grado de dependencia y atadura del ser a la dimensión externa de lo sensible; se nos pide contemplar y acceder al mundo verdadero de lo suprasensible. Su concepción ¿clínica? de la filosofía vendrá a exigir una  conversión (República, VII, 518 c/d), al solicitar separarnos de la multiplicidad caótica del mundo de las cosas, que hacen errar o equivocarse a  todo aspirante a filósofo al adentrarse en la verdad del ser personal e interior; se trata de quien gira la cabeza  y dirige sus ojos al bien divino (el cual no tiene ninguna relación a la conversión cristiana del sometimiento a su dios trágico; en el caso de Platón es una conversión que pretende, gracias a ese esfuerzo individual, tocar cierta liberación y autonomía personal respecto a lo exterior y todo canon religioso cristiano, y más aún de toda Iglesia institucional, pues no sería entonces un acto de solicitud individual sino mediado por una instancia superior y externa que se le presentaría superpuesta al individuo en esa búsqueda filosófica de alcanzar  el bien de cierta  condición divina en la cercanía interior del alma y en lo vivido y entendido como lo suprasensible). Esto nos dará una perspectiva constante dentro del corpus filosófico platónico, que  ese girar los ojos hacia el bien nos  otorga otra condición  que está fuera del mundo y es  la naturaleza de lo bello, ya que la medida y proporción realizan en todas sus partes (del hombre; aclaración nuestra), la belleza y la virtud (ídem). Ese bien platónico es un todo compuesto de belleza, proporción y verdad, y es a estas cualidades las que refiere a la buena mezcla filosófica en nosotros, pues en su combinación  nos  vigoriza nuestro ser. ¿Cuál es la relación de cada una de estas características del conocer filosófico con el placer y la sabiduría, ya que no podemos olvidarnos de lo placentero para seguir en nuestra relación con el arte teatral de la comedia? En su estado óptimo  es la justa proporción entre belleza, verdad y medida (o mesura). La gran superación de la patología personal  es la conquista por la filosofía (al menos para Platón), de la interiorización de la belleza. No se trata de la belleza exterior o física sino la alcanzada en tanto íntima armonía del alma  y del espíritu (o energía corporal) por la práctica de una verdadera virtud (areté), lo cual lleva a desplegar  en su acto la esencia superior humana; una obra que lleva a relacionar perpetuamente el bien y/con lo bello en la medida de lo posible. Es la mordida que efectúa la filosofía a través de cierto dolor, en el corazón y en el alma individual, gracias a la incitación y el arrojo, la conversión,  que nos puede conducir el discurso de la filosofía, que como brutal víbora toma un alma joven (Banquete, 217e). La filosofía nos alumbra al camino platónico de la belleza verdadera –que llama el filósofo de amplias espaldas como divina- la cual no está en el cuerpo sino en el alma: la cual ha sido tallada como diamante por el bisturí implacable de la verdad filosófica.
Pero regresando de esta reflexión en torno al Filebo, debemos acotar  que Protarco, interlocutor en el diálogo con Sócrates a lo largo de toda su especulación mayéutica sobre el placer, que  éste, el placer, ante los ojos del búho filosófico,  es lo más jactancioso y falso que existe: los placeres son como niños y no tienen ni la menor sombra de razón (65e). No deja la ocasión para preguntarse por si el placer tiene más medida (proporción) que la sabiduría o la sabiduría más medida que el placer y todos podemos figurarnos la respuesta: el placer tiende a la desmedida: una vez sentido queremos más y más, y  de ahí a la enajenación hay pocos pasos, es decir, al olvido del ser de sí por la sensación de la disolución del mismo ser que le acompaña en su reiteración y prosecución. Por ello el saber filosófico, el entendimiento adiestrado, requiere del comedimiento, de la medida, del juicio y se deduce que para Platón/Sócrates   el logos sea más bello que el placer físico. La tesis de Filebo  es que el placer, bajo todas sus formas y todas sus maneras, es el bien (67ª), afirmación  que da pie para el desarrollo de todo lo concerniente a querer relacionar, de un modo u otro,  placer con el supremo bien. Sabemos que para el creador de este teatro filosófico y su personaje principal, Sócrates,  el bien no está emparentado con  placer ni con la diosa del mismo, que para Filebo no es otra que Afrodita (22c). Y es, en parte, de lo que vamos a desarrollar ahora.
La idea de  placer en Sócrates está emparentada con la acción y juicio de nada en demasía. Es la condición  que permite mantenerse en un orden sensato y en equilibrio en lo que para él refiere la entidad del alma y cuerpo. Pues por lo que respecta a los intemperantes y libertinos la violencia del placer los posee hasta el punto de volverlos locos y hacerlos gritar  como si fueran posesos (45e). En su otro diálogo Las Leyes nos advierte cierta aceptación de su manifestación, ya que los clamores locos son naturales en la experiencia de la juventud (672e) y en República tales manifestaciones  se presentan en la pasión desencadenada (573e).
De esta digresión sobre el placer podemos  encontrar en el Filebo  la referencia al arte teatral, tanto a la tragedia como a la comedia. El interés por dicho arte surge  al indagar las distintas afecciones que alberga el alma, como la cólera, el temor, la pena,  el duelo de amor, los celos, la envidia y otras emociones negadoras del ser.  El teatro es el espacio ideal donde se presentan los distintos registros y sus gestualidades, siendo un laboratorio de exploraciones emocionales controladas y terapéuticas (para el público mimetizado y purificado por la catarsis en su identificación con las afecciones y acciones de los personajes), de la permanente condición contradictoria  de la naturaleza inscrita en el hombre. Esta propuesta no deja de estar relacionada con el tema primordial del diálogo en cuestión, el cual, como sabemos, no es otro que el placer.
El placer, en una de sus apariciones y expresiones, es darse  por las combinaciones de varias afecciones; esto es lo que refiere Platón al hablarnos del placer mezclado, el cual va acompañado  por su contrario: sufrimiento, pena o duelos.  Lo que nos da a entender esta observación socrático-platónica  en relación a la tragedia, como espectadores teatrales,  nos incita a vivir un gozo a través del propio llanto. Pero la tragedia no es específico de ella solamente tal placer trágico, sino  que el filósofo nos da a entender que otro tanto  ocurre con la comedia (48c). El atractivo de la comedia está en que también  emerge de ella un gozo que mezcla placer y sufrimiento en su representación. ¿Cómo se  nos explica ese tipo de afección experimentada en tales espectadores caracterizados por la espontaneidad de la risa cómica? Tendremos que aproximarnos a este melange, coupage, blended emocional en el diálogo por el placer/dolor vivido simultáneamente en la representación teatral a través de los personajes que están determinados y dominados por la envidia.
Sócrates se detiene  en el personaje envidioso el cual, por estar poseído por un permanente sentimiento de la envidia,  reporta ya implícitamente un mal en el alma que la vive.   Pero dialécticamente nos muestra que a su vez el envidioso puede llegar a sentir gozo. ¿Cómo un alma que sufre y se castiga a sí llega a gozar simultáneamente? Vive el gozo en la medida  que sabe de las desgracias, penurias y males del ser que se envidia, es decir, del otro que es fuente de mis remordimientos.  Aquí encontramos, inextricablemente, un placer y un sufrimiento o dolor mezclados.
Esto se profundiza al tocar el tema de la naturaleza de lo ridículo.  Condición que es vista como un vicio  y que obtiene su nombre por una disposición especial al no atender, el hombre griego de la antigüedad (y al hombre de nuestra contemporaneidad de forma igual), una disposición especial que estaba inscrita en el templo de Delfos: conócete a ti mismo (48ª). El vicio de lo ridículo se obtiene al no actuar  en la dirección exigida por la máxima  antes aludida.  Y aquellos que mantienen esa actitud distante del intentar conocer al ser individual concentrándose en la suprema ignorancia serán víctimas de una ilusión que alude a tres puntos de vistas: primero, el de la fortuna o riqueza, al considerarse más ricos (materialmente) cuando en realidad  no lo son; segundo, considerarse grande o bella (o) respecto de lo que se es: ambas situaciones refieren a  una serie de superioridades que en ellos no posee ninguna realidad de ser; por último, la tercera, es la ignorancia (condición máxima de toda ridiculez),  que refiere a las cualidades del alma, considerándose superiores en virtud, cuando de ninguna manera lo son o la poseen. Igual pasará con las  virtudes de la sabiduría y de la prudencia, que muchos pretenden poseerlas por medio de aparentarlas, de actuar falsos semblantes.
En su diálogo con Protarco llega a expresar otra forma de mezcla de placer/sufrimiento en personas que profesan una envidia burlona. Esta  la encontramos  en aquellos que  detentan  la fuerza y el poder (cual tirano antiguo o dictador totalitario de los mundos socialistas y de ciertos regímenes mal llamados democráticos del siglo XXI). Todos, a la vez pecan de ridículos pues detentan una falsa opinión de sí mismos incorregible y patológica: se creen iluminados, libertadores (esclavizados y enfermos en ellos mismos) o padrecitos y santos o maestros sin obra. Otra tipología humana que entra en esta aserción de la envidia burlona  serían aquellos que son débiles (por condición mental) y cobardes y no se atreven  a vengarse del envidiado y pueden representar  así, otra expresión de la ridiculez; tales infrahumanos se solazan del envidiado gracias a su caída o desgracia sufrida (propio de corderos de dios o seres anclados al dogma fundamentalista –religioso o político: detestan, pero envidian, a aquellos que se salen de su dogma o norma tomado por absoluto).
Estos dos tipos de envidia burlona poseen implícitamente siempre un grado elevado de ignorancia pues, por ejemplo, los que pueden hacer uso de la fuerza para vengarse y son fuertes se mostrarán ante la multitud deseando ser reconocidos por medio del temor y el odio;  encontraremos  que su cólera, su amor y su placer, sólo son productos de una falsa sabiduría, aliada a la fuerza y al poder gracias al ejercicio de la injusticia y de grandes crímenes (Leyes 836ª/c). La ridiculez les asalta indefectiblemente, observando que cuanto más se trata de ocultar a cada paso del personaje que es, más se devela y se muestra a la mirada de todos: la ignorancia, en efecto, es odiosa y vergonzosa en los fuertes, puesto que su capacidad de daños se extiende hasta aquellos que les están cerca, ella o sus imágenes, sean las que sean ellas. Pero esa misma ignorancia, si es débil, entra en nuestros ojos en la categoría de las cosas ridículas” (49d; énfasis nuestro).
Gracias a estas palabras podemos deducir  toda una interpretación de la condición de lo ridículo que, sin advertirlo quizás el mismo Platón, y gracias al desarrollo de su apreciación del placer y del dolor presente en la trama y personajes de la comedia, nos da  a entender lo que poco han entendido muchos intérpretes hermenéuticos o no, del dazein y sin dazein : que los personajes de la comedia estarán siempre emparentados  con esta doble condición ridícula del envidioso  burlón, bien a través  de un personaje fuerte: vengativo y poderoso (o que lo desea ser) o del débil: cobarde y miedoso. Pero que están atravesados ambos  por la misma condición común: la ignorancia de sí, el de aparentar lo que no son (poseer sabiduría, belleza, justeza, proporción, etc en el ser); viven en  función de una permanente representación aparente de la virtud a los ojos de lo público (recordemos a Maquiavelo y su consejo al Príncipe: presentarse como si fuese justo, religioso, fuerte, etc.: modernidad en que la política se vive, sobre todo, como representación escenificada y ritualizada, y hoy como presencia mediática global); se trata de nunca llegar a mostrar el mínimo ápice del laberinto existencial de su ignorancia al no practicar el axioma filosófico de Delfos/Sócrates: conócete a ti mismo; sabe que si lo permite cae y nos damos cuenta que caga igual que todo el mundo. La ignorancia, sea como sea, siempre será y terminará por ser un mal. La ridiculez, así comprendida,  sea por mente débil o prepotente, es un mal propio de la ignorancia.
He ahí la importancia de la comedia  como espectáculo pedagógico y crítico de la sociedad y sus personajes públicos,  al cual Platón no refiere mucho directamente pero sí de manera sesgada. De forma perspicaz podemos ahondar mucho  del arquetipo y de la condición del personaje cómico o de la comicidad del comediógrafo. Si bien Platón, a través de la profunda voz socrática, nos muestra su censura ante el ejercicio de la risa burlona al decirnos que los hombres de valor no deberían presentarse como poseídos por la risa y menos aún aceptar el que se representen así a los dioses (es decir burlonamente) (Filebo, 47c). Encontramos que la condición del envidioso, que se burla de la condición del otro, experimenta en su interior la mezcla de placer y dolor. Siente  placer por los males ocurridos al envidiado,  pero ya la misma afección de la envidia (propia de la ignorancia de sí, recordemos), nos remite a cierto dolor inevitable: condición propia de toda alma aturdida, confundida, ignorante, no filosófica en fin.  Sentimos dolor  por envidiar y se tiene un alivio momentáneo por la venganza, o el azar de los destinos, ante ese ser envidiado: la envidia es un sufrimiento  del alma y el reír es un placer, y ambos coexisten en tales ocasiones (49d). Es por lo que manifestó  que el origen  de tales emociones perniciosas y ridículas  en la ocultación –y afirmación a la vez- de sus carencias al querer poseer lo que el otro tiene, de donde se le da al ignorante esa mezcla de placer y dolor  pero en su más baja expresión.
Para precisar toda esta apreciación  afirmativa de la comedia en el Filebo, podemos  referir las propias palabras de Platón. Habla Sócrates: El razonamiento, pues,  nos hace ver que los cantos del duelo, en las tragedias y en las comedias, no solamente en el teatro sino en toda la tragedia y comedia de la vida, y en gran cantidad de otras ocasiones, los sufrimientos se mezclan con los placeres (50c).
La comedia será importante  como género masivo y artístico porque gracias a su presencia Sócrates ha podido mostrarle a Protarco (y a nosotros, lectores), la presencia simultánea o mezcla del placer y del sufrir del alma humana, propia del individuo ridículo. Si  bien Platón, como sabemos, no tiene a buen recaudo el humor y la risa de forma explícita (aunque sí implícita a través de la ironía socrática), nos muestra, al contrario de lo supuesto por muchos,  la importancia del género de la comedia para darnos un cuadro de la debilidad humana  que proporciona la apariencia de poseer virtudes, saber y conocimiento. Sócrates nos habla:

