jueves, 16 de junio de 2022

                                          Naturaleza y sostenibilidad.

En torno a la visión del Antropoceno.

David De los Reyes

Trama Vegetal. Redes Sociales Vegetales
junio  2022, DDLR


 

Una de las apreciaciones que la modernidad tejió en la mente romántica de Jean Jacques Rousseau fue la necesidad de reencontrarse con la naturaleza, el retorno a la naturaleza. Un retorno por la eliminación de lo artificial y de la injusticia vivida en las ciudades.  Situación que vendría a ser la capa cultural opresiva que, para el pensador ginebrino, convertía a todo ser vivo, y en especial a ese antropocentrismo moderno persistente en su pensamiento, en un individuo oprimido, incomprendido, inhabilitado, extrañado de su ser para su plenitud vital. Una mirada que aspiraba congraciarse con la naturaleza, con la physis, pero no para comprenderla sino para experimentar una inmersión que purificara a la persona de todas las injusticias y encarcelamientos cotidianos de la sociedad europea de ese entonces (y de ahora, podemos transpolar), separándose de la fatalidad reinante y respirando en los aires libres del campo. En el fondo tenía una visión paradisiaca de la naturaleza y no como un lugar donde las catástrofes, los peligros y las necesidades se hacen más inmediatas y sufrirlas, intensas y hasta mortales casi sin tener respuesta; no nos mostraba aún una naturaleza dañada por los desarrollos industriales y agrícolas insipientes.  Ante esta visión podemos toparla con la interpretación que da Rosset, para quien todo concepto y visión de la naturaleza existente es artificial y azar.  Considera que la naturaleza en sí misma, se presenta como una profunda e indesarraigable ilusión. Sólo nos naturalizaremos cuando se asuma plenamente lo artificial, ante lo que sobreviene una renuncia a aquella. De esta forma nos quitaríamos de encima esa sombra de dios con lo cual dejaríamos de divinizar nuestra existencia.

Toda aproximación a lo que se entiende por naturaleza es comprendida como una construcción de la imaginación conceptual cuantitativa del pensamiento filosófico y científico, iniciada por el interés de dar certezas y manejo de los elementos que la componen, en pos de los fines que queremos insertar en ella. Más que verla como un campo de interrogación y convivencia es uno de transformación y destrucción.  

Así un reproche constante que encontramos en esta visión moderna de la cultura es la consideración de la naturaleza de ser fáctica, lo cual vendrá a separarse de la postura griega ante la naturaleza, de la cual se desprendía toda una normativa que debía ser tomada en cuenta para la realización de la vida. La naturaleza inspiraba las leyes y el logos la acercaba con su comprensión conceptual.  Lo fáctico de la naturaleza gira en torno a una desacralización que rodeará a la episteme desde el siglo XVII hasta acá. La naturaleza o la physis es observada como un flujo de procesos interconectados pero que no responde a las verdaderas necesidades humanas; las necesidades humanas es lo que dará significado y acción ante ese albur indiferente del que pende el devenir del entorno natural.  Por otra parte, por su fuerza avasallante, podrá  ser alienante, dejando al hombre en un extrañamiento  perpetuo al adentrarse en ella,  gracias  a ese pensamiento esquizoide de separación y de poder frente a lo que le opone;  el espacio natural acoge pero para aniquilar, y a veces nos deja  vivir,  al desarrollar el instinto de supervivencia del individuo y de la reproducción de la especie; pareciera que entre sus mecanismos tiene uno fulminante, disuelve la esencia humana, al proponerse  un juego de satisfacciones  artificiales que se organizan en función del provecho para un grupo humano que ejerce dominio sobre otro.  Es ante ello la reacción rousseauniana filosófica, que vendría a propugnar un intento de desenmascarar ese profundo malestar en tanto testimonio que alimenta una postura anticultural. Un llamado que viene desde la antigüedad contra la cultura, en las voces lejanas de la filosofía platónica y de los cínicos, epicúrea y estoica, hasta alcanzar la musicalidad naturalista de ciertos filósofos del siglo XVIII y XIX, además de todas las proliferaciones ideológicas que albergan un pensamiento ecológico, tan de moda en la actualidad; surge una paradoja, que, sin cultura, sin conceptos, no se puede albergar un pensamiento comprensivo a la situación infame del presente.

Con la modernidad la naturaleza se presenta bajo la interpretación de ser progresivamente despojada y cesante de poder representar un conjunto de fuerzas trascendentes (no es expresión de la mano de un ser divino, no es perfecta, no es creación de un demiurgo, etc.). Lo que encontramos ahora es una naturaleza echa a la figura y semejanza del hombre, ser depredador por excelencia, quedando ella como un resultado de fabricaciones humanas.  Se ha desmitificado, no responde a fuerzas divinas ni trascendentes a ella, no es expresión del pensamiento de un creador, etc.; se ha vuelto un artificio que se adecua a la pragmática voracidad humana.  Producto de cierto rigor científico, reafirmado por toda una epistemología filosófica, en que termina siendo la naturaleza mero nominalismo ideológico más que científico, ante la que se puede pronunciar una oración fúnebre.  Es la realidad alterada que pretenden referir los términos como antropoceno, antrogénico y antrópico[1], a las modificaciones geológicas y biológicas debido a la acción del hombre.

Pero no todo está perdido. Entre los optimistas surge un pensamiento que recurre al sentimiento humano de recuperarla. Lo cual no sé si la naturaleza como tal lo necesita, ella obra a ciegas y mediante fines que al no cumplirse se sustituyen al darle paso a otras que sobreviven en tanto organismos y medios de vida. La extinción de especies forma parte de la evolución de la tierra, sólo que ahora de forma acelerada por la mano del homo sapiens.

Dentro de los aportes teóricos esta uno que escuchamos como una letanía perpetua en todas las voces de los voceros del momento, que es el del paradigma de sostenibilidad. ¿Qué viene a significar dicho concepto? En principio propone un acercamiento a la conservación de la vida, un cambio de estilo y hacer, una comprensión de autoorganización y de autopoiesis. Es la respuesta terapéutica ante la naturaleza dañada por la acción del hombre en todo el orbe terráqueo, que sigue siendo indetenible y propio de un modelo económico physiófago intensivo, devorador perpetuo de recursos no renovables, una especie de paño caliente ante un cuerpo desahuciado.  Una concepción mecanicista donde la naturaleza dañada produce problemas globales desde la misma localidad en donde se efectúan, recayendo sus efectos de forma global, para la inhospitalidad de la vida humana, en primer término, y para el resto de los organismos adaptados a determinado entorno ecológico, realidad insoslayable e irreversible con sus daños colaterales.

En los inicios de la modernidad, se   planteó, como se sabe, un giro antropocéntrico en la visión de las relaciones del hombre con el cosmos y la sociedad; propia para desplegar toda una curiosidad ante la naturaleza en función de provechos crematísticos y utilitarios, reivindicando la condición del hombre como ser en el mundo. Hoy los geólogos, como se ha dicho antes,  manteniéndose en esta tradición conceptual, han dado el nombre a esta era, luego del holoceno,  como de antropocénica, donde la tierra  está sometida y en manos de la acción industrial, científica y tecnológica del hombre; la cual, de ahora en adelante, no podrá comprenderse todo cambio terráqueo como una simple modificación y manifestación natural, sino  que cada cambio sufrido en ella está impulsado, de una u otra manera, directa o indirectamente, por la huella indeleble del pie productivo del espíritu humano (para usar un término hegeliano).  Presentando así   la concepción sistémica de la ecología, que parte de observar en la naturaleza y sus problemas atendiendo a su conjunto y no de manera aislada; todo fenómeno debe ser estudiado en interconexión e interdependencia ecológica; los organismos no viven aislados, por más solitarios que sea su condición ontológica de existir.  Un saber que nos proporciona acciones para refrenar ciertos efectos catastróficos globales (como el recalentamiento de la tierra, la reducción de la capa de ozono, la emanación de gases contaminantes (monóxido de carbono, metano, etc.), pero que no es atendido por las instancias decisorias de los gobiernos actuales.