“¿y por qué piensas (refiere a Protarco, su interlocutor; aclaración nuestra), entonces que te he mostrado con preferencia esta mezcla de la comedia? ¿No es acaso para convencerte  de que una fusión de esta clase es fácil de demostrar en los temores, los amores y otras pasiones semejantes, y para que, satisfecho con esta certeza, me perdones  al abordar todas las demás afecciones y no alarguemos nuestros razonamientos, y te contentes con comprender que el cuerpo sin alma y el alma sin cuerpo, los dos puntos, están llenos de  placer mezclado  de esta forma  con sufrimiento? Entonces dime ¿me das tu permiso o nos vamos a tener aquí hasta  medianoche?” (50e; énfasis nuestro).

Con esta jocosa afirmación socrática ante Protarco queda reafirmada la importancia del género humorístico de la comedia para la filosofía platónica. La comedia, denostada por muchos (casi siempre por doctos y académicos autoritarios ontológicos y epistémicos) que la califican de superficial no lo es, aparentemente, para Platón, del que sabemos que  en sus diálogos no hay nada gratuito; si está presente la comedia como un referente en su obra es porque es importante para despertar e incentivar la reflexión filosófica dada por todas las vías posibles en la medida que conoce toda expresión de la condición humana. Es lo que podemos notar en su larga argumentación acerca de la mezcla  y simultaneidad  de ciertos caracteres humanos  más ignorantes que virtuosos, más superficiales que auténticos, más ridículos y cómicos que trágicos y serios. La comedia se nutre de estas deformaciones de la naturaleza humana, sea cual sea el espacio público que ocupan. La comedia también es un correctivo del alma; la risa   que emana de este género es una catarsis en el hombre  vuelve a reconocer el sentido del ridículo perenne en los actos humanos tanto de los otros como de sí mismo.


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Las Leyes y el juego de la risa 
Las Leyes, último diálogo del corpus platónico, nos ofrece una serie de ideas respecto a la comedia que son interesantes de acotar. La comedia es definida como el juego de la risa (817ª), y como ya hemos dicho, le da una importancia sorprendente en la formación de cualquier individuo que quiera ser un hombre de criterio. Recordemos  que en ese diálogo, en algún momento, exige que imaginemos  al hombre como una marioneta de los dioses, como un juguete de estos, la vida humana es un espectáculo a los ojos de esos seres olímpicos y alados, y para ellos somos su diversión, su pasatiempo, gracias a que son  movidas por ellos nuestras emociones y nuestros afectos, de manera que pareciera que tuviéramos unos hilos interiores que tiran de nosotros y nos arrastran, opuestas como son, en sentidos contarios entre sí y hacia acciones contradictorias que nos lleva a pararnos sobre la línea límite entre la virtud y el vicio (803c) y, por tanto, somos un juguete que podemos definirnos desde una perspectiva trágica o cómica nuestra vida: la condición humana, como vemos, se mostrará como una representación: el mundo es un teatro para los dioses o, como dijo Calderón, vivimos en el gran teatro del mundo y el poder, en general, mueve hoy nuestros hilos emocionales al batir de los vientos que más les interesen: sólo veamos la comedia de los estados ante la crisis económica: sufren los más, y los menos –los banqueros, políticos, y demás responsables de la situación- quedan bendecidos por el sistema.
Sin embargo en este diálogo Platón se preocupa, como tema recurrente en todos sus diálogos, por el plan de formación que debe emprender la ciudad para con sus hijos, futuros ciudadanos libres, y que lleguen a formar su cuerpo y su alma  en su más perfecta y bella condición del ser. Para ello, como hemos ya visto en República (libro VII), recurre a la música y la danza. Para dar más peso a esta necesidad pedagógica republicana coloca, a modo de contraste, lo que significaría quedarse con cuerpos incultos, o cuerpos de cierta fealdad o de pensamientos malformados, superficiales, fundamentalistas o necios. Cuerpos y pensamientos deformes y poco nobles vendrán a ser el ingrediente para despertar lo cómico, a la risa, y sean elementos para la trama de una comedia.
La comedia vendrá a destacar lo peor de la condición humana, en otras palabras, para hacer estallar de cierta risa burlona (katagelao) referida a esas cualidades nada recomendables. Pero tales cualidades deleznables deben ser estudiados  y estar presentes en todo espíritu formado para lo noble y bello, lo justo y bueno. La experiencia  de saber reconocer la permanente la terrestre comedia humana; lo cómico de la vida es un criterio necesario para medirnos y autodominarnos en relación a la virtud y  a la paideia ciudadana. Para saber lo serio de la vida debemos aprender qué es lo ridículo de ella,  y para ello la comedia es una escuela de enseñanza, como nos lo deja ver el siguiente párrafo.   Habla Sócrates:

“En lo que toca a los cuerpos feos y a los pensamientos feos, en cuanto a los espíritus que tienden a la risa y a los chistes de las palabras, en el canto, en la danza y en las imitaciones que convierten todo esto en comedia, son estos temas que, por fuerza hemos de estudiar y juzgar. Conocer, en efecto, lo serio sin conocer lo ridículo, y conocer  a su vez esto sin lo otro; por muy contrarios que sean entre sí resulta imposible (obviarlo) a quien quiera ser un hombre de criterio. Pero tampoco es posible practicar una cosa y la otra, por poca parte que uno quiera tener con la virtud. Precisamente, por este motivo no es, sin embargo, necesario conocer lo cómico en sí mismo, a fin de nunca hacer  ni decir, por ignorancia y contra todas las convenciones cosas ridículas. Esta clase de imitación (representación teatral; aclaración nuestra), hay que confiarla a los esclavos y a los extranjeros asalariados, pero nunca debe ser, en ninguna circunstancia, objeto de atención seria, y no debe aprenderlas a representar ninguna persona libre, sea hombre o mujer; por el contrario, debe tener siempre, en alguna manera, un aspecto poco familiar. Estas son las normas que la ley y la razón imponen para estos juegos de la risa que llamamos comedia” (817ª; énfasis nuestros).