Este principio de sostenibilidad pretende hacer una corrección a la miopía de la percepción del sentido común del hombre en general. Tal persistente percepción de fragmentación de las partes de un todo, se impulsa desde las instituciones, medios, valores y tradiciones, describiendo una concepción desfasada de la realidad universal, quedándose sólo  con el fin del rendimiento económico inmediato; una percepción  donde las respuestas que arroja  no dan pie a las nuevas emergentes realidades y  necesidades cognitivas dentro de un planeta superpoblado por una  sola especie, con una globalización cultural hegemónica imposible de permanecer desconectado entre sus partes.

Las propuestas profilácticas de vanguardia política se dirigen a querer un cambio de paradigma, el cual viene presentándose desde finales del siglo XX hasta el presente, como si ello se pudiera legislar urbi et orbi. Los intereses para que no se dé, son múltiples, y el hombre común sólo está ávido de necesidades o deseos y emociones condicionados por tecnologías digitales y sus técnicas de control adherentes. Este cambio de paradigma procura un bien de especies, el de la supervivencia, el cual no interesa a políticos ni corporaciones, que están siempre al cuido de lo suyo, de sus intereses, como tampoco de la mayoría de los ciudadanos, acorralados por las necesidades del día y de la insuficiencia salarial, como también de los educadores que acompañan a un sistema educativo obsoleto, cuyo fin esencial es crear operadores del sistema cibernético sin pensamiento crítico.

Dentro de todo podemos preguntarnos ¿qué falla para el cambio a esta otra opción que lleve a percibir al mundo de otra manera?  Es la incapacidad de adiestrar la consciencia para observar la interconexión desde una perspectiva sistémica en relación con el habitad y sus relaciones, en sus cadenas tróficas y culturales; aunque la propuesta sistémica se use como metodología para adecuarla a los modos del marketing de los negocios.  No hay búsquedas de soluciones viables que reposen en propuestas sostenibles. Una sociedad con gobernabilidad sostenible es la que es capaz de satisfacer sus necesidades sin disminuir las oportunidades de calidad de vida a las generaciones futuras; el principio de sostenibilidad alargaría y procuraría dejar un mundo para la convivencia de las generaciones que aún no están pero que podrían estar. Los teóricos de la sostenibilidad utópicos han planteado la creación de comunidades sostenibles, lo cual pareciera fácil hacer desde la letra impresa, más difícil desde la dura realidad a enfrentar.  En un mundo plagado de intereses mezquinos no escapa tal sentido hasta en los dados a estos fines loables.  El proponer comunidades  de este tipo, es algo casi –por no decir del todo- imposible, la condición actual es  comprimir a los habitantes en torno a grandes megalópolis, crear grandes relaciones de dependencia con las corporaciones, basándose en el concepto de ciudades inteligentes, en función de gobiernos algorítmicos, donde los recursos de la informática y la estadística de datos irán determinando la vida de los habitantes de esos conglomerados, cercenando las ya antiguas libertades  individuales y sociales, inscritas en las constituciones nacionales al mejor estilo del pasado decimonónico. Nuevas alternativas de opresión se están constituyendo en sobre un fluido silencio que por su misma condición es ensordecedor…

Pretender comunidades sostenibles es una utopía que habría que ver si es viable en una situación de poder que se opondría a tal producción social. Las comunidades sostenibles serían entornos sociales y culturales en los que se pueda satisfacer nuestras necesidades y aspiraciones sin comprometer a los miembros que les sucedan.  Si bien tenemos la tecnología y los conocimientos requeridos para ello, priva más el inmediatismo económico y político, que proporciona ventajas y privilegios a aquellos que tienen sentadas sus posaderas sobre las sillas del poder.    

 

 

 



[1][1]  Antropoceno es un concepto polémico. Acuñado por el geólogo italiano Antonio Stoppani en el siglo XIX, es retomado por el premio nobel Paul Crutzen en el año 2000.  Tiene la intención, por parte de un grupo de científicos, sustituir al término Holoceno, actual época del período cuaternario, en la historia de la evolución terrestre. Antropoceno vendría a inaugurar la era donde la Tierra comienza a sufrir un fuerte impacto global por las actividades humanas, sobre todo a partir de la Revolución Industrial, desde el siglo XVIII hasta la actualidad sobre los ecosistemas. Sin embargo, por ser un breve periodo por los momentos, no se ha admitido como un término científico sino como una propuesta política. Se comprende con ello la preocupación ética y de sobrevivencia de las especies al notar una permanente reducción de la biodiversidad bien por destrucción del hábitat o por la selección económica de ciertas especies comercialmente rentables en detrimentos de otras. Autores como Willian Rudiman proponen que lo antropocénico está presente en la Tierra a partir de la era neolítica, hace 8000 años con el cambio que se produjo al introducirse la agricultura como forma de producción de alimentos y de sedentarismo humano.  El otro término, antropogénico, vendría a tener cercanía con el anterior. La diferencia estriba que se refiere, específicamente, a los procesos o materiales que son el resultado de actividades humanas, en contraposición de los procesos que tienen causas naturales sin influencia humana, situación cada vez más reducida por la permanente alteración de los ecosistemas y hábitat. Su especificidad de uso está en describir contaminaciones ambientales en forma de desechos físicos, químicos o biológicos, por efectos de la actividad económica sin limitaciones y uso de tecnologías suaves o amigables con el ambiente. Tales productos antropogénicos serían los basureros, escombreras, producción de gases tóxicos fuera del umbral reciclable, como sin emisiones de monóxido  y dióxido de carbono emitidos por consumo de combustibles fósiles, proporcionando alzas de temperatura que afectan al calentamiento global, contaminación del aire, del agua; contaminación lumínica y sonora; conversión de selvas y bosques tropicales en superficies para  el cultivo y pasturas; redirección de aguas subterráneas; salinización de aguas por un drenaje inadecuado; contaminación del suelo y agua por productos químicos, como son los abonos y pesticidas; alteración de genomas bien de plantas y animales bien por selección de interés comercial o por ingeniería genética; alteraciones del suelo; desechos minerales; plastiglomerados, en tanto nuevo mineral formado a partir de basura y desechos de todo tipo en relación a polímeros y plásticos que no existían anteriormente en la naturaleza (ya son considerados como una huella a futuro de los humanos sobre la tierra, en las costas de Hawái son una realidad), entre otras situaciones. Y la antropización vendría a comprender la transformación que ejerce el hombre sobre el medio, ya sea en el biotopo o en la biomasa; se incluye a los cambios de forma de vivir y costumbres en los animales domésticos en que actúa el hombre, siendo antropizados conductualmente. También se incluirían las transformaciones geográficas producidas por la actividad humana sobre el medio, como la urbanización de espacios, la agricultura, la silvicultura, introducción de especies exóticas, exterminio de especies, deforestación como la que ocurre actualmente desde décadas en el Amazonas, construcción de centrales hidroeléctricas, reactores atómicos, represas. Estos términos, como notamos, encontramos que tienen una identidad común. Todos refieren a los cambios del mundo debido a la acción transformadora desbocada por la ambición e inconsciencia del hombre en lo que plantea como proyectos que impliquen tecnologías destructivas y agresivas con el hábitat. La tierra nunca más será la que fue. Sus directrices están de ahora en adelante en manos de lo que los hombres hagan en función de su interés por sobrevivir en tanto especie, y sucumbir y extinguirse por proliferación y destrucción ambiental de una tendencia económica que desborda por sus consecuencias las condiciones de vida tanto del hombre como de otras especies sobre la sábana de la biósfera terráquea. 

miércoles, 1 de junio de 2022

Del Sacrificio de uno mismo/ David De los Reyes

 

Del sacrificio de uno mismo

David De los Reyes

Entrada Gruta Vegetal, DDLR2022, 
Redes Sociales Vegetales


Estos días me puse a leer la biografía de Gandhi de Romain Rolland[1].  El primero un líder hindú, olvidado en la confrontación de las políticas nacionales e internacionales actuales; el segundo un escritor francés, que alentó con su espíritu a muchas generaciones con sus escritos, como su larga novela Juan Cristóbal, o aún la menos recordada biografía de Beethoven en siete tomos, obras hoy que sirven sólo para eruditos, estudiosos o amantes de la literatura romántica de principios del siglo XX.

Leyendo esa obra casi periodística del ascenso de Gandhi por Rolland, me ha suscitado una serie de reflexiones por todo lo que narra respecto a la acción de la resistencia civil, de la no-cooperación (con las instituciones del estado colonial británico para su momento, que era en la década de los años 20 del siglo pasado), y la permanente inteligencia de reconciliación combativa de Gandhi ante las huestes colonialistas, donde siempre esgrimió que ni un gesto de violencia o agresión debían ser despertada en contra del invasor.  Son muchas las frases que pudiera introducir en este escrito, pero las que quiero comentar son las del mismo Rolland al describir cómo veía el mundo para ese entonces, un tiempo sombrío, donde había apenas terminado la primera guerra mundial y las matanzas y las injusticias humanas estaban también presentes. Pero creo que de manera menor intensas y destructivas como las que podemos leer todos los días en cualquier tabloide que refleje los cruentos acontecimientos terroristas y neocolonialistas, psuedo-revolucionarios y fascistas en la situación mundial.

Para 1920 Rollaind advertía e intuía que la paz estaba lejos. No abrigaba ninguna ilusión de que el mundo iba para mejor; vendría una segunda guerra mundial en Europa. En lo transcurrido a lo largo de su vida sólo había visto mentiras, cobardías y crueldades de la especie humana, y por ello desconfiaba de un cambio en ella. A todo esto no dudaba que a su pesar no podía dejar de amarla. Sabía que hasta en los más viles hay un necio quid Dei, en su condición mística espiritual.

Para ese momento Europa se encontraba en crisis, quizás como ahora pero por distintos motivos a los actuales; antes por el imperialismo nacionalismo de todos los países europeos, ahora por los manejos fraudulentos de banqueros, financistas y políticos en las economías de las naciones. Encontraba en su situación que el siglo XX Europa estaba sometida a un demoledor determinismo  por las condiciones económicas que la aprisionaban. Advertía que a sus ojos eran  siglos de pasiones y errores petrificados que se emergían en torno a las almas de su tiempo, como una dura caparazón donde la luz no tiene cabida ni paso.  Su concepción mística albergaba en su ser que podían vivirse ciertos milagros del espíritu.  La historia nos demuestra que sus rayos  han alumbrado cielos más sombríos que el nuestro, nos dice. Y echa mano a una cita hindú, proveniente del eco del tambor de Shiva: El Maestro-Danzarín, que empeña su mirada devoradora y refrena sus pasos para salvar al universo del retorno del abismo, el cual es uno de los extractos más antiguos de la invocación a ese dios.

Hombre de fe, hombre religioso, hombre devoto comprende lo que le rodea. Las fauces de los tiburones asechan no en los mares sino en ciertos dirigentes en los gobiernos a nivel mundial. He ahí su protesta contra la realpolitiker de la violencia (tanto revolucionaria como reaccionaria, ninguno se escapa a cebar las mismas ideas de destrucción civil por ideales absurdos).  Y  está seguro que todos ellos se mofan de esa fe, lo cual no es otra cosa que mostrarnos la ignorancia que poseen de las profundas realidades humanas. Pueden reírse de él, y les dice que se rían si quieren, pero él siente esa fe. La experimenta escarnecida o perseguida en Europa; hoy pudiéramos decir que en Latinoamérica, en el Medio Oriente, en África, o en la China continental y parte de los países del Pacífico.  Sabe que son pocos los hombres de fe auténtica, no somos más que un puñado. Pero aún si él fuese el único,  y en esto podemos acompañarlo junto a su tumba, comprende que lo propio de la fe  -lejos de negar la hostilidad del mundo- es reconocerla y creer, aún contra ella.

No es una fe monoteísta y de religiones idólatras o de libros santos…, la cual siempre termina en venganza del otro, es una fe que debe crecer en el pecho de cada quien por su búsqueda de una pureza en su ser. Es  una fe en tanto combate centrada en la no-violencia. La no-violencia es el más duro de los combates, es su afirmación y nuestra mirada puesta en alerta. Pues ello significa que el camino de la paz no es el de la debilidad. Tenemos que ser más enemigos de la debilidad que de la misma violencia. Nada vale sin voluntad, sin fuerza, ni el mal ni el bien. Y más vale el mal completo, que el bien enmasculado.  No al pacifismo quejumbroso pues es mortal para la paz; es una cobardía y una falta de fe. Por ello, ante los tiempos que nos ha tocado  vivir a muchos de nosotros, en países llenos de injusticias, crimines, incapacidad gubernamental, represión, acoso, lavado de mentes, propagación de ideologías retrógradas, tecnologías neo-esclavistas del espíritu, nos queda reflexionar sobre sus palabras.

En su escrito sobre la lección que sacamos de la Gandhi  nos habla que a todos aquellos que no creen  o que temen ante lo que hay que afrontar que se retiren! El camino de la paz es el del sacrificio de uno mismo, ¡nada más y nada menos! Por ello apenas podemos decir que comenzamos a comprender y aprender a no perder el coraje por la vida que construya la comprensión y la paz entre los hombres y los pueblos. ¡Cuánto no queda por hacer en nosotros mismos!



[1] Romain Rolland, 1956: Gandhi. Ed. Leviatan. B.A.

Denis Diderot Sátira contra el lujo, a la manera persa

 

Denis Diderot

Sátira contra el lujo, a la manera persa[1] 


(Un texto clásico de estética)



Altar azteca Vegetal, DDLR2021. Redes Sociales Vegetales

 