Detengámonos un rato en estas maravillosas apreciaciones platónicas sobre la comedia. La comedia no es bien vista para ser representada y practicada en la cotidianidad por los hombres y las mujeres libres. Estos juegos de la risa son requeridos conocerse, como ya hemos visto antes al tratar el Filebo respecto al tema, para estar atentos a lo ridículo que aporta la vida social y política, y que podemos padecerla en nuestra actuación pública y familiar. Por otra parte la comedia es necesaria a tener presente pero su representación no puede efectuarse por un hombre  libre y formado. Respecto a esto debemos decir que los ciudadanos participaban en las tragedias participando en los coros y  hasta actuando determinados personajes  de alguna obra teatral: la afición era grande y la búsqueda del reconocimiento y fama actoral también. Pero Platón aconseja que no sea representado este juego cómico por ciudadanos respetables porque pudieran ser identificados para siempre como portadores de una condición cómica personal, con la risa, llegando a ser advertidos en todo momento como una persona que causa risa con no más verla, sin ser reconocida como una persona seria y digna de la ciudad.  Es por lo que recomienda que las obras cómicas sean representadas por individuos que puedan estar separadas de la dignidad y honor personal para la polis en tanto ciudadanos libres: esclavos y extranjeros asalariados, ambos individuos que no deben cuidar  su reputación ante los demás.  Es por lo que también advierte que no deben ser familiares las situaciones cómicas en la cotidianidad.
Pero también en el texto  encontramos otra referencia importante, cuando nos habla de la importancia de conocer la comedia por todo hombre de criterio. Creo importante recordar que los actores, comediantes o trágicos, como también los rapsodas son identificados por la palabra hipocritai. El hipócrita, de manera general,  es reconocido por ser una persona falsa, que finge sentimientos que no tiene o que expresa ideales que no sigue. Etimológicamente la palabra hipocrite viene del griego Ừποκρίσιν (hipocrísin), compuesta del prefijo Ừπο (hipo, por debajo de|, menos de) y κρινείν (krinein: separar, dividir, distinguir una cosa de otra; también decidir: tener criterio). Entonces el  actor es un hipócrita porque al representar un personaje no siente realmente los sentimientos o las ideas que expresa, sólo sabe representarlas, es decir, actuarlas  frente al espectador para que logre el efecto de identificarse y seguir, bajo la convención de la imaginación y el consenso de la ficción, la obra teatral en marcha. Es por lo que contra el actor en tanto   Ừποκρίση (hipocríse) contrapone al άνθρωπος της κρίση (antropos tes krise), es decir, al hombre de criterio,  el cual, gracias a la buena y perfecta formación absorbida,  tiene criterio de decisión y de distinguir, de vivir realmente sus emociones bellas y justas que no pueden, ni por un momento, llegar a familiarizarse con lo cómico como forma de ser en la cotidianidad de la polis.  Esta observación etimológica es importan e interesante  atender porque podemos llegar a comprender mejor la posición de Platón/Sócrates respecto a la risa y a la comedia que, de todos modos, no está por fuera de la educación, de la necesidad de haberla conocido y estudiado pues ella aporta al hombre de criterio el conocimiento para distinguir el alma noble de la ridícula, el ser auténtico del falso o hipócrita.  Como podemos notar, la comedia es de suma importancia para una educación completa del hombre libre, no por asumir la comicidad en sus modales sino para reconocerla cuando la ridiculez de los hombres no puede dejar de mostrarla por sus palabras, gestos y acciones, sabiendo que sus acciones remiten al humano juego de la risa.
Además en  Las leyes, (VII, 816d), encontramos que  un Estado no puede prohibir las comedias por su  supuesto valor educativo (como lo deja de ver Jaeger en su Paideia); si bien de la comedia es reconocida su importancia de manera general y pedagógica, no es vista solo como un juego de palabras sino que ella incorpora en su trama y representación un efecto ético y terapéutico: son garantes de hilaridad o alegría y de corrección (Las Leyes: 816e). Sin embargo Platón  tendrá plena conciencia de los cambios que han sucedido en los públicos ante las obras teatrales, y en especial en cómo los escritores de comedias ahora son complacientes con el público con sus comedias, que en su interrelación reconoce la decadencia del teatro, y donde antes los asistentes a los espectáculos  seguían la acción en silencio y atentos recibiendo una sana educación y personal visión de la comedia humana por su autor, ahora mostrarán aplausos o abucheos por su aprobación o no del  comediógrafo (Las Leyes: 700 c-d), situación que critica este Platón, al reblandecerse el comediógrafo en su personal creación. Se resta seriedad a la obra. Se convierte el pueblo en un infame crítico de toda creación y se busca, antes que nada, su aprobación. Pero de esa opinión de espectador, Platón enunciará su postura respecto a cómo se usa la comedia para otros fines deleznables, bajos y políticos, donde se presenta la comicidad ante el público para complacerlo y obtener la risa fácil. Esta situación lo lleva a recomendar que era necesario y oportuno tomar medidas drásticas y punitivas contra el escarnio o burla intencional y gratuita de ciertos ciudadanos  referidos (directa o indirectamente) por el escritor para su mofa en la comedia.
En la República señaló los efectos perniciosos de las artes miméticas sobre las mayorías, sin embargo pareciera ser que en su último diálogo Las Leyes, nos presenta, como hemos dicha antes, la evolución y el gusto del público respecto a las artes dramáticas, llegando a una aserción que de forma despectiva denomina y no acepta respecto a esta expresión por parte de este aristócrata de la filosofía, y la llama teatrocracia (701 a).  Esto nos da cierta idea de cómo la comedia se había convertido en su época  en un arte de amplio interés  y consumo popular, al cual los autores deberán satisfacer las aficiones y lo esperado por los espectadores el día de su estreno ejerciendo su poder de aprobación.  No es el único de los pensadores influyentes que asumen expresar ciertos aspectos negativos que causaba la comedia, basta recordar las palabras de Isócrates quien se queja en su discurso «Sobre la paz» 31, (355 a.C.), de que tan sólo en la democracia ateniense  se concede verdadera libertad de palabra a los demagogos y a los autores de comedias (énfasis nuestros). La teatrocracia pareciera todo un partido que  cohesionaba estéticamente un juicio ético ante lo público. Como nos lo refieren las palabras de Luis Gil:

“No cabe testimonio más explícito de que la comedia se había convertido en su época en un arte de consumo, en el que, si los autores moldeaban las aficiones del público hasta cierto punto, los gustos de éste condicionaban en grado mucho mayor las directrices de la creación dramática[11].

Sin embargo Platón advirtió  en su diálogo Banquete[12], al  expresar por las palabras finales puestas en la boca de Sócrates,  que el verdadero poeta debe ser al mismo tiempo trágico y cómico, observación que el lleva a cabo cuando escribe, uno tras otro, los diálogos del Fedón o del alma y el Banquete o del amor. Con ello podemos entender que la cultura ateniense del momento estaba ya abierta a esa doble condición y género poético, en donde los vientos decadentes del tiempo del Estado se dirigían más a un mundo risible por lo ridículo que  justo por el ejercicio político. Para ese entonces no sólo se representará la tragedia seguida de una comedia, sino que la inteligencia platónica advierte que la misma vida puede parecer y padecer en uno u otro momento bajo el espíritu de lo trágico o de lo cómico; la vida será un transitar por un sentimiento trágico de la vida pero, y sobre todo y no menos, por un sentimiento cómico de la vida. Ello pudiera entenderse como un símbolo de la plenitud humana presente en la perfección clásica.
Queda decir que bien se sabe que Platón, en su lecho de muerte, el único libro que lo acompañó en esos días fue las Comedias de Aristófanes. Desde el más allá pareciera decirnos que ante la muerte no queda más que reír para así espantar los bajos y oscuros sentimientos de temor que se despiertan en nuestra conciencia ante el fin de nuestro personal segmento temporal.


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Aristóteles y la Comedia
Aristóteles es el otro autor canónico de la filosofía griega que nos da su análisis sobre esta forma y expresión literaria del mundo antiguo en su Poética y en ciertos trozos de su Ética a Nicómaco.
Este autor refiere la palabra comedia a aldea (κωμη), lo cual, como ya hemos analizado antes, es erróneo[13]: ahora sabemos que komos estaba referido no a la aldea, sino a la manifestación de ciertos campesinos que irrumpían en la aldea para referir sus venganzas en forma de chanzas y reclamos a ciertos aldeanos prestamistas o que habían humillado a los afectados que integraban ese grupo cómico.  En Poética (3-5), refiere que  no  halló indicio de la existencia de la comedia antes de 400 a 388ª.C. Para él la comedia vendrá  a renunciar al carácter de chanza y burla  cuando los cantantes y los bailarines formaron el coro de comediantes que se ponía en el escenario; aunque nunca del todo la comedia abandonó  ese espíritu burlesco. Recordemos que koomos significaba también regocijo popular, festejo ruidoso; y comedia no es más que canto del Koomosk,  cantos que se prestan para hacer juerga.
Volviendo a las líneas aristótelicas[14] que nos refiere en su Poética la comedia nos sirven para nuestro propósito  de comprender la importancia de esta manifestación humorística griega a partir de las voces filosóficas. Tanto la tragedia como la comedia nos advierte que sus orígenes fueron manifestaciones improvisadas, bien por ditirambos o por canciones fálicas:

“Esta comenzó ciertamente mediante improvisaciones, como también la comedia; (10) la primera se originó con los autores de los ditirambos, la otra con las canciones fálicas, que  todavía perviven como instituciones en algunas de nuestras ciudades. Y su avance desde  entonces fue lento, a través de su transformación y luego de superar etapas en cada paso (Cap.IV).

No refiere a su importante relación con las festividades Dionisias, sino que entra directo a  mostrar su presencia a partir de ciertas improvisaciones en  canciones fálicas, y no  en las procesiones que surgieron en las fiestas  agrarias y actividades campesinas de la antigüedad griega.
La comedia, escrita en versos hexámetros, a sus ojos vendrá a representar lo peor de lo humano, sin advertir la importancia ritual, comunicacional, ética, educativa que tuvo en su relación con el espíritu dionisiaco presente en todas las fiestas de las Leneas de ese mundo comediante o para la formación de los hombres de criterio de la ciudad, como vimos en Las Leyes de Platón. Es la representación, para este filósofo, siguiendo en cierta forma a su maestro, de lo ridículo[15] en tanto especie de  fealdad, error, deformidad pero que no ofrece ni sufrimiento ni daño a los que observan tal  condición; la máscara[16],  que representa a quien la usa fealdad y a quien la mira risa, no provocando en el espectador sufrimiento.
Es interesante su referencia a la máscara, la cual su uso fue un acontecimiento importante en la historia de este género ático (ya antes se ha referido al origen de la máscara a la necesidad de embadurnarse el rostro para no ser reconocido los campesinos y hombres prosaicos que participaban en las burlas en forma de venganza). La comedia es una manifestación teatral en que los eventos que la componen nos muestran lo ridículo, la fealdad, el error sin  sufrimiento,  viene a ser un canal para aparecer  la compasiva y salutífera risa en medio de dicha imitación de lo peor del hombre; es así que:

“Respecto a la comedia es (como se ha observado) una imitación de los hombres peor de lo que son; peor, en efecto, no en cuanto a algunas y cada tipo de faltas, sino sólo referente a una clase particular, lo ridículo, que es una especie de lo feo. Lo ridículo puede ser definido acaso como un error (35) o deformidad que no produce dolor ni daño a otros; la máscara, por ejemplo, que provoca risa, es algo feo y distorsionado, que no causa sufrimiento (Cap. V).

También nos advierte Aristóteles que los orígenes de la comedia han pasado inadvertidos. Y sólo vendrían a ser tomadas por él las referencias cuando el coro de comediantes fue tomado en serio por el arconte Basileo (máximo funcionario religioso del estado), pagando del erario público su puesta en escena, y su recuerdo se perpetuó gracias a la  fama de los comediógrafos  o poetas cómicos. No nos habla ni está presente, como lo hemos advertido ya antes gracias a Kerenyi, de lo que hoy conocemos respecto a su relación con el dios Dionisio, sino que su punto de vista sobre la comedia se refiere a cuando ya es un espectáculo y no una procesión o un rito; sólo presta atención cuando ya es una manifestación teatral y no una referencia religiosa popular:

“Aunque los cambios sucesivos en la tragedia y sus autores no son desconocidos, no podemos decir lo mismo de la comedia; sus etapas primigenias pasaron  (1449b) inadvertidas, porque ella todavía no había sido tomada en serio. Esto aconteció sólo en un momento posterior de su progreso cuando un coro de comediantes fue oficialmente reconocido por el arconte; ellos solían ser  simples voluntarios. La comedia alcanzó ya ciertas formas definidas cuando empezó el  recuerdo de aquellos individuos llamados  poetas cómicos. Quién fue el que le proporcionó máscaras, o prólogos, o una pluralidad de actores y otros elementos es algo que se desconoce. (5) La fábula preparada, o trama, se originó por cierto en Sicilia, con Epicarmo y Formis; de los poetas atenienses, Crates[17]  fue el primero en eliminar la invectiva de la comedia, y creó argumentos de naturaleza  general y no personal, es decir, fábulas estudiadas o argumentos (ídem).