–Observa usted las diversas sociedades de la especie humana con tanta pena, que sólo conozco un medio de contentarle y es transportarle a la edad de oro... –No, no, se equivoca usted. Una vida consumida a los pies de una pastorcilla no es en absoluto lo que yo llamaría una edad de oro. Quiero que el hombre trabaje. Quiero que sufra. En un estado natural que se adelantara a sus deseos, donde la rama se doblaría para acercarle el fruto a su mano, se haría vago. Y digan lo que digan los poetas, quien dice vago, dice malvado. ¡Y luego todos esos ríos de leche y miel! La leche no sienta bien a los biliosos como yo, y la miel me deja como sin fuerzas... –Despójese de todo, pues, siga los consejos de Jean- Jacques[2] y hágase salvaje... –Sería lo mejor. En tal caso, al menos, no hay más desigualdad que la que la naturaleza ha querido que exista entre sus criaturas. Y en las selvas no se oyen los ecos de las quejas que un sinnúmero de desgracias arranca al hombre en el bienhechor estado de sociedad... –¿Qué le sucede? ¡No me diga que esas costumbres tan alabadas por los lacedemonios no van a ser de su gusto!... –No me hable de esos monjes armados[3]... –Pero ese oro, ese lujo ofensivos, esas suntuosas comidas, esos sofisticados muebles... –No existen, de acuerdo. ¿Pero no siente lástima por esos desdichados ilotas? La tiranía de un colono americano es menos cruel, la condición de un negro, menos triste... –¿Qué tiene que objetar al siglo de la Roma pobre, a ese siglo en el que hombres por siempre célebres cultivaban la tierra con sus manos, recibían el nombre de los frutos que recogían, de las funciones agrestes que habían ejercido; a ese siglo en el que el cónsul presionaba al buey con su aguijón, en el que el casco y la lanza estaban depositados en el mojón del campo, y la corona de triunfador suspendida de la bocina de una carreta? ¡Qué tiempos aquellos! Los de la mujer descamisada del dictador ordeñando las cabras, mientras que sus robustos hijos, con el hacha a la espalda, iban al bosque vecino a cortar troncos para el invierno... –Se ríe. ¿Acaso no cree usted que la cabaña de Quinto es más bella a los ojos de cualquier hombre sensible a la virtud que esas inmensas galerías donde el infame Verres exponía los despojos de diez provincias saqueadas? Vaya a emborracharse a casa de Lúculo. Aplauda los divinos poemas de Virgilio. Paséese por una ciudad inmensa donde las obras maestras de pintura, escultura y arquitectura le dejarán boquiabierto de admiración a cada momento. Asista a los juegos circenses, siga el paso de las marchas triunfales, vea a reyes encadenados, goce del enternecedor espectáculo del gemido escapado ante el yugo de la tiranía, comparta crímenes y desórdenes del opulento opresor. No es ese mi mundo... –Ya no sé en qué tiempos, en qué siglo, en qué rincón de la tierra situarle. Amigo mío, amemos nuestra patria, amemos a nuestros contemporáneos, sometámonos a un orden de cosas que podría ser, por azar, mejor o peor, gocemos de los privilegios de nuestra condición. Si vemos defectos, y sin duda los hay, esperemos el remedio de la experiencia y la sabiduría de nuestros maestros, y quedémonos donde estamos. –¡Quedarme aquí, yo! ¡Yo! Que se quede quien tenga paciencia para ver cómo un pueblo que se dice civilizado, y el más civilizado de la tierra, saca a subasta el ejercicio de las funciones civiles. Mi corazón está henchido, pero de indignación, y no pasa ni un día, ni un solo día sin que llene de imprecaciones a quien volvió venales cargos y puestos, pues de ahí, sí, de ahí y de la creación de los grandes exactores, vienen todos nuestros males. En el momento en el que se pudo alcanzar todo gracias al oro, se deseó poseer oro. Y el mérito, que ya no conducía a nada, se convirtió en nada. Desaparecieron las emulaciones honestas. La educación perdió sus sólidas bases. Si una madre se atreviera a hablar en esos términos a su hijo, le diría: «Hijo mío, ¿por qué dejarte la vista en los libros? ¿Por qué desojarte a la luz de la lámpara toda la noche? Consérvate, hijo mío. ¡Ya verás! ¿Tú también quieres remover la urna que decide la suerte de tus conciudadanos? Ya la removerás. Esa urna está en dinero contante y sonante en el fondo de la caja fuerte de tu padre.» ¿Y qué hijo ignora tales cosas? En el momento en que un puñado de concusionarios públicos se hicieron con las riquezas, habitaron en palacios, exhibieron su maldita opulencia, se confundieron todas las condiciones. Creció una emulación funesta, una lucha insensata y cruel entre todos los estados de la sociedad. El elefante se hinchó para aumentar de talla; el buey imitó al elefante; la misma manía se apoderó de la rana, que emuló al elefante. Y en ese movimiento recíproco, acabaron por morir los tres animales: triste pero real es esta imagen de una nación abandonada al lujo, símbolo de la riqueza de los unos, y máscara de la miseria general del resto. Si no posee un alma de bronce, diga conmigo, levante la voz y diga: Maldito sea el primero que volvió venales las funciones públicas, maldito sea el que hizo del oro el símbolo de la nación, maldito sea el que creó la detestable raza de los grandes exactores, maldito sea el que engendró ese hogar de donde salieron la ostentación insolente de riqueza en los unos y la hipocresía epidémica de fortuna en los otros, maldito sea el que condenó el mérito al retiro, y el que consagró la virtud y las costumbres al desprecio. Desde aquel día, esa es la palabra, la muerte funesta se extendió de un extremo a otro de nuestra sociedad. Seamos o parezcamos ricos. Desde aquel día, el reloj de oro pendió del bolsillo de la obrera, cuyo sueldo apenas le permitía comprar pan. ¿Y cuál fue el precio del reloj? ¿Cuál el de ese vestido de seda con que se disfraza convirtiéndose en una perfecta desconocida? ¡Su virtud! ¡Su virtud! ¡Sus costumbres! Y lo mismo sucedió con las demás condiciones. Se arrastraron, se envilecieron, se prostituyeron. No hubo distinción entre medios de adquisición. Honestos o deshonestos, todos valían. Y no hubo ya común medida en el gasto. El financiero marcó la pauta y todos los demás le siguieron. De ahí toda esa enorme cantidad de casamientos desiguales que no desapruebo. Era justo que hombres arruinados por el ejemplo de aquellos padres, fueran a reparar sus fortunas metiéndose en sus casas, y a vengarse despreciando a las hijas. ¿Pero cuál fue la conducta de aquellas hijas despreciadas? ¿Y a quién llevaron la dote de las hijas aquellos esposos? ¿De dónde viene el actual furor generalizado por la galantería? Dígame, dígame cuál es su origen. Los Grandes se han arruinado por emular la fastuosidad del financiero. El resto se ha hecho disoluto al pretender imitar el libertinaje de los Grandes. El lujo arruina al rico, y multiplica por dos la miseria de los pobres. De ahí la falsedad del crédito en todos los estados. Confíe su fortuna al hombre ese que se hace llevar en carruaje dorado, mañana tendrá las tierras embargadas, mañana, ese hombre tan brillante, perseguido por sus acreedores, acabará de patitas en Fort-L’Évêque... –Pero alégrese de ver cómo la corrupción, la disipación, la fastuosidad gastan esas montañas de oro. Por ese medio se nos restituye gota a gota toda la sangre que han ido sacándonos. Y nos la devuelven una gran cantidad de manos ocupadas. Ese lujo contra el que está protestando usted, ¿no es acaso el que sostiene el cincel en manos del estatuario, la paleta en el pulgar del pintor, la gaveta... –Sí, sí, y produce muchas obras, muchas obras mediocres. Si las costumbres están corrompidas, ¿cree que puede mantenerse puro el gusto? No, no, imposible, y si lo cree usted es porque ignora el efecto de la virtud en las bellas artes. ¿Y qué me importan vuestros Praxíteles y vuestros Fidias? ¿Qué me importan vuestros Apeles? ¿Qué me importan vuestros divinos poemas? ¿Qué me importan vuestras ricas telas si sois malvados, si sois indigentes, si estáis corrompidos? ¡Oh riqueza, medida de todo mérito! ¡Oh lujo funesto, hijo de la riqueza! Destruyes todo, el gusto y las costumbres. Detienes la pendiente más suave de la naturaleza. El rico teme multiplicar hijos, el pobre teme multiplicar desdichados. Las ciudades se despueblan. Se deja languidecer a la hija en el celibato. Habría que sacrificar para su dote un carruaje y una mesa suntuosos. Se 