Es importante advertir la relación que tenía la comedia con la realidad. El escritor de comedias vendría a tomar sus motivos de hechos probables, de situaciones vividas que luego vendrían a ser trastocadas tanto en el nombre de los personajes como en el sentido de calamidad. Se buscaba presentar ciertos individuos públicos, situaciones históricas, aspectos de la religión popular (ritos de tradición órfica y eleusina) y de los dioses, de manera jocosa. Mostraba la absurdidad  y lo grotesco, lo erróneo y lo injusto no a través de representarlo mediante el sufrimiento sino por la benefactora risa socarrona y contagiante:

“En la comedia esto ya ha quedado claro, pues los poetas cómicos construían sus fábulas a partir de acontecimientos probables, y luego añadían algunos nombres según su capricho; ellos no escribían, como los poetas yámbicos, sobre personas (15) particulares (Cap.IX).
          
Aristóteles, como lo vimos con Platón, reitera  no ya la secularización de la comedia, a través de su negativa opinión del tipo de los personajes sino sobre todo de su trivialización al oponerla al sentido teatral de  los personajes y tramas de la tragedia (Poet. 1449 a 30). Vendrá a encontrar la  importancia de la comedia  por la función de descanso y de distracción en el ser humano (Ethic. Nic. IV 8, 14, 1128 b 3) de los rigores y la seriedad cotidianos.  Pero  tendrá la misma opinión que su maestro Platón respecto al sometimiento de los autores a los gustos y debilidades del público (Poet. 1453 a), sobre todo al imponer el final feliz en toda obra, lo cual vendría a ser una característica propia de la comedia. Condición que lleva a no aceptar la personalidad ni el punto de vista particular del comediógrafo en relación a su obra: se dedica a complacer el público, como dijimos antes. Hay cierta inautenticidad según su apreciación. Sin embargo al leer autores como Aristófanes  nos encontramos con una personalidad nutrida, individual, conscientes de los estragos de la guerra y del olvido de la paz, de la condición de la riqueza y de la miseria, de los retruécanos de los filósofos y de los sofistas, de la decadencia de las costumbres y de las creencias, de los hombres y de los dioses entre los temas que tocó este autor.
En la Ética a Nicómaco (IV 14, 8, 1128ª), Aristóteles  contrapone la evolución del hombre de humor (εύπράπελος)  al chabacano (βωμολοχος), al patán, mostrando la distinción de su época a la de los antecesores  procederes de los comediantes. Los antiguos hacían reír a través de un lenguaje grosero y directo, propio del uso de un lenguaje popular, llano: lo chabacano como forma de comicidad; en los escritores cómicos de su época  se complace presentar al humor por medio de una alusión velada o indirecta pero judicial, procedimiento más aceptado por el hombre libre educado que por el esclavo o el inculto, lo cual implica una diferencia sustancial en el tratamiento y en el decoro respecto a la puesta en escena: se han refinado los gustos  estéticos y morales. Encontramos que la comedia deja sus rasgos democráticos populares al convertirse en una obra que busca acercarse ahora una postura más refinada, menos popular, más elevada para  un público que se complace con la alusión indirecta más que la forma directa de referir los hechos grotescos o cómicos.  Quizás ya había dejado de tener una relación cercana al sentido religioso de las festividades y se había independizado de su pasado dionisiaco, convirtiéndose en un género artístico autónomo de cierta tradición religiosa mítica: acordémonos que los dioses serán, igualmente, causa de risa dentro de ella, de ahí el peligro para todo estado teocéntrico respecto a la existencia de la comedia y de la perspectiva pública que da. En la comedia no hay ningún absoluto, todo puede ser material para evocar al humano juego de la risa.
Por otra parte, Aristóteles  declara su ignorancia de quién  procedió darle a los personajes los prólogos y el número de actores a  la comedia. Los primeros que compusieron argumentos  de este tipo fueron Epicarmo y Formis de Sicilia. Pero es con el filósofo Crates (circa 450 a.C.), que  se ensayará por primera vez hacer un teatro con trama argumental y personajes típicos de esta distracción teatral hilarante: el nombre de sus piezas lo corroboran: Los vecinos (residentes), Los metecos (por  profesión), Los oradores (de corte político), etc. Igualmente encontramos en Crates a uno de los personajes que estarán presentes en las comedias que es el médico (ίατρος: iatros), personaje que aparece aplicando una ventosa o  amenazando aplicar una incisión, sus malas prácticas y los sufrimientos que proporciona adicionales a los pacientes que ya padecen un mal; encontramos en este autor  el primer intento de crear una comedia de tipo.  Los espartanos también tuvieron  un juego cómico, representado a través de un lenguaje vulgar, con personajes sacados de la vida real, por ejemplo, el ladrón de frutas o un médico extranjero[18].
Crates[19] no sería el único que comenzó a tirar los fuegos de la  comedia. Junto a él debe agregarse el nombre de Ferécrates, contemporáneo a Aristófanes, actor  y émulo de Crates; sus obras tenían un tinte erótico, y tuvieron nombres de conocidas heteras Θάλαττα (Thalatta), Κορλλαννώ (Corlanno),  Πετάλη (Petále).
Aristóteles nos habla que la comedia era un arte de la imitación. Imitación de situaciones que nos mostraba una crítica de la realidad social. Ello, en vez de quitarle méritos, como es la opinión del filósofo, vendría a ser una suerte de satisfacción intelectual y comunicacional al poder identificar los  personajes de ficción con los reales, las situaciones sociológicas de la ciudad con la  puesta en escena; ello deparaba un gozo por tal tipo de creación artística. Si bien los comediógrafos aspiraban al principio de originalidad (como lo estipula Aristófanes en Las avispas), vieron sometidos  su fecundidad, por la rapidez exigida de obras nuevas, llegando al reiterado uso del plagio; la originalidad se mezcló con el plagio en muchas de las obras. Los espectadores ven reflejados en la escena hechos, ritos y dichos de la cotidianidad ateniense, sometiéndose a las costumbres, gestos, acciones de acuerdo a las circunstancias, edad, sexo, profesión y condición social de los personajes[20]; vendría a ser una forma de crear opinión en la comunidad sobre los eventos pertinentes de su momento; por ello las comedias tenían la condición de no volverse a representar: respondían también a un presente y a una inmediatez de atención y reflexión, educación y juicio sobre los comportamientos de ciertos personajes públicos o de costumbres contradictorias del momento histórico. Sabemos que  cuando la comedia se relaciona con un hecho político posteriormente deja de tener efecto pues ya vendrían a ser otros los elementos y sucesos que cautivan la mirada del ciudadano. Pero, no obstante, la enorme abundancia de sus alusiones concretas a acontecimientos e instituciones, la riqueza de sus invectivas personales, su mismo carácter político y polémico, hacen de ella una cantera inagotable de datos para el historiador y el sociólogo[21].
Aristóteles, como sabemos, pareciera tener una concepción positiva de la risa: el hombre es el único animal que ríe. Gracias a ella el hombre puede develar, como ya habló Platón,  en los otros sus aspectos e inclinaciones de imperfección, vicio, desviación y fealdad (física y moral) presentando las cualidades subjetivas o internas de la persona; de esta manera tales cualidades negativas serían ridiculizadas teatralmente al observarlas y  que la conciencia puede llegar a suprimir de la condición personal del espectador o al menos a saber cuándo lo ridículo colma nuestras vidas sociales e individuales.


Teatro a Dionisos en Atenas


Bibliografía
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Referencias electrónicas:
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Diccionario en línea: http://www.deperu.com/diccionario/significado.php?pal=comedia: visto el 24/05/2012.