aliena la fortuna para duplicar los ingresos. Se olvida a los familiares y amigos. ¿Han anunciado a gritos por la calle un edicto prometiendo un interés que decuplica un capital? El hijo de la casa palidece, el heredero se estremece o se echa a llorar, y es que esas masas de oro le estaban destinadas, y ahora van a perderse en el fisco público y con ellas la esperanza de una opulencia por venir. De ahí que los hombres acaben por ser extraños entre sí, dentro de una misma familia. ¿Y por qué los hijos tendrían que amar, respetar en vida, llorar después de la muerte, a unos padres, unos parientes, hermanos, amigos cercanos que sólo se han interesado por su propio bienestar y no han hecho nada por ellos? ¡En ese momento, oh amigos míos, los amigos no existen; oh padres, los padres no existen; oh hermanos y hermanas, los hermanos y las hermanas no existen!... –Sin duda, es ese un lujo pernicioso contra el cual le permito que peroren, usted y los filósofos. ¿Pero no existe otro que se conciliaría con las costumbres, la riqueza, el bienestar, el esplendor y la fuerza de una nación?... –Puede ser. ¡Oh Ceres, pintores, poetas, estatuarios, tapices, porcelanas, y hasta esas figuras, esos magots de gusto ridículo, pueden elevarse entre tus espigas! ¡Amos de las naciones, tendedle una mano a Ceres, elevadle altares! Ceres es la madre común de todo. ¡Amos de las naciones, haced que sus campos sean fértiles. Aligerad al agricultor del peso que le aplasta! Que quien está nutriéndoos pueda vivir, que quien da leche a vuestros hijos, tenga pan, que quien los viste, no tenga que ir desnudo. La agricultura, ese es el río que fertilizará vuestros imperios. Haced que los intercambios comerciales se multipliquen de cien diversas maneras. Ya no tendréis un puñado de súbditos ricos, sino una nación rica... –Pero, dígame, ¿para qué sirve la riqueza sino para multiplicar nuestros placeres? ¿Y no son los placeres multiplicados los que dan nacimiento a todas las artes de lujo?... –Pero ese lujo será la señal de una opulencia general, y no la máscara de una miseria común. ¡Amos de las naciones, quitadle al oro su carácter representativo de todo mérito. Suprimid la venalidad de las cargas! Que quien tenga oro pueda tener palacios, jardines, cuadros, estatuas, vinos deliciosos, hermosas mujeres; pero que no pueda pretender sin mérito desempeñar ninguna función honorable en el Estado. Y así lograréis que haya ciudadanos ilustrados, súbditos virtuosos. Habéis impuesto penas a los crímenes; imponed recompensas a la virtud, y no temáis en la duración de vuestros imperios más que el lapso temporal. El destino que rige el mundo quiere que todo pase. La condición más feliz de un hombre, de un Estado, tiene un término. Todo lleva en sí un germen secreto de destrucción. La agricultura, la bienhechora agricultura, engendra el comercio, la industria y la riqueza. La riqueza engendra la población. La extrema población divide las fortunas. Las fortunas divididas restringen las ciencias y las artes a lo útil. Todo lo que no es útil es desdeñado. El tiempo es demasiado valioso como para perderlo en especulaciones ociosas. En todos aquellos lugares donde se vea un puñado de tierra recogida en el valle y transportada en un cesto de mimbre hasta la desnuda punta de una roca, y la esperanza de una espiga alimentada por la colocación de una valla, seguro que no se ven grandes edificios, que habrá pocas estatuas, pocos Orfeos y que se escucharán pocos poemas divinos... –¿Y qué me importan a mí esos monumentos fastuosos? ¿En ellos reside la felicidad? La virtud, la sabiduría, las costumbres y tradiciones, el amor de los hijos por sus padres, el amor de los padres por sus hijos, la ternura del soberano por sus súbditos, la de los súbditos por su soberano, las buenas leyes, la buena educación, el bienestar general, eso, eso es lo que yo ambiciono... –Enséñeme el país donde se goza de tales ventajas, y me iré, aunque sea China... –Pues... –Ya veo. Astucia, mala fe, ninguna gran virtud, ningún heroísmo, una multitud de pequeños vicios, hijos del espíritu económico y de la vida contenciosa. Aquí, el ministerio ocupado sin cesar en prevenir la perfidia de las estaciones; allá, el particular intentándolo todo para llenar su granero de trigo. Ninguna quimera de pundonor, confesemos que así están las cosas... –¿Dónde iré, pues? ¿Dónde encontraré un estado de felicidad constante? Aquí un lujo enmascara la miseria; allá, un lujo nacido de la abundancia no produce sino una dicha pasajera. ¿Dónde he de nacer y dónde he de vivir? ¿Dónde está la morada que pueda prometerme a mí y a mi posteridad una felicidad duradera?... –Vaya allí donde los males han llegado al extremo, porque no puede irse sino a un mejor orden de cosas. Espere a que las cosas vayan bien, y disfrute de ese momento... –¿Y mi posteridad?... –Es usted un insensato. Quiere prever demasiado el futuro. ¿Qué era usted para sus ancestros hace cuatro siglos? Nada. Mire de la misma forma a los seres por venir, que están a idéntica distancia de usted que usted de aquellos. Sea dichoso. Sus tataranietos serán lo que el destino, que dispone de todo, quiera que sean. En todo imperio, el Cielo promueve la existencia de un amo que gobierna, que enmienda y que destruye. Luego llega un descendiente que lo releva o que lo derroca. Ese es el decreto inmutable de la naturaleza. Sométase a él. 

 

 

 

 



[1] Tomado de: Denis Diderot: Sátira contra el lujo. En: Salón de 1767. Ed. A. Machado libros; colec.: La Balsa de la Medusa. Madrid. 2003.

[2] Refiere a Jean Jacques Rousseau y su concepción del buen salvaje de las tierras americanas.

[3] En el Suplemento al Viaje de Bougainville, Diderot compara a los jesuitas del 

Paraguay, que explotan a los indios, con los lacedemonios que explotaban a los ilotas.

 

lunes, 2 de mayo de 2022

Sobre la Razón de Humanidad/ David De los Reyes

  Sobre Razón de Humanidad

David De los Reyes

(UCV-UArtes)

 






 

            Raison d’Humanité es un concepto esencial para la filosofía política del siglo XXI. Es la razón moral para sugerir que la democracia liberal occidental debe ser la forma de gobierno más acorde con las necesidades del hombre en general. Esta idea, raison d´humanité, es el sustituto de la enquistada razón de Estado moderna. Pero es un concepto que está sometido a múltiples modificaciones y revisiones radicales. Y Yehezkel Dror[1] nos ha dado todo un planteamiento sobre el tema que no es posible pasar indiferente para la humanidad que estamos viviendo en estos tiempos de pandemia y de guerras genocidas. Veamos que depara este concepto.

            Esta idea viene a presentarse a partir de un sentido global de la humanidad. Esta tiene necesidades y aspiraciones que en los niveles de gobernación global debe ser planteada. Se trata de revisar ciertos principios de la filosofía política y leyes públicas (por ejemplo: el caso de países que representan una amenaza para las necesidades de los intereses globales, intereses que no sólo deben ser una aspiración sino una continua voluntad de perfección en su injerencia dentro de las políticas mundiales. Los intereses globales deben ser perfeccionados baja esa condición).

La raison d’humanité también puede esgrimirse en función de sanciones, castigos, contra los crímenes de humanidad, líderes criminales, genocidio, invasiones, guerras de corte imperialista, etc.

            Este concepto proporciona cambios dentro de la filosofía política tradicional y las leyes internacionales de confección moderna: en conceptos como soberaníaderecho a la autodeterminación de los pueblos, cuestiones internas. Todas deben ser dirigidas y reestructuradas, en tanto conjunto de normas y principios en confrontación al proyecto de la humanidad en su totalidad, en tanto conjunto de una especie en peligros constantes y en extrema debilidad en los modos de intervenir en la mejora de las condiciones aptas para la continuidad de la vida humana y en parte con miras a las generaciones futuras.

            La raison d’humanité proporciona otra perspectiva a pueblos que quieren vivir con otros valores distintos a los de la democracia liberal. El costo de la pluralidad total, entera, puede ser demasiado elevado, pues puede producir y conducir a conflictos culturales peligrosos. Deja, de todos modos, un amplio abanico para instrumentar otros valores con relación a necesarios cambios universales a futuro. Esto añade la necesidad de plantear los riesgos tanto del exceso como del defecto de la diversidad en relación con situaciones específicas.

            Hemos dicho arriba que la idea de raison d’humanité viene a suplantar al término de raison d’Etat, propio del siglo XIX y del XX, pero aún presente en nuestro siglo, para justificar políticas aplicadas internamente en las naciones y, de cara a lo exterior, en contra de otras naciones. Pero la raison d’humanité es una advertencia ante aquel. Advertencia en cuanto a los abusos hechos a pueblos y a la humanidad en general bajo ese nombre de raison d’Etat. Este término ha tomado un sentido peyorativo por usarse generalmente en forma incorrecta por los gobiernos y para justificar vilezas. Históricamente fue una idea progresista. Colocaba el deber de los gobernantes para la realización del bien común por encima de los interés dinásticos, personales, partidistas.

            Pero, teniendo esta advertencia respecto al concepto de raison d’Etat, creemos que también se debe vigilar el uso de la raison d’humanité. Ello puede implicar abusos y riesgos. Abusos porque se puede invocar este concepto para censurar y atacar a determinadas sociedades cuyo sistema de valores no sean de nuestro agrado, aunque su existencia no implica un peligro para el resto del mundo. Riesgo porque puede dar pie a una dosis excesiva de tolerancia con sistemas que, de hecho, conducen a peligrosos fanatismos, discriminaciones étnicas, etc.

            La búsqueda de perfeccionar las capacidades de gobernar implica, entre otras cosas, el que comprenda a la raison d’humanité como un criterio importante para tenerlo en cuenta en las decisiones significativas de la gobernación.

            Debe tenerse en cuanta como en los casos de la necesidad de una reducción de la tasa de natalidad (problema subyacente dentro de la filosofía política y en la teoría de la geopolítica). Planteamiento que es negado por muchas sociedades por considerarla de inmoral y contrarios a imperativos religiosos. También se alega que ello interfiere en las decisiones íntimas y personales (ante esto nos preguntamos: ¿son tomas de decisiones el factor de natalidad en el común de las parejas en los países pobres y de bajos recursos?). Y ello constituiría una flagrante manera de inmiscuirse en la independencia de los estados (volvemos a interrogarnos: ¿se puede hablar de independencia de los estados? ¿no será un concepto un poco anticuado? ¿no se tendría que hablar que la independencia de un estado está en relación directa del conocimiento de su interdependencia e interacción con los otros estados? Son conceptos que tendrán que ser revisados).

            Pero la raison d’humanité. crea un marco moral de vital importancia para los efectos de una gobernación global. En el sentido que se deberán estimular las políticas donde la mayoría considere esencial para la supervivencia de la humanidad, aun cuando una minoría considere contradictoria con sus valores básicos.

                        Para implementar esta idea se requiere de nuevas instituciones y formas legítimas de gobernación. El concepto de raison d’humanité es una búsqueda y planteamiento que aspira a una mayor equidad global. Este es su problema mayor y central. Lo cual implica replantearse nuevamente la moralidad desde una óptica renovada, donde el pensamiento tome en cuenta esta condición e intentar su perfeccionamiento en la aplicación.

            La raison d’humanité sufrirá modificaciones como planteamiento por estar sujeto a ver cuáles serán los cambios tecnológicos y científicos que aguardan en el futuro a la humanidad. Tecnología y ciencia tendrán un impacto sustancial no sólo en los modos de vida práctica sino también en los valores morales. De hecho, la raison d’humanité está orientada a sopesar más las consecuencias que las intenciones de la ciencia y la tecnología. Cualquier sentido que asuma la moral como el de “estar dispuesto a morir por los valores profesados”, debe ser revisado y mediados por el espíritu de la idea de raison d’humanité Es esencial para la ética la diferencia entre intención y consecuencia. La intencionalidad no puede permanecer en tener buenas intenciones cuando se trata de actos que pueden implicar un impacto significativo en el conjunto de los seres humanos. De ahí que se deba distinguir en la necesidad de separar los derechos y valores aplicados a los individuos y aquellos otros aplicados a grupos. Los aplicados a los individuos son la declaración universal de los Derechos Humanos. Los de grupos son: i.- Convención de las Naciones Unidas sobre comercio internacional de especies en peligro, guerras biológicas o genocidas, xenófobas o colonialistas, etc.; ii.- Convención de las Naciones Unidas sobre cambios climáticos; iii.- acuerdo internacional sobre la Selva Tropical; iv.- la Ley del Mar, sus recursos y contaminación; v.- acuerdos, ya olvidados, de la Cumbre de Río, etc. Por otra parte, está el peligro de la desaparición de 6000 lenguas, que es el número de las habladas hoy día en todo el globo y que tienden a desaparecer en los próximos 100 años.

            ¿Cuáles son los temas donde puede haber un difícil consenso?

            i.- En la experimentación genética con seres humanos y la inversión en proyectos científicos muy costosos que puedan ser un beneficio a futuro para la humanidad en tanto especie pero que no tienen un mayor beneficio a corto plazo.

            ii.- Exigir formar hombres morales con miras a un ciudadano nacional y global, en su condición de individuos y en cómo hacerlo.

            iii.- Los trabajos en nanotecnología, biotecnología, inteligencia artificial, robótica, etc. que pueden tener un doble sentido, pueden beneficiar como llegar a desarrollar desastrosas armas puestas en manos de fanáticos o de proporcionar técnicas baratas y seguras para limpiar la biosfera, entre otras.

            iv.- La cuestión de los derechos de los animales, ejemplo donde las diferencias de opinión nos llevan a observar las dificultades de aplicar la raison d’humanité

            v.- ¿Cuáles son los sustitutos -si es que alguno es necesario- para desempeñar las funciones que tuvo la guerra en el pasado y que pueden continuar siendo importantes para el progreso de la humanidad en el futuro?

            vi.- Relación entre sobre desarrollo y sus cuotas de polución (caso de China y EU, por decir sólo dos). Ello hace que sea imposible que todas las naciones en vías de crecimiento lleguen a poseer el mismo o igual nivel de vida equivalente en un futuro.  Se propone el de crear esferas globales, donde el conjunto de los seres humanos participe sobre bases igualitarias, en la medida en que se asegure un nivel mínimo de desarrollo humano para todos, “dentro de un multidimensional entendimiento de desigualdad”.

            El discurso moral contemporáneo tiende a descuidar los temas de la equidad global, donde se le plantea un desafío a partir de proposiciones como la de raison d’humanité

            Hay la necesidad de avisar la importancia no sólo de la aplicación de los Derechos Humanos sino también la noción de Responsabilidad Humana, traduciéndola bajo la mirada de principios operativos, en referencia de la responsabilidad hacia uno mismo y hacia los demás, o de las relaciones entre responsabilidad y límites comunitarios y otras cuestiones más.

            Suponiendo de un ambiente ideal donde todas las culturas políticas del mundo aceptasen la idea de raison d’humanité i.- se mantendría un amplio sentido de solidaridad humana y expuesta a promoverla por encima de otras consideraciones y deseos. ii.- que la gobernación está reacondicionada y comprometida para servir a la raison d’humanité y iii.- disfruta del consenso universal y controla enormes recursos y actúa de forma optimista con vistas al futuro. Si se dieran esas condiciones ¿En qué se perfila esta nombrada raison d’humanité?

            Ella incluiría la prevención de una guerra nuclear de proporciones y el agotamiento de recursos irremplazables, vitales para la supervivencia humana.

            Implicaría, en forma creciente, un desarrollo humano que garantizara una vida digna para una creciente proporción de la humanidad. Aunque en esto el concepto muestra ser bastante polémico, relativo y hasta carente de significación. Existe un vacío en sus posibilidades de protegerse del mal y expandir el bien. Por ej. en el caso de ¿la creación genéticamente manipulada de una especie humana modificada (que se espera superior) es un peligro que debe evitarse o algo en extremo deseable como la única posibilidad de superar las limitaciones de la humanidad actual?

            Otro concepto que resulta irritante ante el de raison d’humanité es el de desarrollo sostenido (esgrimido por 1º vez en 1972 en la Conferencia de Estocolmo sobre el Ambiente por Barbara Ward en su informe: Our Common Future), donde se pone en evidencia la idea de progreso y se hace perder el significado que tradicionalmente se le venía dando desde el siglo XVIII. De esta manera se plantea que el término sostenible si bien se puede aplicar a ciertas áreas y recursos como selvas, abastecimientos de agua, etc., no se le puede aplicar al desarrollo en su totalidad. La idea de desarrollo se mantendría siempre y cuando no ponga en juego la capacidad de vida de las futuras generaciones para hacer frente a sus propias necesidades. El problema da lugar a redefinir el término de necesidad., “dado que el concepto es cultural y no tiene significado intrínseco, una vez que los requisitos biológicos han sido satisfechos” (Dror:1995:67). Se pone en duda si es necesario preguntarse sobre los requisitos biológicos necesarios para la preservación de las generaciones futuras. De esta forma la fórmula de desarrollo sostenido vendría a tener la significación del desarrollo que asegura la satisfacción de potenciales necesidades futuras, aunque eso signifique de alguna forma sacrificar las necesidades del presente.

            Entre las falacias que se barajan en esta propuesta es que se puede mantener un desarrollo humano sin que sea un proceso de sobresaltos. Se plantea entonces si la raison d’humanité deba ser contraria al riesgo o deba ser más aventurera. y estar dispuesta a correrlos, “con vistas a buscar un futuro mejor dentro de los parámetros parcialmente desconocidos”, juicio subyacente en muchas de las decisiones políticas.

            Entre los cuestionamientos al desarrollo sostenido nos encontramos que si este se hubiera aceptado en el pasado se habría congelado el progreso humano en alguna de sus fases que, según los actuales estándares, sería inaceptable para muchos. Pero ocurre que las aventuras humanas ahora son más arriesgadas y que, por tanto, necesitan una limitación. Lo que no puede perseguirse en alcanzar un estado estable o un supuesto equilibrio de la humanidad, que más que una certeza o una fase temporal vendría a derrumbarse por la energía y la dinámica que caracterizan a la historia de la humanidad. De ahí que deba parcializarse el uso del término desarrollo sostenido. Ella sólo puede aplicarse en determinados proyectos o recursos particulares, pero no al desarrollo como un todo. Tal concepción es más que estática, y supone que cualquier línea dada de desarrollo seguida ahora va a ser sostenida a la larga, no se visualiza que la humanidad se mueve a través de dimensiones cambiantes de desarrollo y ninguna puede ser sostenida por mucho tiempo; el desarrollo humano implica intrínsecamente el constante cambio y no el sostenimiento, sino entramos en el estancamiento y la extinción por otras vías.e La propuesta es de cambiar los términos, en vez de desarrollo sostenido usar el principio de un desarrollo económico que evita catástrofes, lo cual será más conveniente para la raison d’humanité con la cláusula de proporcionar un estimulante potencial evolucionista para las futuras generaciones (Dror: 1995:168).