Notas

[1] Cuando hablamos de complejidad nos referimos  a la importancia de todos los elementos que conformaban el lenguaje de este teatro junto a su significación religiosa alcanzada alguna vez por el pueblo. Como nos dice Kerenyi (1998:229): la magnitud del milagro se puede medir por la riqueza y el carácter diferenciado  del lenguaje de las piezas, sobre todo de los cantos del coro; del público se esperaba que siguiera el lenguaje en todos sus matices, y la gran mayoría respondía con creces.
[2] Kerenyi, 1998:229.
[3] Todas estas referencias al sentido primitivo del komos son tomadas de Kerenyi: 1998:229s.
[4] Ídem.
[5] Ibid:232.
[6] Las Dionisias fue el nombre dado en Grecia a los festivales dedicados al dios Dionisio. En ellas se daban concursos de representaciones dramáticas. Eran festivales anuales  que en Atenas se podían dividir en dos: una llamada  Dionisias Rurales (o Rústicas), representada en el mes de diciembre (en griego el mes de Poseidon), cuya procesión está imitada por Aristófanes en su comedia  Los Acarnienses;  y otra, que por la importancia de su manifestación se llamaron Grandes Dionisias (o Dionisias Urbanas) que se daban en el mes de marzo (en Grecia era el mes de Elafebolion). Estas últimas fue introducida en Atenas bajo el mandato del tirano Pisistrato (534 a.C.) y originarias de Eléuteras (lugar límite entre Atenas y Beocia al norte de Eleusis). Para esa fecha los mares eran más tranquilos y navegables, lo cual permitía  que para las Grandes Dinisias hubiesen más visitantes en Atenas que las Leneas celebradas en el mes de diciembre.
Sin embargo Kereny (ibid:206), nos refiere que  las Dionisias Rurales  estaban marcadas por las actividades campesinas del mes de diciembre (Poseidon), en oposición a las Dionisias Urbanas o Grandes Dionisias. Las Dionisias rurales  eran la continuación en el mes de Poseidon, de aquello que en la ciudad había empezado en el santuario de los pantanos con la cata y a primera mezcla de vino: eran las Leneas del campo. Era una celebración al nacimiento de Dionisio.  El carácter de estas fiestas  excluye toda posibilidad  de que  las mujeres dionisiacas, llamadas también lenai, fueran el  origen del nombre de las Leneas. Que como hemos dicho  antes lenai significa  vasija de vino.  Era también la época de las  faloforias, fiestas en honor a la fertilidad, lo cual era en honor al falo, que era un acompañante permanente de Dionisio (no faltaba su representación en ninguna procesión referida a este dios; los participantes se lo ataban, de tal manera que formó parte de los accesorios de los actores cómicos; aunque el dios nunca lo lleva, sus acompañantes, sátiros y silenos, son seres itifálicos), cuyas procesiones eran generalizadas en el campo. Tal manifestación grupal llevaban delante de la procesión una ánfora de vino y una de vid, luego seguía arrastrada la víctima del sacrificio, un macho cabrío, atrás venía otro con un cesto lleno de higos y, por último, aparecía el falo. Acordémonos que Dionisio era, también, el dios de la fecundidad. Y quien portaba el dios era hombres (no mujeres). Esta fiesta dionisiaca anunciaba el nacimiento del dios y de la comedia.
[7] Ibid:231.
[8] Hay una diferencia importante de destacar entre bios y zoé.  Al curso ilimitado, y siempre renaciente, de la vida, es referido con el término zoé; zóein vendrá a representar el vivir de manera continua, sin referencia a una característica particular de la vida sino a la vivencia de estar consciente  del vivir y ser. Con la palabra bios se refiere a la vida particular, limitada de cualquier organismo vivo que se debe enfrentar a thanatos (muerte), es la experiencia, en este caso, de irse del mundo con una muerte propia; lo opuesto exclusivo a thanatos en griego es zoé, que es la vida expresándose de forma permanente y sin límites, es el tiempo de ser que vendría a ser una condición de toda bios mientras dure, es el zoe del bios.
[9] Queremos aclarar que pretendemos abordar  uno de los  aspectos del placer  referido en el diálogo Filebo. Este es el que trata a los placeres mixtos o mezclados. No nos detendremos en los placeres puros, es decir, los que carecen de toda mezcla. El sabio, y el filósofo, especialmente en su conversión  a esta práctica clínica dentro de su existencia, deberá aceptar, según  Platón, que el placer no es más que una génesis perpetua o continua y que el placer, como tal, no tiene ninguna existencia  (53d), sino en la medida en que su experiencia se inscribe en su desaparición y en el recurrir a buscarlo, una y otra vez, de forma permanente. Igualmente, por tanto, el placer no es ningún bien (54d). El placer puede ser buscado por una necesidad, puede ser génesis o disolución y es por ello que el hombre sabio debe transitar, experimentar y practicar una tercera vía que lo separe del placer y del dolor, aquella: en la cual no había sitio ni para el placer ni para el dolor, sino solamente el pensamiento en su mayor grado posible de pureza (ídem). El placer no es ningún bien porque, dentro de la concepción platónica del cuerpo y sus incardinadas emociones, está sujeto a la corrupción, a lo sensible, a lo finito, a su desaparición y el despertar la perpetua necesidad de volverlo a sentir por medio de obtener lo que lo proporciona en tanto efecto corporal y psíquico. En su delirio coherente filosófico de Sócrates/Platón,  el alma es la única entidad en donde existe y se expresa el bien. El alma, si bien puede experimentar placer, debe superarlo en su acción de conocerse  y cuidarse a sí. Las cualidad del alma aquí, como  sabemos, son  el valor moral, la templanza y el entendimiento o la inteligencia (nous), los cuales serán los verdaderos  y únicos verdaderos bienes: la verdad se vive y experimenta gracias al conocimiento particular: lo finito determinado por lo infinito, diría Hegel; o vivir la vida colocando nuestra atención en lo suprasensible: a las formas (ideas) como se colocan como arquetipos ideales en nuestra mente, a los que debemos tender, desde nuestra vida interior, en todos nuestros haceres y sentires.
[10] Cuando nombramos al intelecto o entendimiento humano  aquí nos referimos al nous de Anaxágoras, el cual según este autor rige desde toda la eternidad al universo y sus contenidos y desarrollos.
[11] Gil, Luis: Comedia ática y sociedad ateniense. En: http://interclassica.um.es/var/plain/storage/original/application/7b852b838174ef1696f33b9299759a0c.pdf. Visto el 25/05/2012.
[12] Platón, Obras completas.  Banquete, 223 d.
[13] Ver Kerenyi 1998:229s.
[14] Todas las referencias son tomadas de  Aristóteles: Poética. En: http://www.philosophia.cl/biblioteca/aristoteles/poetica.pdf: visto el 24/05/2012.
[15] Henry Fielding en el prefacio de su obra Joseph Andrews nos advierte  que  el único origen del auténtico ridículo es la afectación, que proviene por dos causas, por vanidad o por hipocresía, y ello está presente en los personajes cómicos.
[16] La máscara  en griego es πρόσοπον: prosopon,  de πρόσ: delante y οπον: faz: delante de la cara. El objeto que se colocaba delante del rostro del actor para mostrar determinadas emociones de la identidad de su personaje a representar pero también para proyectar más fuerte su voz a todo el teatro y así podía ser bien escuchado por los espectadores. En latín pasó a ser llamada la máscara por per-sonare, para re-sonar, es decir, un artilugio teatral para amplificar la voz del actor.  De ahí derivó las palabras persona y personaje. La palabra persona sería usada como la condición del individuo de mostrarse de una determinada forma en su vida pública.
[17] Crates vivió en Atenas alrededor del 470. Se le considera el verdadero creador de la comedia
griega en cuanto universalizó sus personajes, es decir, eliminó la invectiva personal.
[18] Ver Gil. Op. Cit.
[19] El Crates referido por Aristóteles no es el filósofo cínico sino otro. Según Diógenes de Laercio (IV,23), encontramos diez individuos con el mismo nombre pero con virtudes diferentes: Hubo diez Crates. El primero, el autor de la Comedia Antigua. El segundo, un orador de Tralles, discípulo de Isócrates. El tercero, un constructor  de fosas que anduvo con Alejandro. El cuarto, el cínico, (…). El quinto, un filósofo peripatético. El sexto, el académico del que hemos hablado. El séptimo, un gramático de Molos. El octavo, uno que ha escrito obras de geometría. El noveno, un poeta autor de epigramas. El décimo, un  filósofo de Tarso, también académico. Como podemos observar este Crates referido por Aristóteles debió ser el primero aludido por  Diógenes de Laercio, como el  autor de la Comedia Antigua y no puede ser confundido con otro Crates, ni tampoco con el filósofo cínico del mismo nombre.
[20] Gil, op.cit.
[21]  Gil. Op.cit.

miércoles, 1 de agosto de 2012


Popper, 

lenguaje y música


Carlos Blank


Manuscrito  para Violín 
solo de J.S.Bach



Para David de los Reyes,
buen músico, buen filósofo y mejor amigo
                                                                                                
Introducción: ¿Popper vs. Popper?
A continuación  nos ocuparemos de la aparente paradoja que existe en la obra de Popper en su valoración del lenguaje humano. Por un lado, está su temprano  desprecio por  una filosofía lingüística[1] y nominalista, concentrada en la diversidad de juegos de lenguaje o en el hechizo del lenguaje sobre el pensamiento, y que suele ir acompañada de una desvalorización de los problemas filosóficos, al ser considerados como subproductos, derivados o precipitados de confusiones y/o de fórmulas mal formadas del lenguaje. Cabe añadir a ello su desprecio por ese profético y oracular estilo de filosofar donde se privilegian la “grandes palabras”, las palabras altisonantes y rimbombantes. Su respuesta a esa moda “romántica” de dejarse llevar por la magia de las palabras, de dejarse seducir por las bellas formas lingüísticas, es aplicar una navaja reductora, un principio de parsimonia o de austeridad y simplicidad, donde el lenguaje carece finalmente de importancia. En su conocida expresión: “Hablar claro es hablar de tal modo que la palabras no importen”. Sin embargo, ha sido esta forma compresiblemente austera y sobria en la que Popper desarrolla su pensamiento la que ha conspirado a menudo contra su propio autor y lo ha puesto a menudo por debajo del nivel de las ideas que pretende expresar. Como dice con razón Vargas Llosa, “Popper ha sido víctima de este error: el menosprecio de la forma expresiva” (Vargas Llosa 1992: 30) y añade que “las palabras, desdeñadas por él, enredan y tergiversan a veces las ideas que el autor no supo expresar cabalmente, es decir con el rigor y los matices que su hondura y originalidad exigían.” (p. 31)

En el lenguaje funcional de Popper no hay esa sal de las palabras, ese perfecto ajuste entre el contenido y el continente del discurso que era, paradójicamente, lo que él pretendía con su ideal de un lenguaje “simple y lúcido” en el que las palabras no importaran. En sus libros, aun en aquellos donde es más evidente la hondura de su reflexión y su sabiduría, se advierte siempre un desfase entre la riqueza de un pensamiento que nunca acaba de llegar a nosotros en toda su esplendidez, sino frenado, mermado y hasta embarullado por la relativa indigencia y el enmarañamiento de la escritura. (p. 31)   

Todo esto puede resultar doblemente paradójico si lo analizamos en el contexto del desarrollo de la filosofía de Popper y su postulación de un mundo autónomo o relativamente autónomo de los productos de la mente humana y de la acción humana, en especial, de la ciencia, la moral y el arte, de las instituciones sociales, de un Mundo 3, que contiene consecuencias inesperadas e imprevistas para sus propios creadores, en el cual los productos de la creación humana adquieren una vida propia. Y precisamente el lenguaje humano desempeña un papel primordial en la emergencia del Mundo 3, pues es gracias a su invención –seguramente no deliberada- que se hace posible la interacción entre los hombres, pero sobre todo, entre el hombre y su obras, y las posibilidades cuasi infinitas que encierran las obras o las creaciones humanas. Si alguien es consciente entonces de los giros inesperados, de la riqueza de matices o novedades que encierran los productos del Mundo 3 y, en especial, del lenguaje, ese es Popper. No se trata entonces de que Popper haya tenido alguna reticencia “a considerar el lenguaje como una realidad autónoma, con sus propios impulsos y tendencia” (Vargas Llosa 1992: 30), pues es obvio que era plenamente consciente del carácter autónomo del lenguaje, incluso como creador del Mundo 3. La razón posiblemente está en otro lado, en el papel que le asigna al lenguaje, a todo lenguaje, en la medida en que pertenece al mundo objetivo o al Mundo 3.  A fin de explicar esta aparente paradoja del pensamiento popperiano, en la que la relevancia del lenguaje humano es afirmada con la misma fuerza con que es rechazada la importancia de las palabras o la discusión sobre las palabras, desarrollaremos algunos aspectos de su teoría del lenguaje y posteriormente de su teoría de la música, lo que nos permitirá explicar porqué considera de poco valor determinados registros melódicos o armónicos tanto en el lenguaje corriente como en el lenguaje musical. Lo que esperamos poner en evidencia es que en ambos casos Popper desdeña la opinión de que el lenguaje sea principalmente un medio de expresión de emociones y sentimientos, en lugar de ser un medio para la transmisión de ideas y conceptos. Su rechazo a la concepción romántica del arte como autoexpresión está íntimamente ligado a su crítica de las “grandes palabras” o la “jerga altisonante”. En definitiva, veremos que su aparente desdén por las palabras responde a su profundo respeto por la imaginación humana y jamás debe ser entendido como  un desdén por la creatividad o inventiva, que es al final lo que nos hace realmente humanos.




Manuscrito de Beethoven





La importancia del lenguaje desde una perspectiva evolucionista
En la cosmovisión popperiana tiene gran importancia el reconocimiento del carácter evolutivo de la realidad. Este reconocimiento supone, a su vez, el reconocimiento de verdaderas novedades que emergen de esta evolución y que nos impiden reducir estos nuevos estados a estados previos. La vida, por ejemplo, emerge de la materia inanimada, pero es irreductible sin residuo a la pura materia. La mente humana –y también la animal, al menos la de mi perro, al que llamo respetuosamente Popper- también emerge a partir de la existencia de la vida, pero es irreductible a  meras cadenas de aminoácidos. El lenguaje, la capacidad de hablar típicamente humana, tiene sin duda una base genética, aunque el idioma que un niño termine hablando dependerá del medio cultural en el cual se desarrolle y eduque.
La capacidad de aprender un lenguaje –e incluso la poderosa necesidad de aprender un lenguaje- parece formar parte de la dotación genética del hombre. Por el contrario, el aprendizaje concreto de un lenguaje particular, aunque esté influido por motivos y necesidades innatas e inconscientes, no constituye un proceso regulado por genes, por lo que no es un proceso natural, sino cultural; un proceso regulado por el Mundo 3. Así pues, el aprendizaje del lenguaje constituye un proceso en el que disposiciones con bases genéticas, evolucionadas por selección natural, se imbrican en cierta medida e interactúan con procesos conscientes de exploración y aprendizaje, basados en la evolución cultural. Todo esto apoya la idea de una interacción entre el Mundo 3 y el Mundo 1 y, a la vista de nuestros argumentos anteriores, apoya la existencia del Mundo 2. (Popper 1980: 55)

El lenguaje humano es tridimensional. Tiene un pie en el Mundo 1, por medio de disposiciones genéticas, pero también mediante su incorporación física específica, hablada o escrita. Por otro lado, el lenguaje es posible por medio de la existencia de sujetos conscientes, el Mundo 2,  quienes comprenden dicho lenguaje y hacen uso de él. Finalmente el lenguaje tiene también una existencia objetiva, una vida propia, como un libro o una partitura musical, el Mundo 3,   el cual es precisamente el que hace posible su decodificación y comprensión.
Por el Mundo 3 entiendo el mundo de los productos de la mente humana, como las historias, los mitos explicativos, las herramientas, las teorías científicas (sean verdaderas o falsas), los problemas científicos, las instituciones sociales y las obras de arte. Los objetos del Mundo 3 son obra nuestra, aunque no siempre sean el resultado de una producción planificada por parte de los hombres individuales.
Muchos de los objetos del Mundo 3 existen bajo la forma de cuerpos  materiales y, en cierto sentido, pertenecen tanto al Mundo 1 como al Mundo 3. Ejemplo de ello son las esculturas, los cuadros y los libros, sea que se dediquen a temas científicos o literarios. Un libro es un objeto físico y, por consiguiente, pertenece al Mundo 1, si bien representa una contribución significativa de la mente humana por lo que se refiere a su contenido: lo que permanece invariante en las diversas copias y ediciones. Pues bien, ese contenido pertenece al Mundo 3.
Una de mis tesis principales consiste en afirmar que los objetos del Mundo 3 pueden ser reales…..y eso no sólo por los que respecta a su materialización o incorporación, sino también por lo que atañe a sus aspectos del Mundo 3. Como objetos del Mundo 3, pueden inducir a los hombres a producir otros objetos del Mundo 3, actuando por ello sobre el Mundo 1, y considero argumento decisivo para tener a algo por real la interacción –aunque indirecta- con el Mundo 1. (p. 44)

De esta manera, el lenguaje desempeña un papel de primer orden en el proceso de devenir de la persona humana, sin el lenguaje, o alguna forma codificada de lenguaje, como en el famoso caso de Helen Keller, no podríamos desarrollarnos plenamente como humanos. En palabras de Popper, “llegar a ser un ser humano pleno es algo que depende de un proceso de maduración en el que la adquisición del habla desempeña una función enorme. Se aprende no sólo a percibir y a interpretar las propias percepciones, sino también a ser una persona y a ser y un yo.” (p. 57)  Si bien esa disposición del lenguaje reposa en la propia estructura del cerebro humano, también es válido afirmar que el cerebro es producto del lenguaje humano y se ve profundamente modificado por él. Como señala nuestro autor: “Se podría decir que al decidirse a hablar, el hombre ha decidido desarrollar su cerebro y su mente; que el lenguaje, una vez creado, ejerció la presión selectiva bajo la cual ha tenido lugar la emergencia del cerebro humano y de la conciencia del yo.”  (Popper 1980: 15)

El cerebro, a su vez, está programado para seleccionar un modelo (o teoría o hipótesis) pertinente y adecuado a nuestro medio, a medida que avanzamos, para que lo interprete nuestra mente. Debería considerar que es la función original y primaria de nuestro cerebro y de nuestros órganos de los sentidos –de hecho, del sistema nervioso central que, en su forma primitiva, se desarrolló como sistema de control: como una ayuda para el movimiento-. (p. 104)

La posición de Popper nos recuerda la de Jorge Volpi, en su excelente libro Leer la mente.

Este mecanismo dio un insólito salto y, de una manera que ninguna especie ha perfeccionado con la misma intensidad, de pronto nos permitió mirarnos a nosotros mismos y convencernos de que, en alguna parte de nuestro interior, existe un centro, un yo que nos estructura, nos controla, nos vuelve quienes somos. El yo ha surgido, en tal caso, como una especie de controlador de vuelo, de timonel. (Volpi 2011: 9)
¡Menuda invención evolutiva! Yo no soy sino una ficción de mi cerebro. O, expresado de una manera más precisa, mi yo es una fantasía de mi cerebro. Eso sí, la mayor y la más poderosa de las fantasías, pues se concibe capaz de generar y controlar a todas las demás. El yo me da orden y coherencia, estructura mi vida, me confiere una identidad más o menos nítida –pero no existe ningún lugar preciso en el cerebro donde sea posible localizar a ese esquivo fantasma, a ese omnipresente y omnipotente animalillo que es el yo. (pp. 9s)
Como he señalado, la evolución convirtió a nuestro cerebro en una máquina de futuro, y ésta reacciona con el mismo ahínco frente a la realidad y frente a la ficción. Las cuitas y fracasos de un personaje de novela no pueden dejar de conmovernos, igual que no resistimos simpatizar con ciertos héroes o despreciar ciertos villanos: nos enfadamos, sufrimos y tememos con la misma intensidad que en la vida diaria –y a veces más. (pp. 11s)
Desde esta perspectiva, la ficción juega una tarea indispensable para nuestra supervivencia: no sólo nos ayuda a predecir nuestras reacciones en situaciones hipotéticas, sino que nos obliga a representarlas en nuestra mente –a repetirlas y reconstruirlas- y, a partir de allí, a entrever qué sentiríamos si las experimentáramos de verdad. Una vez hecho esto, no tardamos en reconocernos en los demás, porque en alguna medida en ese momento ya somos los demás. (p. 12)
Vivir otras vidas no es sólo un juego –aunque sea primordialmente un juego-, sino una conducta provista con sólidas ganancias evolutivas, capaz de transportar, de una mente a otra, ideas que acentúan la interacción social. La empatía. La solidaridad. Qué lejos queda la idea de la ficción como un pasatiempo inútil, destinado a la admiración embelesada, al onanismo estético. Sin duda, la naturaleza del arte contempla también la idea de lo bello –un conjunto de patrones fijados en cada sociedad y en cada época, y reforzados obsesivamente hasta el desgaste-, pero la belleza no sería entonces sino una suerte de anzuelo evolutivo, un cebo para atraernos hacia la información que se esconde detrás de su fachada. Así como el goce sexual es una adaptación que refuerza la necesidad de los genes de perpetuar y reproducirse –y nos condena a la desasosegante persecución de otros cuerpos-, la belleza es el tirabuzón que nos encamina hacia conjuntos de ideas que nos alientan a comprender mejor el mundo, a nuestros semejantes y, por supuesto, a nosotros mismos. (pp. 12s)
Mi hipótesis central: si la ficción es una herramienta tan poderosa para explorar la naturaleza –y en especial la naturaleza humana-, es porque la ficción también es la realidad. Una vez que las percepciones arriban al cerebro, éste órgano húmedo y tenebroso codifica, procesa y a la postre reinventa el mundo tal como un escritor concibe una novela o un lector la descifra. Aun si en la mayor parte de los casos somos capaces de diferenciar lo cierto de lo inventado, su sustancia se mantiene idéntica. La literatura no sirve para entretenernos ni para embelesarnos. La literatura nos hace humanos. (p. 17)

Precisamente Popper también se opone a esa visión puramente esteticista, emotivista o expresionista del arte, del lenguaje humano o de la moral, como meros medios de expresión o comunicación de emociones o sentimientos o gustos, como autoexpresiones del genio individual e incomprendido, del sujeto único e irrepetible, o como una  experiencia de arrobamiento o de éxtasis místico, “destinado a la admiración embelesada, al onanismo estético”, en la expresión de Volpi. Estas no son actividades meramente recreativas o lúdicas, que nos sirven para distraernos o embelesarnos,  aunque también puedan servir para ello, sino que son actividades que nos hacen plenamente humanos, que permiten reconocernos en nuestras miserias y grandezas. Tienen un papel primordial en el proceso de la evolución humana y son en buena medida responsables de lo que somos. Ambos autores se oponen, en fin, a la extendida creencia de que el arte es inútil y por eso es valioso.  Por cierto que en ese sentido la libertad de la ficción literaria se parece mucho más para Volpi a la música que a las demás artes, lo que nos lleva al segundo punto.

Si la ficción ensancha nuestra idea de nosotros mismos, la ficción literaria, las novelas y los cuentos lo hacen de una manera no más poderosa, pero sí más profunda, que otros géneros. No menosprecio a ninguno: el cine, la televisión, el teatro o los videojuegos pueden ser tan ricos como una narración en prosa, pero sólo una narración en prosa despierta en nosotros esa sensación de penetrar en las conciencias ajenas de manera directa y espontánea –inmediata. (p. 12)
A diferencia de sus hermanos de sangre, la ficción literaria destaca por no ser icónica: en un escenario o en una pantalla, todo el tiempo vemos a los otros y sólo a partir de sus movimientos y palabras tratamos de introducirnos en sus mentes –como en la vida real-. La literatura es, en cambio, más abstracta y más cercana, por ello, a la música: miríadas de signos que se acoplan en nuestra mente y forman símbolos cada vez más complejos que, a despecho de los publicistas, poseen la misma fuerza de una imagen. (p. 13)




Manuscrito de una parte de la 10ma. Sinfonia
de Beethoven




Dos tipos de música
Popper afirma explícitamente “que de mi interés por la música surgieron al menos tres ideas que han influido para siempre sobre mi”.

Una de ellas estaba estrechamente conectada con mis ideas sobre pensamiento dogmático y crítico, y con la relevancia de los dogmas y las tradiciones. La segunda consistía en una distinción entre dos tipos de composición musical, distinción que yo entonces sentía ser inmensamente importante, y para la cual adopté para mi propio uso los términos “objetivo” y “subjetivo”. La tercera  idea fue una constatación de la pobreza intelectual y el poder destructivo de las ideas historicistas en música y en las artes en general. (Popper 1977: 73)[2]

Y de manera particular subraya que “la distinción entre una perspectiva objetiva y una subjetiva de la propia obra llegó a tener la mayor importancia para mí; y puedo decir que ha coloreado mis concepciones del mundo y de la vida ya desde mis diecisiete o dieciocho años.” (p. 91) De este modo Popper señala que la existencia de dos tipos de música le “sobrevino en forma de un gran choque emocional.” (p. 81) La razón de ello era que sus dos autores favoritos, Bach y Beethoven,  planteaban un contraste decisivo entre dos formas de relacionarse con su obra, aunque después reconoce que tal vez había algo de exageración en el caso de su interpretación del segundo.[3] En efecto, ambos autores representaban un modo objetivo y otro subjetivo de la obra musical, y mientras que el primero puede ser tomado como modelo a seguir,  el segundo no.