            Todas estas variables deben ser discutidas con relación a lo que debamos entender y definir por raison d’humanité. No hay respuestas conclusivas pues estas cuestiones abarcan valores e incertidumbres. Pero su debate de darnos un piso de moralidad a la gobernación, siendo una tarea donde están presentes procesos y agentes sociales: intelectuales líderes, espirituales, religiosos, filósofos políticos, artistas, científicos y profesionales, comunidades, foros éticos e ideológicos y grupos humanos con inquietudes. Se deberá reclamar la atención del pueblo a través de los medios de comunicación y las organizaciones de base.

            Aquí también deben entrar las principales religiones del mundo que deberían ayudar, definir y divulgar el concepto de raison d’humanité. Hacer un llamamiento a la solidaridad humana.

Será importante de afinar y desarrollar las formulaciones que deberían ser los imperativos categóricos para la humanidad. Tal normativa debería ser impuesta a Estados y gobernantes. Ellas incluirían la prohibición absoluta de genocidios, crímenes de magnitud equivalente contra la humanidad y diversas actividades que pongan en peligro la supervivencia humana. Tales imperativos deberían ser parte de todo derecho penal y civil internacional e impuestos en forma estricta. “Debería dárseles prioridad sobre la soberanía nacional, la no intervención en asuntos domésticos y otros anticuados principios similares del derecho civil internacional” (Dror:1995:169). Se deberá intentar pasar del tribalismo xenófobo al globalismo cooperativo, incentivando sentimiento de solidaridad y, con ello, cambios de conciencia. La independencia individual dentro de una sociedad debe conjugarse con un sentimiento de pertenencia al conjunto humano en tanto especie, ello con el fin de asegurar la supervivencia de la humanidad; esto último deberá ser un imperativo ético.

            El rediseño de la gobernación deberá tener siempre presente las posibles vías para lograr cambios en la cultura política para estimular la raison d’humanité. Ante ello debería preverse cuáles posiciones se pueden adoptar respecto al curso de la posible evolución de la humanidad. El enfoque más cuestionado sería el de sostener que la historia está determinada por principios teleológicos que la acomodan a ellos. Hay que decir que lo que “tiene y debe suceder para asegurar la supervivencia humana sucederá de cualquier manera” no tiene ninguna base histórica Y ello también tanto para posturas religiosas como filosóficas a la manera del sentido de la sagacidad de la historia esgrimido por Hegel o, en otros términos, por Marx, los cuales estaban seguros de lo que consideramos mutaciones necesarias en la historia, van a de hecho ocurrir. Posturas que no son más que un acto de fe, propias de un determinismo cientificista dieciochesco y sin el beneficio de la revelación.

            Otra posible postura es poner las esperanzas en las organizaciones de base. Se piensa que las transformaciones humanas crecerán desde raíces fecundas y dirigidas por profetas, líderes carismáticos, intelectuales, jóvenes, etc. Si bien, como demuestra la historia de las religiones, esto ha sido siempre fuente de cambios radicales en la historia de la humanidad, no quiere ello decir que tales cambios vayan en sentido correcto a la supervivencia de la humanidad. Aunque no es imposible que se desarrolle por esta vía una Revolución de la Consciencia Humana. También ideologías perversas han aparecido por la misma vía (nada ver la creciente xenofobia que se expande por toda Europa, en América, como el fanatismo étnico en Yugoslavia, Rusia, o cultos destructivos tipo secta Satánica, nazismo, desarrollismo, fundamentalismo, sin dejar de lado la invasión colonial genocida de Rusia sobre Ucrania en estos momentos del 2022, etc.).

            Un tercer enfoque será para Dror el de comprometerse con un diseño de un modelo cultural y con la forja de almas, a través de una acción premeditada, guiada por vanguardias (en plural para significar múltiples aperturas respecto a ello), en parte a través de la gobernación. Vanguardias significan aquí élites de avanzada abiertas al pluralismo, y que eviten la arrogancia y se sientan comprometidas y subordinadas a la democracia.

            También se puede pecar de confiar en una especie de deus ex machina: “predicar recomendaciones basadas en la existencia -o al menos la posibilidad de existencia- de una vanguardia democrática influyente comprometida con una progresista raison d’humanité. Elementos de vanguardia existen ya como en las ONG, que constituyen redes globales en aumento y proporcionan un foco de expansión y desarrollo” (Dror: 1995:172)., orientadas a una raison d’humanité. Para ello nos propone dos condiciones:

·     Se deberá desarrollar unos imperativos categóricos para la humanidad, que serán adoptados como una dimensión legal de la raison d’humanité, y ser estrictamente impuestos por el derecho civil y penal internacional.

·     Necesidad de reconocer la creación de redes internacionales de vanguardia comprometidas con la raison d’humanité, que trabajen en función de cambiar la cultura política y en consonancia con ello, la gobernación democrática. Estimular su creación depende también de crear élites de gobernación en función de estos principios, como defensores de todas las características que envuelven a el ejercicio de la raison d’Humanité.

            El problema que se añade a todo esto es el que la gobernación democrática es poco lo que puede hacer por divulgar y estimular la raison d’humanité si las políticas culturales se resisten. Para empezar, se requeriría que los países desarrollados transfieran recursos substanciales a los pobres y estén dispuestos a absorber un buen número de emigrantes y por ello se presente una situación donde las culturas políticas de las democracias occidentales impidan a los gobiernos actuar en consonancia. Aunque tales demandas tengan una razón geoestratégica para sus países a largo plazo.

            ¿Cuáles son las reformas necesarias para que la gobernación sirva a la raison d’humanité?

            Deben ser implementadas las capacidades políticas y culturales, educativas y técnicas en las gobernaciones para marchar cónsonas con este principio. La voluntad política y el poder deben ser cristalizados para actuar conjugadas con la raison d’humanité “La raison d’humanité debe convertirse en preocupación y compromiso prioritario de los principales cerebros de la gobernación en todos los niveles” (ídem). Ello debe inspirar y dar paso a la creación de un sistema global de gobernación que esté puesto al servicio de la raison d’humanité.

             Aparte la necesidad de moralizar la gobernación y servir a la raison d’humanité. Donde las élites se conduzcan atendiendo a la ética. Tema que nos conduce a las virtudes y los vicios de los políticos, altos funcionarios y asesores administrativos.

            Hay que aclara que muchos de los asuntos éticos involucrados a la raison d’humanité son con frecuencia más agudos en el interior de cada país que en el escenario global. Como el ejemplo de las rentas, sus diferencias en muchos países suelen ser enormes; aún más entre un país y otro. La raison d’humanité insta a lograr una mayor equidad tanto en el interior de los países independiente de las quejas y energías gastadas por las desigualdades globales, en vez de remediar las propias extremas injusticias dentro de nuestras propias sociedades.

Con estas ideas de Yehezkel Dror hemos querido recordar uno de los textos más interesantes de la década de los años noventa del siglo pasado y que plantearon nuevos conceptos en el ámbito de la política global y regional para principios de este siglo. Donde la raison d´humanité vendría a desplegar un amplio campo de valores que pudieran volver a renovar la idea de una democracia pluralista y representativa, con un tinte global, a la par de una conservación de la especie humana por encima de las xenofobias, la destrucción ecocida, los fundamentalismo terroristas, los regímenes totalitarios escondidos bajo la bandera de un socialismo con rostro de genocida, que juegan a  prodigar una democracia popular donde la pobreza y la represión generalizada, la involución y miseria extendida, junta la conculcación de las libertades individuales son su razón de un Estado mordaza perpetuo se convierten en lo contrario al sentido de una gobernanza para equidad y la armonía social. Nos encontramos en un mundo que presenta un desencanto de los políticos y su hacer política. Donde se han alejado de su representatividad pública real, resguardándose las espaldas y ocultar su rostro entre los canales de las redes sociales y haciendo una alejada práctica de política pública virtual. Ante esta situación casi global, no queda sino releer lo que este pensador político desde hace tiempo proclamo como un principio a considerar. Principio que volvía a tener sentido para la consciencia global a favor de defender una ciudadanía humana ampliada. De una raison d´humanité como complemento declarativo contra los consabidos y soterrados derechos humanos por todos los poderes que sobrepasan el derecho internacional y justifican sus acciones como una necesidad vital. De una expansión económica u territorial, que no es otra expansión que la propia del capital rapaz y de grupos monopolistas transnacionales que juegan con la vida de los humanos a costa de pinches ganancias. Es la política de una raison d´humanité contra una razón instrumental economicista y fratricida de esa misma humanidad.