Lo que he dicho puede indicar cuál era la diferencia entre Bach y Beethoven que tanto me había impresionado: Bach se olvida de sí en su obra, es un sirviente de su obra. Sin duda, no deja de imprimir su personalidad en ella; esto es inevitable. Pero no era consciente a veces, como lo era Beethoven, de que estaba expresándose a sí mismo e incluso sus humores. Por esta razón veía a cada uno de ellos como representante de dos actitudes opuestas con respecto a la música. (p. 84)

A continuación Popper enumera algunos elementos técnicos que separan a ambos autores.

La diferencia entre Bach y Beethoven tiene sus aspectos técnicos característicos. Por ejemplo, el rol estructural del elemento dinámico (forte versus piano) es diferente. Hay sin duda elementos dinámicos en Bach. En los conciertos tenemos los cambios del tutti al solo. Está el “¡Barrabás!”, en la Pasión de San Mateo. Bach es, con frecuencia, altamente dramático. Pero aunque ocurran en él sorpresas dinámicas y contrastes, raramente son determinantes importantes de la estructura de la composición. Por lo general, ocurren períodos patentemente largos sin mayores contrastes dinámicos. Algo similar puede decirse de Mozart. Pero no de la Apassionatta de Beethoven, por ejemplo, en la que los contrastes dinámicos son casi tan importantes como los armónicos. (p. 85)

Vale la pena destacar también que Popper en ningún momento niega el profundo impacto emocional que encierra la gran música o, en general, el gran arte, o pretende afirmar “que un músico no pueda sentirse profundamente conmovido por lo que está ejecutando o escribiendo.” (p. 86) Pero una cosa es reconocer el indudable impacto emocional de la música y otra es defender el expresionismo musical como una teoría sobre la música, o una teoría expresionista del arte en general.

Mi principal crítica de esta teoría es simple: la teoría expresionista del arte es vacía. Porque todo lo que un hombre o un animal puede hacer es (entre otras cosas) expresión de un estado interno, de emociones, y de una personalidad. Esto es trivialmente verdadero para todo tipo de lenguaje humano y animal. Es válido para el modo en que un hombre o un león andan, para el modo en que un hombre tose o se suena, para el modo en que un hombre o un león pueda mirarte, o ignorarte. Es aplicable a la manera en que un pájaro construye su nido, la araña fabrica su tela, y un hombre edifica su casa. Dicho en  otras palabras, no se trata de una característica del arte. Por la misma razón, las teorías expresionistas o emotivas del lenguaje son triviales, no informativas e inútiles. (p. 83)[4]

  Así como antes le preocupaba reducir el lenguaje humano a un medio de expresión y comunicación, en el caso de la música le preocupa también esa operación de reducción, “la teoría de que el arte es autoexpresión, o la expresión de la personalidad del artista, o quizá la expresión de sus emociones.” (p. 82). Contrariamente a esta visión subjetivista o expresionista del arte, Popper plantea una teoría objetivista del arte y del lenguaje, en la cual las emociones juegan un papel de retroalimentación –positiva o negativa- frente a la propia obra, tienen un efecto corrector y de control posterior de la obra. Tanto el músico como el pintor, sienten el impacto de determinada melodía o de determinadas pinceladas en el lienzo y va trabajando sobre ellas hasta terminar su obra. En el fondo ambos están trabajando sobre problemas objetivos –de música o de pintura- que quieren resolver y utilizan sus propias emociones como medio para contrastar el éxito o el fracaso en la resolución de un determinado problema de composición musical o pictórica.

Según mi teoría objetivista (que no niega la auto-expresión, pero acentúa su total trivialidad), la función realmente interesante de las emociones del compositor no consiste en que sean expresadas, sino en que esas emociones pueden ser utilizadas para contrastar el éxito, o la dignidad, o el impacto, de la obra (objetiva): el compositor puede utilizarse a sí mismo como una especie de contraste corporal, y puede  modificar y reescribir su composición (como hacía Beethoven con frecuencia) cuando está satisfecho con su propia reacción a ella; o puede incluso desecharla enteramente. (Sea o no la composición primariamente emocional, el compositor hará uso, en este sentido, de sus propias reacciones –su propio “buen gusto”: se trata de otra aplicación del método de ensayo y error). (p. 89)

Como puede apreciarse, Popper invierte la relación entre las emociones y la obra musical: “es la obra la principal responsable de las emociones del músico, más bien que el caso contrario.” (p. 90)  Para él esto es una prueba de que el descubrimiento artístico comparte la misma lógica que el descubrimiento científico, a saber, la lógica de conjeturas y refutaciones o de ensayo y error, pues “la creación musical y la científica parecen tener todo  esto en común: el uso del dogma, o mito, como camino hecho por el hombre y mediante el cual entramos en lo desconocido y exploramos el mundo, tanto al crear regularidades o reglas como al buscar regularidades existentes.” (p. 78). Ambas –la gran obra musical y la gran obra científica- comparten el ser “un cosmos impuesto al caos –en sus tensiones y armonía inextinguibles, incluso para su creador.” (p. 78). El descubrimiento musical –o artístico en general- y el descubrimiento científico son inseparables de una lógica de la situación, que obedece a una serie objetiva de problemas y hechos reales. Por ejemplo, la polifonía, producto típicamente occidental,  puede explicarse dentro de este marco objetivo de la lógica de la situación, como una respuesta a un dogma previo,  y como una respuesta a la canonización de las melodías gregorianas.

Dado el legado de los griegos, y dado el desarrollo (y canonización) de los modos de la Iglesia en el tiempo de Ambrosio y Gregorio el Grande, difícilmente hubiera surgido la necesidad de la invención de la polifonía, o la menor incitación para ella, si los músicos de iglesia hubieran gozado de la misma libertad que, digamos, los pioneros de la música popular. Mi conjetura era que fue la canonización de las melodías de la iglesia, las restricciones dogmáticas sobre ellas, la que produjo el cantus firmus, contra el cual pudo desarrollarse el contrapunto. Fue el cantus firmus establecido el que aportó el marco, el orden, la regularidad que hizo posible una libertad inventiva sin caos. (p. 77)[5]

Volviendo a nuestro tema inicial, creo que siempre es posible plantearse si una obra hace justicia a las ideas o situaciones que pretende señalar, expresar, describir o criticar, si el lenguaje –el lenguaje musical o cualquiera que este sea- está a la altura del tema que desarrolla. Es posible que Vargas Llosa tenga razón al criticar cierta pobreza de expresión lingüística en Popper, una cierta subestimación de la expresión verbal como medio para transmitir nuestras ideas, su excesiva parquedad si se quiere. Posiblemente de haber tenido un estilo más seductor, más afrancesado, si se me permite la expresión –Vargas Llosa habla de Roland Barthes-,  el pensamiento de Popper hubiese tenido más seguidores en su tiempo. Pero posiblemente la idea de Popper no era la de imitar a un Purcell, a un Couperin o a un Lully, sino al maestro de maestros, a Juan Sebastián Bach, y cuando se trata de imitarlo es inevitable quedarse corto. Aunque no podemos menos que agradecerle haberlo al menos intentado.  Al mantenerse apegado a su canon racional, resulta difícil encontrar  esos tonos dramáticos, esos contrastes dinámicos, al menos no con tanta frecuencia como aparecen en Beethoven. Posiblemente ello le reste fuerza expresiva, pero ese es el precio que hay que pagar. Popper prefirió eso que caer en la vanidad y frivolidad con la cual a menudo se usan las palabras, a manera de melodías que nos seducen fácilmente aunque carezcan de hondura y densidad.  Como lo reconoce el propio Vargas Llosa, es preferible un sistema ambicioso de ideas constreñido por limitaciones de expresión, que una excelente prosa con sentido fugaz y sin verdadera penetración y comprensión de los temas. Por lo demás, la lectura de un libro siempre supone la complicidad y cooperación inteligente del lector, en cuyo caso es posible siempre compensar o superar las posibles deficiencias de un texto. Por lo que quisiéramos terminar estas palabras con las de otro autor que, sin quererlo, ha pasado a formar un contrapunto necesario de nuestra composición original, para darle mayor realce a las propias ideas de Popper. La escritura, como la música, nos da una mayor libertad para adentrarnos en la realidad y configurarla a nuestra manera.

Dada nuestra naturaleza de animales sociales, la ficción literaria tampoco podría ser entendida, sin embargo, como un mero instrumento para la supervivencia individual. Una novela me permite experimentar vidas y situaciones ajenas pero, como decía antes, también me transmite información social relevante – la literatura es una porción esencial de nuestra memoria compartida-. Y se convierte, por tanto, en uno de los medios más contundentes para asentar nuestra idea de humanidad. (Volpi 2011: 15s)
Impulsados por un enmarañado conjunto de ordenes codificado entre la guanina, la adenina,  la citosina  y la timina, los seres vivos nos empeñamos en perseguir la homeostasis: buscamos fuentes de energía, mantener el equilibrio químico, conservar nuestra estructura frente al desgaste y esquivar o detener a los agentes externos que nos amenazan con la enfermedad o la destrucción. Para ser fieles a tan ambicioso plan, hemos desarrollado un sinfín de ingeniosos mecanismos: primero, sistemas nerviosos que garantizan respuestas variadas frente al medio que superan el mero impulso genético; luego, cerebros que anticipan el futuro a partir del almacenamiento de datos del pasado; y, por último, una inteligencia social que nos permite cooperar entre nosotros y aprender a partir de la experiencia compartida. (p. 21)
El cerebro humano es el resultado visible de este lento sendero evolutivo: el crecimiento descomunal de su corteza permitió el desarrollo de áreas abstractas que dieron lugar a una mente híbrida, formada tanto por un sustrato biológico como por las ideas que comenzaron a bullir en su interior. En vez de acatar ciegamente las órdenes codificadas en los genes o de seguir los instintos primarios generados en las áreas basales del cerebro, nuestra corteza se vale de estas ideas o símbolos –memes, en la terminología de Dawkins- para construir modelos del mundo y así enfrentar sus desafíos. Estas amalgamas de ideas forman patrones complejos de todas las cosas –y, como veremos, incluso de eso que denominamos   el yo – y a la vez permiten un intercambio de información entre los individuos más rico y preciso que el de cualquier otra especie. La aparición del lenguaje nos otorgó una ventaja inédita: la verdadera razón de que dominemos (o al menos creamos dominar) nuestro planeta. (pp. 22s)
En resumen, la ficción literaria debe ser considerada una adaptación evolutiva que, animada por un juego cooperativo, nos permite evaluar nuestra conducta en situaciones futuras, conservar la memoria individual y colectiva, comprender y ordenar los hechos a través de secuencias narrativas y, en última instancia, introducirnos en la vida de los otros, anticipar sus reacciones y descifrar su voluntad y sus deseos. (p. 28)


Referencias
Popper, Karl: El yo y su cerebro, Labor, Barcelona, 1980.
Popper, Karl: Búsqueda sin término,  Tecnos, Madrid, 1977.
Vargas Llosa, Mario: “Karl Popper al día”, Vuelta, No. 184, Marzo de 1992, pp. 24-33. Disponible en http://es.scribd.com/doc/81695737/Karl-Popper-al-dia
Volpi, Jorge: Leer la mente. El cerebro y el arte de la ficción, Alfaguara, México, 2011. Disponible en http://es.scribd.com/doc/70113789/Leer-La-Mente-Volpi-Jorge