A estas alturas de mi discurso usted sabe de qué lado debe jugar…

 

 

 



[1] Estas reflexiones sobre las propuestas de Dror surgen de su libro La Capacidad de Gobernar, 1995. Ed. F.C.E., México.

 

domingo, 13 de marzo de 2022

Fe y fanatismo político o la mirada del escéptico David De los Reyes

 Fe y fanatismo político

o la mirada del escéptico

David De los Reyes

Rechazo global
Foto DDLR2022. Manifestación en la Plaza Cataluña. Barcelona, España



Nuestro mundo de comunicaciones a tiempo real y de algoritmos, vuelve a un sentido de mentalidad medieval de fe y fanatismo. Ya lo vaticinaba Umberto Eco hace unas cuantas décadas atrás. Se nos tiene acostumbrado escuchar el echar la culpa de los desmanes del fanatismo y la fe a las religiones, cosa que puede ser evidente. Pero nuestro mundo reluciente de redes y digitalidades inmersas en un mar electrónico, crece en él un perpetuo transitar temporal a través de una mentalidad común centrada en la fe y del fanatismo.
Bien se dice, para aquellos que no se han podido nutrir de un mínimo de escepticismo y conciencia crítica, que la fe no necesita pruebas, pues le vasta la voluntad, la gracia, el misterio y la confianza. Esta última pareciera establecerse de forma fehaciente en todos los mundos alimentados por las emanaciones iconológicas de las pantallas planas. Una confianza en que todo lo que aparece tiene realidad. Una conciencia universal de creencias en perpetuo crecimiento. Una creencia en todo lo que fluye y va construyendo un espacio que cubre toda nuestra subjetividad; reduciendo nuestra reflexión por el impacto de la neurótica información, independientemente del grado de realidad de experiencias compartidas vividas.
La fe siempre tuvo y tiene su antídoto en la duda. Son extremos que se niegan uno al otro. Si creemos no dudamos, y aceptamos lo dado por concluido y por siempre, es el “así lo quiso -¡y quiere!- dios (o la virgen y todo el resto de la zoología fantástica religiosa e ideológica). Con la duda, pues no se llega a esencias absolutas, a una meta terminal, sino a un perpetuo abrirse a un camino que hay que, primero, transitar; el escéptico observa e indaga, y a toda afirmación coloca su contrapartida, es decir, una contraposición, para mostrar que tanto una, como la otra, no llega a nada definitivo, o mejor dicho, no posee una verdad indiscutible; para este ensayador de mundos posibles solo hay probabilidades más no conclusiones absolutas: conjeturas y refutaciones, ya decía Popper. Los escépticos pirrónicos aceptaban la imperturbabilidad (la ataraxia) y la suspensión del juicio (la epojé). La serenidad ante el maremágnum de la confusión del mundo mental humano y de los fanáticos en verdades eternas o en ideologías del presente y futuras.
Las doctrinas católica, coránica o judaica y demás tribus numinosas, han sido siempre coherentes en todo esto; mantienen su débil poder en la ignorancia al referir que la fe otorga una garantía de realidades invisibles, mistéricas, que no se ven, relacionándolo con la obediencia “ciega” (nunca mejor usado este adjetivo). Y ello hace que se someta inteligencia, libertad y voluntad al dictamen del tótem monosilábico del dios uno (o de varios…) con el añadido del doloroso pecado o culpa. Un ejemplo contundente sería la acción llevada a cabo por el delirante Abraham, al solicitar que sacrifique su hijo por una voz del más allá…la religión como renuncia, no como liberación o, en otras palabras, como una entrega incondicionada.
Pero el fanatismo y la fe no se queda en las constelaciones de los dogmas religiosos. Los Pudiéramos decir, con una palabra muy religiosa, trasciende a ese redil. dogmas políticos tienen larga vida. El marketing político se ha dado cuenta de los beneficios que la fe, los dogmas y las conductas fanáticas aportan ante las masas como método de control. La otra fe “ciega” es la que se ha construido hoy en relación con las ideologías salvíficas, con mirada a un futuro provisorio (que siempre termina siendo peor que el presente; llámese socialista o comunista) o de una repartición de los panes gracias a la oferta y la demanda del mercado (como si el tinglado de la tierra vendría a proveer infinitamente materiales para nuestro consumismo adictivo; llámese neoliberalismo o capitalismo salvaje, el comunismo y socialismo también comparte esta “explotación”). Ambos tienen tics similares… terminan creando una suerte de prohombre fanático. Sea por ignorancia o por intereses oscuros. El fanático no sabe salir del “templo” (Fanum, de donde procede la palabra "fanatismo"); se siente cómodo dentro de él, le han dado todas las respuestas de su vacía existencia y no tiene que esforzarse en atreverse a pensar por sí mismo; fuera el “sapere aude” kantiano). Es otro espécimen con diferentes colores de cueros mentales. Su delirio se lo come y lo lleva a aniquilar a los que no piensen como el rebaño al que pertenece. Lo hemos visto en los asaltos terroristas de la yihad coránica, pero continua también en el fanatismo político que quiere ampliar territorios invadiendo otros países por la fuerza, la destrucción, la coacción y el miedo en función de su explotación colonial o imperial. Desde nuestra óptica la guerra que padece una parte de nuestro mundo no es sino producto de una personalidad delirante e irracional, pura voluntad de poder ególatra encarnada. Se sienten posesionados de una única verdad. Vivimos en un mundo que alberga el humus suficiente para que surja la figura del tirano por doquier, casi como hongos. Estas mentalidades de la aniquilación del otro no dudan, tampoco pueden comprender la salutífera actitud del ejercicio del dudar y de asumir las circunstancias para mejorarlas por medio del consenso democrático. El fanatismo que hemos encontrado en el cerco asesino que se extiende por Ucrania, se adhiere a una postura que no puede exhibir una prueba indiscutible de justificación, y tampoco llega a entablar una negociación sometiéndose a una discusión libre entre las partes.
Fe y fanatismo es la mentalidad que cunde entre ciertos líderes histriónicos y absolutistas en pleno siglo XXI. Personalidades que se atienen a una irreflexiva i-que verdad (sea histórica, providencial, de raza, de herencia o lo que la justifique), que le llama - ¡escucha una voz invisible! - a una fe de ambición de poder en la acción criminal en que descalifica y destruye al que en su imaginación es la “bestia”, el otro.
A diferencia del escéptico y su imperturbabilidad y su falta de acción por la eterna duda, y que está en la acera contraria, el fanático es impulsado por su propia morbosidad, no se hace preguntas, siempre se siente que está en lo cierto, y sólo sabe dar -¡más no escuchar a los otros!-, respuestas. En el fanatismo religioso y político observamos ciertas identidades comunes, no hay tonos grises, no se aceptan relativismos ni espacio para el error y la duda. Sus objetivos son aceptados desde una claridad contumaz, en que más que irracionalidad se vale de una racionalidad instrumental para llevar a cabo sus fines delirantes y criminales, como han sido la mayoría de los hechos que han acontecido en el río de la historia humana. Un fervor, un afán ciego, una intolerancia a la escucha y al diálogo al exponer sus razones, una pasión funesta y de impotente, que se nutre de ideas supersticiosas que terminan resultando de una intensa injusticia y crueldad que recae, sobre todo, en los ciudadanos desarmados. Vivimos en un planeta que se nos ha hecho cada vez más chico. Al que se adhiere un velo de ignorante fe y fanatismo compulsivo, bien religioso, bien político, donde muchos políticos y colectividades idiotizadas del presente nos muestran una intensa sordera, no saben o ya no pueden escuchar, se les ha atrofiado el sentido para oír la voz real del clamor de la humanidad presente. Sólo aceptan escuchar sus cacofónicas y estentóreas ideas criminales irremediablemente acompañadas de ambición y sometimiento, de una falsa grandeza épica, sin apertura a la duda cuestionadora y crítica, y un posible consenso mutuo.