Notas:


[1] Ya el Círculo de Viena se ocupaba de establecer los criterios de validez de fórmulas bien formadas (fbf) en una suerte de lenguaje ideal, por lo que algunos lo consideraban una suerte de “racismo” o “eugenesia”  lingüística, al pretender expurgar al lenguaje de cualquier forma mal formada y carente de valor. También se conoce como “giro lingüístico”  o “liguistic turn” a un conjunto de pensadores que hacen del lenguaje natural la herramienta indispensable del análisis de los problemas filosóficos. Ya sea bajo la inspiración de la escuela oxoniense (Austin) o cambrigense (Wittgenstein II), el lenguaje corriente se convierte en el objeto de la reflexión filosófica y los problemas filosóficos tienen su origen y su solución/disolución en el análisis de los diversos usos del lenguaje corriente.
[2] Popper siempre se consideró a sí mismo un conservador en el campo musical. Si bien estaba familiarizado con las nuevas tendencias musicales, en particular, con el dodecafonismo o atonalismo, nunca se sintió particularmente atraído por estos nuevos ensayos, como tampoco por la música de Wagner y su idea de ser un genio adelantado a su tiempo. Al respecto señala: “Todavía creo que esta decadencia fue producida, en amplia medida, por las teorías expresionistas de la música. Pero ahora no sostendría que no haya otros credos igualmente perniciosos, y entre ellos algunos credos anti-expresionistas, que han llevado a todo tipo de experimentos formalistas, desde el serialismo a la musique concrète.” (Popper 1977: 91)
[3] Por ejemplo cuando reconoce que “no fui muy justo cuando pensaba que Beethoven era el responsable del surgimiento del expresionismo en música.” (p. 91)
[4] La teoría  expresionista del arte es posiblemente una secularización de la teoría de la divina inspiración, del entusiasmo o posesión divina, ya desarrollada en el Ion de Platón. Como señala nuestro autor,  la teoría expresionista del arte “es una especie de teología sin Dios –con la oculta naturaleza o esencia del artista, tomando el lugar de los dioses: el artista se inspira a sí mismo.” (p. 88)
[5] En el siguiente párrafo nos aclara más la cuestión: “La melodía fundamental, el cantus firmus, impone limitaciones sobre cualquier segunda melodía (o contrapunto), pero a pesar de estas limitaciones, el contrapunto debe aparecer como si fuera una melodía independiente e inventada libremente –una melodía en sí misma melodiosa y, sin embargo, casi milagrosamente encajada en el cantus firmus, aunque, a diferencia del organum y del fauxbourdon, no dependiendo de él en modo alguno. Una vez que se ha captado esta idea, tenemos abierto el camino a la polifonía.” (pp. 76s)    
Adiós... España. 


Arturo Pérez Reverte


Creo que ya es hora de decir,basta!!....
lo que viene será peor aún..!!





CUIDADO...con lo que se avecina....es mas gordo de lo que os imagináis...un gobierno Europeo impuesto por los Neocon "Los Illuminatis" que irá quitando a corto plazo a los políticos demócratas y manipulando las elecciones...y colocando tecnócratas, nos queda poco. Los Indignados tienen más razón de lo que os podáis llegar a imaginar. No es una cuestion de PSOE ni de PP, nada tiene que ver. Esto solo se para negándonos a esas mentiras de pagar la deuda en que ellos nos han metido falsamente para tenernos hipotecados hasta nuestros nietos....se acabaron los Estados/Nación...adiós España.   


Hay un problema laboral del colectivo de controladores aéreos que afecta al 1,2% de la población española (600.000 personas) y casi todos saltáis como energúmenos pidiendo hasta el linchamiento de ese colectivo cuando el día anterior hacen otra reforma del sistema laboral más restrictiva, quitan los 420 euros de ayuda a 688.000 parados que están en la ruina y anuncian cambios drásticos a peor en la ley de pensiones que afectan al 80% de la población y nadie se indigna ni dice nada. ¿Sois idiotas?
 

Estáis pidiendo a gritos al Gobierno que se apliquen medidas que quitan el derecho a la baja laboral, a los permisos retribuidos y a las horas sindicales, sacar militares a la calle ¿sois idiotas?

Estáis leyendo que mintieron en los vuelos de la CIA , en el caso Couso, que González era la X del GAL, que gente del PP cobraba de la trama Gürtel, que hay políticos que cobran más de 230.000 euros al año, pero que nos cuestan más de 3 millones de euros, que la corrupción en la política no es excepción, sino norma, que ellos mismos se adjudican el derecho a cobrar la jubilación máxima con pocos años en las Cortes y a nosotros nos piden 40 de cotización, banqueros que consiguen del gobierno medidas duras contra los trabajadores y que tenían que estar en la cárcel por delitos demostrados de fraude fiscal y no decís nada, os quitan dinero para dárselo a esa gente que cobra cientos de miles de euros año, especula con nuestro dinero, defrauda a Hacienda y seguís callados ¿sois idiotas?

Tenéis una monarquía que se ha enriquecido en los últimos años, que apoya a los poderosos, a EEUU, a Marruecos y a todo lo que huela a poder o dinero, hereditaria como en la Edad Media ¿sois idiotas?

En Inglaterra o Francia o Italia o en Grecia o en otros países los trabajadores y los jóvenes se manifiestan hasta violentamente para defenderse de esas manipulaciones mientras en España no se mueve casi nadie ¿sois idiotas?

Consentís la censura en los medios de comunicación, la ley de partidos, la manipulación judicial, la tortura, la militarización de trabajadores sólo porque de momento no os afecta a vosotros ¿sois idiotas?

Sabéis quién es toda la gentuza de las revistas del corazón, futbolistas supermillonarios pero jamás escucháis a nadie como Saramago o Chomsky u otros mil intelectuales veraces y comprometidos con vuestros problemas ¿sois idiotas?

Si mucha gente responde sí, aún nos queda un poco de esperanza de conseguir acabar con la manipulación de los políticos y poderosos.
Si la mayoría contesta no, entonces estamos jodidos.

EL GOBIERNO: Ha bajado el sueldo a los funcionarios, suprimido el cheque-bebé, congelado las pensiones y reducido la ayuda al desempleo, (EL PARO), para afrontar la crisis que han generado los bancos los políticos y los especuladores bursátiles.

Nos gustaría transmitirle al Gobierno lo siguiente:

Dediquen su empeño en rebajar LA VERGÜENZA DEL FRAUDE FISCAL,que en España se sitúa alrededor del 23% del P.I.B. (10 puntos por encima de la media europea) y por el que se pierden miles de millones de euros, fraude que repercute en mayores impuestos para los ciudadanos honestos.

TENGAN LA VERGÜENZA de hacer un plan para que la Banca devuelva al erario público los miles de millones de euros que Vds. les han dado para aumentar los beneficios de sus accionistas y directivos; en vez de facilitar el crédito a las familias y a las empresas, erradicar las comisiones por los servicios bancarios y que dejen de cobrar a los españoles más humildes 30.01¤, cada vez que su menguada cuenta se queda sin saldo. Cosa que ocurre cada 1º de mes cuando les cargan las facturas de colegios, comunidades, telefonía, Etc. y aun no les han abonado la nómina.

PONGAN COTO a los desmanes de las empresas de telefonía y de ADSL que ofrecen los servicios más caros de Europa y de peor calidad.

ELIMINEN la duplicidad de muchas Administraciones Públicas, suprimiendo organismos innecesarios, reasignado a los funcionarios de carrera y acabando con los cargos, asesores de confianza y otros puestos nombrados a dedo que, pese a ser innecesarios en su mayor parte, son los que cobran los sueldazos en las Administraciones Públicas y su teórica función puede ser desempeñada de forma más cualificada por muchos funcionarios públicos titulados y que lamentablemente están infrautilizados.

HAGAN que los políticos corruptos de sus partidos devuelvan el dinero equivalente a los perjuicios que han causado al erario público con su mala gestión o/y sus fechorías, y endurezcan el Código Penal con procedimientos judiciales más rápidos y con castigos ejemplares para ellos.
 

INDECENTE, es que el salario mínimo de un trabajador sea de 624 ¤/mes y el de un diputado de 3.996, pudiendo llegar, con dietas y otras prebendas, a 6.500 ¤/mes. Y bastantes más por diferentes motivos que se le pueden agregar.

INDECENTE, es que un profesor, un maestro, un catedrático de universidad o un cirujano de la sanidad pública, ganen menos que el concejal de festejos de un ayuntamiento de tercera.

INDECENTE, es que los políticos se suban sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca (siempre por unanimidad, por supuesto, y al inicio de la legislatura).

INDECENTE, es que un ciudadano tenga que cotizar 35 años para percibir una jubilación y a los diputados les baste sólo con siete, y que los miembros del gobierno, para cobrar la pensión máxima, sólo necesiten jurar el cargo.

INDECENTE, es que los diputados sean los únicos trabajadores (¿?) de este país que están exentos de tributar un tercio de su sueldo del IRPF.

INDECENTE,es colocar en la administración a miles de asesores = (léase amigotes con sueldos que ya desearían los técnicos más cualificados)

INDECENTE, es el ingente dinero destinado a sostener a los partidos y sindicatos pesebreros, aprobados por los mismos políticos que viven de ellos.

INDECENTE, es que a un político no se le exija superar una mínima prueba de capacidad para ejercer su cargo (ni cultural ni intelectual).

INDECENTE,es el coste que representa para los ciudadanos sus comidas, coches oficiales, chóferes, viajes (siempre en gran clase) y tarjetas de crédito por doquier.

INDECENTE No es que no se congelen el sueldo sus señorías, sino que no se lo bajen.

INDECENTE, es que sus señorías tengan seis meses de vacaciones al año.

INDECENTE, es que ministros, secretarios de estado y altos cargos de la política, cuando cesan, son los únicos ciudadanos de este país que pueden legalmente percibir dos salarios del ERARIO PÚBLICO.

Y que sea cuál sea el color del gobierno, toooooooodos los políticos se benefician de este moderno "derecho de pernada" mientras no se cambien las leyes que lo regula.
¿Y quiénes las cambiarán? ¿Ellos mismos? Já.

Juntemos firmas para que haya un proyecto de ley con "cara y ojos" para acabar con estos privilegios, y con otros.

Haz que esto llegue al Congreso a través de tus amigos
.

ÉSTA SÍ DEBERÍA SER UNA DE ESAS CADENAS QUE NO SE DEBE ROMPER, PORQUE SÓLO NOSOTROS PODEMOS PONERLE REMEDIO A ESTO, Y ÉSTA, SI QUE TRAERÁ AÑOS DE MALA SUERTE SI NO PONEMOS REMEDIO, está en juego nuestro futuro y el de nuestros hijos.


¿DONDE ESTÁ LA GENTE ? QUE LEVANTAN MASAS PARA EL FÚTBOL Y NO PARA DEFENDER NUESTROS DERECHOS.